El incidente Caruaru

Imagen de portada: bloom de Microcystis aeruginosa (playa de São Lourenço do Sul). Fuente: Lemes y col. (2015)

El agua es parte esencial del cuerpo humano

Para ser exactos entre el 50-60% de nuestro peso. De ella y de las sustancias que contiene depende nuestra supervivencia. Como el plasma, parte líquida de la sangre que además de sales, nutrientes, etc., transporta desechos que debemos eliminar.

Y aquí es donde llegamos a los riñones, los órganos vitales que limpian la sangre filtrando unos 180 litros al día.

Su importancia la resume el dicho popular de que algo muy caro (o que necesita mucho esfuerzo) «cuesta un riñón«. La tarea básica de los riñones es la eliminación y regulación de líquidos. Nos libran de compuestos perjudiciales devolviendo a la sangre sustancias vitales (agua, glucosa, sal, etc.) para mantener en equilibrio a nuestro organismo.

En caso de insuficiencia renal (<10% de función renal) no queda más remedio que abordar terapias como diálisis o transplantes. Existen dos tipos de diálisis: hemodiálisis y diálisis peritoneal.

En la hemodiálisis un riñón artificial (dializador) cumple la función de depurar la sangre. Contiene un filtro con dos partes, una para la propia sangre y otra para un líquido de baño o lavado: el dializado.

La sangre y el dializado entran en contacto separados por una membrana. Al inicio del tratamiento se practica una cirugía menor al paciente como vía de acceso para el dializador.

La sangre circula en dirección contraria al dializado, que la limpia por difusión. Normalmente se hacen 3 sesiones de 4 horas de duración por semana.

Los elementos más importantes y de mayor tamaño de la sangre (células sanguíneas, proteínas, etc.) permanecen en la sangre que llega al dializador.

A través de la membrana se difunden productos de desecho como urea, creatinina (e iones como Na y K), que pasan al dializado y se eliminan. El líquido de lavado se puede modificar según las necesidades de cada paciente.

El incidente Caruaru

Caruaru es una ciudad minera en el estado de Pernambuco, en Brasil.

A comienzos de 1996, tras una larga sequía, la ciudad sufrió cortes en el suministro de agua corriente. Esto puso en dificultades a las dos clínicas de diálisis de Caruaru (privadas pero con subvención parcial del gobierno).

Embalse de Tabocas. Fuente: wikimedia commons.

El agua empleada en la diálisis procedía de la red de abastecimiento municipal, tomada del embalse de Tabocas a unos 40 km de distancia.

Tras su depuración previa para el suministro público, las clínicas de diálisis realizaban una purificación adicional pasándola a través de columnas de arena, carbón y resinas de intercambio iónico, antes de atravesar un filtro de microporos. Las columnas se regeneraban cada 3 días.

Pero algo cambió durante la sequía.

Al fallar el suministro público, entre el 13 y 17 de febrero, una de las clínicas recibió el agua desde Tabocas mediante camiones cisterna. El único tratamiento previo fue añadir altas concentraciones de cloro y luego la clínica elaboró el dializado usando el procedimiento habitual.

Esa clínica era el Instituto de Doenças Renais (IDR) y tenía 126 pacientes en su programa de hemodiálisis. En cuanto les practicaron la diálisis con aquella agua desarrollaron síntomas neurológicos (alteración visual, náuseas, vómitos, etc.), evidenciando daños hepáticos en el 89% de los pacientes.

La primera muerte se produjo el 20 de febrero. El 6 de marzo había 10 víctimas y clausuraron la unidad de diálisis trasladando a los pacientes a Recife. Pero el daño ya estaba hecho. El 4 de agosto habían fallecido 55 personas, con un recuento final de 60 víctimas.

Las muertes se produjeron por daños hepáticos o indirectamente por complicaciones como sepsis, sangrado gastrointestinal y problemas cardiovasculares.

¿Cuál fue el motivo? ¿qué tenía aquella agua?

Estructura de las microcistinas. Las abreviaturas indican los aminoácidos que incluyen. A, alanina; L, leucina; R, arginina; Y, triptófano. Fuente: Pérez-Morales y col. (2016).

Los análisis iniciales de suero sanguíneo buscaban contaminantes como metales pesados, pesticidas, cloraminas…y no detectaron nada anormal.

Pero cuando se planteó que pudiesen ser toxinas de cianobacterias, los resultados demostraron la presencia de microcistinas (-YR, -LR y -AR). La microcistina-LR es la más tóxica.

Las microcistinas son heptapéptidos cíclicos. Se conocen más de 200 variantes en la actualidad.

Provocan potentes efectos hepatotóxicos e inhiben proteínas fosfatasas en mamíferos con graves consecuencias (p.ej. daños al ADN y necrosis celular).

También son promotoras de tumores de hígado en animales de laboratorio. Un desastre total, vamos.

Los estudios patológicos en muestras de hígado de los pacientes afectados mostraron alteraciones idénticas a las observadas en animales domésticos y salvajes intoxicados con microcistinas (i.e., ruptura de placas celulares hepáticas y otras deformidades).

Las cianobacterias dominantes en el embalse de Tabocas son tropicales. El examen de las comunidades de fitoplancton en años anteriores demostró que las cianobacterias (Microcystis, Anabaena y Cylindrospermopsis) eran el componente dominante desde 1990. Su proliferación en cuerpos de agua como los embalses se debe a condiciones ambientales favorables (confinamiento, elevadas temperaturas) y un mayor aporte de nutrientes a menudo de origen antropogénico.

Cianobacterias en el embalse de Salto Grande (Brasil). A) Microcystis sp., B,M) Cyanobium sp., C) Calothrix sp., D) Chroococcidiopsis sp., E) Romeria victoriae, F) Microcystis panniformis, G) Synechococcus nidulans, H) S. elongatus, I) Microcystis sp., J) Lyngbya sp., K,L) Leptolyngbya sp. Fuente: Genuário y col. (2016).

En el periodo previo y durante las intoxicaciones en febrero de 1996 no se recogieron muestras. Pero un primer estudio tras la intoxicación mostró poblaciones diversas entre marzo-mayo de 1996 incluyendo Aphanothece, Aphanizomenon, Chroococcidiopsis y Microcystis, entre otros géneros.

Años después se analizaron muestras recogidas a finales de marzo de 1996, demostrando que las cianobacterias representaban el 99% de la comunidad de fitoplancton, con más de 20 millones de células/litro (principalmente Aphanizomenon manguinii y dos especies de Oscillatoria).

Las principales productoras de microcistinas incluyen por supuesto a Microcystis, pero también Planktothrix, Oscillatoria, Anabaena y Aphanizomenon.

Las microcistinas son las únicas cianotoxinas para las que la OMS ha dictado pautas sanitarias, con límites de seguridad establecidos en agua potable de 1 μg/L/día de microcistina-LR (y un nivel medio de alerta de 20 μg/L).

Pues bien. En el suero de los pacientes intoxicados se detectaron hasta 10 μg/L de microcistinas y se estima que el agua en origen contenía hasta 19,5 μg/L.

En el material de las columnas de filtración de agua de la clínica IDR se descubrieron restos intactos y fragmentos de microalgas y cianobacterias, además de otras cianotoxinas (cilindrospermopsinas).

Los tratamientos de hemodiálisis empleaban unos 120 litros de agua por persona, así que ya se imaginarán que la concentración de cianobacterias y cianotoxinas en Tabocas fueron más que suficientes para causar intoxicaciones agudas en los infortunados pacientes del IDR.

El incidente de Caruaru planteó la necesidad de incluir a las cianotoxinas en el control del agua y mejorar las técnicas de tratamiento previas a la diálisis. A raíz de aquel suceso Brasil introdujo -en el año 2000- cambios legislativos incluyendo a cianobacterias y cianotoxinas en el control de calidad del agua para el consumo humano.

Agradecimientos: la historia de hoy surgió de una cita de Luiz Mafra durante su presentación «O que há de novo no outro lado do Atlântico? Estudos recentes sobre Microalgas Nocivas e Toxinas no litoral brasileiro» durante las sesiones online de la XIV Reunión Ibérica de Biotoxinas Marinas y Fitoplancton Nocivo, REDIBAL (29 y 30 de junio 2021).

Referencias:

  • Azevedo SM y col. Human intoxication by microcystins during renal dialysis treatment in Caruaru-Brazil. Toxicology 181-182:441-446 (2002).
  • Drobac D. y col. Effects of cyanotoxins in humans. Arh Hig Rada Toksikol 64:305-316 (2013).
  • Genuário DB y col. Cyanobacterial community and microcystin production in a recreational reservoir with constant Microcystis blooms. Hydrobiologia 779:105–125 (2016).
  • Jochimsen EM y col. Liver failure and death after exposure to microcystins at a hemodialysis center in Brazil. N Engl J Med 338:873-878 (1998).
  • Komárek J. Background of the Caruaru tragedy; a case taxonomic study of toxic cyanobacteria. Alg Studies 103:9-29 (2001).
  • Pérez-Morales A. y col. Estado actual del estudio de cianobacterias dulceacuícolas formadoras de florecimientos en el centro de México. p. 408-421. En: García-Mendoza E. y col. (eds.). Florecimientos Algales Nocivos en México. Ensenada, México. CICESE. 438 pp. (2016).
  • Pouria S. Fatal microcystin intoxication in haemodialysis unit in Caruaru, Brazil. Lancet 352:21–26 (1998).
  • Turner AD y col. Analysis of Microcystins in Cyanobacterial Blooms from Freshwater Bodies in England. Toxins 10:39 (2018).
  • Fuentes Web: National Kidney Foundation. Hemodiálisis, lo que necesita saber (2006).

La burbuja de cristal

Imagen de portada: Randy. Fuente: Mer&Ocean

En un lugar llamado Lorbé existe una calle dedicada a un delfín: a rúa do golfiño. Conozco muy bien el sitio, mi mujer es de allí, pero no tenía los detalles de la historia. Sólo que años atrás había aparecido un delfín en el puerto de Lorbé (Oleiros, provincia de A Coruña).

Puerto de Lorbé (Oleiros, A Coruña). Fuente: Turismo de Galicia

Desde el último verano y en las últimas semanas se multiplicaron en prensa las noticias de un delfín solitario en la ría de Muros-Noia. Una cosa llevó a la otra y

…aunque en Lorbé hay proliferaciones nocivas de fitoplancton y una producción de mejillones en batea famosos por su tamaño y calidad…

…con permiso de las microalgas (y el marisco) los protagonistas de hoy serán cetáceos. No soy experto en el tema ni nada que se aproxime, así que me encantaría leer comentarios de los que sí saben y quieran aportar algo a la entrada de hoy.

A los animales les atribuimos emociones casi humanas. Intentamos entenderlos y empatizar con ellos. Pero nadie puede imaginar qué se le pasa por la cabeza a un perro o a un gato, y mucho menos a un animal salvaje por muy simpático que sea.

Los animales salvajes no nos necesitan. Bastante tienen con sobrevivir, reproducirse y transmitir sus genes a la siguiente generación. El contacto con personas es algo que puede resultar peligroso para ellos y para nosotros.

Todo depende del animal (y de tener un poco de sentido común). Por ejemplo, ¿cuáles son los límites que debemos mantener con un oso grizzly? ¿a alguien le interesa conocerlos? pues sí, le interesaban a Timothy Treadwell. En uno de los documentales que haya visto que más me han impactado, «Grizzly man» (2005), Werner Herzog repasó la historia de este hombre y su fascinación por unas criaturas cuyo nombre científico es Ursus arctos horribilis (oso gris, subespecie del oso pardo).

Fotograma de Grizzly Man (2005). Fuente: MUBI

Treadwell convivió durante un tiempo en Alaska con los grizzlies. De ahí las imágenes preciosas de esta película y su desenlace aterrador (que el director trató con mucha delicadeza).

Aquel hombre amaba a los osos, sin duda. Pero como resulta obvio, ellos a él no. Simplemente toleraban su presencia. Hasta aquí fácil.

¿Pero qué pasa con un simpático delfín, cuáles son esos límites?

A los delfines mulares (Tursiops truncatus) les conocen en Galicia como arroaz. Sin duda lo más opuesto que podamos imaginar a un oso grizzlie. Pero el mensaje común es que ambos son animales salvajes y no mascotas.

Ninguno de ellos ha sido domesticado durante miles de años por el hombre, ni hemos seleccionado caracteres que nos permitan convivir con ellos. Les adiestramos para hacer piruetas en parques acuáticos o para otros fines (p.ej. militares), pero su mundo no es el nuestro por mucho que nos busquen y sean simpáticos.

Y es que los delfines no sólo se acostumbran a nosotros sino que pueden buscar el contacto con las personas. Pero no por ello dejan de tener una fuerza y envergadura muy superior a nosotros. Frente a ellos en el medio marino somos torpes y vulnerables…

Estos días se publicaron varias noticias en medios de comunicación sobre un arroaz solitario en la Ría de Muros. Para CEMMA (Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos MAriños) su nombre es Confi, y parece que le bautizaron así por aparecer durante el confinamiento (NIUS, 1-VI-2021), aunque luego se popularizó lo de llamarle Manoliño. Copio aquí el comunicado de CEMMA en redes sociales el pasado 2 de junio (traducido del gallego):

Aquí tienen a Confi. Imagen cedida por los mariscadores. Fuente: NIUS.

¿Quién es Confi? Confi es un arroaz solitario que vive en la ría de Muros-Noia desde diciembre de 2019 que dada su situación de soledad busca interacciones con humanos. 

¿Si los arroaces son animales sociales, por qué Confi vive aislado? Cuando un arroaz tiene tres años su madre lo deja para comenzar un nuevo ciclo reproductivo. En ese momento marcha o se junta con otros de su edad, el problema es si no acepta esa nueva situación, entonces no quiere irse, siendo expulsado violentamente de la manada, y si no encuentra a sus iguales pasa ser solitario. 

¿Qué pasó durante el encuentro entre un «navalleiro» y Confi? Dadas las repetidas interacciones con él en el pasado, su búsqueda de compañía es cada vez más frecuente, lo que provoca que busque y presione a nadadores, kayakistas, buceadores y «navalleiros» para jugar cuando están trabajando o realizando otras actividades. Puede suceder que se sienta rechazado y que reaccione mal, o incluso que identifique una situación de riesgo y pretenda ayudar al buceador. El problema es que interactuar con un animal de 300 kg, aunque no sea su intención, puede ocasionar lesiones. 

¿Cómo hemos llegado a este punto? Cuando apareció los expertos de CEMMA aconsejaron no interaccionar con el animal porque podía ser un riesgo para todos: evitar tocarlo, ignorarlo… No se hizo caso de las recomendaciones porque era muy simpático. Los «navalleiros» actualmente cambian su localización cuando pueden para evitarlo, pero a veces es imposible. 

¿Qué hay que hacer si estamos en el agua y Confi, u otro arroaz, se nos acerca? Principalmente ignorarlo y salir del agua lo antes posible. Nunca hay que intentar acercarse a él ni con nuestras manos para tocarlo. Mostrar una actitud de indiferencia y salir del agua. Observarlo siempre desde la distancia. […] Hai que tener en cuenta que es de obligado cumplimiento el REAL DECRETO 1727/2007, de 21 de diciembre, que establece medidas de protección de cetáceos, limitaciones y distancias de acercamiento, etc. 

CEMMA, 2 de junio 2021.

(NOTA: «navalleiros» es como se denomina en Galicia a los recolectores de navajas (Ensis arcuatus), moluscos bivalvos muy apreciados que viven a poca profundidad en la arena y se capturan a mano de forma tradicional).

Como la propia CEMMA indica, en la interacción entre seres humanos y un arroaz, quien siempre sale perdiendo es el arroaz. Porque lo ideal es que el animal consiga regresar con sus semejantes y retomar su vida en libertad, no reforzar su interacción con las personas. La vida real no es un parque acuático aunque alguno de estos delfines solitarios haya terminado finalmente en uno de ellos.

Lo que empieza como juegos «cariñosos» termina reforzando cada vez más el interés de un ser que pesa 300-400 kg, cuyas acciones no podemos controlar. Hace unos días hablé con Alfredo López (CEMMA) y utilizó el término «romper la burbuja de cristal» para referirse a ese límite que se ha cruzado con Confi desoyendo a CEMMA. Desde el inicio avisaron que «Confi será lo que queramos que sea». Pero las cosas no se han hecho bien y se han repetido los errores del pasado.

Gaspar/Jean Floc’h, en Galicia. Autor: Xesús Bua. Fuente: La Voz de Galicia.

Porque antes de Confi hubo más arroaces solitarios en Galicia como «Gaspar» y «Nina».

Gaspar apareció en diciembre de 2007 en Cangas, y luego en la víspera de Reyes de 2008 en Ribeira (de ahí su nombre). Venía de la Bretaña francesa donde le conocían desde 2003 como Jean Floc’h.

Allí era un habitual de puertos bretones como Brest, Camaret o Douarnenez. Entrañable los primeros años, sí, pero luego empezó a interesarse demasiado por objetos marítimos como remos, hélices y redes. Y así fue como pescadores aficionados le amenazaron de muerte en 2007.

Poco después dejó Bretaña por Galicia, Asturias y Portugal…

En la descripción de Jean Floc’h elaborada por la asociación francesa Réseau Cétacés, dicen que era muy enérgico, no muy dado al contacto físico, pero sí a todo lo que implicase material marítimo por lo que insistían en que se le ignorase para que perdiese interés por las embarcaciones. En Vigo, Gaspar se convirtió en una celebrity y llegó a aparecer en un cartel del carnaval de la ciudad.

Pero se repitió la misma historia que en Bretaña: primero juegos con bañistas y navegantes, luego incidentes en varios puertos como Cangas y Vigo, lesiones, sustos y desperfectos en aparejos y embarcaciones…

A mediados de 2010 Gaspar/Jean Floc’h se esfumó para siempre. Años después el diario bretón Le Télégramme (24-VIII-2018) le recordó y relacionó su desaparición con una explosión submarina en un puerto gallego (sin especificar cuál). En la prensa gallega no encontré ninguna información, sólo citaron que Gaspar desapareció, sin más…

Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980). Fuente: Los lobos de los siete picos.

En 1971 apareció un delfín en el puerto de Lorbé y la noticia tuvo gran repercusión a nivel nacional e internacional. Le llamaron «Nino».

Hoy en día los delfines solitarios continúan siendo noticia, así que imagínense 50 años atrás cuando apenas debía conocerse ningún caso a nivel popular…

El divulgador de naturaleza más importante de España, Félix Rodríguez de la Fuente, tenía por aquel entonces un programa en blanco y negro titulado «El Planeta Azul«. Y Félix se acercó con su equipo en pleno verano hasta Lorbé.

Lo primero que confirmaron fue que se trataba de una hembra y que en vez de «Nino» tenían que llamarla «Nina«. De hecho el capítulo (34’38»; disponible en RTVE) se tituló «Nina, el delfín». En concreto «una señorita delfina» como dijo el propio Félix.

El lenguaje de la época era muy distinto al actual y hoy en día suena algo inocente y reiterativo, pero Félix era Félix y es imposible dejar de verlo hasta el final.

En un momento dado se pregunta ¿y si un buen día le pasa algo a este delfín? e insiste en si se habrán tomado todas las medidas de seguridad hasta que Nina decida marcharse de Lorbé…

Así que además de bucear y juguetear con ella también entrevista al gobernador civil y a un comandante de marina, que explican esas medidas que han adoptado para protegerla.

¡Incluso salen los nietos del dictador bañándose con Nina! la familia Franco veraneaba todos los años en el cercano pazo de Meirás…

Pero esta historia tuvo un triste final.

En diciembre de 1971 Félix emitió un segundo capítulo del Planeta Azul dedicado a Nina.

En él mencionaba que en los últimos meses el equipo de Jacques Cousteau se había desplazado a Lorbé para grabar imágenes que luego se habían difundido a nivel internacional.

Pero también explica que Nina acababa de desaparecer y que las gentes del lugar estaban tristes. Lo último que se supo de ella fue por un pescador que la vió recostada en una batea, la tocó y se movió lentamente hacia el interior de la ría. Félix dice no querer saber qué le pasó.

Poco después apareció su cadáver en la playa de San Pedro, muy cerca de Lorbé. Y allí mismo la enterraron. En la noticia del Ideal Gallego (04-I-1972; fuente: montedasmoas) citan que el cuerpo estaba descompuesto y que no había expertos para determinar las causas de su muerte.

Pero en algunas webs que he consultado sobre este tema sugieren abiertamente que la mataron.

El caso de Nina fue muy especial, hoy «a rúa do golfiño» conserva su recuerdo, aunque como han visto debería ser «a rúa da golfiña».

En Lorbé. Autor: Toni Pazos.

¿Y a qué venía todo esto? pues ya se lo imaginarán, a que siento que algo deberíamos aprender a lo largo de los años para que los delfines solitarios sean eso, solitarios, para que regresen a su vida salvaje en cuanto recuperen fuerzas y confianza, en total libertad.

Agradecimientos: al concello de Oleiros que a través de su alcalde Ángel García Seoane me confirmó que «a rúa do golfiño» debe su nombre a Nina.

Referencias:

Patos y lentejas en Punta Balea

Playa «do medio» (Punta Balea, Cangas). Autor: F. Rodríguez

Cada verano miles de vigueses, cual estampida de ñus del Serengeti, escapamos hacia el margen norte de la Ría de Vigo buscando entornos naturales menos masificados.

Uno de ellos es Punta Balea, en Cangas, una zona pequeña pero con una belleza muy especial. Sobre su historia y naturaleza trataré en la entrada de hoy.

La historia de Punta Balea está ligada a una empresa emblemática de Galicia: Massó, antigua fábrica de conservas y factoría ballenera, símbolo del vínculo del mar con las gentes de esta tierra.

Todo comenzó en 1816 cuando Salvador Massó Palau (de origen catalán), se instaló en Bueu fundando una compañía de salazón para distribuir sardina en la costa mediterránea española. A la fábrica de Bueu se sumaría en 1941 la de Cangas, que llegó a emplear a 2.000 trabajadores (principalmente mujeres).

Junto a este complejo se edificó en los años 50′ la factoría ballenera de Punta Balea que procesó ballenas y cachalotes hasta 1985. Ya les conté en alguna ocasión que las mareas rojas de Mesodinium se tomaban a veces por manchas de sangre de las ballenas en los alrededores de Massó (esto me lo relató Santi Fraga en el IEO de Vigo).

Massó echó el cierre en 1993.

Hoy en día la antigua fábrica de Bueu alberga el Museo Massó mientras que la gigantesca factoría de Cangas y construcciones aledañas están abandonadas y ruinosas.

La factoría de Massó está al sur del puerto de Cangas. Y desde allí comienza un precioso sendero que recorre la costa hasta su extremo oeste (Cabo Home y costa de la Vela).

Al inicio del camino se encuentra el espacio natural de Punta Balea. Yo mismo merodeo a menudo durante el verano para pasear o disfrutar de sus playas, en especial la de la Congorza.

Esta playita tiene un pequeño rompeolas, un chiringo, y una edificación de planta baja (antiguo matadero, hoy abandonado). La depuradora de Cangas está muy cerca, apenas disimulada, pero aún así el lugar mantiene su atractivo.

Pues verán. Hace un par de semanas paseando por Punta Balea hacia la playa de Areamilla, nos fijamos en un sendero que terminaba en una laguna verde.

No recordaba haberla visto antes (y si la ví no le presté mucha atención). Su nombre es Lagoa da Congorza.

Lagoa da Congorza. Autor: F. Rodríguez

Su ecosistema (vegetación circundante y lámina de agua) tiene una superficie respetable (2,6 hectáreas) con unos 2 metros de profundidad máxima. Catalogada en el inventario de zonas húmedas de Galicia, es una de las pocas zonas húmedas de agua dulce permanentes en la provincia de Pontevedra. A pesar de esto nada la identifica y a lo largo de Punta Balea tampoco verán información sobre la zona ni sus valores naturales.

Desde lejos pensé que había un bloom de cianobacterias. Pero al acercarme descubrí sorprendido que eran plantitas flotantes. Y con Google Lens confirmé que se trataba de «lentejas de agua«; plantas acuáticas del género Lemna con una diminuta hoja y una raíz que cuelga en el agua.

Esto no iba a quedar así, ya se imaginarán…

A los pocos días volví para coger una muestra de la laguna y observarla al microscopio. En cuanto a la especie de Lemna hallé dos posibilidades: Lemna minuta y L. minor. El tamaño de ambas es similar y se diferencian por tener 1 o 3 nervaduras centrales, respectivamente. Luego las veremos al microscopio.

Las lentejas de agua tienen un nombre muy apropiado en inglés: duckweed.

Y es que en la Congorza los primeros que te reciben son patos: ánade real o azulón (Anas platyrhynchos). En ciertas épocas hay más de 50. Y allí pasan las horas, navegando la laguna y despejando las lentejas…dejando tras de sí un surco de agua que no tarda en llenarse de verde.

No son tímidos. Se acercan porque están acostumbrados a que les echen de comer ¡ERROR! Repriman sus instintos cuidadores y déjenlos en paz. ¡No son mascotas que dependan de usted para sobrevivir!

De hecho los restos de comida y los excrementos de tanto pato cebado aumentan los nutrientes en las aguas estancadas de la Congorza, favoreciendo el crecimiento descontrolado de las lentejas de agua.

Para que se hagan una idea de cuántas hay. Recogí Lemna en un cuadrado de 15×15 cm (dejaban algunos huecos entre ellas) y las pesé tras escurrirlas con un papel: 25 gramos.

Extrapolando ese dato a la superficie aproximada de la laguna (5300 m2) me salen unas 6 toneladas. Ya son lentejas ¿eh? y creo que es un cálculo a la baja viendo su cobertura actual...

Una semana después regresé a Punta Balea.

Había encontrado referencias sobre el lugar en internet y recogí otras muestras para grabar imágenes y vídeos del plancton. Ya me iba pero mira tú por donde encontré varios hombres apuntando con teleobjetivos y prismáticos a la laguna. Y así fue como conocí a Antonio, Carlos y Alberto, del grupo de anelamento Anduriña dedicado al estudio científico de aves silvestres de Galicia.

Me explicaron encantados la historia de la laguna y de los terrenos de Punta Balea. Al día siguiente nos citamos allí otra vez y Antonio me regaló «O Espazo Natural de Punta Balea«, un libro editado por Anduriña en 2006, con subvención de la Xunta de Galicia.

En él se detalla la diversidad biológica de Punta Balea: el medio marino, dunar, etc. y la propia Lagoa da Congorza. También del bosque que la rodea, disminuido tras la construcción de la susodicha depuradora de aguas. Sí, en un espacio natural, no debía de haber un sitio mejor...

Pasen y vean una pequeña muestra de aves en la Lagoa da Congorza. Todas las imágenes han sido cedidas y pertenecen a Antonio Fernández Cordeiro (Grupo de anelamento Anduriña). Y las leyendas también son suyas.

El libro de Anduriña sobre Punta Balea cita que las lentejas de agua son Lemna minor. También me confirmaron que la laguna se encuentra todo el año cubierta por ellas y que no se trata de un fenómeno estacional. Este manto verde bloquea la luz en gran medida. Así que poco fitoplancton y producción primaria puede haber para alimentar al ecosistema acuático (como comprobé luego al microscopio).

Desagüe de la laguna en la playa de La Congorza. Autor: F. Rodríguez

El deterioro del medio lagunar continuará si nadie le pone remedio.

La laguna tiene un desagüe en la playa de La Congorza y las algas verdes que proliferan a su salida son otra prueba visual de la eutrofización galopante en la laguna. Además, la posición baja del desagüe impide que la laguna alcance suficiente nivel entre otoño y primavera.

Así, las riberas que antes quedaban inundadas y albergaban espadañas (Typha latifolia) permanecen ahora secas todo el año perjudicando a aquellas aves que la emplean como refugio para criar.

En los últimos años la iniciativa ciudadana para proteger el ecosistema natural de Punta Balea frenó primero el proyecto de construcción de un puerto deportivo y edificios asociados, y luego impulsó una propuesta para declarar Punta Balea como ENIL (Espacio Natural de Interés Local). Con éxito en lo primero y fracaso (de momento) en lo segundo.

Sin esta figura de protección el destino que corra el espacio natural de Punta Balea dependerá del próximo Plan General de Ordenamiento Municipal de Cangas. Y buena parte de los terrenos, aquellos que pertenecieron a Massó, son propiedad de ABANCA.

A pesar de su deterioro y de las ruinas de Massó, Punta Balea es un espacio natural fascinante. Pero en serio riesgo. Sobre él planean intereses económicos ya que ocupa terrenos muy golosos a un paso de Cangas y en primera línea de costa.

Creo que políticos, sociedad y propietarios de los terrenos deberíamos anteponer el bien común que supone esta joya natural promoviendo usos compatibles con el patrimonio histórico y medioambiental de Punta Balea. Y recuperar el equilibrio de sus ecosistemas. Por todo ello resulta imprescindible su declaración como ENIL.

Y ahora sí, voy a mostrarles el mundo microscópico de la Congorza.

Ya vieron las lentejas de agua pero aquí tienen un vídeo. Los «gusanitos» que nadan entre ellas a toda velocidad son Spirostomum: ciliados comunes en aguas pobres en oxígeno y ricas en materia orgánica. Y en el minuto 1 también aparece un paramecio (todas las imágenes han sido grabadas en el IEO de Vigo).

Zeiss Axiovert (IEO Vigo). Autor: F. Rodríguez

Aquí tienen el aspecto de la raíz de las lentejas de agua, vista a 400 aumentos…

Autor: F. Rodríguez

Ahora vamos con la vida microscópica. Primero el ciliado Spirostomum (a 400 aumentos y bastante inmóvil porque si no resulta difícil seguirle a la carrera).

Autor: F. Rodríguez

Aquí pueden verlo en acción, esta vez a 100 aumentos. Los filamentos verdes al comienzo y al final del vídeo son cianobacterias (Oscillatoria). A lo largo de la grabación se cruzan otros ciliados (Paramecium y Euplotes). La sombra negra es una lenteja de agua…

Autor: F. Rodríguez

En el siguiente vídeo tenemos organismos de menor tamaño, a 400 aumentos. El ciliado Coleps y la cianobacteria Oscillatoria, que como su nombre indica se mueve oscilando a un lado y a otro según la luz.

También verán flagelados verdes (euglenofíceas) y varias diatomeas. Fíjense bien en un detalle: en el interior de Coleps hay una diatomea pequeña que acaba de zamparse (idéntica a la que observamos en la derecha del vídeo, posiblemente Achantidinium).

Autor: F. Rodríguez

Y para terminar les dejo un collage con algunos de los protagonistas (aprox. a 400 aumentos).

1: Coleps (ciliado). 2: diatomeas (posiblemente Achnantidinium, aunque podrían ser Lemnicola (viven epífitas sobre Lemna), Gogorevia o Achnantes. 3: Phacus (euglenofícea). 4: Pandorina (clorofícea). 5: Navicula (diatomea). 6: Bacterias; hay muchísimos grumos como estos en todas las muestras que recogí. 7: Cadena pequeñita de Oscilatoria (cianobacteria).

Referencias:

  • O espazo natural de Punta Balea. Grupo de anelamento Anduriña. 76 pp. (2006).
  • Fuentes web: salvemosmonteferro

Después de la guerra

Mercado de Navidad en «La Place de la Liberté» (Brest). Fuente: Office de tourisme Brest métropole

Rappelle-toi Barbara

Il pleuvait sans cesse sur Brest ce jour-là

Et tu marchais souriante

Barbara (Jacques Prévert, 1946)

Conocí Brest durante un congreso en el 2000 y la ciudad me dejó una impresión algo extraña, como si estuviese en una maqueta a tamaño real. Todo muy ordenado y en su sitio.

Pronto supe que Brest había sido arrasada (literalmente) durante los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial. Así que aquella sensación que desprendían sus calles emanaba de algo muy real.

Con los años descubrí que Bretaña es una región llena de poblaciones con encanto: casas, castillos y edificios singulares que te transportan siglos atrás en el tiempo.

Rennes, Saint Malo y Lorient son ejemplos de otras localidades bretonas destruidas durante la contienda. Pero el caso de Brest fue especial: se trataba de un importante puerto militar ocupado por los nazis en 1940 y donde construyeron incluso una base de submarinos. Allí se hicieron fuertes durante 4 años y no lo dejaron por iniciativa propia…

Brest sufrió bombardeos continuos (¡más de 300!) por parte de los aliados hasta su liberación en 1944. El asedio fue devastador y cuando las tropas estadounidenses alzaron su bandera lo hicieron entre ruinas, en un paisaje postapocalíptico. Solo resistieron buena parte del castillo medieval y el Museo de la Marina en su interior.

Neutralización de una mina alemana en la bahía de Brest (15 septiembre 2020). Autor: Marina Nacional. Fuente: Le Télégramme

La reconstrucción no fue nada fácil.

Hoy en día Brest es una ciudad de aspecto moderno sin casco histórico en la que siguen apareciendo obuses, minas y bombas de aviación (tanto en el subsuelo como en su bahía).

En ella viven unas 140.000 personas y (por si les interesa) está hermanada con A Coruña.

Desde finales del s.XX en la bahía de Brest se ha observado un aumento gradual del dinoflagelado Alexandrium minutum, productor como ustedes saben de toxinas paralizantes (saxitoxinas). Su primer bloom en Bretaña se detectó en 1987, aunque más al sur, en la bahía de Vilaine…

En la bahía de Brest su presencia fue residual hasta 2008. Pero en 2009 explotó un bloom y en 2012 provocó las primeras prohibiciones en la comercialización de marisco (superando 10 veces los niveles permitidos de saxitoxinas). Para entonces sus proliferaciones ya se habían extendido a otros estuarios de la costa atlántica francesa, donde sigue ocasionando cierres frecuentes en el sector acuícola.

Ante una situación así cabe preguntarse si A. minutum es la excepción dentro de un ecosistema estable o si su dominio reciente refleja cambios generales en las comunidades.

Marea roja de Alexandrium minutum en el estuario del Penzé (Bretaña). Fuente: Ifremer.

Entonces…¿ha cambiado el fitoplancton de la bahía de Brest? Pues la respuesta es .

Ahora vamos con el cuándo, cómo y por qué…

Las series históricas de fitoplancton apenas tienen algunas décadas y no ofrecen amplias perspectivas (excepto p.ej. el CPR survey del Reino Unido, iniciado en 1931).

Pero existen alternativas. La detección de formas de resistencia (quistes) en el fondo marino y los análisis de ADN ambiental permiten averiguar si un dinoflagelado tóxico como A. minutum es nuevo en el barrio o un componente habitual del plancton.

Pues bien. Un primer estudio en 1993 (Erard-Le Denn y col.) no detectó quistes de A. minutum en sedimentos de la bahía de Brest anteriores a 1990. Pero Siano y col. (2021) han dado un paso más allá, muestreando 3 zonas en dicha bahía. Y lo que han hecho es analizar el ADN ambiental en secciones del lecho marino (desde la superficie hasta un máximo de 12 m de profundidad) para reconstruir las paleocomunidades de protistas (eucariotas unicelulares antiguos).

Con esto han conseguido recrear su composición, microalgas incluidas, desde el presente hasta la Edad Media (1121±149). Sólo así es posible conocer el punto de partida en épocas preindustriales y abordar cuestiones tan interesantes como las que verán a continuación…

Durante los siglos que vieron los reinados de Francisco I (1515-1547), el Rey Sol, Luis XIV (1643-1715) o el último Bonaparte (Napoleón III, 1852-1870), el fitoplancton en Brest permaneció impasible tanto al devenir de Francia como al de la humanidad en general.

Biecheleria tirezensis. Fuente: Raho y col. (2018)

Por aquel entonces, en la bahía de Brest dominaban dinoflagelados del orden Suessiales (Pelagodinium y Biecheleria/Protodinium). Los Suessiales no producen toxinas y se caracterizan por poseer muchas placas celulares en relación a los demás dinoflagelados. ¿Para qué? Pues vaya usted a saber…

Luego, entre los estramenópilos que incluyen protistas heterótrofos y diatomeas-, reinaban los primeros.

Los cambios en el fitoplancton de la bahía de Brest llegaron a mediados del s.XX.

Las comunidades de dinoflagelados cambiaron drásticamente durante la década de 1940. Los «históricos» Suessiales fueron sustituidos por un nuevo orden, Gonyaulacales, primero por el género Gonyaulax y a partir de los 80′ Alexandrium y Heterocapsa (orden Peridiniales).

En cuanto a los estramenópilos, el reinado de los organismos heterótrofos dio paso en los 1940’s y 1950’s a las diatomeas entre las cuales destacaba Chaetoceros hasta los 1980’s. Luego, desde los 1990’s, le destronó el género Thalassiosira entre otros.

¿Qué sucedió en esos periodos del s.XX (1940’s y 1980’s) para que el fitoplancton sufriese cambios irreversibles?

Pues una frenética actividad industrial ligada a la ocupación nazi entre 1940-44 y la caída de ¡30.000 toneladas de bombas! sobre la ciudad que seguramente contaminaron la bahía (directamente y a través de aguas continentales).

Así describió aquel infierno el poema «Barbara»: «Sous cette pluie de fer / De feu d’acier de sang» (bajo esta lluvia de hierro / acero fuego de sangre) (J. Prévert).

Resumen gráfico de los resultados de paleocomunidades en Brest. Autor: Siano y col. (2021). Fuente: x-mol.com

Siano y col. confiesan la dificultad de conocer con precisión la composición metálica de los proyectiles pero las anomalías de plomo y cromo en los sedimentos de Brest coinciden con las de Pearl Harbor (EEUU) tras el violento bombardeo de la aviación japonesa.

¿Y los cambios en los 1980’s y 1990’s? En este caso estarían relacionados con el desequilibrio de la proporción nitrógeno/fósforo (N/P) en la bahía de Brest.

El motivo son los nitratos procedentes de fertilizantes y la renovada actividad agrícola a partir de 1950-60’s. Su contínuo desarrollo en la segunda mitad del s.XX llevó a doblar sus niveles en los ríos Aulne y Elorn desde los 70’s a los 90’s.

Las alteraciones antropogénicas disminuyen también la proporción de silicatos (Si) frente a N y P, con otras consecuencias para la composición del fitoplancton: la productividad de diatomeas puede perder peso frente a otros grupos, incluyendo dinoflagelados tóxicos.

A pesar de todo, la bahía de Brest resistió bien a los blooms de dinoflagelados tóxicos hasta la última década. Y para explicarlo existe una hipótesis curiosa: una bomba biológica de silicato relacionada con un organismo invasor.

Verán. Tras la 2ª Guerra Mundial se introdujo el cultivo de ostras del Pacífico (Crassostrea gigas) y con ellas llegó otra especie invasora sin valor económico: el gasterópodo Crepidula fornicata.

Las poblaciones de Crepidula llegaron a ocupar amplias zonas en el fondo de la bahía de Brest…

Comunidades de Crepidula fornicata y vieiras en la bahía de Brest. Fuente: Stiger-Pouvreau & Thouzeau (2015).

Hubo planes para erradicarlas y hace 10 años (cuando empezaron a retroceder, no se sabe por qué) eran una grave amenaza para la acuicultura al competir con bivalvos de interés comercial como las vieiras (Pecten maximus).

Pero Crepidula también hace otra cosa. Filtran agua como si no hubiese un mañana y producen biodepósitos enriquecidos en silicatos que sedimentan en la bahía un elemento fundamental para las diatomeas.

Así, después del bloom de diatomeas en primavera, los biodepósitos de Crepidula retendrían silicatos que se disolverían luego en el agua, facilitando el crecimiento de diatomeas durante el verano.

A comienzos del s.XXI, resultados experimentales y de modelos apoyaron esta hipótesis «Si/Crepidula», indicando que su erradicación aumentaría la probabilidad de proliferaciones de dinoflagelados tóxicos por limitación de silicatos durante el verano.

En la última década Crepidula ha retrocedido mientras que blooms tóxicos como los de A. minutum se han hecho recurrentes, así que es buen momento para reevaluar dicha hipótesis con las comunidades y balances biogeoquímicos actuales.

El estudio de paleocomunidades en la bahía de Brest (Siano y col.) demuestra que la influencia humana en la bahía de Brest transformó las condiciones ambientales preindustriales alterando el fitoplancton. Y que dichas condiciones también cambian si introducimos «ingenieros del ecosistema» como Crepidula u otras especies invasoras.

Así pues, nada volvió a ser igual después de la guerra. Tanto para las personas como para el fitoplancton…

En 1962 se publicó el álbum «Ives Montand chante Jacques Prévert» que incluía un emocionante poema, «Barbara«, escrito por Prévert en 1946.

Con él comienza y termina esta entrada, para que no olvidemos que la guerra es una idiotez que lo arrebata todo menos el dolor y los recuerdos de quienes sobrevivieron a ella…

Agradecimientos: a Marc Long por enviarme el artículo de Raffaele Siano y col.

Referencias:

  • Chapelle A. y col. The bay of Brest (France), a new risky site for toxic Alexandrium minutum blooms and PSP shellfish contamination. Harmful algae news 51:4-5 (2015).
  • Erard-Le Denn E. y col. In: Smayda T.J. & Shimizu Y. (Eds.). Toxic Phytoplankton in the Sea. Elsevier Science Publisher, pp. 109-114 (1993).
  • Raho N. y col. Biecheleria tirezensis sp. nov. (Dinophyceae, Suessiales), a new halotolerant dinoflagellate species isolated from the athalassohaline Tirez natural pond in Spain. Eur. J. Phycol. 53:99-113 (2018).
  • Ragueneau O. y col. The Impossible Sustainability of the Bay of Brest? Fifty Years of Ecosystem Changes, Interdisciplinary Knowledge Construction and Key Questions at the Science-Policy-Community Interface. Front. Mar. Sci. 5:124 (2018).
  • Siano R. y col. Sediment archives reveal irreversible shifts in plankton communities after World War II and agricultural pollution. Curr. Biol. 31:1–8 (2021).
  • Stiger-Pouvreau, P. & Thouzeau, G. Marine Species Introduced on the French Channel-Atlantic Coasts: A Review of Main Biological Invasions and Impacts. Open Journal of Ecology 5:227-257 (2015).

República Tortuga

Imagen de portada: escudo de armas del Territorio Británico del Océano Índico. Autor: Demidow. Fuente: Wikipedia

Toda superficie en contacto con el mar puede ser colonizada. Cuando es inerte se trata de incrustaciones («fouling» en inglés), pero si el sustrato es un ser vivo hablamos de epibiosis. Y de esto las tortugas saben mucho porque no sólo llevan su casa a cuestas sino todo un ecosistema…

El caparazón y piel de las tortugas son perfectos para el desarrollo de distintos epibiontes, tanto sésiles (quieto ahí!), como sedentarios (un pasito paquí, otro pallá), o móviles. ¿Y cuántos puede haber? pues fíjense que sólo en las tortugas bobas (Caretta caretta) se han encontrado más de 200 especies de epibiontes.

República Tortuga. Entre sus ciudadanos quietos destacan los cirrípedos (o percebes), considerados pioneros ya que facilitan la llegada de otros pobladores. Se adhieren tanto al caparazón como a los tejidos blandos y pueden formar colonias enormes sobre algunos ejemplares.

Junto a los percebes encontramos toda clase de crustáceos, moluscos, cnidarios, equinodermos, macroalgas (verdes, pardas, rojas), esponjas e incluso peces que aprovechan la República Tortuga para vivir de manera mutualista, comensalista o -más raramente- parásita.

Un ejemplo clásico son los cangrejos del género Planes que suelen vivir en parejas y escondidos en la zona de la cola (sí, refugiados en el culo de las tortugas), de donde salen para alimentarse de otros epibiontes. Las tortugas facilitan protección a sus colonizadores y reducen la competencia con otras especies. Y para ellas los epibiontes pueden ser una carga incómoda pero también les ofrecen camuflaje (visual, químico y eléctrico) y defensa frente a sus predadores.

Pero ya saben –y si no se lo recuerdo– que aquí solemos hablar del fitoplancton…

Las fases iniciales de colonización (previas a la llegada de macroorganismos) suelen incluir la absorción de macromoléculas sobre la superficie, colonización bacteriana y luego eucariotas unicelulares (protozoos, hongos y diatomeas).

Chelonicola costaricensis. Fuente: Majewska y col. (2015)

En ballenas y delfines se conoce desde hace tiempo la existencia de microalgas epibiontes y comunidades específicas. De ello hablamos «En la piel de las ballenas«.

Pero en lo que respecta a las tortugas marinas no se publicaron estudios detallados hasta ¡2015! Alucinante ¿verdad? Bueno, quizás no tanto, pero a mí no deja de sorprenderme…

Los estudios que revisé describen diatomeas epizoicas que cubren toda la superficie disponible del quelonio con densidades medias de 17000 células/mm2. Su diversidad suele ser baja y forman parte de un biofilm con materia orgánica de origen bacteriano -y de las propias diatomeas- que contribuye a la estabilidad física y supervivencia de las comunidades microbianas.

No debe ser fácil vivir sobre una tortuga. Las condiciones inestables y el reto adaptativo que suponen podrían explicar la baja diversidad de especies en los trabajos realizados hasta la fecha.

Desde 2015 se han descrito diatomeas de nuevos géneros y especies con nombres tan curiosos como Chelonicola costaricensis (Chelonicola porque «vive sobre tortugas», y costaricensis porque la aislaron de caparazones de tortugas oliváceas (Lepidochelys olivacea) durante su arribada para desovar en la playa del Ostional, en Costa Rica).

También se han identificado nuevos géneros como Poulinea y Medlinella, o nuevas especies de otros conocidos como Tursiocola (T. denysii, T. guyanensis y T. ying-yangii) o Tripterion (T. societatis), típicos de cetáceos (diatomeas «cetícolas»)…

…y otras como Achnantes, Nitzschia y Proschkinia (P. sulcata, P. lacrimula, etc.), común en biofilms marinos. También Labellicula (L. lecohuiana) cuya única especie conocida (L. subantarctica) se había encontrado sobre un acantilado.

De todas estas especies atrajo mi atención Tursiocola ying-yangii, llamada así porque la forma de sus areolas (agujeritos en la cubierta de sílice) recuerdan al símbolo del ying-yang.

Apenas se conoce el grado de especificidad y distribución biogeográfica de estas diatomeas por la reciente atención y escasos estudios acerca de ellas.

La Tortuga Roja (M. Dudok de Wit, 2016). Una historia muda e inolvidable. Fuente: cinemascomics

Su modo de vida epizoico podría ser obligado en algunos casos ya que su presencia en otras superficies parece accidental o relacionada con la actividad de sus huéspedes.

Sin embargo, hacen falta más estudios para conocer su grado de asociación: algunas parecen estar bien adaptadas y ser pioneras, mientras que otras diatomeas podrían adherirse después reflejando el hábitat donde se alimentan o reproducen las tortugas.

Todo esto de estudiar especies y comunidades de diatomeas epizoicas tiene un gran interés ecológico. No se trata sólo de elaborar listados taxonómicos y descubrir nuevas especies.

Las tortugas juveniles suelen vivir en zonas pelágicas (cerca de la superficie) y oceánicas; luego acostumbran escoger ambientes costeros y bentónicos. Así que según la edad, zona geográfica y el hábitat sus epibiontes evolucionarán de forma natural reflejando esos cambios vitales.

Por ello los estudios sobre fauna acompañante y epibiosis en tortugas pueden contribuir al conocimiento sobre su distribución geográfica, hábitat y migraciones, aportando datos complementarios a los marcajes, telemetría por satélite, análisis de isótopos, genética de poblaciones…

Eso sí. La sucesión natural de epibiontes puede también romperse cuando las tortugas se acicalan el caparazón ¡frotándose contra superficies sumergidas!

Referencias:

  • Báez J.C. y col. Preliminary check-list of the epizoic macroalgae growing on loggerhead turtles in the Western Mediterranean Sea. Marine Turtle Newsletter 98:1-6. (2002).
  • Frankovich T.A. y col. Tursiocola denysii sp. nov. (Bacillariophyta) from the neck skin of Loggerhead sea turtles (Caretta caretta). Phytotaxa 234:227–236 (2015).
  • Frick M.G y Pfaller J.B. Sea Turtle Epibiosis. The Biology of Sea Turtles Volume III. Chapter: 15. CRC Press Editors: J. Wyneken, K.J. Lohmann, J.A. Musick. pp. 399-426 (2013).
  • Majewska R. y col. Diatoms and Other Epibionts Associated with Olive Ridley (Lepidochelys olivacea) Sea Turtles from the Pacific Coast of Costa Rica. PLoS ONE 10(6):e0130351 (2015).
  • Majewska R. y col. Labellicula lecohuiana, a new epizoic diatom species living on green turtles in Costa Rica. Nova Hedwigia, Beiheft 146:23–31 (2017).
  • Majewska R. y col. Six new epibiotic Proschkinia (Bacillariophyta) species and new insights into the genus phylogeny. Eur. J. Phycol. 54:609–631 (2019).
  • Riaux-Gobin C. y col. New epizoic diatom (Bacillariophyta) species from sea turtles in the Eastern Caribbean and South Pacific. Diatom Res. 32:109-125 (2017).
  • Riaux-Gobin C. y col. Two new Tursiocola species (Bacillariophyta) epizoic on green turtles (Chelonia mydas) in French Guiana and Eastern Caribbean. Fottea, Olomouc 17:150–163 (2017).

La dieta Mickey Mouse

Imagen de portada: Picocystis salinarum. Autor: D. Patterson. Fuente: Microbial Life

Las galletas son objetos que nos divierte moldear con toda clase de formas: que si el muñeco de jengibre, corazones, navideñas, etc. Incluso galletas de Mickey Mouse que vienen muy al caso de la siguiente historia…

Nuestra protagonista de hoy es una microalga de apenas 2-3 micras que forma parte del picoplancton (al microscopio por debajo de 100.000 aumentos no verás más que puntos). La aislaron en 1991 de salineras en San Francisco, California (85‰ de salinidad, casi el triple que el mar) y la bautizaron como Picocystis salinarum (Lewin y col. 2000).

Picocystis salinarum. A) célula esférica, B) forma trilobulada. Fuente: Lewin y col. (2001). Las abreviaturas corresponden al núcleo (n), cloroplasto (c), mitocondria (m), pared celular (cw), gránulo de almidón (s) y dictiosoma (aparato de Golgi; d).

En fase de crecimiento activo son bolitas, pero con limitación de nutrientes adquieren forma trilobulada.

Poco después se publicó el hallazgo de un organismo similar en el lago Mono (California). Le llamaron Picocystis sp. porque a sus descubridores no les pareció del todo igual. Y además añadieron un poco de humor:

El lago Mono. Fuente: Artigoo.

«A chloroplast was located in each of the two smaller lobes and the nucleus in the larger third lobe, reminiscent of Mickey Mouse

Roesler y col. (2002)

El lago Mono es un lugar asombroso.

Parece sacado de una obra de Dalí y sus condiciones ambientales no son menos sorprendentes…

Cuando leí sobre él recordé al mar Salton del cual tratamos en Un futuro para Salton Sea.

La diferencia es que Salton surgió por accidente y agoniza sin remedio mientras que el lago Mono es natural y unos estudiantes evitaron su desaparición cuando su destino parecía inevitable.

Esto es lo que sucedió. El lago Mono en California era un cuerpo de agua alcalino y salino (ligeramente superior a la del océano: 40‰), con una antigüedad >50.000 años y situado en las montañas de Sierra Nevada (casi a 2.000 metros de altitud).

Artemia monica. Autor: djpmapleferryman. Fuente: Wikipedia

En 1941 desviaron los afluentes que lo alimentaban para abastecer la creciente demanda de Los Ángeles. Y ya se imaginarán lo que sucedió…

En los siguientes 40 años perdió la mitad de su volumen resaltando las torres de tufa (calcáreas) en su lecho. La salinidad se multiplicó por 2, el pH se disparó a 9,8 y no quedó ni un pez vivo u otros vertebrados…

Frente a aquellos cambios sólo prosperaron moscas alcalinas (Ephydra hians), una especie de crustáceo única en el mundo (Artemia monica) y la microalga que forma su dieta principal: Picocystis.

Ella solita llega a suponer el 50% de la producción primaria del lago. Y en invierno no suele bajar del 25%…

También hay diatomeas (Nitzschia) y cianobacterias, pero la reina indiscutible es Picocystis. ¡Y a las Artemias les encantan! en el laboratorio se ha comprobado que cada una se zampa de promedio ¡500.000 Picocystis por hora!

A su vez la propia Artemia es un recurso fundamental para las aves en la ruta migratoria del Pacífico de Norteamérica que abarca desde Alaska hasta la Patagonia. Todo un ejemplo de interrelación entre ecosistemas y seres vivos.

Aves limícolas (falaropos de Wilson y picofino) en el lago Mono. Fuente: monolake.org

El lago Mono era monomíctico antes de los 80′. Es decir, la estratificación de la capa superior formada en la época de calor se rompía al final del año, mezclando y oxigenando sus aguas. Pero en 1982 el deterioro ambiental y un intenso evento de «El Niño» iniciaron una fase meromíctica: estratificación superficial contínua durante 5 años.

Y cuando se restableció la mezcla de aguas profundas y superficiales aconteció otro desastre: el amonio, metano y sulfuro acumulados en el fondo produjeron la anoxia temporal del lago.

Pues bien. En 1984, durante aquella estratificación pertinaz se desarrolló un máximo de clorofila subsuperficial. Y en condiciones donde cabría esperar bacterias fotosintéticas anoxigénicas se observó que la responsable de aquel máximo era una microalga eucariota. ¡Acertaron! la futura Picocystis sp.

En la colección CCVIEO (IEO Vigo) tenemos una cepa de Mickey Mouse, perdón, de Picocystis salinarum (RCC3402). Autor: F. Rodríguez.

La Picocystis del lago Mono puede crecer en penumbra (<0.1% de la luz disponible en superficie en verano), proliferando así a profundidades de hasta 20 metros.

Soporta un rango BRUTAL de salinidades (0-260‰), con el pH tampoco se queda atrás (4-12) y tolera bien niveles bajos de oxígeno.

Esta flexibilidad fisiológica le permite establecer poblaciones permanentes en el lago, manteniendo así la producción primaria, el ecosistema y los seres vivos que dependen de él: Artemias y aves.

A mayores, Picocystis posee otra propiedad sorprendente: una quimera de pigmentos. Clorofilas y carotenoides de algas verdes (clorofila b, violaxantina, etc) junto a otros de la línea evolutiva roja (diatoxantina, aloxantina y monadoxantina, los dos últimos típicos de criptofíceas).

Años después, colegas de la Station Biologique de Roscoff nos invitaron a José Luis Garrido (IIM-CSIC) y a mí a participar en un trabajo (dos Santos y col. 2017) que estableció la posición taxonómica de Picocystis salinarum. Nuestra aportación fueron justamente los análisis de pigmentos que coincidieron con los de Picocystis sp. del lago Mono.

Y combinando genética + morfología y pigmentos P. salinarum quedó incluida en una nueva clase de algas verdes: Picocystophyceae (o picocistofíceas. Recuerden: fitoplancton con forma de Mickey Mouse, las «galletitas» que se zampan las Artemias del lago Mono).

En azul oscuro el contorno mínimo que alcanzó el lago Mono. En azul claro el nivel que tenía antes de 1941 y el trazo intermedio es el objetivo establecido por el Estado de California en 1994. Fuente: monolake

Muy bonito todo pero alguien se preguntará ¿y el lago Mono? ¿no decías que iba a desaparecer?

Pues sí...

Pero en 1976 un joven profesor de la Universidad de Stanford (David Gaines) realizó un estudio ecológico con un grupo de estudiantes denunciando el deterioro y la amenaza de colapso del ecosistema.

Y en 1978 crearon el Mono Lake Committee que sigue en activo con 16.000 socios.

Armados de ciencia (y conciencia medioambiental) se lanzaron a la lucha por la protección del lago y en 1994 consiguieron la aprobación de la State Water Board Decision 1631 (apoyada en un informe de impacto ambiental ¡¡ de 1700 páginas !!).

Miembros del Mono Lake Committee durante la «Rehydration Ceremony» (1982). Autor: S. Johnson. Fuente: longlivemonolake

Dicha norma estatal frenó su disminución estableciendo un nivel mínimo para sus aguas, un caudal permanente para los arroyos que lo alimentan y la restauración del hábitat de aves acuáticas.

Calculaban alcanzar dicho nivel mínimo en 20 años…pero no parece fácil.

En abril de 2021 sigue por debajo del nivel decretado en 1994. Su volumen oscila cada año debido a las condiciones climáticas, sequías y un aporte variable de aguas de deshielo en Sierra Nevada.

Eso sí: la tendencia global es ascendente y el futuro del lago parece asegurado gracias a la mecha que prendió el compromiso medioambiental de aquel profesor y sus estudiantes.

Referencias:

  • dos Santos, A.L. y col. Chloropicophyceae, a new class of picophytoplanktonic prasinophytes. Sci. Rep. 7:14019. (2017).
  • Lewin, R.A. y col. Picocystis salinarum gen. et sp. nov. (Chlorophyta)—a new picoplanktonic green alga. Phycologia 39:560–565. (2000).
  • Roesler, C.S. y col. Distribution, production, and ecophysiology of Picocystis strain ML in Mono Lake, California. Limnol. Oceanogr. 47: 440–452. (2002).
  • Stamps, B.W. y col. Metabolic Capability and Phylogenetic Diversity of Mono Lake during a Bloom of the Eukaryotic Phototroph Picocystis sp. Strain ML. Appl. Environ. Microbiol. 84:e01171-18. (2018).
  • Fuentes web: monolake.org

Un velero llamado Velella

Imagen de portada: Unconventional Mermaid: Portuguese Man o’ War. Autora: MayContainBirdseed. Fuente: Deviantart.

A principios de invierno llegó a la prensa y redes sociales la noticia de miles de «medusas» varadas en playas gallegas, sobre todo Velella velella pero también Physalia physalis. Sin embargo, a pesar de su aspecto medusoide, se trata en realidad de organismos coloniales y no de medusas individuales.

Velella y Physalia son cnidarios de la clase de los hidrozoos.

A Velella velella, habitual en estas costas, se la conoce popularmente como veleiriños o «medusa velero». En Europa sus registros son más abundantes en el Mediterráneo, oeste de la península ibérica, Francia («vélelle») y Reino Unido («by-the-wind sailor»).

Sus invasiones playeras, arrastradas por el viento y las corrientes pueden formar imágenes espectaculares con millones de individuos a lo largo de la costa oeste de Norteamérica, Italia o incluso en Nueva Zelanda. En playas de Liguria (Italia) se han llegado a contabilizar ¡ entre 20.000-120.000 colonias/m2 !

A la segunda invasora, Physalia physalis (no tan común por aquí), la precede su fama y apodo: carabela portuguesa (en inglés: Portuguese Man o’War). Tanto Velella como Physalia son azuladas gracias a carotenoides (astaxantina) obtenidos de sus presas. Les sirven para protegerse de la radiación UV y camuflarse de los depredadores como aves, tortugas y peces. Pero ambos organismos presentan diferencias importantes como veremos…

Los veleiriños no son peligrosos para ti (ni para tu perrito despistado por la playa), pero poseen células urticantes y no hay por qué probar su efecto. Son más pequeños que Physalia y se diferencian de ellas por la vela en su parte aérea (frente al flotador/globito de las carabelas portuguesas).

No conviene tocar a ninguna de ambas pero si ven el flotador de Physalia ni-se-les-ocurra. Su picadura puede ser grave en algunos casos. Llegan a ocasionar laceraciones en la piel y como mínimo te dejarán un molesto y prolongado dolor.

Por suerte la varada de estos hidrozoos sucede fuera de la época estival y el riesgo de un mal encuentro es pequeño. Pero seamos prudentes si las descubrimos en la playa. Su color azul debería darnos que pensar. Así que…¡¡no toques!! ¡¡¿por qué tocas?!!

En el nuevo proyecto de ciencia colaborativa DIVERSIMAR (IEO) comentaron su llegada en enero, incluyendo una descripción completa de Physalia.

Un pescador y divulgador ejemplar que les recomiendo seguir en twitter, Rogelio Santos Queiruga (@QueirugaRogelio), publicó un vídeo comentando que era la primera vez que la veía. Y 4 horas después de tocarla aún sentía su picadura en los dedos. La curiosidad nos puede a menudo pero en este caso ¡¡no toques!!

Además de su aspecto y veneno hay algo más que distingue a los veleiriños de las carabelas. Un detalle inapreciable a simple vista pero que nos interesa mucho en este blog. Velella posee dinoflagelados simbiontes mientras que Physalia aparentemente no.

La información sobre la posición ecológica de Velella es limitada, pero en su alimentación parecen jugar un papel esencial tanto el zooplancton (huevos de peces, copépodos, cladóceros, larvas de invertebrados, etc.), como los propios dinoflagelados simbiontes.

La relación entre Velella y sus simbiontes recuerda a las que poseen otros cnidarios como los antozoos, incluyendo anémonas y pólipos formadores de arrecifes (asociados p.ej. con dinoflagelados del género Symbiodinium). Con Velella viajan y conocen mundo…

¿Dónde están y quiénes son los dinoflagelados de Velella?

Sobre «dónde están» les contestaré que en el tejido endodérmico de los gonóforos (individuos medusoides que habitan en la colonia formando racimos sobre las ramas genitales o gonozoides). Dentro del huésped los simbiontes tienen forma cocoide, son bolitas doradas y de ahí su nombre coloquial: zooxantelas.

Y para contestarles «quiénes son» tendré que contarles una historia que se remonta cien años atrás…

A los simbiontes de Velella velella aisladas en el Mediterráneo les llamaron Endodinium chattonii en 1922, y luego les fueron cambiando de género. En 1924 a Zooxanthella, en 1971 a Amphidinium y por fin en 1993, Scrippsiella chattonii.

En ese último trabajo (Banaszak y col. 1993) aislaron y cultivaron por primera vez los simbiontes fuera del huésped, en forma libre. Y observaron que en cultivo alternaban formas cocoides con células móviles cubiertas por placas de celulosa que identificaron como Scrippsiella velellae.

Scrippsiella velellae. Fuente: Banaszak y col. (1993).

Dicha descripción pertenecía a simbiontes de Velella velella del Pacífico y no coincidían exactamente con los descritos en las Velella del Mediterráneo. Así que a estos simbiontes les asignaron el nombre citado de Scrippsiella chattonii. Ninguna de ambas descripciones incluía datos genéticos...

…y el único trabajo con secuencias genéticas no incluye morfología. Se hizo sobre simbiontes de Velella en el mar de los Sargazos (Gast & Caron 1996) y sus resultados se discutieron años después concluyendo que la secuencia de 18S rADN coincidía con otras de un nuevo género simbionte en radiolarios: Brandtodinium (Probert y col. 2014).

Ahora sí, a ver si desenredamos la madeja…

Según esto, Velella velella tendría la capacidad de asociarse con Brandtodinium y Scrippsiella para establecer una relación simbionte. Y Brandtodinium sería también el dinoflagelado simbionte en radiolarios de varios órdenes taxonómicos (Collodaria, Nassellaria y Spumellaria) según Probert y col.

Las ilustraciones de radiolarios de Ernst Haeckel (1862) incluían a dichos órdenes y en sus representaciones incluyó a las zooxantelas.

La costumbre de llamar zooxantelas a cualquier simbionte doradito en organismos marinos (dinoflagelados o no) llevó por dos veces a proponer la anulación del género Zooxanthella, justificando la creación de Brandtodinium.

Sin embargo, el éxito coloquial y la imprecisión del término zooxantela no era razón suficiente para invalidar Zooxanthella (descrito por Karl Brandt en 1882). Así pues, la creación de Brandtodinium no era aceptable y los endosimbiontes de Velella velella siguen perteneciendo a Scrippsiella velellae y S. chattonii (Guiry & Andersen 2018).

La descripción de S. chattonii era también incorrecta, aunque sólo por cuestiones técnicas resueltas en 2018. Sus autores obviaron la página del basónimo (nombre científico bajo el cual fue originalmente nombrada: Endodinium chattonii), necesaria para la trazabilidad según el art. 41.5 del Código Internacional de Nomenclatura Botánica.

Espero no haberles mareado con tanto giro de guión.

Para serles claro: los debates sobre nombres científicos apasionan a los taxónomos y yo diría que este aún no ha terminado del todo. Así que si alguien les pregunta por los simbiontes de Velella velella contesten que son dinoflagelados o zooxantelas y no se equivocarán nunca.

Porque tanto Scrippsiella velellae como otras especies de Zooxanthella, Symbiodinium y nuevos géneros de dinoflagelados simbiontes como Breviolum, Effrenium, Fugacium, etc., son y serán siempre ¡zooxantelas!. Y ahora sí. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado

Referencias:

  • Banaszak A.T. y col. Scrippsiella velellae sp. nov. (Peridiniales) and Gloeodinium viscum sp. nov (Phytodiniales), dinoflagellate symbionts of hydrozoans (Cnidaria). J. Phycol. 29:517-28. (1993).
  • Betti F.B. y col. Massive strandings of Velella velella (Hydrozoa: Anthoathecata: Porpitidae) in the Ligurian Sea (North-western Mediterranean Sea). Eur. Zool. J. 86: 343-353. (2019).
  • Guiry M.D. & Andersen R.A. Validation of the generic name Symbiodinium (Dinophyceae, Suessiaceae) revisited and the reinstatement of Zooxanthella K.Brandt. Notulae Algarum 58:1-5. (2018).
  • Lopes A.R. y col. “Gone with the wind”: Fatty acid biomarkers and chemotaxonomy of stranded pleustonic hydrozoans (Velella velella and Physalia physalis). Biochem. Sist. Ecol. 66:297-306 (2016).
  • Probert I. y col. (2014). Brandtodinium gen. nov. and B. nutricula comb. nov. (Dinophyceae), a dinoflagellate commonly found in symbiosis with polycystine radiolarians. Journal of Phycology 50(2): 388-399. (2014).
  • Zagalsky P.F. y Herring P.J. Studies of the blue astaxanthin-proteins of Velella velella (coelenterata: chondrophora). Phil. Trans. R. Soc. B 279:289-326 (1977).
  • Zeman S.M. y col. Trophic ecology of the neustonic cnidarian Velella velella in the northern California Current during an extensive bloom year: insights from gut contents and stable isotope analysis. Mar Biol. 165:150. (2018).

Cine y oceanografía

Imagen de portada: Pristine Seas Project. Fuente: NationalGeographic

Hoy tenemos entrada de cine ¡y gratis!. Elaborada por un colega del IEO y colaborador del blog. ¡Gracias Suso!

Por Jesús Gago Piñeiro

Un tema que suena muy atractivo, pero que si piensas un poco no aparecen un gran número de títulos.

La generación de los 70, la que se crió con los documentales de “El hombre y la Tierra” de Félix Rodríguez de la Fuente -y ya más enfocado en el tema marino con “El mundo Submarino” de Jacques Cousteau-, ha visto como hemos pasado a los documentales de la National Geographic Society, especialmente la serie de mares prístinos.

Además de estos dos gigantes de la divulgación medio ambiental, tenemos una serie en los años 60 con el sugerente título “investigador submarino” basada en las aventuras de un submarinista (podéis ver algunos capítulos y una breve descripción en midiariodebuceo).

En cuanto a los documentales submarinos es de destacar la fantástica semana de cine submarino de Vigo y la de Donostia que ya va por su 43 edición.

De destacar para nosotros la de Vigo, y los grandes profesionales que han participado en ella de nuestro entorno investigador como Jorge H. Urcera o Manuel E. Garci, y gente reconocida a nivel internacional como José Irisarri, Jorge Candán o José Luís Gonzalez entre otros.

Pero dejemos de lado los documentales, y pasemos al cine. El tema marino siempre ha sido un referente para el cine desde clásicos “La isla del tesoro” o “Moby Dick”, a “Master and commander”, “Titanic” o algunas más exóticas como «Simbad el marino».

Por supuesto, la saga “tiburón” también tiene que estar aquí…

Jaws (Steven Spieberg, 1975). Fuente: pinterest

Y podríamos seguir con una amplia serie, desde famosas sagas de piratas hasta famosos naufragios. Y ya puestos, piratas, tesoros, indios y niños… ¡o sea Peter Pan!

Y también podemos seguir con el tema infantil, donde ya tenemos un amplio número de películas desde “ la Sirenita” a “ Salvad a Wally” I, II,….Algunas con carteles más que inspirados en el tema marino.

Pero de oceanografía, poco o nada.

Una película de Richard Fleischer (1954) producida por Walt Disney. Fuente: justwatch

Podemos buscar un poco entre los clásicos para encontrarnos con la más que avanzada para su tiempo “Veinte mil leguas de viaje submarino” (¡estamos hablando de 1954!), donde ya se empieza a ver el fondo del mar con una perspectiva un poco más científica.

La novela de Julio Verne aquí sirve de inspiración.

Y ya estamos llegando al final, y volviendo al principio…

Entre las  películas más orientadas a la temática nos encontramos con dos; “Aquatic life” y “Jacques”, las dos usando a J. Cousteau como inspiración.

La primera como una sátira-crítica feroz (y no solo al Sr. Cousteau…) con un gran Bill Murray y la segunda un biopic de excelente factura. 

La película «Jacques» fue titulada en español “La Odisea”.

Como anécdota señalar que el padre de Lambert Wilson (el actor que interpreta a J. Cousteau) fue doblador de Cousteau como el mismo explicó en una entrevista.

Pero no podemos olvidarnos de una infantil, “Buscando a Nemo” en la cual existe un guiño a la investigación marina, ¿os acordáis de aquella escena en la que mencionan la corriente de Australia?

Seguro que se ha quedado alguna en el tintero, pero esta breve revisión tan solo tratábamos de dar una idea sobre el tema ¡sugerencias bienvenidas!

Sobre el autor

Jesús Gago Piñeiro (jesus.gago@ieo.es) es investigador del IEO-Vigo, coordinando el grupo CAMBIOCEAN (Cambio global y oceanografía operacional).

Con especial interés en el impacto de las basuras en el medio marino y participando en diversos proyectos y trabajos tanto en macrobasuras (cleanatlantic) como en microplásticos (jpi-oceans). Podéis consultar sus publicaciones en Scholar o Researchgate.

Las diatomeas de los ahogados

Imagen de portada: fotograma de «La playa de los ahogados» (2015). Fuente: lacabecita

-Parece que lo ayudaron a ahogarse.

-¿Y eso?

-Tiene las manos atadas.

La playa de los ahogados (Domingo Villar, 2011)

Hace un mes en «Territorio Negro» de Julia en la Onda entrevistaron a Ana García Rojo (responsable de entomología de la comisaría general de policía científica), acerca de la importancia de los insectos para resolver crímenes.

La gran Julia Otero. Aquí tienen el enlace a la entrevista con Ana García Rojo.

Pues bien. Además de insectos Ana citó también el uso de diatomeas en estudios forenses.

Fue una mención fugaz, pero tuvo el mismo efecto que los focos de un todoterreno cegando a un conejo (siendo yo el conejo, por supuesto).

Y esa luz cegadora llevó a esta entrada que por otra parte será más bien oscura…

Las diatomeas son marcadores forenses en sistemas acuáticos. Y podría citar dos motivos principales:

>>> 1) Se encuentran de manera generalizada y abundante según la época del año en medio marino, aguas continentales y muestras de suelo.

>>> 2) Son muy resistentes. Literalmente piedritas por sus cubiertas de sílice que soportan tratamientos ácidos y tan diversas que permiten la identificación de especies.

Muestra de la ría de Pontevedra (junio 2013) llena de diatomeas. Autor: F. Rodríguez

Su empleo en patología forense no es nuevo, se llevan utilizando desde inicios del s.XX.

¿Qué información esconden las diatomeas?

Pongámonos en situación. Se trata de establecer las causas y el lugar de fallecimiento de la víctima de un crimen…

…y sobre esto las diatomeas pueden ayudar a conocer si la víctima murió por ahogamiento (e incluso donde).

Encontrar a la víctima en el agua no es indicio suficiente para saber si se ahogó. Y aunque el cadáver se descubra fuera del agua, quizás se ahogó y luego lo trasladaron.

Si la persona estaba viva habrá inhalado agua antes de morir de modo que los pulmones se encharcan.

Diseminación de diatomeas en el cuerpo humano en función de que exista ahogamiento o muerte previa. Fuente: Pinterest (Sandi Weyl)

Y la ruptura de alvéolos pulmonares permite que el agua ingrese al torrente circulatorio, diatomeas incluidas.

Luego estas se dispersan por diferentes órganos (cerebro, corazón, riñones, hígado, etc) y médula ósea.

El tamaño máximo de las diatomeas que traspasan la barrera alvéolo-capilar es de unas 110 µm e incluso superior.

Esto abarca a una enorme diversidad de géneros y estudios sobre tejidos de cadáveres en agua dulce citan entre otros a Achnanthes, Amphora, Asterionella, Campylodiscus, Cocconeis, Cyclotella, Fragilaria, Melosira, Navicula, Nitzschia, Pinnularia, etc.

La detección de diatomeas en tejidos humanos suele realizarse en órganos y en la médula ósea del fémur, previo tratamiento (con ácido nítrico, proteinasa K, etc), para eliminar la materia orgánica.

Por el contrario, si la víctima estaba muerta y la metieron después en el agua, las diatomeas pueden entrar en los pulmones, pero no existirá transporte activo al resto de órganos y médula ósea.

Si la muerte es reciente, pueden haber signos externos de ahogamiento (piel pálida, espuma en boca y nariz). Pero transcurrido el tiempo esas evidencias desaparecen y el test de diatomeas puede ser muy valioso.

Asterionella formosa es una de las diatomeas descubiertas en víctimas de ahogamiento en un estudio en Finlandia (Auer, 1991). Fuente: nordicmicroalgae.

Aunque las diatomeas distan mucho de ser infalibles. Influyen muchos factores como su abundancia en el medio, el tiempo transcurrido hasta la muerte, el estado del cuerpo, etc. Su concentración se reduce varios órdenes de magnitud a medida que entran en los pulmones y se dispersan en los tejidos del cuerpo…

Aún así, el test de diatomeas podría confirmar 1 de cada 3 casos de ahogamiento.

Un análisis sobre 738 víctimas en Ontario (Canadá) concluyó que las diatomeas corroboraron un 28% de ahogamientos. Y los aciertos del test estuvieron asociados con su ciclo estacional: a mayor abundancia en el medio, mayor probabilidad de encontrar diatomeas en las víctimas. Lógico.

La playa de la novela es «A Madorra», en Nigrán. Fuente: casadellibro.

Curiosamente, el test de diatomeas también ha servido para confirmar algunas muertes por ahogamiento en cuartos de baño y piscinas…

Para confimar un positivo se consideran, según los autores, diferentes umbrales.

Como más de 20 frústulas de diatomeas por 100 μL de sedimento extraído en 2 gr de tejido (p.ej. corazón, cerebro, riñón, hígado y médula ósea) o 20-40 frústulas en 5 gr de médula ósea, etc.

Dichos valores pueden variar según el tejido analizado y no existe un criterio estándar para toda la comunidad forense.

La biología molecular (secuenciación de genes ribosomales y mitocondriales) también se ha incorporado recientemente a la identificación de plancton en estudios forenses.

En este caso, además de las diatomeas, la presencia de algas verdes y cianobacterias permite obtener resultados positivos (incluso en ocasiones donde han fallado las diatomeas).

Por otra parte, la diversidad y composición de diatomeas en tejidos humanos puede indicar el posible escenario del crimen al relacionar las muestras de agua o suelo con las de la víctima.

Lo mejor es ilustrarlo con casos reales donde las diatomeas jugaron un papel fundamental…

Y en Diatoms and homicide (Pollainen, 1998) tenemos ejemplos muy truculentos ya les aviso…

El reconocimiento automático de imágenes es otra técnica que podría incorporarse a estudios forenses. Modelo de identificación GoogleNet Inception-V3. Fuente: Zhou Y. y col. (2020).
  1. Un niño de 5 años en el fondo de un lago. La médula ósea del fémur reveló dos diatomeas características también presentes en muestras del lago junto al cadáver. Al final su padre confesó el asesinato.
  2. Los restos carbonizados de una adolescente en una maleta abandonada en un aparcamiento. Pues bien. Se encontraron diversas diatomeas en la médula ósea del fémur y seno maxilar revelando la muerte por ahogamiento.
  3. Un transexual de 38 años fallecido en una bañera llena de agua y jabón. En su médula ósea femoral descubrieron cuatro tipos de diatomeas iguales a las de la bañera. Tenía lesiones de estrangulamiento pero le ahogaron bajo el agua.
  4. El cadáver de una joven de 25 años en avanzado estado de descomposición en un bosque. Observaron diatomeas en la médula ósea femoral propias de suelo terrestre. La exploración en la zona donde apareció el cadáver descubrió diatomeas idénticas en charcas temporales del bosque. La habían apuñalado pero murió en una zanja con agua.

Pero las diatomeas no sólo se estudian en el cuerpo de las pobres víctimas. La ropa y el calzado pueden conservar células adheridas con las que relacionar a un sospechoso ¡con el escenario del crimen!

Agradecimientos: a Patricia Quintas (IEO Vigo) que me avisó de la entrevista en Julia en la Onda en cuanto escuchó lo de las diatomeas.

Referencias:

  • Auer A. Qualitative diatom analysis as a tool to diagnose drowning. Am J Forensic Med Pathol 12: 213-218 (1991).
  • Levkov Z. y col. The use of diatoms in forensic science: advantages and limitations of the diatom test in cases of drowning. En: Williams M. y col. (eds). The Archaeological and Forensic Applications of Microfossils: A Deeper Understanding of Human History. The Micropalaeontological Society, Special Publications. Geological Society, London, 261–277 (2017).
  • Pollainen M.S. Diatoms and homicide. Forensic Sci Int 91:29–34 (1998).
  • Verma K. Role of Diatoms in the World of Forensic Science. J Forensic Sci 4:2 (2013).
  • Zhou Y. y col. Research advances in forensic diatom testing. Forensic Sci Res 5:98-105 (2020).

Greta y Grethe

Imagen de portada: Thalassiosira mendiolana. Fuente: Fryxell & Hasle (1972).

Hoy en día muchas revistas incluyen en los papers los nombres completos de los autores. En Botanica Marina incluso fotos y una breve descripción. Igual me equivoco, pero creo que antes no era tan común. Por ejemplo en PubMed (motor de búsqueda de la NLM de artículos de biomedicina y ciencias de la vida) los nombres sólo aparecen desde 2002.

Esto es importante porque humanizan esas firmas y hacen visibles las aportaciones científicas de mujeres y hombres.

En el caso de los apellidos, a pesar de no existir obligación legal, en países como Reino Unido, Francia, EEUU o Australia, por tradición (=herencia de un sistema patriarcal) la mayoría de mujeres sustituyen su apellido de nacimiento, legal y/o socialmente, por el de su marido…

…o lo conservan como middle name…o unen ambos (con guión o compuesto). No sólo eso: si te divorcias y vuelves a casarte, nuevo dilema.

Por ejemplo, Lynn Petra Alexander publicó la teoría de la endosimbiosis celular como Lynn Sagan. ¿Les suena el apellido, verdad?

Lynn Margulis (1938-2011). Fuente: jaivikshastram

Dicho artículo, revolucionario y esencial en la biología evolutiva del s.XX, fue rechazado por unos 15 editores antes de su aceptación en una revista menor. Luego, durante el resto de su prolífica y prestigiosa carrera, firmó tal y como pasaría a la historia de la ciencia: Lynn Margulis.

Nuestras protagonistas de hoy también firmaban los trabajos con el apellido de sus maridos de toda la vida (y su apellido de nacimiento intercalado como middle name).

Grethe R. Hasle (Horten, Noruega: 1920-2013). Fuente: UIO.

Así, Hasle G.R. era la firma de Grethe Rytter Hasle. Y Fryxell G.A correspondía a Greta Albrecht Fryxell.

Ambas fueron figuras esenciales para el avance en el conocimiento de las diatomeas y de la ficología en general.

Sus contribuciones científicas les valieron numerosos reconocimientos y premios en vida.

Además, formaron a nuevas generaciones de investigadores que continuaron y expandieron su legado a otros campos de la investigación marina.

Sus vidas y carreras fueron paralelas. Grethe Hasle fue supervisora de Greta Fryxell en su estancia postdoctoral en la Universidad de Oslo.

De hecho, la primera publicación de Fryxell la firmó junto a Hasle en 1970…y también la última, en 2003, cuando tenían 77 y 83 años respectivamente. Y no fue cualquier cosa sino un capítulo titulado «Taxonomy of harmful diatoms» en una monografía de métodos de UNESCO.

Otro aspecto en el que coinciden es el de haber sido pioneras, no sólo por sus logros, sino porque consolidaron su carrera cuando apenas había científicas permanentes en sus instituciones, países…y mundo en general.

Greta A. Fryxell (Princeton, EEUU: 1926-2017). Fuente: Claremont-courrier

Hasle defendió su tesis doctoral en 1969, con 49 años, y en 1977 se convirtió en ¡la tercera profesora de la historia! en la Facultad de Matemáticas y Ciencias Naturales de la Univ. de Oslo.

Fryxell obtuvo su doctorado a la misma edad, en 1975, y se convirtió en una de las primeras profesoras en la Univ. Texas A&M.

Sobre la investigación de Grethe Hasle su obituario de 2013 cita lo siguiente:

Her general approach to research emphasized that in order to conserve biodiversity in nature, we need to know what is there, where and how much there is, and what environmental factors affect their occurrence.

Edvardsen y col. (2013)

Hasle publicó en 1965 un trabajo de investigación básica en el que describía dos formas de una misma especie, Nitzschia pungens forma multiseries y Nitzschia pungens forma pungens, en base a sutiles detalles morfológicos.

Nitzschia pungens f. multiseries. Fuente: Hasle (1974).

Nadie le prestó mucha atención a este trabajo de taxonomía tan refinado hasta que en 1987 se produjo una intoxicación de origen desconocido en Prince Edward (Canadá). Afectó a un centenar de personas tras consumir mejillones contaminados. Cuatro de ellas fallecieron.

La responsable era una diatomea productora de una nueva clase de toxinas (de tipo amnésico: ácido domoico). Las muestras de la proliferación tóxica se enviaron a David G. Mann y Grethe R. Hasle, quienes ratificaron que se trataba de Nitzschia pungens Grunow forma multiseries Hasle.

Recogiendo mejillones en la isla Prince Edward (Canadá). Fuente: saltwire.

Su hermana casi gemela (Nitzschia pungens f. pungens) no producía toxinas, y genéticamente era suficientemente distinta como para considerarla otra especie.

Así, en 1994 Hasle recuperó al género Pseudo-nitzschia, que por entonces era una sección dentro de Nitzschia, y en 1995 renombró ambas especies como Pseudo-nitzschia multiseries (responsable de la intoxicación en Canadá) y Pseudo-nitzschia pungens.

En total, Hasle describió y/o renombró 21 de las 53 especies hoy aceptadas en el género Pseudo-nitzschia (el único que incluye diatomeas tóxicas junto a contadísimas especies en Nitzschia y Amphora).

En cuanto a Fryxell, su investigación en oceanografía se centró también en las diatomeas de todo el mundo: ciclos de vida, patrones de abundancia y sucesión en el medio natural, especialmente los géneros Thalassiosira, Nitzschia y proliferaciones tóxicas de Pseudo-nitzschia al final de su carrera.

Imágenes de MEB de diatomeas. A) Asteromphalus hookeri, B) Corethron criophilum, C) Cimatosira lorenziana, D) Nitzschia bicapitata. Fuente: Fryxell (1983).

Linda K. Medlin (a quien conocemos de colaboraciones pasadas en el IEO), comenzó su carrera en el laboratorio de Fryxell abriendo camino en los 80′ para un nuevo campo: el estudio filogenético del fitoplancton. Y en el obituario que le dedicó en 2018 recuerda una frase de ella al respecto: ‘Are you sure you know what you’re doing?’.

Linda también recuerda la bienvenida de Fryxell a su laboratorio: [‘So glad that you have seen the light!’ (the light being to work on diatoms)], y su emoción por los descubrimientos con un nueva técnica, la microscopía electrónica.

Entre los testimonios de discípulos y colaboradores que recogió Medlin en 2018 me llamaron la atención estas palabras de Tracy A. Villareal:

Her struggles as one of the few women in the department were transformative to my understandings of how gender issues play out in academia.

Medlin L.K. (2018)

Debe ser agotador que te cuelguen la etiqueta de pionera y te lo recuerden a todas horas.

Fryxell y Hasle fueron eminencias mundiales en el estudio de las diatomeas; las suyas son historias exitosas, largas e inspiradoras. Referentes para su disciplina y las ciencias marinas en general.

Muchas otras mujeres no pudieron desarrollar sus carreras científicas ni alcanzar el merecido reconocimiento durante siglos.

Y es que la brecha histórica entre hombres y mujeres en diversos ámbitos de la ciencia sigue abierta (p.ej. igualdad de oportunidades para progresar en la carrera científica, reconocimiento y participación pública, sesgos de financiación, etc.).

La ciencia no es ajena a la realidad social en la que vivimos, forma parte de ella.

En España las mujeres suponen el 52% de la plantilla investigadora en la administración pública, pero la proporción superior de mujeres al inicio de la carrera científica se invierte sobremanera a medida que se avanza en ella.

De ahí la importancia de iniciativas como, entre otras, No More Matildas, Oceánicas y el Día Internacional de la Mujer y la Niña en Ciencia (11F). Y aunque hayamos avanzado en materia de igualdad en pocas décadas, voy a terminar con unos gráficos que me parecen muy reveladores...

Fuente: elaboración propia (ver referencias).

De todos los donuts yo destacaría la desigualdad en el premio de la sociedad ficológica americana (PSA, EEUU), un campo en el que destaca la presencia femenina. De hecho, Fryxell y Hasle (Greta y Grethe), recibieron dicho galardón en 1996 y 1999. Pero ya ven, ni así…

Referencias:

  • Award of Excellence Phycological Society of America. Enlace web.
  • Estudio sobre la situación de las jóvenes investigadoras en España. MICINN, Gobierno de España. Enlace web.
  • Fryxell G.A. New evolutionary patterns in diatoms. BioScience 33:92-98 (1983).
  • Fryxell G.A. & Hasle G.R. Thalassiosira eccentrica (Ehrenb.) Cleve, T. symmetrica sp. nov., and some related centric diatoms. J. Phycol. 8:297–317. (1972).
  • Fryxell G.A. & Hasle G.R. Taxonomy of harmful diatoms. En: Manual on Harmful Marine Microalgae (Ed. by G.M. Hallegraeff, D.M Anderson & A.D. Cembella), pp 465–509. UNESCO, Monographs on oceanographic methodology 11. (2003).
  • Hanic L.A. The 1987 PEI toxic mussel episode a personal perspective. 115 pp. (2014). Enlace web.
  • Hasle G.R. Validation of the names of some marine planktonic species of Nitzschia (Bacillariophyceae). Taxon 23: 425–428. (1974).
  • National Medal of Science (NSF). Enlace web.
  • Obituary – Greta A. Fryxell, Diatom Research. Medlin L.K. (2018). Enlace web.
  • Premios Princesa de Asturias. Enlace web.
  • Premio Ramón Margalef de Ecología. Enlace web.
  • Tribute to Professor Grethe Rytter Hasle, Diatom Research. Edvardsen B. y col. (2018). Enlace web.