Adiós a los dinosaurios

Imagen de portada: plesiosaurios cazando durante el Mesozoico. Autor: Julius Csotonyi, Smithsonian Institution. Fuente: ocean.si.edu

En estas semanas de publicidad sentimental por Navidad ¿habéis visto el anuncio de MOEVE? Así se llama desde ahora la antigua CEPSA (Compañía Española de Petróleos S.A.) y su objetivo es informar de una nueva etapa centrada en las energías renovables.

Pues bien. A mí, que hice cola de joven para ver Parque Jurásico (y aún recuerdo aquella tarde emocionante de 1993 en un cine que ya no existe), ese anuncio me toca la fibra sensible. Los publicistas lo han pensado muy bien…¿cómo conmover con la transición de los combustibles fósiles a las renovables? FÁCIL: con personas despidiéndose de dinosaurios en parajes preciosos y música emotiva.

Dinosaurios tiernos y personas melancólicas pero agradecidas como si dijesen adiós a sus mascotas de toda la vida. Agradecidas por la energía que nos dieron…

Eso dice el anuncio. Aquí lo tenéis con velociraptor incluido (y un pterosaurio volador ¡que no eran dinosaurios pero a quién le importa!). Coged algún pañuelo por si acaso.

Pero vamos a ver ¿qué nos dieron los dinosaurios? muchas cosas desde luego, entre ellas soñar con verlos algún día correteando por el campo. Pero entre ellas desde luego no se encuentran los combustibles fósiles y MOEVE lo sabe. Pero habría sido imposible conmover a nadie con la realidad.

En nuestros automóviles no quemamos restos de dinosaurios. El petróleo se formó a partir de microorganismos marinos (zooplancton, microalgas y bacterias), que al sedimentar y quedar atrapados en el fondo se transformaron después de millones de años en ese combustible fósil que alimenta de energía al mundo desde el siglo XX. La P de CEPSA era eso: Petróleodel plancton.

La mayoría de los depósitos de petróleo (70%) se formaron en la era Mesozoica (entre hace 66 y 252 m.a.) y el resto en el Cenozoico (hace 65 m.a.), con apenas un 10% en la era Paleozoica (252-541 m.a.). Los dinosaurios también vivieron en la era Mesozoica pero ahí se acaban las coincidencias. Aquel mundo estaba dominado por un efecto invernadero brutal y el clima habría sido cálido y seco, con ambiente tropical en latitudes medias y sin hielo en los polos. Por ello el nivel del mar era también más alto que en el presente.

Niveles de CO2 durante los últimos 400 millones de años. En el centro la era Mesozoica y en azul los periodos glaciares. Fuente: Foster y col. (2017), modificado en news.climate.columbia.edu

El dióxido de carbono estaba disparado en la atmósfera (600-2400 ppm frente a los 425 actuales) y ello habría contribuido a elevar la temperatura del océano reduciendo los niveles de oxígeno. Esto último es importante por lo siguiente…

Para que se forme petróleo es necesario que los microorganismos sedimenten en fondos anóxicos porque allí no se descompone la materia orgánica antes de enterrarse. Luego, millones de años a la presión y la temperatura adecuadas hicieron su trabajo transformando lo que fueron diatomeas y copépodos (por decir algo), en hidrocarburos. Los combustibles fósiles incluyen al petróleo, carbón y gas natural, cada uno formado en diferentes condiciones (y en el caso del carbón principalmente a partir de plantas).

Durante el Mesozoico las condiciones climáticas habrían impulsado la producción primaria en el océano pero también episodios anóxicos generalizados (con las siglas OAE en inglés). Se estima que sucedieron al menos 8 de dichos episodios durante el Cretácico y entre 1-4 en el Jurásico, ambos periodos pertenecientes a la era Mesozoica.

En la actualidad existen zonas con mínimos de oxígeno en aguas subsuperficiales de la costa este del Pacífico (asociadas también con una enorme productividad por el afloramiento costero y el consumo de materia orgánica), el Golfo de Bengala, Namibia y el océano Ártico. Pero ninguna de ellas es comparable a lo que pasó en el Mesozoico donde la anoxia debió llegar casi a la superficie provocando extinciones que afectaron al 20-40% de organismos marinos.

Zonas de mínimos de oxígeno en el océano actual. Fuente: Bertagnolli y Stewart (2018).

En el Cretácico debido a la elevación del mar existían amplias plataformas costeras de aguas someras (<200 m) donde proliferaban inmensas poblaciones de cocolitofóridos. Al sedimentar sus restos calcáreos originaron los depósitos de roca caliza y creta que hoy afloran en magníficos acantilados (como los de Dover en Inglaterra o Normandía en Francia y que traté en esta entrada).

De ahí que tengamos un periodo geológico cuyo nombre procede de la actividad de aquellas microalgas. Watznaueuria fue el género de cocolitofóridos más común en el Cretácico durante el cual convivieron en el mar con los plesiosaurios de la portada.

El cocolitofórido fósil Watznaueria fossacincta. Fuente: mikrotax.org

 

Los acantilados «de cocolitofóridos» de Étretat son los únicos que he visitado personalmente.

Fueron retratados por Claude Monet al atardecer y doy fe que son impresionantes…aquí los tenéis.

Los episodios anóxicos globales en el océano Mesozoico fueron responsables de la mayoría de las reservas de petróleo y gas natural. La energía del sol que capturaron aquellas microalgas contribuyó a absorber enormes cantidades de CO2 de la atmósfera, alimentando de paso con sus poblaciones al ecosistema marino. Aquel plancton que durante millones de años se acumuló en el fondo del océano originó los combustibles fósiles cuyo CO2 devolvemos ahora a la atmósfera a un ritmo acelerado.

La quema de combustibles fósiles añade CO2 a la atmósfera con una señal isotópica característica: carece de Carbono-14 debido a su antigüedad y está empobrecido en Carbono-13 (13C). Más detalles sobre esta relación inversa entre el aumento de CO2 y el descenso de 13C en esta entrada.

En el Mesozoico grandes reptiles y peces carnívoros dominaban el ecosistema marino. En aquella época sucedió una revolución en el fitoplancton que le llevó a parecerse más al actual. En él emergieron los dinoflagelados y diatomeas de forma inequívoca, con los cocolitofóridos además como grupo destacado. Dichos organismos se convirtieron en protagonistas en la producción primaria del océano, hasta entonces dominado por cianobacterias y algas verdes. El fitoplancton pasó del verde al rojo (evolutivamente hablando). El ascenso de dichos grupos de la línea roja y su mayor riqueza nutricional se cree que influyó a su vez en los cambios evolutivos de la fauna marina.

Evolución de la abundancia de especies de diatomeas, dinoflagelados y cocolitofóridos durante la era Mesozoica (66-252 m.a.) y el Cenozoico (0-66 m.a.). Fuente: Knoll y Follows (2016).

Quizás fue en el Mesozoico cuando sucedieron las primeras mareas rojas del planeta. La diversidad de dinoflagelados y cocolitofóridos aumentó durante aquella era, alcanzando su apogeo para caer en picado tras el impacto del meteorito y la gran extinción que terminó con la fiesta tropical. En cambio, las diatomeas se diversificaron después de aquel cataclismo, siguiendo una tendencia similar en el plancton a la de los mamíferos cuando los grandes reptiles -dinosaurios incluidos- dejaron la Tierra muy a su pesar.

Referencias:

  • Falkowski P.G. y col. Evolution of modern eukaryotic phytoplankton. Science 305: 354–360 (2004).
  • Foster G. y col. Future climate forcing potentially without precedent in the last 420 million years. Nat. Comm. 8: 14845 (2017).
  • Giordano M. y col. A tale of two eras: Phytoplankton composition influenced by oceanic paleochemistry. Geobiol. 00:1–9 (2018).
  • Knoll A.H. y Follows M.J. A bottom-up perspective on ecosystem change in Mesozoic oceans. Proc. R. Soc. B 283: 20161755 (2016).
  • Paulmier A. y Ruiz-Pino D. Oxygen minimum zones (OMZs) in the modern ocean. Progr. Oceanogr. 80: 113–128 (2009).
  • Püttmann T. y Mutterlose J. Paleoecology of Late Cretaceous Coccolithophores: Insights From the Shallow-Marine Record. Paleoceanogr. Paleoclimatol. 36: e2020PA004161 (2021).
  • Takashima R. y col. Greenhouse world and the Mesozoic ocean. Oceanography 19(4): 82-92.
  • Webs consultadas: ocean.si.edu/through-time/ocean-through-time ; energyeducation.ca/encyclopedia/Oil ; news.climate.columbia.edu

¡Caracolas!

Imagen de portada: caracola de Sargadelos, regalo de la XXVII Semana de Cine Submarino de Vigo. Autor: F. Rodríguez

A finales de julio de este año, el marinero y magnífico divulgador Rogelio Santos Queiruga (@QueirugaRogelio) alertaba de la venta de caracolas protegidas (Charonia lampas) en la lonja de Ribeira, mal etiquetadas como Buccinum undatum. Aquí os dejo enlace a su alerta en X (19/07/24) y un reel de Facebook hablando sobre ellas durante una captura accidental (23/08/24).

El 12 de agosto, la «Sociedade Galega de Historia Natural» (SGHN) denunciaba también la venta ilegal de estas caracolas en puestos de conchas en O Grove (como recuerdos para turistas), así como lo sucedido en la lonja de Ribeira. La SGHN pedía a la Xunta de Galicia medidas para garantizar su protección ya que dichas caracolas están catalogadas como vulnerables en el Catálogo Español de Especies Amenazadas.

Charonia lampas. Imágenes compartidas por la web de la lonja de Ribeira. Fuente: SGHN.

En su web, la SGHN explica que el Decreto 88/2007 que regula el «Catálogo Galego de Especies Ameazadas«, establece la prohibición en Galicia de poseer, transportar, vender o exponer para vender, importar o exportar ejemplares silvestres vivos o muertos de esta especie. Meses antes, en Almería, el servicio de Inspección de Pesca había decomisado y devuelto al mar varios ejemplares durante una inspección a un buque pesquero (Diario de Almería, 17/04/2024). Otro tanto sucedió en 2018 en Ayamonte; aquella vez fueron 12 las caracolas decomisadas por agentes del SEPRONA (Diario de Huelva, 12/02/2018). Estos son apenas algunos ejemplos…

Se las conoce según la zona como bucinos (buzinas en Portugal), buguiñas, cornetas, cornos de mar, corn marí, cuernos o tritón marino. Llegan a alcanzar 40 cm de longitud aunque suelen medir entre 12-25 cm y se encuentran hasta unos 100 m de profundidad. Su distribución geográfica alcanza el Mediterráneo y Atlántico Nororiental (Macaronesia, incluyendo Canarias, Madeira y Azores, hasta el canal de La Mancha). Se alimentan principalmente de equinodermos y de restos de peces, moluscos, crustáceos y holoturias.

Fuente del Tritón en Piazza Barberini (Roma). Se trata de un dios griego del mar que a menudo se representaba tocando una caracola. Autor: Carlomorino. Fuente: Wikimedia Commons

Se trata del mayor molusco gasterópodo del Mediterráneo. Su carne es muy apreciada y también su concha para decoración. Ambas razones han provocado su sobreexplotación, principal sospechosa de la caída de sus poblaciones, motivo de las medidas de protección. Además, según explica El Blog de Isabel, las caracolas se usaban «como sistema de comunicación en tierra y mar gracias al sonido de trompa que emiten al soplar a través del agujero que se les hacía en el ápice a modo de boquilla, semejante a las sirenas de los barcos«. De hecho, su nombre popular en inglés es trumpet shell.

Su captura y venta están prohibidas no solo en Galicia sino en otras comunidades como Andalucía y Canarias. Dicha prohibición se justifica no solo porque estén esquilmadas y en riesgo de desaparecer sino porque, tal como recordaba el diario SUR tras una decomisación de caracolas en un bar de Málaga: «los técnicos advierten de que puede contener una toxina que actúa como un paralizante para el ser humano.»(27/06/2015).

Ejemplares de Charonia Lampas intervenidos en Málaga en 2015. Fuente: Diario Sur.

Su captura y venta están permitidas en Portugal. En 2007 sucedió el primer y único caso conocido de intoxicación por caracolas en Europa (un hombre de 49 años) tras consumir un ejemplar adquirido en Málaga que procedía de Portugal (Fernández-Ortega y col. 2010). En cuestión de minutos sintió entumecimiento, dolor abdominal y vómitos. Tras su ingreso en urgencias necesitó sedación, intubación endotraqueal por dificultades respiratorias y permaneció 72 h en la UCI. No mostró signos de movilidad hasta pasadas 25 h y le retiraron la intubación a las 30 h. Su recuperación fue total.

La carne del molusco contenía tetrodotoxina (TTX y un análogo: 5,6,11-TrideoxyTTX), una potente neurotoxina conocida por su ocurrencia en peces globo (el famoso fugu japonés). Dichas toxinas fueron confirmadas también en la sangre y orina del paciente. Las TTX no están reguladas en la Unión Europea, forman parte de las denominadas «toxinas emergentes» pero se prohíbe la venta y comercialización de pescado que pueda contenerlas (peces globo de la familia Tetraodontidae) .

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) estableció en 2017 unos valores máximos recomendados de 44 μg TTX (equivalentes, incluyendo los efectos tóxicos de sus análogos) por kg de vianda. La caracola que produjo la intoxicación en 2007 contenía ¡315 mg/kg en las vísceras! 7000 veces más de lo que establece EFSA (Rodríguez y col. 2008). La escasez de información y su variabilidad en los individuos hacen imposible caracterizar el riesgo asociado al consumo de gasterópodos como las caracolas. Lo único seguro al 100% es no consumirlas (y avisar si además las encuentras en una región donde se prohiba su venta).

La mayoría de datos vienen de nuestros vecinos en Portugal. Allí se encuentran ocasionalmente en los mercados (vienen en las redes pero no se pescan de por sí, a propósito, según me han comentado). Nunca conseguimos ninguna para su análisis en el IEO-CSIC, pero recuerdo haberlas visto en Galicia, hace años y antes de su prohibición, en el mercado de A Guarda (Pontevedra). El año pasado en un puesto del mercado de Caminha (Portugal) me confirmaron que en verano suelen tenerlas.

Los primeros estudios en el sur de Portugal tras la intoxicación en España no encontraron TTX en buzinas, o si las detectaban era por debajo de los límites de cuantificación o a niveles muy bajos. Pero estudios más recientes en la región norte (Silva y col. 2012) y sobre todo en el sur de Portugal (Costa y col. 2021; Lage y col. 2022) alertan y demuestran que pueden acumular niveles elevados de TTX, muy por encima de los recomendados por EFSA. Además, la variabilidad entre ejemplares es muy alta. Una lotería de TTX a la que es mejor no jugar.

Charonia lampas (Lonja de Isla Cristina, 2002. Autoría: A.M. Arias). Fuente: ictioterm.es

El contenido de TTX en músculo, que es la parte del molusco apreciada para el consumo, suele ser nulo o muy bajo. Pero las vísceras pueden acumular niveles elevados y estos trabajos en Portugal indican que aunque el consumo de las partes blancas (el músculo) pueda resultar seguro, el modo de prepararlas y la incorrecta evisceración de las caracolas plantean un riesgo para la salud de las personas.

El hecho de que las TTX se acumulen en vísceras sugiere que la dieta es la vía de entrada. Como citaba antes, las caracolas son carnívoras y se alimentan de equinodermos (estrellas de mar y erizos) y otros invertebrados como holoturias. En algún caso se ha confirmado que las adquieren de estrellas de mar. El origen de las TTX se acepta que es bacteriano y las evidencias sobre ello son aplastantes. Pero según los organismos se debate si se trata de una simbiosis y/o acumulación de TTX mediante la dieta y el hábitat en el que viven. En una entrada anterior cité además la hipótesis de que una microalga tóxica, el dinoflagelado Procentrum minimum (= P. cordatum), podría contener bacterias simbiontes productoras de TTX.

Las caracolas no son los únicos gasterópodos que acumulan TTX y también se han detectado en muchos otros invertebrados marinos (moluscos, cefalópodos, crustáceos, etc.), pero por su tamaño y longevidad tienen mayor potencial para bioacumular TTX. En Galicia se han detectado recientemente TTX en una anémona de mar que vive sobre conchas de cangrejos ermitaños (Calliactis parasitica) y un molusco bivalvo (Tellina donacina) (Rossignoli y col. 2023). Y anteriormente en un berberecho y una ostra…

Solo conozco un trabajo que haya analizado toxinas en caracolas de Galicia. Curiosamente por autores japoneses (Nagashima y col. 1996) en los resúmenes de la 7ª Conferencia Internacional sobre Fitoplancton Tóxico (Sendai, Japón, 1995). Analizaron toxinas (usando bioensayo en ratón y cromatografía: HPLC) en 4 ejemplares «de la costa de Galicia» recogidos entre enero-abril 1994.

¿Y qué descubrieron? Pues detectaron toxinas en vísceras (glándula digestiva) y no en músculo. Los síntomas de los ratones coincidieron con toxinas paralizantes o TTX, sin embargo, los análisis cromatográficos solo confirmaron toxinas paralizantes. Ni rastro de TTX.

Referencias

  • Bordin P. y col. First occurrence of tetrodotoxins in bivalve mollusks from Northern Adriatic Sea (Italy). Food Control 120:107510 (2021).
  • Fernández-Ortega J.F. y col. Seafood intoxication by tetrodotoxin: First case in Europe. J. Emerg. Med. 39:612–617 (2010).
  • Lage S. y col. Tissue accumulation of tetrodotoxin (TTX) and analogues in trumpet shell Charonia lampas. Food Additives & Contaminants: Part A, 40(1):159–168 (2022).
  • Lage S. y col. New Vectors of TTX Analogues in the North Atlantic Coast: The Edible Crabs Afruca tangeri and Carcinus maenas. Mar. Drugs 21 (6):320 (2023).
  • Leao J.M. y col. Preliminary results on the evaluation of the occurrence of tetrodotoxin associated to marine Vibrio spp. in bivalves from the Galician rias (Northwest of Spain). Mar. Drugs 16:81 (2018).
  • Nagashima Y. y col. Paralytic shellfish toxins in a trumpet shell, Charonia lampas, from Spain. En: Yasumoto T., Oshima Y., Fukuyo Y., editors. Harmful and Toxic Algal Blooms. Intergovernmental Oceanic Comission of UNESCO; Sendai, Japan. pp. 425–427 (1996).
  • Rodríguez P. y col. First toxicity report of tetrodotoxin and 5,6,11-trideoxyTTX in the trumpet shell Charonia lampas lampas in Europe. Anal. Chem. 80:5622–5629 (2008).
  • Rossignoli A.E. y col. First Report of Two Gymnodimines and Two Tetrodotoxin Analogues in Invertebrates from the North Atlantic Coast of Spain. Mar. Drugs 21:232 (2023).
  • Silva M. y col. New Gastropod Vectors and Tetrodotoxin Potential Expansion in Temperate Waters of the Atlantic Ocean. Mar. Drugs 10:712–726 (2012).

 

Marea verde en las Rías Baixas

Imagen de portada: playa de Mogor. Autor: F. Rodríguez

El dinoflagelado Lepidodinium es responsable del verde que tiñe las Rías Baixas en las últimas semanas. Probablemente sea Lepidodinium chlorophorum. Ya veremos…

En una entrada reciente hablé sobre él, pero no esperaba encontrármelo en Galicia y mucho menos con una proliferación tiñendo el mar en la costa y varias rías entre Vigo y Finisterre.

Aquí podéis verlo en una muestra natural del puerto de Finisterre el 29 de agosto de 2024.

Las mal llamadas mareas rojas (proliferaciones de microalgas que colorean la superficie del mar pero que ni son mareas ni en muchos casos rojas), son habituales en Galicia. Suelen ser marrones, naranjas, granates o rojas en función de los pigmentos de las células y de su abundancia. En extrañas ocasiones son verdes, como esta.

Las mareas rojas son un fenómeno natural que se conoce desde antiguo relacionado con la elevada productividad debida al afloramiento estacional y los aportes de aguas continentales, entre otros factores. Las microalgas no necesitan de contaminación para proliferar y teñir el mar. Como regla general, cuando superan 1 millón de células por litro su color es visible a simple vista.

En Galicia no podemos achacar las mareas rojas a la acción humana -sin pruebas fehacientes- porque la hipótesis más común, sencilla y probable es la de un suceso natural.

Estas son algunas imágenes de otros autores que comparto con su permiso…

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La época de crecimiento del fitoplancton se extiende entre primavera y otoño en las rías gallegas. Y en ese periodo se producen mareas rojas asociadas al desarrollo del fitoplancton (y zooplancton), en condiciones climatólogicas y oceanográficas favorables. Esas mareas rojas también se deben a una combinación de factores biológicos y ecológicos de los propios organismos que les permite mantener poblaciones densas y competir mejor por los recursos (luz y nutrientes).

Entonces, nada nuevo bajo el mar. ¿O sí?

PUES SÍ

La mayoría de mareas rojas en Galicia las producen dinoflagelados: casi 2 de cada 3 basándonos en el registro –cualitativo a partir de observaciones en artículos científicos y prensa-, de 112 mareas rojas que publicamos en una reciente revisión, la primera en Galicia (Rodríguez y col. 2024).

Os muestro una gráfica de ese trabajo con los grupos del fitoplancton, especies responsables y colores aproximados de las mareas rojas entre 1916 y 2023 en Galicia. Encontrar las verdes es como jugar a ¿dónde está Wally?. Entre ellas veréis que solo hay una de Lepidodinium.

Esa marea verde sucedió entre julio y septiembre de 1989 en las Rías de Vigo (Reguera y col. 1995) y Pontevedra (frente a Marín, cerca de la isla de Tambo; Jiménez y col. 1992). Por entonces apenas se hacían análisis genéticos en estudios de fitoplancton y tampoco existía el conocimiento actual sobre dinoflagelados como aquel.

Se identificó como Gyrodinium aureolum o Gyrodinium sp., pero la descripción del mismo y la coloración del mar («bright and green patch» y «emerald green» según esos autores) encajan con una proliferación de Lepidodinium que llegó en Pontevedra a los 70 millones de células por litro.

Y es que no existe otro dinoflagelado que produzca ese color verde brillante «esmeralda». Lo único que no me cuadra es que los resultados de pigmentos no citan a la clorofila b, que debería ser muy abundante porque es propia de cloroplastos verdes como los de Lepidodinium.

Canido, desde el puente de Toralla. 17 de septiembre 2024. Autor: F. Rodríguez

En entradas anteriores hablé sobre Lepidodinium (1,2) pero dejaré aquí un resumen para hacerle la ficha a nuestro protagonista de hoy:

  • Es un dinoflagelado desnudo, sin cubierta de celulosa o calcárea en sus células. El género Lepidodinium incluye a día de hoy 2 especies indiferenciables al microscopio óptico: L. chlorophorum y L. viride. Para distinguirlas hay que usar genética y microscopía electrónica. Lepidodinium viride posee unas escamitas diminutas ausentes en L. chlorophorum. La especie descrita en el Atlántico es L. chlorophorum (salvo contadas excepciones) así que es probable que se trate de la responsable de la «marea verde» en Galicia.
  • No es tóxico ni produce bioluminiscencia. Soporta un amplio rango de salinidad y temperatura. Sus proliferaciones suelen asociarse con estratificación térmica y aportes de aguas fluviales. No supone ningún peligro para el baño, pero como siempre ante cualquier mancha desconocida en el agua es aconsejable tener precaución.
  • Su color verde se debe a cloroplastos adquiridos de microalgas verdes (pedinofíceas). Esto es una excepción entre los dinoflagelados ya que ningún otro posee cloroplastos permanentes de este tipo. Salvo en Lepidodinium, todos proceden de grupos de la línea evolutiva roja. Además, posee un pigmento (carotenoide) exclusivo: lepidoxantina. Con él podemos trazar su presencia y abundancia en el mar. Por cierto: dicho pigmento lo caracterizaron un grupo de investigadores de Vigo (Gavalás-Olea y col. 2016).
  • Lepidodinium libera grandes cantidades de sustancias poliméricas. Mucus para entendernos. Con ello puede alterar la viscosidad del agua y parece que podría jugar un papel importante en el mantenimiento de sus proliferaciones, formando un microambiente favorable para el crecimiento de bacterias y el reciclado de nutrientes que aprovecharía el propio dinoflagelado.
  • Algunos blooms masivos de Lepidodinium se han asociado con muertes de peces e invertebrados, principalmente en la costa atlántica de Francia y Chile. En Francia desde los años 90′, especialmente en el sur de Bretaña, afectando a peces y moluscos. Y en Chile en verano de 2021 donde produjo la muerte de 162.000 salmones en la región de Los Lagos. Las causas no están del todo claras pero todo apunta al consumo de oxígeno cuando declinan sus poblaciones (y quizás también por el mucus que podría afectar a moluscos filtradores).

A todo esto añadiré mis observaciones personales en estos días. El color del agua es bonito y puede costar diferenciarlo de una idílica postal veraniega con aguas turquesas cuando no está muy concentrado el bloom.

El agua en la orilla de la playa de Mogor durante el bloom de Lepidodinium. 8 de septiembre 2024. Autor: F. Rodríguez

En las zonas donde se acumula, como el muelle de Aguete en la Ría de Pontevedra, se forman espumas y grumos en superficie con un fuerte olor que llega a ser nauseabundo. Ese olor fuerte «a mar» y que se ha descrito como a «col hervida» (o «berberecho» según mi chica) se debe a la liberación de un gas (dimetilsulfuro) por parte de las microalgas.

El bloom de Lepidodinium acumulado dentro del muelle del puerto de Aguete. 10 de septiembre 2024. Autor: F. Rodríguez

A mí ese olor me recuerda muchísimo al tufo que producían los gusanitos de Symsagittifera roscoffensis en nuestro laboratorio (llenos de microalgas verdes simbiontes del género Tetraselmis).

En el fondo arenoso se acumulan grumos verdes resbaladizos que se escapan entre las manos si los intentas coger. El oleaje los va rompiendo en fragmentos más pequeños y degradando hasta volverlos marrones y dejarlos en la orilla (La Voz de Galicia, 11-IX-2024)

Otro tema interesante es que el bloom parece concentrarse bajo la superficie y no arriba de todo a pleno sol como es habitual en otros dinoflagelados como Alexandrium. En el siguiente vídeo grabado desde el puente de Toralla (Ría de Vigo) podéis apreciar como el agua es más transparente en superficie y se vuelve verde al descender; así hasta el fondo (unos 4 metros).

La espuma resultante de los agregados de células de Lepidodinium durante el bloom se observa también en aguas alejadas de la orilla, a lo largo de frentes de marea y zonas de acumulación por acción de las corrientes. Esa espuma es verdosa-amarillenta, su aspecto también cambia según la iluminación.

Espumas procedentes del bloom de Lepidodinum. Playa de Mogor (Marín, Ría de Pontevedra). 8 de septiembre 2024. Autor: F. Rodríguez

Yo nunca había visto este tipo de espuma y cuando la observé en directo inmediatamente me vino a la cabeza una imagen que compartió La Voz de Galicia (15-VIII-2024) en la playa de Patos (Nigrán, Ría de Vigo).

Por aquellas fechas se produjo un cierre cautelar al baño en dicha playa; primero se creyó que eran macroalgas y luego se publicó que eran microalgas, que no había peligro y que se abría al baño la zona. Hablamos de la foto en el IEO y pensamos qué cosa tan rara. Pero habían pasado varios días y no fui a ver si quedaban rastros de aquello. Recordaba a las manchas de polen en primavera, a saber…

El 29 de agosto me envió Ana García (La Voz de Galicia) un vídeo de un marinero (Julio, del Fish-Terra) con el agua verde brillante en el puerto de Fisterra. Aquel día Ana presentaba su libro «Mar de Ardora» en Vimianzo al que me había invitado para participar con una breve charla.

Fuente: ludica7.com

Vimianzo está a media hora en coche de Fisterra y al finalizar el evento por la tarde (después de pensármelo dos veces porque el regreso a Vigo son 2 buenas horas de coche) tomé la afortunada de decisión de ir hasta allí. Llegué a las 21:30, casi de noche, pero me pareció apreciar que incluso así el agua estaba más oscura de lo normal. Cogí una muestra en una de las rampas del muelle.

Al día siguiente en el IEO identifiqué a Lepidodinium y no por esperado fue menos sorprendente. Un hecho interesante pero anecdótico que recogió también La Voz de Galicia («Fenómeno verde en el puerto de Fisterra», 7-IX-2024). Y luego me fui de vacaciones hasta mediados de septiembre.

El fin de semana anterior a mi regreso (8 de septiembre) me llegaron muchísimas notificaciones de avistamientos del «mar verde» en las Rías de Vigo, Pontevedra y Muros. Desde aguas abiertas como Cabo Udra a playas en Nigrán, Vigo, Bueu y Marín, entre otras. También en Cíes, Bascuas y Carnota. Ya no era anecdótico y la atención mediática ha sido importante en prensa escrita, radio y televisión.

Lepidodinium (puerto de Fisterra, 29 de agosto 2024). A 400 aumentos. Autor: F. Rodríguez

¿Cuál es la explicación de esta «marea verde»? Se trata de una época propicia para las proliferaciones de dinoflagelados y el verano en las Rías Baixas parece no dejarnos este año con temperaturas por encima de la media para agosto y todavía en septiembre, con predominio de vientos favorables al afloramiento.

Es necesario analizar las muestras del material recogido durante el bloom y estudiar las condiciones climatológicas y oceanográficas en estas últimas semanas para entender por qué ha sucedido y por qué es tan extenso. En cuanto a ¿por qué Lepidodinium?, esto es un reto aún mayor al no haber apenas precedentes y quizás no haya ninguna respuesta evidente.

Hasta entonces, dados los precedentes que citaba antes, la buena noticia es que no parece haber ocasionado daños a la fauna marina en general ni a especies de interés comercial ya sean peces o marisco. Todo ello a pesar de la extensión geográfica y duración del bloom que en si mismo es un hecho preocupante. La razón es que su aparición podría suponer que la presencia de Lepidodinium sea más habitual en el futuro. La suma de un nuevo actor entre las especies de fitoplancton potencialmente nocivas (y por tanto a vigilar), en las rías gallegas. ¡Esperemos que no sea así!

NOTA: Si queréis enviarme fotos para completar esta entrada ¡estais invitados! los datos de los avistamientos y fechas también son MUY importantes para trazar el inicio y extensión del bloom.

Agradecimientos: a todas y todos los que habéis compartido avisos e imágenes sobre este bloom verde tan extraordinario: Julio del «Fish-Terra», Ana, Montse, Pablo, Garci, Julio Valeiras, José Luis y mis compañeras del grupo VGOHAB del IEO de Vigo. También a través de redes sociales (Rogelio y una seguidora suya en X). Si olvido a alguien ¡lo añadiré! 

Referencias:

  • Gavalás-Olea A. y col. 19,19’-diacyloxy signature: an atypical level of structural evolution in carotenoid pigments. Org. Lett. 18(18):4642-5. (2016).
  • Jiménez C. y col. Green mass aggregations of Gyrodinium cf. aureolum Hulburt in the Ria of Pontevedra (north-west Spain). J. Plankton Res. 14:705-720. (1992).
  • Kamikawa R. y col. Plastid Genome-Based Phylogeny Pinpointed the Origin of the Green-Colored Plastid in the Dinoflagellate Lepidodinium chlorophorum. Gen. Biol. Evol. 7: 1133–1140. (2015).
  • Roux P. y col. Spatio-temporal dynamics and biogeochemical properties of green seawater discolorations caused by the marine dinoflagellate Lepidodinium chlorophorum along southern Brittany coast. Est. Coast Sci. 275:107950. (2022).
  • Roux P. Propriétés écologiques des efflorescences de Lepidodinium chlorophorum: de
    l’écophysiologie cellulaire à l’impact sur l’écosystème. Sciences de la Terre. Nantes Université,
    Français. NNT:2022NANU4026. tel-03851976. pp. 310. (2022).
  • Reguera B. y col. Autoecology and some life history stages of Dinophysis acuta Ehrenberg. J. Plankton Res. 17:999-1005. (1995).
  • Rodríguez F. y col. Red tides in the Galician rías: historical overview, ecological impact, and future monitoring strategies. Environ Sci Process Impacts. 26(1):16-34. (2024).
  • Yang Q-Q. Production of dimethylsulfoniopropionate, dimethylsulfide and acrylic acid
    from marine microalgae. J. Sea Res. 190:102299 (2022).
  • Web: Millonarias pérdidas económicas en importante salmonera chilena a causa de un fenómeno de algas nocivas (mispeces.com).

 

Sobre el mar de ardora en Galicia

El mar de ardora en las playas de Galicia lo producen especies bioluminiscentes de dinoflagelados.

Es cierto que muchos seres marinos, desde simples bacterias hasta medusas, cefalópodos y peces pueden ser bioluminiscentes. Se trata de un fenómeno mucho más extendido en el mar que en el medio terrestre. Pero el mar de ardora que vemos en superficie cerca de la costa y en las playas se debe al plancton microscópico. En concreto dinoflagelados.

Los dinoflagelados incluyen un número parecido de especies fotosintéticas (estas pertenecen al fitoplancton) y heterótrofas (zooplancton). Ambas pueden producir bioluminiscencia y la luz que emiten es siempre la misma (azul-verdosa con un máximo en el azul). Solo varían la intensidad por célula y el tipo de flash que emite cada especie. La hipótesis más aceptada es que cumple una función defensiva frente a predadores.

Nuestra capacidad visual nocturna hace que la percibamos de forma distinta -desde el plateado al azul o azul-verdoso- dado que a más intensidad mejor capacidad tenemos para distinguir su color. Cuando es muy tenue apreciamos una bruma plateada o gris, mientras que un equipo fotográfico siempre registra un azul eléctrico.

Agosto de 2020. Mar de ardora en la playa de Carnota. Autora: Ana García. Fuente: La Voz de Galicia (13-VII-2021).

Hace cientos de millones de años que los dinoflagelados bañan las costas de todo el planeta y producen mares de ardora. Lo sabemos porque podemos datar la antigüedad de las especies a partir del registro fósil o mediante relojes moleculares basados en secuencias de ADN.

Si ciertas especies son bioluminiscentes es razonable pensar que bien lo eran cuando surgieron o adquirieron después esa capacidad a lo largo de la evolución (coloquialmente: «un porrón» de millones de años). Los relojes moleculares sugieren p.ej. que un grupo de especies del género Alexandrium (a las que pertenece la bioluminiscente A. tamarense entre otras) divergieron de sus antecesoras hace 23-45 millones de años.

En cuanto a la extravagante Noctiluca scintillans su relación con el resto de dinoflagelados es controvertida. Empleando marcadores moleculares varios trabajos sugieren una posición primitiva en el árbol evolutivo. Sin embargo, un estudio filogenómico usando 205 genes relaciona a Noctiluca (y otras Noctilucales) con el género Amphidinium. Lejos de esa posición ancestral que sugerían filogenias más sencillas.

Marea roja de Noctiluca, septiembre 2021 (playa de Areamilla, ría de Vigo). Autor: F. Rodríguez

En el caso de Noctiluca, además de su variedad verde (con endosimbiontes fotosintéticos; solo en Asia) y roja (heterótrofas, como las del oceáno Atlántico), se da otro hecho curioso relacionado con el mar de ardora. Las Noctilucas de la costa oeste de Norteamérica (rojas allí también) no son bioluminiscentes porque los genes responsables están silenciados. ¿Qué explicación puede tener esto? se aceptan hipótesis evolutivas y ecológicas…

Volviendo a Galicia, no tengo pruebas ni tampoco dudas de que nuestros antepasados celtas (que tanto gustaban del marisco) observaron mares de ardora.

Cada año se publican nuevas noticias, más imágenes y vídeos de la bioluminiscencia en Galicia, tanto en las Rías Altas como en las Baixas. A Costa da Morte en la provincia de A Coruña suele ser protagonista de los avistamientos. Y la playa de Carnota un destino recurrente en los últimos años para observar el mar de ardora.

Pero muchas otras playas en dicha región y otras zonas de Galicia ofrecen también la posibilidad de disfrutar de este fenómeno en los meses de verano, típicamente entre junio y septiembre. Aquí dejo algunos ejemplos de este mismo año.

Marea roja en Sada (9 de junio 2024). Autor: F. Rodríguez.

Las primeras imágenes de ardora se publicaron a inicios de junio en Sada, en la ría de Ares (A Coruña), con este titular de La Voz de Galicia: «Las playas de Sada tienen un nuevo reclamo con el Mar de Ardora» (7-VI-2024).

Las muestras que recogimos en el puerto de Sada, coincidiendo con la ardora y la marea roja que acabais de ver, demostraron que el responsable de ambos fenómenos era el dinoflagelado Lingulodinium polyedra: fotosintético, potencialmente tóxico y brillante como un faro submarino. ¡Si hasta tiene forma de farolillo y todo!

Aquí lo tenéis. El vídeo pertenece a una muestra nocturna recogida durante la ardora en el puerto de Sada.

La costa de Galicia es muy variada, tenemos rías como la de Ares, pequeña y con mayor influencia de agua dulce, o playas abiertas como Carnota y Estorde, fuera de las rías pero con aportes fluviales cercanos. En julio y agosto se ha observado mar de ardora en esas playas, algunas noches muy intenso y extendiéndose incluso a lo largo de toda la playa de Carnota (y mira que es larga, la mayor de Galicia con 7 kilómetros).

En este caso, a partir de muestras recogidas la madrugada del 9 de agosto en Carnota ¡en medio de la ardora! confirmamos que la bioluminiscencia se debía en este caso a una proliferación de Alexandrium tamarense. Ni una sola Noctiluca a la vista. Se trata de la misma especie que en septiembre de 2021 encontramos en la playa de Rebordelo (Cabana de Bergantiños) en la ardora más brutal que yo haya visto nunca y que documenté en esta entrada anterior.

Aquí tenéis dos vídeos de las muestras de ardora en Carnota. En el primero aparece la especie bioluminiscente: Alexandrium tamarense.

Y en el segundo un ciliado (Favella) atiborrado de Alexandrium en su interior. Se estaba dando un auténtico festín ya que en la muestra llegué a contar 466.000 células por litro de Alexandrium.

La madrugada del 30 de julio me embarqué en Fisterra a bordo del Fish-Terra para muestrear y disfrutar también del mar de ardora, pero esta vez más alejado de la costa. En este caso, documentado por La Voz de Galicia (11-VIII-2024), la única especie bioluminiscente que identifiqué en aquellas muestras fue el dinoflagelado heterótrofo Protoperidinium diabolus, con hasta 16.000 células por litro.

Es decir, en este caso no se trataba de fitoplancton sino de zooplancton: la misma categoría a la que pertenece Noctiluca, aunque P. diabolus posee un tamaño mucho menor (60-100 micras, diez veces menos que las Noctilucas).

Protoperidinium diabolus se alimenta de otras microalgas y no posee cloroplastos para realizar fotosíntesis. Ni falta que le hacen a este cazador microscópico. Su género contiene el mayor número de especies bioluminiscentes documentadas hasta la fecha entre los dinoflagelados, incluyendo a P. diabolus.

Estos 3 casos prácticos y documentados son un ejemplo de la diversidad de especies bioluminiscentes en las costas de Galicia, en función de las condiciones oceanográficas, la época y la sucesión del plancton en las rías, playas o aguas costeras abiertas. Seguramente registraremos varias especies más como responsables de la ardora en Galicia a medida que consigamos nuevas muestras.

La clave es que no podemos generalizar sobre los organismos responsables –más allá de que son dinoflagelados– sin conseguir muestras que nos permitan confirmar qué especie/s contribuyen a esa bioluminiscencia. No es necesario que exista una marea roja sino que las especies bioluminiscentes alcancen una densidad suficiente. Y está visto que 16.000 células por litro de P. diabolus bastan y sobran. En cambio, para que una marea roja sea visible se necesitan al menos 1 millón de células por litro (excepto Noctiluca, gracias a su tamaño tan grande).

No hay posibilidad de predecir dónde, cuándo y cuánto se va a ver el mar de ardora, al menos a día de hoy. Acumular datos con fechas y localizaciones es el paso necesario para relacionar la bioluminiscencia con las condiciones oceanográficas y otras variables que permitan elaborar modelos predictivos.

Cuando se repite su observación en el tiempo (durante días o semanas) las posibilidades de contemplar la ardora aumentan. Solo hace falta paciencia y disfrutar del momento. No esperemos fuegos artificiales, las imágenes y vídeos que se comparten son siempre los más espectaculares. Pero no es la norma cuando nos acercamos una noche de verano a la playa.

Mar de ardora en la playa de San Pedro (Sada). Autora: Ana García. Fuente: La Voz de Galicia (8-VI-2024)

Cuando comprendemos lo que estamos viendo la experiencia es más profunda aunque sean chispazos de luz en el mar y en la arena. Si encima las olas brillan intensamente y te bañas entre ellas será inolvidable. Pero nadie puede asegurarlo porque las poblaciones del plancton son como las nubes del cielo (parafraseando a Margalef) que se mueven con las corrientes, agregándose y dispersándose a lo largo de la costa.

Para las gentes del mar la ardora es algo habitual y de toda la vida. Se usa desde antiguo para localizar bancos de peces, siendo las sardinas la especie más icónica. Aunque como bien me contaba el patrón del Fish-Terra, cuando hay mucha ardora es «un fastidio» porque los anzuelos y redes se iluminan bajo el mar dejando los aparejos a la vista de sus potenciales capturas.

En resumen, el efecto llamada existe y es inevitable que cuánto más se informe sobre el mar de ardora más gente quiera disfrutarlo en directo. Eso en sí no es malo, yo también me desplazo para verla cuando puedo. En Galicia hablamos con orgullo de su naturaleza y esto es un atractivo más. Aunque la ardora se observa durante un periodo breve de tiempo, su intensidad es variable, su localización impredecible y el interés que genera elevado pero efímero, apenas días o semanas en el mejor de los casos.

La información sobre el mar de ardora y el entorno natural debe estar dirigida y ser comprensible para todos los públicos. De ello depende que su gestión sea sostenible. La costa ya está expuesta a suficiente presión urbanística, masificación e intereses económicos sin intervención del mar de ardora.

Playa de Carnota. Fuente: Turismo de Galicia

Cuando falta dicha información es cuando suceden iniciativas como «Un famoso «tiktoker» convoca una macroquedada en la playa de Carnota y hace saltar las alarmas» (La Voz de Galicia, 16-V-2024), o preguntas como «¿a qué hora encienden las luces?» (La Voz de Galicia, 25-VIII-2023).

Debemos acercarnos con respeto al entorno natural. Porque si bien la ardora es visible en playas y muelles atestados de actividad, dotados con accesos y servicios, también sucede en parajes protegidos como la playa de Carnota que ni están preparados ni pueden soportar la avalancha del turismo de masas.

Esta preocupación se refleja en los medios de comunicación con titulares como «La playa de Carnota o el castro de Baroña, espacios sensibles al desgaste por la masificación turística» (La Voz de Galicia, 10-VIII-2024) o «Carnota non quere ser Sanxenxo, queremos ter un turismo sostible» (El Correo Gallego, 4-VIII-2024).

Tenemos la oportunidad de gestionarlo desde el principio para que sea una actividad compatible con el patrimonio natural y cultural, complementaria a otras actividades de ecoturismo en Galicia que tanto atraen a residentes como a visitantes.

Agradecimientos: a Ana Escalera por recoger las muestras en Carnota durante el mar de ardora y a Ana García por avisarme para salir en el Fish-Terra y conocer por primera vez el mar de ardora en Fisterra.

Referencias:

  • Cooney E.C. y col. Phylogenomics shows unique traits in Noctilucales are derived rather than ancestral. PNAS Nexus 1:1-11 (2022).
  • John U. y col. The Application of a Molecular Clock Based on Molecular Sequences and the Fossil Record to Explain Biogeographic Distributions Within the Alexandrium tamarense “Species Complex” (Dinophyceae). Mol. Biol. Evol. 20(7):1015–1027 (2003).
  • Valiadi M., Iglesias-Rodríguez M. Understanding bioluminescence in dinoflagellates – How far have we come? Microorganisms 1: 3–25 (2013).
  • Valiadi M. y col. Molecular and biochemical basis for the loss of bioluminescence in the dinoflagellate Noctiluca scintillans along the west coast of the USA. Limnol Oceanogr. 64(6):2709-2724 (2019).

 

El fuerte de Napoleón

Imagen de portada: puerto de la Rochelle. Autor: F. Rodríguez

…y aquellos dos mundos diferentes se entremezclaban y solapaban entre sí sutilmente, como cuando las aguas dulces y saladas se mezclan en la desembocadura de un río con el subir y bajar de la marea.

La ciudad y sus muros inciertos (Haruki Murakami, 2024)

Fort Boyard es un concurso del canal público France 2 y se emite ¡que se dice pronto! cada verano desde 1990. El formato se ha exportado a numerosos países y en España lo emitió Telecinco en 2001. Consiste en una búsqueda del tesoro superando pruebas físicas e intelectuales: una especie de escape room con personajes fantásticos.

Paula Vázquez presentó la única edición de Fuerte Boyard en España junto a Félix Álvarez y Óscar Ladoire. Fuente: deia.eus

No tenía ni idea de dónde estaba Fort Boyard hasta este mismo año cuando pasé unos días en La Rochelle y alrededores, en el suroeste de Francia. Dicha ciudad está situada entre dos grandes islas, Ré y Oléron. Desde La Rochelle salen barcos para visitar la costa y eso fue lo que hicimos para ir hasta Fort Boyard.

Mapa de la costa de la Charente-Maritime y localización del Fuerte Boyard. Los puntos rojos indican las pistas cicloturistas que recorren las islas y las unen también al continente. Fuente: nomade-aventure

Fort Boyard se construyó sobre un banco de arena entre Oléron y la minúscula isla de Aix. La razón de levantar un Fuerte en medio del mar era proteger el arsenal de Rochefort porque los cañones del siglo XVIII no tenían alcance para defender el espacio marítimo entre Oléron y Aix. Napoleón Bonaparte aprobó su construcción en 1801 pero dificultades de todo tipo (logísticas y climatológicas) retrasaron el final de los trabajos hasta 1866.

Para entonces los avances tecnológicos habían dejado obsoleta su misión. Tanto esfuerzo para poco (o nada): sirvió de prisión, observatorio de mareas y los alemanes lo usaban para prácticas de tiro en la 2ª Guerra Mundial. Abandonado y azotado por el mar sus únicas residentes fueron las aves marinas durante casi un siglo.

Fuerte Boyard, 13 de mayo 2024. Con los preparativos para el rodaje del concurso en su interior. Autor: F. Rodríguez.

En el siglo XX, tras varias compraventas terminó en manos del Consejo General del departamento de la Charente-Maritime (equivalente a una provincia en España), quien se encarga de su mantenimiento y cede su explotación exclusiva a una productora de TV. Desde 1990, cada verano Fort Boyard mantiene una actividad febril durante el rodaje del concurso en sus diversas versiones.

Para llegar hasta el Fuerte salimos en barco de La Rochelle y cuando ya lo dejábamos atrás, con rumbo a la isla de Aix, observamos esto en el mar…

El agua oscura es la que rodeaba Fort Boyard, con la isla de Oléron al fondo hacia océano abierto. El agua de tonalidad más clara es la que cubría la superficie del mar en la isla de Aix y hacia el sur hasta el continente. ¿Por qué hay dos colores en el agua y esa frontera tan marcada? La respuesta nos la dió el propio guía de la visita y la tenéis en el mapa que puse antes: el río Charente.

El Charente desemboca en Rochefort y forma un estuario macromareal (amplitud de marea de 4,5 a 6,5 m). Las aguas del estuario son muy turbias por las partículas finas en suspensión. La zona de turbidez alcanza su máximo entre Rochefort y hasta 20-30 km río arriba lo cual provoca que el puerto deba ser dragado a menudo para compensar la acumulación de los sedimentos.

El río Charente a su paso por Rochefort – Ronce-les-Bains. Autor: matamuetes. Fuente: Wikiloc

Lo importante es que esa zona de turbidez del río no se dispersa más allá del estuario: se mueve en un vaivén por la marea que la lleva hacia el mar y tierra adentro. Así, en marea baja, el agua dulce y turbia se interna más en el mar. Y esto es lo veíamos desde el barco: un frente salino que se mueve con la marea y que delimita el agua turbia del río y la del océano Atlántico. No había ninguna proliferación de microalgas tiñendo el mar sino un fenómeno físico: el encuentro de dos masas de agua que se mezclan malamente.

Imagen del mar entre la isla de Aix y Fuerte Boyard, con la isla de Oléron al fondo. Autor: F. Rodríguez

El entorno salobre debido a los ríos Charente y Seudre es fundamental para los cultivos de ostras que hacen de Francia (y de esta región en particular) la primera productora de la UE  con >80% de la producción en 2020. Las ostras de Nueva Aquitania tienen la denominación de origen más prestigiosa del mundo con lugares emblemáticos que abordé en otras entradas como la bahía de Arcachón o, en el caso de hoy, el territorio de Marennes Oléron y sus famosas ostras verdes (teñidas de dicho color al alimentarse de diatomeas del género Haslea).

En el mercado central de La Rochelle encontré puestos de ostras (ostra japonesa: Crassostrea gigas). En los carteles leeréis huîtres de claires. Las «claires» son las cuencas de fondo arcilloso en las que maduran las ostras (o «afinan» según el término local). Se encuentran y pueden visitar en las islas de Oléron y de Ré. Y esos sedimentos arcillosos de las cuencas son los mismos que arrastra y deposita el río Charente…

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Este vídeo de poco más de 1 minuto describe la región y la ostreicultura. En él muestran una vista aérea de Fort Boyard y los rectángulos del paisaje que forman las claires, seña de identidad fruto de la actividad humana, como las bateas de mejillón en las rías gallegas…

La transformación del paisaje incluye también a las marismas que se comenzaron a explotar en la edad media para obtener sal marina y que en la isla de Ré (aprovechando el depósito natural de sedimentos), se ampliaron ganando terreno al mar. Esta actividad consiguió unir cuatro islotes originales y formar la actual isla de Ré.

El comercio de la sal tuvo su apogeo en el siglo XIX pero luego con la caída de su valor las marismas fueron progresivamente abandonadas. A finales del siglo XX esta industria tradicional retomó nuevo impulso gracias a productores independientes y cooperativas. Hoy en día las salinas son una actividad local importante ligada también a la oferta de turismo medioambiental que incluye en la isla de Ré una reserva natural de aves marinas y pistas cicloturistas.

Ya que os hablo de salinas (y para no olvidarnos del fitoplancton), a medida que avanza el año, suben las temperaturas y comienza a evaporarse el agua, las salinas primero se tiñen de verde y luego de rojo por la proliferación de una especie de clorofíceas halófila: Dunaliella salina. Pero nosotros visitamos la zona en mayo así que el paisaje todavía era primaveral y tranquilo…

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Terminaré hablando sobre La Rochelle. Su puerto viejo mantiene todo su encanto medieval, a mí me impresionó la primera vez que lo visité en 2021 y eso me decidió a volver y conocer la región. Flanqueado por dos imponentes torres de los siglos XIV-XV, en su interior existe una ensenada rectangular con amarres deportivos y punto de partida de cruceros turísticos.

Todo muy bonito y auténtico: la arquitectura, el ambiente de las terrazas y restaurantes…¡¡pero yo en lo que me fijé fue en el color del agua!!

A mí este color verde y el agua turbia en superficie me pareció totalmente un bloom de fitoplancton. Conociendo un poco las proliferaciones en esta región pensé en un posible responsable: el dinoflagelado Lepidodinium chlorophorum.

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Ya imaginaréis que recogí una muestra en el puerto para verla al microscopio a mi regreso a Vigo. Pero no llegó en buenas condiciones después del viaje y lo único que encontré en el laboratorio fue un bloom de ciliados (heterótrofos y sin color), ni rastro apenas de fitoplancton. Así que no pude comprobar mi hipótesis, pero en la costa atlántica francesa (hacia el norte en Bretaña y País del Loira) y también en pleno verano en La Rochelle, se han registrado mareas rojas (mejor dicho verdes), de Lepidodinium chlorophorum.

Dicha especie posee cloroplastos verdes y Lepidodinium es el único caso entre los dinoflagelados con pigmentos de la línea verde en vez de la roja. Incluso tiene un carotenoide exclusivo, identificado y bautizado en 2016 por Gavalás-Olea y col. (2016) como lepidoxantina.

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El proyecto de ciencia ciudadana PHENOMER para conseguir información sobre mareas rojas en Francia registró el 3 de agosto de 2018 una marea verde en el puerto de La Rochelle (y más al sur en la playa de Chatelaillon). Lepidodinium chlorophorum no produce toxinas pero desde la década de los 90′ sus proliferaciones se asocian con mortalidades masivas de moluscos, crustáceos y peces.

Lo que sí produce en grandes cantidades y libera al medio son sustancias exopoliméricas transparentes (EPS), viscosas y enriquecidas en carbono, que se sospecha que podrían ser perjudiciales para la fauna marina, unido a la fuerte disminución de oxígeno en el agua cuando decaen sus proliferaciones…

En 2022 Pauline Roux obtuvo su doctorado con una tesis cuyo título no hace falta traducir: «Propriétés écologiques des efflorescences de Lepidodinium chlorophorum: de l’écophysiologie cellulaire à l’impact sur l’écosystème». En ella, gracias a resultados obtenidos en el medio natural y cultivos (incluyendo la exposición de ostras a L. chlorophorum,) Pauline elaboró el siguiente esquema conceptual de las proliferaciones y sus efectos en el ecosistema.

Esquema ecológico de las proliferaciones de Lepidodinium chlorophorum. Fuente: Roux (2022).

Todo comienza con la resuspensión de nutrientes (amonio) desde el sedimento. En verano, el aumento de la temperatura y estratificación gracias a los aportes de agua dulce estimulan el desarrollo y las mareas verdes de L. chlorophorum. Las poblaciones de bacterias se benefician a su vez del EPS y permiten el reciclado de nutrientes que mantiene los blooms a lo largo del tiempo. Luego, el consumo de materia orgánica por bacterias y la desintegración de la marea verde reducen el oxígeno y representan un daño potencial para la fauna marina, ostras incluidas.

Así os lo resumo yo pero quien mejor os lo puede explicar es la propia autora de la tesis, la Dra. Pauline Roux, en un simpático vídeo que esconde un giro inesperado.

Con ella os dejo y me despido hasta la próxima entrada…

Referencias:

  • Gavalás-Olea A. y col. 19,19′-Diacyloxy Signature: An Atypical Level of Structural Evolution in Carotenoid Pigments. Organic Letters 18(18), 4642-4645. (2016).
  • Roux P. Propriétés écologiques des efflorescences de Lepidodinium chlorophorum : de l’écophysiologie cellulaire à l’impact sur l’écosystème. Sciences de la Terre. Nantes Université. ffNNT : 2022NANU4026ff. fftel-03851976f. 331 pp. (2022). Disponible en este enlace.
  • Schapira M. y col. Les Efflorescences de Lepidodinium chlorophorum au large de la Loire et de la Vilaine : Déterminisme et conséquences sur la qualité des masses d’eau côtières. Projet EPICE – Rapport final RST/LER/MPL/21.10. Ed. Ifremer, France. 46 pp. (2021). Disponible en este enlace.
  • Toublanc F. y col. Formation and structure of the turbidity maximum in the macrotidal Charente estuary (France): Influence of fluvial and tidal forcing. Est. Coastal Shelf Sci. 169:1-14. (2016).
  • Waller R.F. & Kořený L. Plastid Complexity in Dinoflagellates: A Picture of Gains, Losses, Replacements and Revisions. Adv. Bot. Res. 84:105–143. (2017).

El nitroplasto

Imagen de portada: Braarudosphaera bigelowi. Autores: Monteiro FM y col. Fuente: Wikimedia Commons

Las tecnologías y objetos de la antigüedad son difíciles o imposibles de interpretar sin imágenes ni documentos. ¿Cómo funcionaban? ¿Para qué servían?

Por ejemplo, en la última entrega de Indiana Jones toda la trama gira alrededor de encontrar el «Dial del Destino». Este artilugio, que en la película permite (ATENCIÓN SPOILER, viajar en el tiempo), se basa en el Mecanismo de Anticitera, un artefacto auténtico encontrado en un pecio y que se cree que servía para predecir posiciones astronómicas. Pero existen objetos de los que no sabemos nada como los dodecaedros romanos.

Dodecaedro romano encontrado en 1939 en Tongeren (Bélgica). Fuente: Wikimedia Commons.

Los dodecaedros romanos poseen tamaños parecidos a pelotas de golf. Suelen ser metálicos y huecos, con agujeros en la superficie de distintos diámetros y protuberancias redondas en los vértices. No se han encontrado testimonios de ningún tipo sobre ellos así que desconocemos para qué servían. En todo caso no parecen herramientas sino algo valioso.

Descubrir nuevas especies de fitoplancton puede ser tan emocionante como toparse con un dodecaedro romano. A primera vista te maravilla su diseño y luego te preguntas ¿Pero esto qué es?!!! Algo así debieron pensar quienes observaron por primera vez una microalga con forma de dodecaedro que casualmente también escondía un misterio que ya imaginaréis por el título de esta entrada.

Fuente: ecartelera

Hablamos de una especie viva así que el misterio y las pistas para llegar a él estaban intactas en su interior. Solo hubo que esperar a desarrollar las tecnologías y conocimientos necesarios.

Para que entendamos la historia primero os presentaré a los personajes: el dodecaedro, un flagelado y una cianobacteria. 

 

-EL DODECAEDRO-

En 1931 una comisión pesquera internacional invita a dos noruegos, Gran y Braarud, a estudiar la oceanografía y el fitoplancton en la bahía de Fundy y el golfo de Maine (EEUU). El objetivo era conocer los efectos que tendría sobre la productividad primaria la construcción de un embalse. Pues bien, en medio de un farragoso trabajo de 150 páginas incluyeron el descubrimiento (por parte de Braarud) de un nuevo cocolitofórido: Pontosphaera bigelowi. Sus células eran dodecaedros cubiertos por 12 cocolitos calcáreos pentagonales (llamarles cocolitos no es correcto ya que por definición son redondos. Lo correcto sería «pentalitos»).

La descripción de aquella especie la despacharon en pocas líneas y con un sencillo esquema. Voici…

Fuente: Gran & Braarud (1935).

En 1947 otro investigador, Deflandre, vuelve a encontrar los dodecaedros calcáreos en muestras del Atlántico NE (a 645 m de profundidad y 100 km al oeste de Casablanca). Las examinó en detalle y creó una familia taxonómica para estos cocolitofóridos. En homenaje a Braarud renombró Pontosphaera bigelowii como Braarudosphaera bigelowii. Y en su ilustración recoge nuevos elementos como que los pentalitos están compuestos por 5 placas pentagonales.

Fuente: Deflandre (1947).

¿Cómo os quedáis si os digo que Braarudosphaera es un «fósil viviente»?

Los seres vivos son las versiones más exitosas, las mejor adaptadas para transmitir su legado a las siguientes generaciones. Somos el resultado de la evolución y del azar de los tiempos porque un meteorito o una glaciación lo cambian todo y llevan a la extinción al más poderoso de los dinosaurios y por poco a nuestra propia especie, respectivamente.

Pues bien, las especies conocidas como «fósiles vivientes» (término acuñado por Darwin) no son versiones estáticas ajenas a la evolución: NADIE LO ES. Si pudiéramos analizar y comparar su ADN actual con el de sus parientes fósiles encontraríamos más cambios de los que sugiere su aspecto. El secreto de su «longevidad» parece estar, entre otras cosas, en tasas más lentas de evolución frente a otras especies.

Si os pregunto por «fósiles vivientes» pensaréis en celacantos, cangrejos herradura, ginkgos…la realidad (¡¡y esto no lo vereis en las noticias!!) es que las especies de fitoplancton también se extinguen, como todo hijo de vecino, pero el concepto de «fósiles vivientes» también es aplicable a ellas.

Cangrejo herradura del Atlántico (Limulus polyphemus). Autor: Kaldari. Fuente: Wikimedia Commons.

Las microalgas calcáreas como los cocolitofóridos fueron las reinas del mambo durante el Cretácico, periodo geológico que por algo les debe su nombre (hace 145-66 millones de años). En aquel periodo Braarudosphaera formaba blooms en el golfo de México y el mar de Tetis como demuestra su presencia en el registro fósil. Pero luego se estampó el meteorito que arrasó con los dinosaurios y el mambo se terminó.Se extinguieron el 75% de especies marinas y más del 90% de las microalgas calcáreas.

Si os pica la curiosidad por saber cómo eran la Tierra y sus océanos en aquella época seguid este enlace (ya vereis que guayhttps://dinosaurpictures.org/ancient-earth#66)

¿Adivinais quién sobrevivió al cataclismo? por supuesto, Braarudosphaera, aunque ya no hace blooms y solo llegaron a nuestros días 2 especies: B. bigelowii y B. magnei (y de esta última casi no sabemos nada).

 

-EL FLAGELADO-

Viajemos ahora a 1972. Ese año se describe Chrysochromulina parkeae, una nueva haptofita encontrada en aguas al sur de Inglaterra y de Noruega. Se trata de un flagelado desnudo igual que el resto de especies en dicho género. Ni fú ni fáuna cosa sosa que apenas fabrica minúsculas escamas calcáreas.

Pero os recuerdo (guiño, guiño) que los cocolitofóridos como Braarudosphaera también son haptofitas…

Chrysochromulina parkeae. Swedish Meteorological and Hydrological Institute. Copyright © 1996-2006, Mats Kuylenstierna & Bengt Karlson. Fuente: SMHI

 

-LA CIANOBACTERIA-

Entramos en el siglo XXI y asistimos al BOOM de las técnicas moleculares (una revolución equivalente al reggaeton en la música). Y casi un siglo después gracias a la biología molecular -combinada con otras técnicas- quedaron al descubierto los secretos de Braarudosphaera bigelowii.

Si conoces la función de un gen (o grupo de genes) y este se expresa en muestras naturales puedes confirmar la presencia de dicha función aunque no veas qué organismos la realizan. Así fue como demostraron en 2001 (mediante la expresión de genes nifH relacionados con fijación de nitrógeno), la existencia de cianobacterias marinas unicelulares fijadoras de nitrógeno atmosférico (N2). Esto fue tan novedoso que les valió (y aún les vale) a sus descubridores de la Universidad de California (Zehr y col.) varias publicaciones en Nature y Science.

Hasta entonces se creía que solo cianobacterias filamentosas como Trichodesmium y otras endosimbiontes en diatomeas (p.ej. del género Rhizosolenia y Hemiaulus) eran capaces de absorber N2 y transformarlo en amonio como fuente de nitrógeno. Esto viene a ser una especie de superpoder ya que permite acceder a otra fuente de nutrientes para sobrevivir en aguas oligotróficas.

La diatomea Hemiaulus hauckii. La flecha señala el heterocisto (fijador de nitrógeno) de la cianobacteria endosimbionte (Richelia intracellularis) en color amarillo-naranja mediante epifluorescencia. Fuente: Schouten y col. (2013).

Y ahora se unían a este selecto club unas cianobacterias unicelulares desconocidas (con distribución global) y detectadas en una fracción menor a 10 micras.

En 2008 los mismos investigadores aislaron y concentraron mediante citometría aquellas cianobacterias para estudiar su genoma. Les llamaron «UCYN-A» aunque en otro estudio propusieron llamarlas «Candidatus Atelocyanobacterium thalassa» mientras nadie las describiera formalmente. Primera vez que leo esto de «Candidatus…».

Al grano. Comprobaron que costaba separar a «Candidatus…» de otros microorganismos fotosintéticos y heterótrofos. Al final concentraron una población celular enriquecida en «Candidatus…» y descubrieron que su genoma era muy simple. Este proceso de reducción genética (y metabólica) es el que han sufrido también orgánulos celulares como las mitocondrias y cloroplastos que proceden de antiguos procariotas de vida libre. De hecho sorprendía que pudiera sobrevivir en forma libre con un genoma sin genes esenciales para la fotosíntesis y la fijación de carbono.

Ya tenemos a todos los personajes y ahora es donde convergen en el desenlace final…

Chrysochromulina parkeae es una fase del ciclo de vida de B. bigelowii. Su aspecto no tiene nada que ver pero un estudio genético en 2013 demostró que son practicamente idénticas. Esto es habitual en cocolitofóridos donde suelen alternar 2 fases (morfotipos) que pueden incluir un flagelado móvil (no calcificado: C. parkeae) y una fase inmóvil (calcificada: B. bigelowii).

Braarudosphaera bigelowi. Imágenes de SEM (A-C) y microscopía óptica (D-F). Fuente: Hagino y col. (2013).

Braarudosphaera bigelowii tampoco lo puso fácil porque además de no ser abundante no se pudo cultivar en laboratorio hasta 2021. Pero ya en 2020 hay un estudio (Cabello y col.) donde citan observaciones personales del japonés Hagino (el primero en cultivarla) que confirman esa alternancia de «flagelado» y «dodecaedro».

En 2012 otro estudio de citogenética (citometría + genética; esta vez en Science), identificó a las microalgas que daban positivo en «Candidatus…». La técnica funciona como un control de carretera donde registran el maletero de los coches a medida que pasan (pero usando células y fluorescencia en vez de coches y linternas). Y así fue como descubrieron que aquellas cianobacterias no vivían libres sino en simbiosis con B. bigelowii. Esto resolvía la incógnita de cómo sobrevivir con un genoma tan simple.

Los autores de aquel trabajo sugirieron que «Candidatus…» debía encontrarse fuera de B. bigelowii porque cuando procesaban las muestras se separaban fácilmente. Aunque no las veían y aquella suposición podía estar equivocada. Y así fue porque otros las observaron y descubrieron que estaban dentro.

Al año siguiente, un estudio con microscopía electrónica y genética demostró que en el interior de B. bigelowii había una estructura esférica cuya secuencia genética coincidía con «Candidatus…». Así que estaban dentro como endosimbiontes temporales o incluso un orgánulo celular permanente. Esto último sería un «notición» porque ninguna microalga (que son eucariotas os recuerdo) puede fijar nitrógeno por si misma. Se aprovechan de cianobacterias simbiontes y nadie ha confirmado que sean permanentes.

Braarudosphaera bigelowi (imagen TEM). La estructura esférica señalada con «S» es la cianobacteria «UCYN-A» o «Candidatus…». Fuente: Hagino y col. (2013).

¿Y cuál es la frontera entre un endosimbionte temporal y un orgánulo celular permanente?

Es obligado empezar por Lynn Margulis (de soltera L. Petra Alexander) quien planteó en su histórico trabajo de 1967 «On the Origin of Mitosing Cells» la teoría de que tanto mitocondrias como cloroplastos eran orgánulos celulares permanentes derivados de endosimbiontes.

En el caso que nos ocupa, cianobacterias endosimbiontes, un trabajo de 2009 planteó la hipótesis «del equipaje» para sugerir que cuanto más difícil sea encontrar al simbionte más probable será que su asociación evolucione desde temporal a orgánulo permanente. Nadie devolvería una pepita de oro a la arena de la playa y siguiendo esta hipótesis B. bigelowii preferirá cargar con «Candidatus…» como equipaje (transmisión vertical) para que su descendencia no pierda el superpoder de fijar nitrógeno atmosférico. En cambio, cuando el simbionte sea común el huésped escogerá la vía rápida: capturarlo (transmisión horizontal).

Entre ambas posibilidades existen niveles de integración que a menudo se interpretan como fases intermedias donde un endosimbionte evoluciona hacia un orgánulo. Pero existen 2 criterios que todo orgánulo celular debe cumplir: 1) estar integrado en la arquitectura celular del huésped y dividirse de forma sincronizada con él, y 2) sobrevivir gracias a proteínas codificadas por el núcleo del huésped porque han perdido la capacidad de existir en la naturaleza como forma libre.

La prueba de ambos criterios es lo que han presentado Coale y col. en su último trabajo en Science. En la portada no veréis dodecaedros porque estudiaron al flagelado. Y las bolitas naranjas son las cianobacterias o mejor dicho: los nitroplastos.

 

Hasta ahora solo se conocían 3 orgánulos procedentes de endosimbiontes: mitocondrias, cloroplastos y cromatóforos. Los dos últimos hacen la fotosíntesis y en su origen fueron cianobacterias. Los cromatóforos solo se han encontrado en Paulinella chromatophora, una microalga de agua dulce y salobre…

Paulinella chromatophora. Fuente: plingfactory.de

El nitroplasto también procede de cianobacterias. Esta palabra no es nueva. Se usó por primera vez en 1994 para referirse a las cianobacterias simbiontes de diatomeas como posibles orgánulos. No había pruebas genéticas y metabólicas que apoyasen aquella idea pero en el caso de B. bigelowi/C. parkeae ya las tenemos.

El simbionte es único en cada célula de B. bigelowii. Está rodeado por una membrana interna del huésped cubierta por mitocondrias que deben suministrarle energía. Se divide sincronizadamente con el huésped lo cual asegura su transmisión a la descendencia: primero se divide el simbionte, después el núcleo de B. bigelowii cpn sus cloroplastos y por último se separan dos células hijas idénticas.

El nitroplasto importa muchas proteínas fabricadas por el huésped y este las etiqueta para que lleguen a buen puerto usando un sistema análogo al de orgánulos como los cloroplastos. Sin esta ayuda el nitroplasto no tendría ritmos de división; ni siquiera sobreviviría porque no fija carbono, ni hace fotosíntesis ni puede fabricar algunas moléculas esenciales para la vida.

Su única función conocida es la de fijar nitrógeno para B. bigelowii y este le entrega a su vez lo necesario para vivir. Su asociación data de aprox. 100 millones de años, similar al tiempo calculado para las cianobacterias endosimbiontes de diatomeas o el cromatóforo de Paulinella. Esto hace del nitroplasto un orgánulo muy reciente comparado a los cloroplastos (1500 millones de años).

No puedo terminar sin citar otro estudio que me llamó mucho la atención. Unos investigadores japoneses publicaron en 2021 que al menos una cepa de B. bigelowii perdió al nitroplasto durante sus experimentos en el laboratorio. Y sobrevivió sin él. De hecho esa cepa (con el código 3865) continúa en el catálogo de la colección NIES

Si volvéis a leer la portada de Science veréis que se titula «más allá de la simbiosis: se acumulan evidencias sobre un orgánulo fijador de nitrógeno» y los propios autores del trabajo, Coale y col., explican que el nitroplasto funciona «como un orgánulo en una fase temprana de evolución«. Averiguar por qué puede ser inestable en el laboratorio es una cuestión intrigante…

Hay otras pruebas del nitroplasto como orgánulo. Y estas llegan de observaciones naturales. En el oceáno existen variedades de B. bigelowii con tamaños muy diferentes. Seguramente se trata de especies cercanas y todas ellas tienen simbiontes «Candidatus…» relacionados entre sí (UCYN-A1, A2 y A3). Pues bien. Los simbiontes A1, A2 y A3 mantienen un tamaño proporcional a su huésped tal y como sucede con otros orgánulos (p.ej. los cloroplastos).

Fuente: Cornejo-Castillo y col (2024).

En resumen, una noche de luna llena en el Cretácico Braarudosphaera bigelowii capturó una cianobacteria. Aquel encuentro evolucionó a una simbiosis con una versión reducida de la cianobacteria: el nitroplasto, que se comporta como un orgánulo celular. En millones de años quizás lo capturen otras microalgas y si lo conservan se expandirán por el árbol de la vida igual que sucedió con mitocondrias y cloroplastos.

Referencias:

  • Cabello AM y col. Unexpected presence of the nitrogen-fixing symbiotic cyanobacterium UCYN-A in Monterey Bay, California. J. Phycol. 56:1521–1533 (2020).
  • Coale TH y col. Nitrogen-fixing organelle in a marine alga. Science 384:217–222 (2024).
  • Cornejo-Castillo FM y col. Metabolic trade-offs constrain the cell size ratio in a nitrogen-fixing symbiosis. Cell 187:1762–1768 (2024).
  • Deflandre, G. Braarudosphaera nov. gen., type d’une famille nouvelle de Coccolithophorides actuels a elements composites. Comp. Hebdomadaires Séances l’Acad Sci Paris. 225:439–41 (1947).
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  • Eikrem W y col. Haptophyta. In: Archibald, J., Simpson, A., Slamovits, C. (eds) Handbook of the Protists. Springer, 61 pp. (2017).
  • Gran HH & Braarud T. A quantitative study of the phytoplankton in the Bay of Fundy and the Gulf of Maine (including observations on hydrography, chemistry and turbidity). J. Biol. Board Can. 1:279–467 (1935).
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  • Gruber A. What’s in a name? How organelles of endosymbiotic origin can be distinguished from endosymbionts. Microbial Cell 6(2): 134-141 (2019).
  • Hagino K y col. Discovery of an endosymbiotic nitrogen-fixing cyanobacterium UCYN-A in Braarudosphaera bigelowii (Prymnesiophyceae). PLoS ONE 8:e81749 (2013).
  • Jones HL y col. Size and shape variation in the calcareous nannoplankton genus Braarudosphaera following the Cretaceous/Paleogene (K/Pg) mass extinction: clues as to its evolutionary success. Paleobiology 47(4): 680–703 (2021).
  • Massana R. The nitroplast: A nitrogen-fixing organelle. Science 384:160-161 (2024).
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  • Schouten S y col. Endosymbiotic heterocystous cyanobacteria synthesize different heterocyst glycolipids than free-living heterocystous cyanobacteria. Phytochem. 85:115-121 (2013).
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  • Thompson A y col. Unicellular cyanobacterium symbiotic with a single-celled eukaryotic alga. Science 337:1546–50 (2012).
  • Wouters J y col. The luggage hypothesis: Comparisons of two phototrophic hosts with nitrogen-fixing cyanobacteria and implications for analogous life strategies for kleptoplastids/secondary symbiosis in dinoflagellates. Symbiosis 49:61-70 (2009).
  • Zehr JP y col. Unicellular cyanobacteria fix N2 in the subtropical north Pacific Ocean. Nature 412:635–8 (2001).
  • Zehr JP y col. Globally distributed uncultivated oceanic N2-fixing cyanobacteria lack oxygenic photosystem II. Science 322:1110–2 (2008).

Las aguas de marzo

Imagen de portada: efecto de la tormenta tropical Delta en Tenerife [Fuente: El Día]

El 28 de noviembre de 2005 experimenté uno de los fenómenos meteorológicos que más me han impactado. Vivía en Candelaria, en la costa sur de Tenerife, en un apartamento que compensaba su estrechez con una terraza que parecía la plaza del pueblo. Pues bien, aquella noche de lunes se acercó la tormenta tropical «Delta» a Canarias.

Delta llegó a Canarias transformado en un ciclón extratropical con vientos muy intensos y generalizados, con rachas huracanadas que azotaron todas las islas los días 28 y 29 de noviembre de 2005.

León y col. (AEMET, 2005)

Tormenta tropical Delta (24 noviembre 2005). Autor: Goddard Space Flight Center, NASA. Fuente: Wikimedia Commons.

Por la tarde despejamos la terraza, juntamos las plantas en una pared y con ellas una gran mesa de plástico. Supongo que no había forma de meter todo en casa (o que pensamos que las paredes de la terraza iban a protegerla lo suficiente). Mi chica y yo hemos vuelto a charlar sobre aquel día desempolvando recuerdos comunes y otros por separado. Ambos evocamos el calor que había en el aire y un cielo rojizo muy sospechoso

Cerramos ventanas, persianas y BOOOOM: llegó el Delta y empezó «la fiesta». Tremendo vendaval zarandeándolo todo durante horas y horas en el exterior. Aquel día también llovió pero no guardamos memoria del aguacero.

Los vientos soportados en el archipiélago fueron superiores a las previsiones anunciadas para esas fechas, alcanzando en algunos puntos, concretamente en Izaña (isla de Tenerife), velocidades en torno a los 250 km/h.

Boletín Oficial del Parlamento de Canarias (20/12/2006)

La trayectoria del centro de la baja se localizó al norte del archipiélago canario, de forma que la zona más activa de precipitaciones se situó lejos de las islas. Por el contrario, el viento fue el gran protagonista […] Los vientos en tierra llegaron a ser muy intensos y en ocasiones superaron velocidades que pueden caracterizarse como de huracanadas (más de 118 km/h) en casi todas las islas.

La tormenta tropical «Delta» en Canarias (Instituto Nacional de Meteorología)

La radio era la única fuente de información y estuvimos pegados a ella escuchando en directo los avisos y daños por la tormenta. El suministro eléctrico se interrumpió en buena parte de la isla. Por suerte en Candelaria hay una central térmica así que los residentes allí no sufrimos cortes de luz. Fue una noche muy larga entre el Delta y la radio pero al final conseguimos dormir.

Al día siguiente un cielo gris y el silencio por la resaca del temporal. La mesa de la terraza vuelta del revés con una pata hecha trizas (y suerte que no voló a la casa del vecino). En la avenida de nuestra urbanización la cristalera de un banco había estallado. Las señales de tráfico estaban dobladas hacia el suelo como palillos de madera. La puerta del garaje vencida por el temporal había dejado entrar una señal de de «sentido único» hasta delante de nuestro coche. La telefonía móvil no funcionaba.

El símbolo de los destrozos del Delta en Tenerife fueron las torres eléctricas tronchadas a lo largo de la isla. Provocaron el caos y cortes de electricidad a 200.000 personas durante horas e incluso días en algunas zonas. Quienes habían comprado y congelado comida para la Navidad tuvieron que adelantar la celebración a la fuerza. Nosotros no porque éramos unos treintañeros felices e inconscientes. Numerosos daños en viviendas, árboles arrancados de cuajo, plataneras arrasadas, etc. Policía y guardia civil patrullaron para evitar pillajes aprovechando aquel sindiós. Lo peor fue la muerte de 7 personas a causa de la tormenta.

Canarias y la costa atlántica de África están lejos de las zonas afectadas por estos fenómenos tropicales. De hecho, «Delta» fue la primera que afectó oficialmente a Canarias (basándose en los registros históricos de tormentas tropicales y huracanes de la NOAA desde 1851). La segunda fue «Hermine» en septiembre de 2022 (con más lluvia que viento). Y antes de todo esto hay constancia de un ciclón tropical en Canarias en noviembre de 1826 (que posiblemente fue huracán) y que solo en Tenerife causó 300 muertos.

Huracán, tifón o ciclón son los nombres que reciben las tormentas con vientos sostenidos mayores a 118 km/h. El fenómeno es el mismo pero su nombre cambia según la zona del mundo donde se produce. Huracanes en el Atlántico, tifones y ciclones en el Pacífico y el Indico. Sus efectos en tierra pueden ser devastadores pero para las protagonistas de este blog pueden suponer una fuente inesperada de nutrientes.

Viajemos a otra zona del mundo en la que sufren estos fenómenos en toda su intensidad: Australia. En marzo de 2019 un gigantesco ciclón tropical llamado «Verónica» llegó a la costa de Pilbara, en el noroeste de Australia. Quizás os suene esta región porque allí se encuentran los fósiles de estromatolitos más antiguos del mundo.

«Verónica» alcanzó categoría 5: la máxima en la escala Saffir-Simpson. Produjo vientos sostenidos de 195 km/h y máximos de hasta 275 km/h acompañados de fuertes lluvias, inundaciones y evacuación de viviendas en el área. No hubo pérdidas personales pero murieron unas 2000 cabezas de ganado. Según un informe de la oficina meteorológica del gobierno australiano los daños económicos en la industria y poblaciones locales rondaron los 2.000 millones de dólares EEUU.

Pues bien. «Verónica» provocó un bloom masivo de fitoplancton durante varios días tal como muestra la siguiente imagen. Recordad esta frase para lo que viene ahora: «Verónica gira como un reloj». Otra vez, que luego os olvidais. Todos conmigo: «VERÓNICA GIRA COMO UN RELOJ».

Bloom de fitoplancton tras el ciclón Verónica. El color indica la concentración de clorofila estimada mediante satélite. Imagen mediante el «Moderate Resolution Imaging Spectroradiometer (MODIS)» del 29 de marzo de 2019. Fuente: NASA Earth Observatory

Los ciclones en el hemisferio sur giran en el sentido de las agujas del reloj. Esto supone (debido al efecto de Coriolis y la espiral de Ekman) que pueden provocar el afloramiento de aguas frías y ricas en nutrientes hacia las capas iluminadas fertilizando la superficie y estimulando la fotosíntesis. Y si los ciclones encuentran a su paso un giro en el mar («eddie») que también sea ciclónico lo aceleran como quien sopla un molinillo.

Voy a intentar explicarlo de forma que lo entendamos todos. Cuando el viento sopla sobre el mar la corriente se desvía hacia la derecha en el hemisferio norte y a la izquierda en el hemisferio sur. El resultado final es un desplazamiento de agua perpendicular al viento.

Cuando el viento actúa sobre el mar arrastra más a las capas superficiales que a las profundas debido a la fricción, así que el movimiento se hace cada vez más lento hasta cesar a unos 100 m. de profundidad. Las capas de agua se desvían por el efecto de Coriolis hacia la derecha (en el hemisferio norte) o a la izquierda (hemisferio sur). Esto se traduce en una espiral (propuesta por el sueco V.W Ekman en 1902) y un desplazamiento neto perpendicular.

Volvamos al ciclón «Verónica». ¿Cómo gira? «COMO UN RELOJ». Por eso el movimiento del giro resultante en el mar desvía el agua en todas direcciones HACIA FUERA (a la izquierda en el hemisferio sur). Se forma una fuente de agua fría en el centro porque el agua que sale por superficie es compensada en parte por el ascenso de masas de agua profundas y frías. Como resultado se crea un ligero hundimiento en el centro del giro. Y si el giro tiene sentido anticiclónico sucede todo lo contrario: se forma un pozo de agua caliente en el mar con una «montañita» en el centro. 

Esto se puede observar en mediciones de satélite como la siguiente en la costa este de Australia. El color indica la altura del mar (y coincide con el efecto sobre la temperatura).

Anomalías de altura en la superficie del mar. Fuente: seos-project.eu

En el hemisferio norte los ciclones giran en sentido antihorario (como el «Delta» en la primera imagen de esta entrada) y pueden ocasionar afloramientos porque Coriolis actúa al revés en cada hemisferio. En zonas costeras las fuertes lluvias que acompañan a estas tormentas fertilizan también el mar por las descargas de aguas continentales ricas en nutrientes.

Los blooms de fitoplancton asociados a ciclones tropicales son la excepción más que la regla. De 156 ciclones tropicales registrados en el Pacífico Sur desde 1997, solo 15 produjeron blooms de fitoplancton. Y en el Pacífico Norte subtropical solo 2 tifones de 11 (entre 2000-2005). Esto se explica porque deben cumplir una condición: avanzar despacio (como el caso de «Verónica») para permanecer el tiempo necesario sobre un área y activar el afloramiento. ¡Si corren mucho no da tiempo!. En la misma época que «Verónica» otro ciclón tropical («Oma») produjo un inmenso bloom en el Pacífico Sur que alcanzó 250.000 km2 de extensión (similar a la superficie de Ecuador o Reino Unido).

Los ciclones no tienen por qué producir proliferaciones tóxicas. De hecho imagino que raramente lo son porque las especies tóxicas son minoría entre los dinoflagelados (y ya no os digo entre el total de microalgas). En una revisión sobre los efectos de ciclones tropicales en 8 regiones del mundo se observó que en aguas costeras suelen producir blooms de dinoflagelados, diatomeas y a veces criptofíceas. En una misma región –según la época del año y naturaleza de las tormentas– se han observado proliferaciones de diatomeas o dinoflagelados (incluyendo especies tóxicas como Akashiwo sanguinea en el golfo de México en 2010). En cambio, en océano abierto sus efectos se notan más en capas profundas y estimulan el crecimiento de los grupos más pequeños como las cianobacterias.

En conclusión, para el fitoplancton en el Hemisferio Sur los ciclones tropicales «son las aguas de marzo cerrando el verano…es la promesa de vida en tu corazón«.

São as águas de março fechando o verão
É a promessa de vida no teu coração

Àguas de março (Tom Jobim, 1974)

Referencias

  • Anglès S. y col. Responses of the coastal phytoplankton community to tropical cyclones revealed by high-frequency imaging flow cytometry. Limnol.Oceanogr. 60: 1562–1576 (2015).
  • Boletín Oficial del Parlamento de Canarias, 371 (20 diciembre 2006).
  • Lin I.-I. Typhoon-induced phytoplankton blooms and primary productivity increase in the western North Pacific subtropical ocean, J. Geophys. Res. 117: C03039 (2012).
  • Russell P. & Horvat C. Extreme South Pacific phytoplankton blooms induced by tropical cyclones. Geophys. Res. Lett. 50: e2022GL100821 (2023).
  • Thompson PA y col. Tropical cyclones: what are their impacts on phytoplankton ecology? J. Plankton Res. 45(1): 180–204 (2023).
  • León M. y col. Estudio de la tormenta tropical “Delta” y su transición extratropical: efectos meteorológicos en Canarias. Agencia Estatal de Meteorología (2005). Disponible en: https://repositorio.aemet.es/handle/20.500.11765/1341
  • López J.A. Aspectos de la espiral de Ekman. Asociación meteorológica española, Tiempo y Clima 67:44-46 (2020).
  • Fuentes web: La tormenta tropical «Delta» en Canarias. Instituto Nacional de Meteorología (Ministerio de Medio Ambiente). Disponible en: https://www.acanmet.org/fichas/2005-06/delta/estudioinm.pdf

 

Manchas en el mar de la Costa de Malabar

Imagen de portada: puerto de Calicut [Braun & Hogenbergs atlas Civitates orbis terrarum, 1572]

La Costa de Malabar se encuentra en el suroeste de la India. Esta región histórica incluye poblaciones como Goa (centro de la antigua India portuguesa), o Calicut, conocida como «la ciudad de las especias». Allí, en Calicut (no confundir con Calcuta como hacía yo), hay una estación del CMFRI Central Marine Fisheries Research Institute») del gobierno de la India. Fundado en 1947 sus objetivos son la investigación de las pesquerías y la taxonomía de organismos marinos, así como el estudio bioeconómico (desarrollo sostenible y gestión eficiente) de las poblaciones explotadas de peces y marisco.

Mapa de la Costa de Malabar. Autor: Bellin, 1740. Fuente: franpritchett.com

En noviembre de 1949 R. Subrahmanyan, investigador del recién creado CMFRI, observó unas manchas verdes en el mar, cerca de Calicut. Meses antes se le había escapado una oportunidad para estudiarlas. Le enviaron muestras de otra marea verde en aquella zona durante agosto. Pero se encontraba en Madras, al otro lado del país, así que se las fijaron con formaldehído y cuando le llegaron solo había una masa gelatinosa amorfa. Pero en noviembre sí estaba en el lugar y el momento adecuados…

Él mismo narró cómo muestreó la superficie del mar durante una marea verde y que la consistencia del agua le recordaba a una sopa de guisantes verde-marrón brillante. Cuando puso una preparación viva bajo el microscopio descubrió un sinfín de flageladitos. Aquellas mareas verdes se repitieron año tras año entre 1949 y 1953 en la misma época (desde agosto a noviembre) y en varios casos produjeron mortandades de peces e invertebrados.

El verde en la superficie del mar se relacionaba hasta entonces con las Noctilucas, pero aquellos flageladitos con forma de hojas nada tenían que ver con ellas, ni siquiera eran dinoflagelados…

Fuente: NIES collection (Tsukuba, Japón).

Subrahmanyan acumuló suficientes observaciones como para publicar el descubrimiento de una nueva especie en 1954. La identificó como una rafidofícea (¡aplauso!) y la denominó Hornellia marina en honor a un antiguo colega, James Hornell, quien había observado un organismo similar en 1917 en la Costa de Malabar al que llamó «Flagelado B«.

La importancia de aquella especie estaba en los daños que provocaba: mortandades masivas en peces, moluscos y crustáceos. De ahí el interés en identificar al responsable de aquellas manchas en el mar. Y eso que no podía adivinar el impacto que tendría en el futuro…

La descripción del «Flagelado B» encajaba con Hornellia salvo en el color, aunque Subrahmanyan tenía una explicación para ello. Las células de Hornellia eran verde brillante pero a medida que pasaban los días los cultivos amarilleaban como hojas en otoño. Hornell citó que el «Flagelado B» teñía el mar de ámbar y bajo el microscopio sus células eran amarillentas-marrones. Subrahmanyan interpretó que las diferencias de color según los autores obedecían al estado de las células. De hecho, Hornell observó en la misma región manchas verdes, amarillentas y ocres en el mar que no pudo identificar, también asociadas con mortandades masivas de sardinas.

Ilustraciones originales de Hornellia marina (Subrahmanyan, 1954). Disponible en Open Access Institutional Repository (CMFRI)

El «Flagelado B», luego Hornellia marina y finalmente con su nombre de guerra actual, Chattonella marina, forma parte de un triste TOP FIVE: el de las especies ictiotóxicas más dañinas del mundo. Según los registros de HAEDAT (COI, UNESCO) es responsable del 7% de las muertes de peces solo por detrás de otra rafidofícea (Heterosigma akashiwo) y 3 dinoflagelados (Karenia brevis, K. mikimotoi y Margalefidinium).

Las proliferaciones de C. marina son catastróficas para la acuicultura. Por citar algunos ejemplos, en 1972 un bloom de C. antiqua (considerada una variedad de C. marina) provocó la muerte de >14 millones de medregales (Seriola quinqueradiata) en el mar de Seto en Japón. Y en 1996 corrieron idéntica suerte >1700 toneladas de atún rojo (Tunnus maccoyii). De hecho, la gravedad del episodio de 1972 sirvió para promulgar una ley de medidas especiales para la conservación del medio marino en el mar de Seto.

Imágenes de las consecuencias sobre el atún rojo debidas al bloom de Chattonella marina en 1996 (Port Lincoln, Australia. Autor: UTAS School of Aquaculture). Fuente: Seger y Hallegraeff (2018).

El origen de la ictiotoxicidad de C. marina no se conoce con exactitud. Sabemos que debe existir un contacto cercano con las branquias de los peces, y que está relacionada con la fragilidad de sus células y la liberación de grandes cantidades de especies reactivas del oxígeno (siglas en inglés: ROS).

Por si mismos, los ROS no son perjudiciales para la fauna marina pero aumentarían la actividad de compuestos ictiotóxicos, en concreto ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) como el ácido eicosapentaenoico (EPA) y otras sustancias lipídicas producidas por Chattonella.

Mecanismo de acción de la ictiotoxicidad de Chattonella antiqua. Fuente: Cho y col. (2016).

Las rafidofíceas incluyen varias especies ictiotóxicas en los géneros Chattonella y Heterosigma. Realizan migraciones verticales en la columna de agua –igual que los dinoflagelados– aprovechando así la abundancia de luz en la capa superficial y la riqueza de nutrientes en profundidad. También forman quistes durante su ciclo de vida que sedimentan en el fondo marino y son importantes para iniciar las proliferaciones en años posteriores.

Las estrategias para mitigar sus daños son desplazar las jaulas de peces a zonas libres de proliferaciones o añadir agentes floculantes (arcillas) al mar, que aunque no eliminan totalmente las ictiotoxinas –si se aplican rápido durante la fase de lisis celular– permiten eliminar la ictiotoxicidad.

Los daños sobre la acuicultura suceden a escala global y continúan a día de hoy. Chattonella está presente en las costas de los cinco continentes, afectando a una larga lista de países como Australia, Brasil, Canada, India, Italia, etc. Sin embargo, es en el Pacífico Oeste donde el aumento de su distribución geográfica y daños en las últimas décadas han convertido a Chattonella en una de las microalgas más funestas de la región. Vaya vaya con el «Flagelado B»…

Proliferaciones y daños causados por Chattonella en el este y sudeste Asiático, hasta 1989 (izquierda) y hasta 2019 (derecha). Fuente: Lum y col. (2021).

Por último, una curiosidad. Con las especies del género Chattonella hay un lío tremendo porque su aspecto es muy variable y no está clara la validez de los caracteres que las diferencian. La descripción original de Hornellia marina se parecía mucho a Chattonella subsalsa (descrita en 1936) y así fue como terminó luego en el género Chattonella. La biología molecular permite distinguir las cepas de estas dos especies, C. marina y C. subsalsa. Hasta aquí todo correcto…

La diversidad de Chattonella resumida en imágenes. (A–C): C. marina (Japan), (D–F): C. marina (Russia), (G–I): C. marina (Indonesia), (J, K): C. marina (Malasia), (L, M): C. subsalsa (Singapur), (N–P): C. subsalsa (Filipinas). Escala =10 µm. Fuente: Lum y col. (2021).

Pero los análisis moleculares en cultivos de C. antiqua y C. ovata revelaron que son casi idénticas a las cepas de C. marina. Así que solo habría una especie, C. marina, y 3 variedades (marina, antiqua y ovata). El problema es que no sabemos cuál de esas «hermanas gemelas» es la auténtica C. marina porque no hay secuencias genéticas de la localidad tipo en la Costa de Malabar.

Así que el «Flagelado B» todavía esconde un último misterio sin resolver…

Referencias:

  • Cho K. y col. Comparative studies on the fish-killing activities of Chattonella marina isolated in 1985 and Chattonella antiqua isolated in 2010, and their possible toxic factors. Biosci. Biotechnol. & Biochem. 80:811-817 (2016).
  • GlobalHAB. Fish-Killing Marine Algal Blooms: Causative Organisms, Ichthyotoxic Mechanisms, Impacts and Mitigation. (eds G.M. Hallegraeff, et al). Paris, UNESCO-IOC/SCOR, 96pp. (IOC Manuals and Guides, 93). (2023).
  • Horiguchi, T. Raphidophyceae (Raphidophyta). En: Archibald, J., y col. Handbook of the Protists. Springer, Cham. 26 pp. (2016).
  • Lum W. M. y col. The harmful raphidophyte Chattonella (Raphidophyceae) in Western Pacific. Its red tides and associated fisheries damage over the past 50 years (1969-2919). Harmful Algae 10:102070 (2021).
  • Seger A. & Hallegraeff G.  Protecting finfish aquaculture from harmful algal blooms: ichthyotoxin adsorption by clay minerals. ISAP newsletter 2-2018: 4-9. (2018).
  • Subrahmanyan, R. On the life-history and ecology of Hornellia marina gen. et sp. nov., (chloromonadineae), causing green discoloration of the sea and mortality among marine organisms off the Malabar coast. Indian J. Fish. 1:182-203 (1954).

El truco más bello de la luz

Imagen de portada: playa de Samil [autor F. Rodríguez]

Quiero que veas el atardecer cuando el sol empieza a caer
Y tras él las farolas se encienden, el cielo se prende, se tiñe de tonos pastel

Haz de luz (Rayden, 2019)

El truco más bello de la luz (La plus belle ruse de la lumière) se pregunta por el sentido del universo y si la vida es una anomalía del sistema. La respuesta de su autor, el astrofísico David Elbaz, es rotundamente NO. La vida no es una excepción. Producir luz es la lógica que sigue el universo y los seres vivos también: las células son una fuente muy eficaz de fotones en el infrarrojo. A igual masa emitiríamos más partículas de luz que el Sol, en concreto ¡¡200.000 veces más!!. Así pues, el truco más bello de la luz es la vida.

La plus belle ruse de la lumière, David Elbaz (2021). Fuente: Babelio

La Tierra mantiene su química en contínua agitación (ciclos geoquímicos) facilitando la disponibilidad de nutrientes para los seres vivos. Estos, a su vez, forman parte de dichos ciclos modificándolos y acelerándolos con su actividad. Este es el argumento central en la entrada de hoy. Los seres vivos damos «vidilla» al planeta: consumimos energía y nutrientes. Absorbemos, reciclamos y devolvemos toda esa energía y nutrientes al medio. Y lo hacemos gracias a una actividad continua e incansable grabada en los genes.

La vida surgió muy pronto gracias a la energía del planeta, el Sol y las fuerzas de interacción gravitatorias que alimentan la actividad de atmósfera, mar y superficie terrestre. Fruto de ella surgieron hace unos 3800 m.a. las primeras formas de vida y con ellas la biogeoquímica. Mucho antes (hace 4400 m.a.) ya se habían formado los océanos…

Aquel primitivo mar debió ser de un profundo azul. Ese color debido a las propiedades ópticas del agua podemos contemplarlo en la superficie del océano abierto que, aislada por la temperatura y escasa en nutrientes, frena el crecimiento del fitoplancton. Esto se debe a que los flujos de materia orgánica y nutrientes van hacia abajo por el consumo de las microalgas y las migraciones verticales de zooplancton, peces e invertebrados. A dicho mecanismo se le conoce como «bomba biológica» (las flechas amarillas descendentes en este esquema).

Cadena trófica marina con los flujos de nutrientes y carbono. La suma de dichos flujos mediados por seres vivos es la «bomba biológica». Autor: Office of Biological and Environmental Research of the U.S. Department of Energy Office of Science. Fuente: Wikimedia Commons

Para compensar lo que se pierde en las profundidades existen fenómenos geofísicos que aportan nutrientes en superficie como el afloramiento, giros oceánicos, vientos, mareas, etc. Y también entran en juego otros seres vivos modificando el medio y favoreciendo el crecimiento del fitoplancton. ¿De quiénes se trata? aquí van algunos ejemplos…

Las ballenas. Son una «bomba biológica» pero al revés; algo así como un afloramiento vivo. Se alimentan de zooplancton y peces mesopelágicos, liberando cuando ascienden a la superficie plumas fecales flotantes (cacas a la deriva) ricas en nitrógeno, fósforo y metales traza que estimulan la producción primaria. Existen pocos estudios cuantitativos, pero en el golfo de Maine (Norteamérica) se ha estimado que ballenas (y focas, que también se desfondan en el mar como diría una vecina mía) pueden aportar hasta 2,3 toneladas de nitrógeno anuales a la zona eufótica, superando a los aportes fluviales. A esto se le conoce como «bomba ballena» (en inglés suena más serio: «whale pump»).

El krill. El krill antártico (Euphausia superba) es un pequeño crustáceo que sustenta a las ballenas y consigue su alimento tanto en el fondo marino como en superficie (de microalgas, detritus, zooplancton). Luego, durante la excreción y alimentación («sloppy feeding» que es como dejar flotando los restos de la comida) liberan nutrientes que impulsan el crecimiento del fitoplancton. Además, las migraciones verticales del krill pueden mezclar aguas profundas ricas en nutrientes (aquellas bajo la termoclina) con capas superiores más iluminadas, estimulando aún más la producción primaria. Las ballenas y su rol fertilizante en el océano explican la paradoja del krill: el declive de las ballenas por su caza indiscriminada ha provocado un descenso del krill.

La «bomba ballena» es la explicación de que a pesar de ser consumidoras de krill y peces, las ballenas sostengan con su actividad a sus propias presas, estimulando el crecimiento del fitoplancton al fertilizar la superficie del mar con sus «plumas fecales». Fuente: stopkillingwhales

Las aves marinas: hablemos de gaviotas. Además de bonitas (siiií, ¡bonitaaaas! les gusta tu bocadillo igual que a ti) sus excrementos o «guano» contienen nutrientes (sobre todo amonio, ácido úrico, proteínas y fosfato), que contribuyen al desarrollo del fitoplancton. Así lo han demostrado varios estudios, entre ellos uno muy reciente en la ría de Vigo (Justel-Díez y col. 2023). En él, tras estimar niveles realistas de guano en el mar cerca de las islas Cíes (a partir de los datos de su colonia de gaviotas patiamarillas, Larus michahellis) demostraron una respuesta positiva de las poblaciones del fitoplancton (en particular diatomeas) y bacterias (Alteromonadales, Sphingobacteriales y Verrucomicrobia) tras añadir guano en agua de mar en varias épocas del año y condiciones experimentales.

Por tanto, las colonias de aves como las gaviotas de Cíes pueden tener efectos beneficiosos para los microorganismos marinos, que se transmiten a los niveles superiores de la cadena trófica.

Gaviota patiamarilla (Larus michaellis). Autor: P. Figueras. Fuente: cies.gal

Anchoas y bananas: primero las anchoas. Un estudio en la ría de Pontevedra (Fernández-Castro y col. 2022) descubrió aumentos nocturnos en la turbulencia de la columna de agua que no tenían explicación física (viento, mareas…). Aquella turbulencia se registró a lo largo de 2 semanas en toda la columna de agua (unos 30 metros) y la solución llegó cuando 2 años después examinaron el contenido de las muestras de arrastres de plancton. En ellas había concentraciones altas de huevos de anchoas (Engraulis encrasicolus).

No había lances de pesca con pruebas directas de los peces. Pero sí señales acústicas de su presencia y las puestas de huevos. Los arrastres de plancton de cada mañana confirmaron que la mayoría de huevos estaban en estadio F2 de desarrollo (4-14 horas tras la puesta) mientras que en un arrastre nocturno descubrieron huevos más recientes (F1: <4 horas). La interpretación fue que la agitación de los cardúmenes de anchoas durante la puesta era responsable de la turbulencia nocturna (o «marejadilla por frenesí sexual» como la llamaron en El País: 14-IX-2023). Las conclusiones de este estudio son rompedoras y novedosas ya que demuestran que la biología SÍ puede ser una fuente importante de mezcla en el océano y zonas costeras –al mismo nivel que fenómenos geofísicos como las tormentas-, contribuyendo al aporte de nutrientes y potencialmente al crecimiento del fitoplancton.

Aquí lo explica un vídeo divulgativo del proyecto REMEDIOS (con Beatriz Mouriño [subproyecto I: física, UdV] y Enrique Nogueira [subproyecto II: plancton, IEO-CSIC] como investigadores principales).

 

Lo de las bananas. Este trabajo les valió a sus autores un Ig Nobel en Física en 2023. En este blog ya explicamos qué son los Ig Nobel, en resumen se trata de una parodia de los Nobel, en el que se premian investigaciones que primero hacen reír y luego pensar. Una de sus autoras y coordinadora del trabajo, Beatriz Mouriño (UdV), lo explicó con todo lujo de detalles en una entrevista en Efervesciencia (23-XI-2023: min 45:25).

El equipo científico incluía personal del CIM (Universidad de Vigo), IIM-CSIC y el IEO-CSIC de Vigo, así como la Universidad de Southampton y el Swiss Federal Institute of Aquatic Science and Technology. La campaña se realizó en el buque oceanográfico Ramón Margalef (IEO-CSIC). Fuente: gobio.webs.uvigo

Beatriz señala lo absurdo de la gala, con tres investigadores del Imperial College de Londres disfrazados de bananas para la entrega de premios (un billete de 10 trillones de dólares de Zimbabue y un pack de “Ig Pseudo Cola”). En este enlace podéis ver el momento en el que presentan el Ig Nobel de Física y a los autores galardonados. Lo curioso es que este artículo sobre la turbulencia de las anchoas no tuvo apenas repercusión cuando se publicó en 2022 ¡¡pero el Ig Nobel lo puso en boca de todo el mundo un año después!!

Podríamos discutir hasta el infinito sobre formas de comunicar y divulgar ciencia: tantas como tipos de público, medios de comunicación y divulgadores. Este caso me parece un ejemplo perfecto de que los resultados de una investigación, por importantes que sean, no llegan a la sociedad sin la estrategia adecuada. Y los medios anglosajones la vieron clara: la connotación sexual y el humor captaron al público general, incluido al jurado de los Ig Nobel. Y es que la clave del éxito en comunicación es dar con «la tecla» para llegar a tu público para divulgar el contenido científico y sacar a la luz a las personas, el proyecto y las instituciones que hay detrás.

Referencias:

  • Elbaz D. La plus belle ruse de la lumière. Éditions Odile Jacob. pp. 336 (2021).
  • Fernández-Castro B. y col. Intense upper ocean mixing due to large aggregations of spawning fish. Nat. Geosci. 15:287–292 (2022)
  • Justel-Díez M. y col. Inputs of seabird guano alter microbial growth, community composition and the phytoplankton–bacterial interactions in a coastal system. Environ Microbiol. 25:1155–1173. (2023).
  • Pearson H.C. y col. Whales in the carbon cycle: can recovery remove carbon dioxide? Trends Ecol. Evol. 38(3) (2023).
  • Roman J, McCarthy JJ. The Whale Pump: Marine Mammals Enhance Primary Productivity in a Coastal Basin. PLoS ONE 5(10): e13255 (2010).
  • Savoca M.S. y col. Baleen whale prey consumption based on high-resolution foraging measurements. Nature 599:85–90 (2021)
  • Schmidt K. y col. Seabed foraging by Antarctic krill: Implications for stock assessment, bentho-pelagic coupling, and the vertical transfer of iron. Limnol. Oceanogr. 56(4):1411–1428 (2011).

 

La laguna de Óbidos

Imagen de portada: laguna de Óbidos, agosto 2023 [Autor: F. Rodríguez]

A lagoa azul, de praias douradas,
Local de histórias e lendas,
De águas límpidas ao mar ligadas,
Abrigo de aves, moluscos e peixes,

(João Ramalho, 1ª Antologia “Letras da lagoa de Óbidos”, de Miká Penha)

La laguna de Óbidos es el mayor sistema lagunar de agua salada de Portugal. En su salida al mar tiene dos playas enormes para disfrutarlas sin que nadie te clave la sombrilla cerca, practicar deportes acuáticos y/o saborear la gastronomía local (como la del «Távola Lagoa«). El interior de la laguna es un humedal de gran valor ecológico, área de nidificación y parada de aves migratorias (¡¡flamencos incluidos!! desde 2002).

La de Óbidos es la única superviviente de tres antiguas lagunas costeras en la región. Sus dimensiones actuales son muy inferiores a las originales y las referencias históricas señalan que llegaba hasta la villa de Óbidos. Por su propia naturaleza estas lagunas tienden a desaparecer con la acumulación de sedimentos fluviales y marinos (entre otros procesos) que las aislan progresivamente del mar. Esta evolución lleva a transformarlas en humedales que terminan por colmatarse (como les sucedió a las lagunas da Pederneira e de Alfeizerão en el siglo XVII).

En esta ilustración podéis ver el área que ocupaban antiguamente y la actual (9 veces menor en la laguna de Óbidos).

 

Mapa de la extensión probable de las 3 lagunas: Pederneira, Alfeizerão y Óbidos, 2000 a.c. y en el presente. Autor: Joaquim Pereira da Silva. Fuente: lagoadeobidos.pt

El estado actual de la laguna de Óbidos es fruto de la acción humana. Desde hace más de 6 siglos, las comunidades locales han mantenido abierta su comunicación con el mar para que la laguna siguiera proporcionándoles sustento en forma de limos fértiles para la agricultura, sal para conservar la carne, pescado (anguilas, entre otras especies) y marisco. Sin su intervención el canal conocido como «Aberta» seguramente no existiría y la laguna habría seguido el mismo destino que sus antiguas vecinas (reducidas al humedal «Paúl de Tornada»).

Antes de la laguna conocí la villa medieval de Óbidos o «Vila das Rainhas«, así llamada porque se entregaba como regalo de boda a las reinas de Portugal entre los s.XIII-XIX. Su centro histórico es un imán turístico: bonitas casas pintadas en el recinto amurallado del castillo, calles sinuosas adoquinadas y pequeñas plazas que invitan a pasear, conocer la artesanía local y disfrutar de terrazas y restaurantes. Si visitas Óbidos tienes que probar su típica ginjinha (licor de guindas) que ofrecen varios locales en vasitos de chocolate.

Centro histórico de Óbidos (agosto 2023). Autor: F. Rodríguez

Como curiosidad os diré que uno de los edificios más destacados, la Iglesia de Santiago, se ha reconvertido en la librería Santiago. Las franjas de colores en las casas parece que identificaban el oficio de sus propietarios. Y las de franjas azules eran de pescadores lo cual resulta extraño porque la laguna está a 17 km. Pero ya veis que siglos atrás no era así…

Visité la laguna de Óbidos por primera vez a finales de primavera de 2023. Su paisaje me deslumbró por los acantilados en la playa do Bom Sucesso y el atractivo de sus arenales desde el margen norte, en Foz do Arelho. Desde allí veía una gruesa barra de arena protegiendo el margen sur de la laguna. Me impresionó tanto que me quedé con ganas de conocerla mejor. Semanas después, en pleno verano, pasamos varios días en ella.

Laguna de Óbidos vista desde el margen norte (Junio 2023). Autor: F. Rodríguez

El margen sur lo ocupa un arenal enorme con abundantes charcos y canales intermareales. En mi caso me dediqué a pasear entre la parte interna de la laguna y el mar, descubriendo a cada paso la vida que esconden los fondos y aguas de los canales. En uno de ellos había tal temperatura que parecía una piscina climatizada. Estaba tapizado por un «prado» de algas verdes y un montón de bultos negros. Me acerqué a uno de ellos, tiré hacia arriba del amasijo de algas en el que estaba apoyado y resultó ser una liebre de mar.

Había muchísimas, todas parecían Aplysia fasciata (como esta que grabé allí mismo zampándose Entermorpha cual spaguettis verdes. Al final del vídeo: sus puestas amarillas).

El norte de la laguna posee otra gran playa expuesta al Atlántico, mucho más urbanizada y que se adentra en la laguna siguiendo el curso del canal «Aberta». En esa parte se estrecha la playa y solo queda una pequeña franja de arena. En los restaurantes, tanto de Foz do Arelho como en los pocos del margen sur, podrás disfrutar del pescado fresco y marisco de la región. Y más ginjinhas.

La laguna de Óbidos es una zona tradicional de extracción de marisco, principalmente almejas y berberechos. Por ello forma parte de las áreas de muestreo del sistema de control de biotoxinas de Portugal (IPMA).

Exterior de la laguna, vista de la playa do Bom Sucesso y al fondo Foz do Arelho (agosto 2023). Autor: F. Rodríguez

Algo más hacia el interior, desde la playa do Bom Sucesso, mariscadores a pie en la laguna de Óbidos (agosto 2023). Autor: F. Rodríguez

Una de esas mañanas en pleno agosto me sorprendió descubrir a unos cuantos bañistas agachados, revolviendo la arena en la playa do Bom Sucesso. Cuando me acerqué para preguntar qué cogían, un hombre me explicó que eran berbigãos (berberechos).

En esta escena del «mariscador aficionado» vamos a detener mi historia y retroceder hasta mediados del siglo XX…

Laguna de Óbidos (1950-60). Autor: A. Passaporte. Associaçao Patrimonio Histórico Caldas da Rainha. Fuente: Universidade Nova de Lisboa

En enero de 1946 se produjo en la laguna de Óbidos la primera intoxicación en Portugal por consumo de marisco (berberechos) contaminado con biotoxinas marinas. Los síntomas afectaron a más de 100 personas en 30 km alrededor de la laguna. En algunos casos sufrieron vómitos y diarrea. En muchos otros, vértigos, debilidad muscular y trastornos neuromusculares que les dificultaban mantenerse en pie, hormigueo en los dedos o astenia. 44 personas tuvieron síntomas severos y hubo 6 fallecidos, casi todos niños. También murieron pollos, gatos y perros que habían comido las sobras del marisco…

Por entonces se hablaba de «mitilotoxina», una toxina acumulada por mejillones expuestos a proliferaciones de dinoflagelados en otras zonas de Europa y de EEUU. Los síntomas de la intoxicación en Óbidos eran de tipo paralizante (PSP; paralitic shellfish poisoning). Los estudios durante años posteriores confirmaron blooms recurrentes de un dinoflagelado tóxico identificado como Gonyaulax tamarensis. Hoy sabemos que se trataba de Alexandrium minutum, productor sobre todo de varias clases de gonyautoxinas.

Fotografia de las antiguas salinas do Arelho. A lo lejos se puede ver el molino de viento que llevaba el agua de la laguna a los depósitos de la salina. Fuente: Junta de Freguesia de Santa Maria, São Pedro e Sobral da Lagoa. Disponible en lagoadeobidos.pt

Este tipo de intoxicación por «mitilismo» en Portugal solo sucedía en la laguna de Óbidos y coincidía con obstrucciones prolongadas de su conexión con el mar. En noviembre de 1955 se registraron 21 nuevas intoxicaciones (otra vez por berberechos) y la muerte de un niño. Este nuevo episodio llevó a intensificar el estudio del fitoplancton tóxico en la laguna (iniciado en 1949) y a realizar los primeros bioensayos en ratones para detectar PSP. Dichos análisis permitieron calcular un nivel de toxicidad en berberechos de 16.600 UR (unidades ratón), en términos actuales aprox. 3 mg STX equiv./100 g, lo cual superaría ¡¡en casi 40 veces!! al nivel máximo legal en la Unión Europea (80 μg STX equiv./100 g).

En los años 1970′ y 1980′ el desarrollo de la acuicultura e intoxicaciones en personas por PSP, como la de 1976 (debida a Gymnodinium catenatum) por mejillones gallegos en varios países europeos pusieron de manifiesto la necesidad de programas de seguimiento en las zonas de producción. En Portugal el Programa Nacional de Vigilância dos Moluscos Bivalves e do Fitoplâncton Tóxico se inició en 1986.

En la laguna de Óbidos trabajó durante décadas la Dra. Estela de Sousa e Silva, a quien desde muy joven en 1952, encargaron el estudio del fitoplancton.

Estela Sousa e Silva (Lisboa, 1921-2000). Fuente: Harmful Algal News nº22.

Estela publicó en 1980 un resumen con los resultados de 25 años de investigaciones sobre dinoflagelados tóxicos en la laguna de Óbidos. En él, además de G. tamarensis, citaba a diversos dinoflagelados formadores de mareas rojas en la laguna como Prorocentrum micans, P. balticum y Glenodinium foliaceum (= Kryptoperidinium triquetrum). En realidad, P. micans y K. triquetrum no producen toxinas, pero sí hay sospechas sobre la especie que citaba como P. balticum y que en realidad correspondía a otra muy similar: P. cordatum (hablé de él en «Venerupina y veneno de basilisco».)

Sobre P. cordatum explicaba que habían observado densidades de hasta 80 e incluso ¡¡ 136 millones de células/litro !! El resto de dinoflagelados que mencionaba no superaban 2-5 millones de células/litro, pero esos números bastaban para ocasionar mareas rojas e intoxicaciones por consumo de marisco en el caso de A. minutum. Me interesó mucho leer que los blooms de K. triquetrum se producían cuando la salinidad de la laguna se reducía drásticamente (3-12), algo que sabemos que le encanta a esta especie estuarina. Además de dinoflagelados también explicaba que en el verano de 1972 detectaron un bloom de la haptofita Prymnesium parvum (ictiotóxica) asociada a una mortalidad masiva de peces en la laguna, la única en todos aquellos años…

Chinchorro: arte de pesca tradicional en la laguna de Óbidos para capturar anguilas (de septiembre a mayo) y camarones (de octubre a diciembre). Autor: Valdemar Lopes. Fuente: lagoadeobidos.pt

La formación de mareas rojas y de episodios tóxicos se asociaban con cambios ambientales: lluvias fuertes que arrastraban nutrientes a la laguna y descensos de salinidad que favorecían la proliferación de algunos dinoflagelados. También, en el caso de A. minutum, cambios bruscos de temperatura que favorecían la estratificación en superficie y entrada de nutrientes desde el fondo (esto correspondería a los efectos del afloramiento costero descrito en 1981 por F. Fraga).

Estela Sousa e Silva firmaba sus trabajos como «Silva E.S.» y en un estudio suyo en muestras de Cabo Verde de 1948 aparece representado por primera vez un Gambierdiscus (el genéro de dinoflagelados tóxicos relacionado con el síndrome de ciguatera), aunque lo identificó como Goniodoma sp. (Silva 1956). En recuerdo a ella mi colega Santiago Fraga le dedicó la especie Gambierdiscus silvae descrita en Canarias y que forman parte de Macaronesia junto a otros archipiélagos como Cabo Verde (Fraga y Rodríguez, 2014).

Ilustraciones de «Goniodoma sp.», a partir del original de Silva (1956). No dejan muchas dudas de que corresponden a Gambierdiscus, la primera cita de este género descrito dos décadas después. Fuente: Berdalet y col. (2012).

En otoño de 1986 se detectó una elevada toxicidad por PSP en la laguna de Óbidos, en este caso por el dinoflagelado Gymnodinium catenatum. Fue la primera vez que se identificó dicha especie en la laguna y llegó desde el exterior tras restablecer la comunicación con el mar. Las toxinas paralizantes alcanzaron niveles muy altos, de hasta 1,1 mg STX equiv./100 g, e impidieron la extracción de marisco durante varios meses (octubre 1986-enero 1987).

En este punto vamos a retomar la historia donde la dejamos, con el mariscador aficionado que recogía berberechos. Después de agradecerle la información sobre los berbigãos continué paseando pensando que apostaría cualquier cosa (1000 liebres de mar, por ejemplo) a que no habría revisado ni conocería siquiera los resultados de biotoxinas en la laguna (disponible en el IPMA).

En este sentido, al final de un paper de 2008 (resumen de 2 décadas de control oficial de biotoxinas en Portugal), encontré varias frases muy reveladoras:

A pesar de dos décadas de monitoreo de biotoxinas marinas, aún se han registrado varios casos de intoxicaciones en personas. Los mejillones y almejas [género] Donax son los principales vectores de DSP y PSP, y también los bivalvos más fáciles de recoger en las playas en marea baja por lugareños o turistas. La prohibición de su captura comercial se anuncia tradicionalmente en las sedes de autoridades marítimas en las regiones afectadas y se envía por fax a las depuradoras y centros de distribución de todo el país.

Desde 2003 dicha información también está disponible en la web de IPIMAR [hoy IPMA] pero el público general lo desconoce. Los efectos negativos que suponen sobre el comercio de bivalvos los riesgos asociados con su consumo dificultan divulgar de manera efectiva la información sobre este asunto a la sociedad. [Trad. Vale y col. 2008]

La conclusión final (aplicable en general y no solo a la laguna) podría ser: «el marisco de playa mejor que se vaya».

NOTA: Sobre esto, después de publicar la entrada, me enviaron esta imagen donde queda claro que el IPMA avisa con carteles bien visibles a pie de la laguna para que todos sepan que el marisco está contaminado por biotoxinas. Así que…¡¡avisados quedan!!

Prohibición de recogida de moluscos bivalvos por la presencia de biotoxinas marinas (laguna de Óbidos, 31 de diciembre 2023). Autora: Esther Garcés.

Y antes de desaparecer yo mismo, cual berbigão entre a areia, qué mejor que disfrutar de la laguna con este hipnótico vídeo ¡¡vais a alucinar!!

Referencias:

  • Dias E. & Franca S. Intoxicações por consumo de bivalves contaminados por biotoxinas – Dados históricos na Lagoa de Óbidos – Os casos de intoxicação por neurotoxinas. Instituto Nacional de Saúde Doutor Ricardo Jorge. Centro de Interpretação da Lagoa de Óbidos. pp. 10 (2020).
  • Fraga S. & Rodríguez, F. Genus Gambierdiscus in the Canary Islands (NE Atlantic Ocean) with Description of Gambierdiscus silvae sp. nov., a new potentially toxic epiphytic benthic dinoflagellate. Protist. 165(6): 839-853 (2014).
  • GEOHAB 2012. Global Ecology and Oceanography of Harmful AlgalBlooms, GEOHAB Core Research Project: HABs in Benthic Systems. E. Berdalet, P. Tester, A. Zin-gone (Eds.) IOC of UNESCO and SCOR, Paris and Newark, 64 pp. (24) (2012).
  • Harmful Algae News nº 22. In Memoriam: Estela de Sousa e Silva (1921-2000), p. 11 (2001).
  • Silva E.S. As grandes populações de dinoflagelados tóxicos na Lagoa de Óbidos. Separata dos Arquivos do Instituto Nacional de Saúde, Volumen IV: 253-262 (1980).
  • Vale P. y col. Two decades of marine biotoxin monitoring in bivalves from Portugal (1986–2006): A review of exposure assessment, Harmful Algae 7: 11-25 (2008).