Dos semanas en Rapa Nui
Imagen de portada: Anakena (Rapa Nui). Autor: F. Rodríguez
Al oeste de Santiago de Chile y 4 horas de vuelo después avisté Rapa Nui, ondulada y verde. Nada me llamó la atención pero las nubes y la perspectiva desdibujaban el paisaje.

Autor: Vicente Riquelme. Fuente: Pinterest
Al aterrizar revoloteaban unos insectos marrones sobre la pista. Parecían libélulas con patas colgando. Saliendo del aeropuerto nos recibió el calor, la humedad y la vegetación exuberante de Hanga Roa, único núcleo urbano con unos 8.000 habitantes.
Las construcciones poseen una o dos alturas: restaurantes acogedores y terrazas con vistas al mar, ultramarinos, artesanía y casas en cuyas fachadas abunda la madera. Sin franquicias ni cadenas hoteleras como las que invaden medio mundo. Para mí, lo único reconocible fue la sucursal del Banco Santander.
El barro rojizo teñía muchos coches (todoterrenos y pickups). Calles adoquinadas sin semáforos. Los baches y badenes en varios cruces desafían a riñones y amortiguadores por igual. Siempre hay perros rondando, adormilados o entre la gente, pero lo que más me sorprendió es el número de gallinas.
«La postal» del muelle de Hanga Roa incluye un puesto de helados, otro de perlas, un restaurante con nombre francés, varios clubes de buceo y lanchas de pesca motorizadas. Un grupo de jóvenes bañándose y tres tortugas asomando a lo lejos.
No hay un puerto habilitado para grandes cruceros, ni siquiera la barcaza que aprovisiona la isla. Solo puedes llegar a ella con pequeñas embarcaciones o en 2 vuelos diarios desde el continente.
La tranquilidad reina en la calle y todo transmite «buena onda» como dicen en Chile. Déjate de prisas, lo mejor es olvidar el coche y conocer Hanga Roa a pie, recorrer sus cuestas y mezclarse entre turistas y residentes.
Cuando bajas a la costa descubres los primeros moáis y te planteas por qué los esculpieron, qué significaban y qué pasó con aquella cultura. No te impacientes. Se sabe mucho más de lo que imaginas y durante tu estancia aprenderás todo lo que desees sobre ellos y quienes los crearon. Además hay una librería magnífica donde profundizar en la historia de esta isla subtropical del hemisferio sur.
Su latitud es similar a las Islas Canarias del Atlántico norte. «Aquí siempre llueve» -me dijeron-, pero el tiempo cambia rápidamente. Tras una lluvia intensa y fugaz regresa el sol con toda la fuerza. La temperatura varía día y noche entre 20-30ºC.
Os contaré por qué estuve allí.
Mi visita en diciembre de 2025 fue gracias a la generosa invitación de Gonzalo Álvarez Vergara (Universidad Católica del Norte, Coquimbo) para colaborar en su proyecto iniciado en 2024 titulado «Benthic dinoflagellates and marine toxins: a new threat for human health and socioeconomic activities in Rapa Nui» (FONDECYT; ANID, Chile).
Gonzalo también forma parte del equipo del ESMOI (Centro de Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas) que merecería una entrada aparte. Aquí os dejo su web para no desviarme del tema de hoy.
La motivación del proyecto de Gonzalo parte de que Rapa Nui está en el extremo sureste de Micronesia y las islas del Pacífico (incluyendo también a Melanesia y Polinesia) son regiones afectadas por la ciguatera, una intoxicación alimentaria por consumo de peces e invertebrados que acumulan toxinas de dinoflagelados bentónicos (principalmente Gambierdiscus).

El intermareal en la playa de Anakena. Sobre estas algas y otros sustratos duros viven epifitas diatomeas y dinoflagelados bentónicos. Autor: F. Rodríguez
Sin embargo, no encontraréis a Rapa Nui en los estudios sobre este asunto porque no hay datos recogidos de forma sistemática. Tampoco se han identificado casos de ciguatera lo cual transmite tranquilidad sobre el consumo de pescado local. Pero la falta de trabajos y su situación geográfica justifican una investigación de campo para estudiar los organismos implicados (dinoflagelados, peces…) y recabar antecedentes históricos de intoxicaciones. Todo ello con el visto bueno previo y en colaboración con instituciones locales a las que se informa de los avances y resultados periodicamente.
El objetivo último es conocer las similitudes y diferencias de Rapa Nui frente a otras islas del Pacífico y hasta aquí puedo contar ya que se trata de un proyecto en curso.
En relación a la ciguatera os comentaré lo siguiente.
El libro ilustrado de peces Ika Rapa Nui del Dr. Alfredo Cea Egaña (creador del Centro de Investigaciones Submarinas de la Universidad Católica del Norte, hoy Campus Guayacán donde se encuentra la Facultad de Ciencias del Mar donde trabaja Gonzalo) comienza destacando el trabajo pionero de John Randall y Louis Di Salvo sobre el estudio de peces y ecosistemas costeros de la isla.
Y precisamente John Randall fue quien propuso en 1958 la hipótesis de la cadena trófica, que consiste en la bioacumulación de toxinas responsables de la ciguatera, producidas por un organismo bentónico (seguramente una microalga), de la que se alimentarían peces herbívoros y detritívoros, presas a su vez de otros carnívoros que concentrarían dichas toxinas.
La hipótesis de Randall es aceptada hoy en día y 20 años después se identificó al dinoflagelado responsable, del género Gambierdiscus (Yasumoto y col. 1977; Adachi & Fukuyo 1979).
Volviendo a Ika Rapa Nui, su autor cita ejemplos de síntomas de intoxicación y malestar por el consumo de algunas especies. También recuerda Alfredo Cea que Fernando de Buen (hijo de Odón de Buen, fundador del IEO) publicó en 1958 un catálogo descriptivo e ilustrado (Los peces de Isla de Pascua) editado por la Universidad de Concepción durante su exilio en Chile.
Esta isla no es un parque temático. Los carteles que reivindican la autodeterminación y otras cuestiones políticas recuerdan que los rapanui son ciudadanas y ciudadanos del siglo XXI, en una comunidad que reivindica sus derechos y necesidades como cualquier otra.
Durante mi estancia me permitieron asistir (junto al equipo del proyecto de Gonzalo) a encuentros con diferentes autoridades locales y conocer de primera mano sus opiniones e intereses. Para mí fue una experiencia fascinante.
No es sencillo en su caso. Lejana y aislada en el Pacífico, Rapa Nui («isla de Pascua»), alberga un Parque Nacional patrimonio mundial UNESCO desde 1995. En él se encuentra el legado de la cultura rapanui y solo es posible visitarlo pagando un ticket de acceso acompañados de un guía local.
Compaginar esto con preservar sus espacios naturales y el patrimonio cultural no ha debido ser fácil. Pero en cuanto sales de Hanga Roa la naturaleza te rodea y la impresión que deja la isla al visitante es que su conservación es un éxito a pesar de la presión por el turismo, el motor económico de la isla.
Esa misma fascinación la llevó al Museo Británico de Londres, donde se encuentra el moái que arrancaron en el siglo XIX de lo alto del cráter del Rano Kao, un expolio más de visitantes de tierras lejanas.
Y no solo del patrimonio cultural. Si hablamos de ciencia pronto surge en la conversación la rapamicina, un antibiótico obtenido de una bacteria del suelo (Streptomyces higroscopicus) en Rapa Nui durante una expedición científica canadiense en la década de los 60.
La rapamicina se emplea como inmunosupresora (trasplantes de órganos), para tratar varios tipos de cáncer y enfermedades raras, y en estudios relacionados con el retraso del envejecimiento celular. Ha generado miles de millones de dólares a la industria farmacéutica, pero sin beneficio económico para el pueblo rapanui, en lo que muchos consideran un caso de colonialismo científico.
Si echais un vistazo a la web de Sigma-Aldrich encontrareis el coste de formatos como este…

Fuente: sigmaaldrich.com
El acercamiento a la historia de Rapa Nui ayuda a comprender la identidad política y socioeconómica de la isla. En pocos lugares he sentido una relación tan estrecha -y de orgullo- entre la herencia del pasado y la población actual.
La tradición oral mantuvo viva la historia y la cultura rapanui hasta nuestros días. Su sistema de escritura basado en símbolos es indescifrable. Resulta abrumador descubrir que apenas un centenar de personas en el siglo XIX fueron depositarias de toda una cultura y su lenguaje.
Esa tradición oral la percibes cuando los guías locales relatan leyendas con protagonistas de nombres impronunciables que poco a poco esbozan una isla diferente. Todo cambia cuando aprendes que los moáis tenían nombre y que esa palabra quiere decir «para…» ya que representaban ancestros ilustres.
Cuando los contemplas de cerca entiendes por qué nos despiertan tanta admiración esas figuras volcánicas, hermosas y (desconcertantemente) enormes.
De todos los paisajes de Rapa Nui me quedo con una imagen para terminar: la cantera donde los trabajaban y de la que parecen descender su ladera para darte la bienvenida…
Referencias:
- Adachi R. & Fukuyo Y. The thecal structure of a marine toxic dinoflagellate Gambierdiscus toxicus gen. et spec. nov. collected in a ciguatera-endemic area. Bulletin of the Japanese Society of Scientific Fisheries 45(1): 67-71. (1979)
- Cea Egaña, A. Ika Rapa Nui. Editorial Rapa Nui Press. 252 pp. (2020). Disponible en buscalibre.es
- Orliac C. & Orliac M. Isla de Pascua: historia del pueblo rapanui. Moai Editions. 57 pp. (2024).
- Yasumoto T. y col. Finding of a dinoflagellate as a likely culprit of ciguatera. In: Nippon Suisan Gakkaishi, 43, pp. 1021–1026. (1977)

























































































