El fuerte de Napoleón
Imagen de portada: puerto de la Rochelle. Autor: F. Rodríguez
…y aquellos dos mundos diferentes se entremezclaban y solapaban entre sí sutilmente, como cuando las aguas dulces y saladas se mezclan en la desembocadura de un río con el subir y bajar de la marea.
La ciudad y sus muros inciertos (Haruki Murakami, 2024)
Fort Boyard es un concurso del canal público France 2 y se emite ¡que se dice pronto! cada verano desde 1990. El formato se ha exportado a numerosos países y en España lo emitió Telecinco en 2001. Consiste en una búsqueda del tesoro superando pruebas físicas e intelectuales: una especie de escape room con personajes fantásticos.

Paula Vázquez presentó la única edición de Fuerte Boyard en España junto a Félix Álvarez y Óscar Ladoire. Fuente: deia.eus
No tenía ni idea de dónde estaba Fort Boyard hasta este mismo año cuando pasé unos días en La Rochelle y alrededores, en el suroeste de Francia. Dicha ciudad está situada entre dos grandes islas, Ré y Oléron. Desde La Rochelle salen barcos para visitar la costa y eso fue lo que hicimos para ir hasta Fort Boyard.

Mapa de la costa de la Charente-Maritime y localización del Fuerte Boyard. Los puntos rojos indican las pistas cicloturistas que recorren las islas y las unen también al continente. Fuente: nomade-aventure
Fort Boyard se construyó sobre un banco de arena entre Oléron y la minúscula isla de Aix. La razón de levantar un Fuerte en medio del mar era proteger el arsenal de Rochefort porque los cañones del siglo XVIII no tenían alcance para defender el espacio marítimo entre Oléron y Aix. Napoleón Bonaparte aprobó su construcción en 1801 pero dificultades de todo tipo (logísticas y climatológicas) retrasaron el final de los trabajos hasta 1866.
Para entonces los avances tecnológicos habían dejado obsoleta su misión. Tanto esfuerzo para poco (o nada): sirvió de prisión, observatorio de mareas y los alemanes lo usaban para prácticas de tiro en la 2ª Guerra Mundial. Abandonado y azotado por el mar sus únicas residentes fueron las aves marinas durante casi un siglo.

Fuerte Boyard, 13 de mayo 2024. Con los preparativos para el rodaje del concurso en su interior. Autor: F. Rodríguez.
En el siglo XX, tras varias compraventas terminó en manos del Consejo General del departamento de la Charente-Maritime (equivalente a una provincia en España), quien se encarga de su mantenimiento y cede su explotación exclusiva a una productora de TV. Desde 1990, cada verano Fort Boyard mantiene una actividad febril durante el rodaje del concurso en sus diversas versiones.
Para llegar hasta el Fuerte salimos en barco de La Rochelle y cuando ya lo dejábamos atrás, con rumbo a la isla de Aix, observamos esto en el mar…
El agua oscura es la que rodeaba Fort Boyard, con la isla de Oléron al fondo hacia océano abierto. El agua de tonalidad más clara es la que cubría la superficie del mar en la isla de Aix y hacia el sur hasta el continente. ¿Por qué hay dos colores en el agua y esa frontera tan marcada? La respuesta nos la dió el propio guía de la visita y la tenéis en el mapa que puse antes: el río Charente.
El Charente desemboca en Rochefort y forma un estuario macromareal (amplitud de marea de 4,5 a 6,5 m). Las aguas del estuario son muy turbias por las partículas finas en suspensión. La zona de turbidez alcanza su máximo entre Rochefort y hasta 20-30 km río arriba lo cual provoca que el puerto deba ser dragado a menudo para compensar la acumulación de los sedimentos.

El río Charente a su paso por Rochefort – Ronce-les-Bains. Autor: matamuetes. Fuente: Wikiloc
Lo importante es que esa zona de turbidez del río no se dispersa más allá del estuario: se mueve en un vaivén por la marea que la lleva hacia el mar y tierra adentro. Así, en marea baja, el agua dulce y turbia se interna más en el mar. Y esto es lo veíamos desde el barco: un frente salino que se mueve con la marea y que delimita el agua turbia del río y la del océano Atlántico. No había ninguna proliferación de microalgas tiñendo el mar sino un fenómeno físico: el encuentro de dos masas de agua que se mezclan malamente.

Imagen del mar entre la isla de Aix y Fuerte Boyard, con la isla de Oléron al fondo. Autor: F. Rodríguez
El entorno salobre debido a los ríos Charente y Seudre es fundamental para los cultivos de ostras que hacen de Francia (y de esta región en particular) la primera productora de la UE con >80% de la producción en 2020. Las ostras de Nueva Aquitania tienen la denominación de origen más prestigiosa del mundo con lugares emblemáticos que abordé en otras entradas como la bahía de Arcachón o, en el caso de hoy, el territorio de Marennes Oléron y sus famosas ostras verdes (teñidas de dicho color al alimentarse de diatomeas del género Haslea).
En el mercado central de La Rochelle encontré puestos de ostras (ostra japonesa: Crassostrea gigas). En los carteles leeréis huîtres de claires. Las «claires» son las cuencas de fondo arcilloso en las que maduran las ostras (o «afinan» según el término local). Se encuentran y pueden visitar en las islas de Oléron y de Ré. Y esos sedimentos arcillosos de las cuencas son los mismos que arrastra y deposita el río Charente…
Este vídeo de poco más de 1 minuto describe la región y la ostreicultura. En él muestran una vista aérea de Fort Boyard y los rectángulos del paisaje que forman las claires, seña de identidad fruto de la actividad humana, como las bateas de mejillón en las rías gallegas…
La transformación del paisaje incluye también a las marismas que se comenzaron a explotar en la edad media para obtener sal marina y que en la isla de Ré (aprovechando el depósito natural de sedimentos), se ampliaron ganando terreno al mar. Esta actividad consiguió unir cuatro islotes originales y formar la actual isla de Ré.
El comercio de la sal tuvo su apogeo en el siglo XIX pero luego con la caída de su valor las marismas fueron progresivamente abandonadas. A finales del siglo XX esta industria tradicional retomó nuevo impulso gracias a productores independientes y cooperativas. Hoy en día las salinas son una actividad local importante ligada también a la oferta de turismo medioambiental que incluye en la isla de Ré una reserva natural de aves marinas y pistas cicloturistas.
Ya que os hablo de salinas (y para no olvidarnos del fitoplancton), a medida que avanza el año, suben las temperaturas y comienza a evaporarse el agua, las salinas primero se tiñen de verde y luego de rojo por la proliferación de una especie de clorofíceas halófila: Dunaliella salina. Pero nosotros visitamos la zona en mayo así que el paisaje todavía era primaveral y tranquilo…
Terminaré hablando sobre La Rochelle. Su puerto viejo mantiene todo su encanto medieval, a mí me impresionó la primera vez que lo visité en 2021 y eso me decidió a volver y conocer la región. Flanqueado por dos imponentes torres de los siglos XIV-XV, en su interior existe una ensenada rectangular con amarres deportivos y punto de partida de cruceros turísticos.
Todo muy bonito y auténtico: la arquitectura, el ambiente de las terrazas y restaurantes…¡¡pero yo en lo que me fijé fue en el color del agua!!
A mí este color verde y el agua turbia en superficie me pareció totalmente un bloom de fitoplancton. Conociendo un poco las proliferaciones en esta región pensé en un posible responsable: el dinoflagelado Lepidodinium chlorophorum.
Ya imaginaréis que recogí una muestra en el puerto para verla al microscopio a mi regreso a Vigo. Pero no llegó en buenas condiciones después del viaje y lo único que encontré en el laboratorio fue un bloom de ciliados (heterótrofos y sin color), ni rastro apenas de fitoplancton. Así que no pude comprobar mi hipótesis, pero en la costa atlántica francesa (hacia el norte en Bretaña y País del Loira) y también en pleno verano en La Rochelle, se han registrado mareas rojas (mejor dicho verdes), de Lepidodinium chlorophorum.
Dicha especie posee cloroplastos verdes y Lepidodinium es el único caso entre los dinoflagelados con pigmentos de la línea verde en vez de la roja. Incluso tiene un carotenoide exclusivo, identificado y bautizado en 2016 por Gavalás-Olea y col. (2016) como lepidoxantina.
El proyecto de ciencia ciudadana PHENOMER para conseguir información sobre mareas rojas en Francia registró el 3 de agosto de 2018 una marea verde en el puerto de La Rochelle (y más al sur en la playa de Chatelaillon). Lepidodinium chlorophorum no produce toxinas pero desde la década de los 90′ sus proliferaciones se asocian con mortalidades masivas de moluscos, crustáceos y peces.
Lo que sí produce en grandes cantidades y libera al medio son sustancias exopoliméricas transparentes (EPS), viscosas y enriquecidas en carbono, que se sospecha que podrían ser perjudiciales para la fauna marina, unido a la fuerte disminución de oxígeno en el agua cuando decaen sus proliferaciones…
En 2022 Pauline Roux obtuvo su doctorado con una tesis cuyo título no hace falta traducir: «Propriétés écologiques des efflorescences de Lepidodinium chlorophorum: de l’écophysiologie cellulaire à l’impact sur l’écosystème». En ella, gracias a resultados obtenidos en el medio natural y cultivos (incluyendo la exposición de ostras a L. chlorophorum,) Pauline elaboró el siguiente esquema conceptual de las proliferaciones y sus efectos en el ecosistema.
Todo comienza con la resuspensión de nutrientes (amonio) desde el sedimento. En verano, el aumento de la temperatura y estratificación gracias a los aportes de agua dulce estimulan el desarrollo y las mareas verdes de L. chlorophorum. Las poblaciones de bacterias se benefician a su vez del EPS y permiten el reciclado de nutrientes que mantiene los blooms a lo largo del tiempo. Luego, el consumo de materia orgánica por bacterias y la desintegración de la marea verde reducen el oxígeno y representan un daño potencial para la fauna marina, ostras incluidas.
Así os lo resumo yo pero quien mejor os lo puede explicar es la propia autora de la tesis, la Dra. Pauline Roux, en un simpático vídeo que esconde un giro inesperado.
Con ella os dejo y me despido hasta la próxima entrada…
Referencias:
- Gavalás-Olea A. y col. 19,19′-Diacyloxy Signature: An Atypical Level of Structural Evolution in Carotenoid Pigments. Organic Letters 18(18), 4642-4645. (2016).
- Roux P. Propriétés écologiques des efflorescences de Lepidodinium chlorophorum : de l’écophysiologie cellulaire à l’impact sur l’écosystème. Sciences de la Terre. Nantes Université. ffNNT : 2022NANU4026ff. fftel-03851976f. 331 pp. (2022). Disponible en este enlace.
- Schapira M. y col. Les Efflorescences de Lepidodinium chlorophorum au large de la Loire et de la Vilaine : Déterminisme et conséquences sur la qualité des masses d’eau côtières. Projet EPICE – Rapport final RST/LER/MPL/21.10. Ed. Ifremer, France. 46 pp. (2021). Disponible en este enlace.
- Toublanc F. y col. Formation and structure of the turbidity maximum in the macrotidal Charente estuary (France): Influence of fluvial and tidal forcing. Est. Coastal Shelf Sci. 169:1-14. (2016).
- Waller R.F. & Kořený L. Plastid Complexity in Dinoflagellates: A Picture of Gains, Losses, Replacements and Revisions. Adv. Bot. Res. 84:105–143. (2017).










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