La laguna abandonada

Imagen de portada: ánade real en la laguna de A Congorza en 2021 (Autor: A. Fernández)

Esta laguna, que exhala tan gran fetidez, ciñe en torno la ciudad del dolor, donde ya no podremos entrar sin justa indignación.

La divina comedia (Dante Alighieri)

Dante hablaba de un arroyo oscuro que desembocaba en la laguna Estigia, un pantano fétido y cenagoso en el quinto de los 9 círculos del infierno (la ira).

Hace cinco años escribí sobre la laguna costera de A Congorza, situada en Punta Balea (Cangas do Morrazo). En ella se encuentran varios arenales, los restos de la factoría Massó, una densa vegetación y senderos que recorren la costa hasta el extremo norte de la Ría de Vigo. A un paso del casco urbano, en Balea no hay apenas infraestructuras ni un puerto deportivo con terrazas pero sí un entorno natural y un patrimonio cultural e histórico a proteger.

Localización geográfica de Punta Balea. 1) Galicia, 2) Ría de Vigo, 3) Laguna de A Congorza, 4) Estación depuradora de Cangas. Fuente: Rodríguez y col. (2026).

En 2021 descubrí la laguna plagada de lentejas de agua (Lemna minor) y quise llamar la atención en este blog sobre su abandono. Si os interesa lo titulé Patos y lentejas en Punta Balea. 

Hoy continúo aquella historia, ya en 2026, cuando todo ha empeorado. La densidad de las lentejas es tal que en enero de este año se cayó dentro un niño pensando que era un prado (Faro de Vigo, 14-I-2026).

En mayo de este año publicamos un artículo que resume la situación de A Congorza, «The perfect storm in a coastal pond: duckweed, botulism, bird mortalities, and recurrent blooms of Euglena sanguinea«

Desde el IEO de Vigo sacamos al tiempo una nota de prensa que no tuvo casi difusión. Solo la reprodujo La Voz de Galicia en su edición de O Morrazo (22-V-2026). Ningún otro medio se ocupó de ella. Nadie contactó al IEO de Vigo para ampliar información sobre este asunto.

Esperaba que despertase interés y contribuir con ello a concienciar sobre la necesidad de recuperar el ecosistema lagunar y sus terrenos. Pero nada de eso sucedió. Me decepcionó mucho. 

Aprovecharé este espacio (¡que para eso es mío!) y os resumiré el trabajo. Muchas personas de diversas entidades aportaron resultados (citadas al final en agradecimientos), sobre todo de la Xunta de Galicia. Además, por supuesto, datos propios del IEO-CSIC e IIM-CSIC (ambos en Vigo), así como observaciones del Grupo de Anelamento Anduriña.

A la plaga de lentejas (que bloquean la luz, estancan el agua y producen materia orgánica que se pudre a mansalva en la laguna), se han unido las proliferaciones de una microalga (Euglena sanguinea) que compite con ellas. Aquí las tenéis…

Estas euglenofíceas son potencialmente tóxicas. Nuestros análisis sugieren la presencia de una ictiotoxina (euglenoficina) hasta ahora solo detectada en blooms de EEUU. Son responsables del manto rojizo que cubre la laguna en verano al mezclarse sus colonias pastosas con el verde de las lentejas.

El nivel de nutrientes inorgánicos en superficie es muy pobre, seguramente por su absorción a cargo de las propias lentejas (las euglenofíceas compiten con ellas y ambas son marcadoras de eutrofización). Los niveles más altos de nutrientes aparecieron en una muestra que recogimos del fondo, a 2-3 metros, gracias a una zodiac de la Xunta de Galicia.

El agua de la laguna se volvió turbia y marrón durante 2021. Esto se debe a que la materia orgánica y sólidos en suspensión alcanzan concentraciones elevadísimas, más propias de aguas residuales sin tratar que de una laguna de agua dulce. Durante la revisión del trabajo uno de los referees nos hizo retirar la expresión de «alcantarilla a cielo abierto» por ser poco científica. Pero eso es lo que parece esta laguna (que como la Estigia de Dante, apesta).

Panorámica de la laguna de A Congorza, con las manchas de lentejas de agua, euglenofíceas y los ánades reales. Fuente: Rodríguez y col. (2026).

Lo más grave de todo ha sido la muerte de fauna salvaje, en concreto aves. La hipoxia como consecuencia de la descomposición de la materia orgánica y el estado general de la laguna son responsables de la presencia de toxinas botulínicas en A Congorza, motivo a su vez de la mortalidad generalizada de ánades reales (Anas platyrrhinchos) observada por primera vez en 2024 y de nuevo en 2025.

Estas imágenes no necesitan explicación, son la consecuencia del botulismo sobre los ánades reales, retirados de la laguna por la Xunta de Galicia. La última imagen pertenece al Centro de Recuperación de Fauna Salvaje de Carballedo. Fuente: Rodríguez y col. (2026).

En total la Xunta ha contabilizado 20 muertes, pero seguramente el fondo esconda numerosos cadáveres que estimulan la propagación de los brotes de botulismo aviar gracias al ciclo «carcass-fly-maggot» (cadáver-mosca-larva). En dicho ciclo participan la bacteria Clostridium botulinum y las moscas «metálicas» carroñeras (familia Calliphoridae, conocidas como «moscas de la mierda» ¿verdad?) que depositan sus larvas en los cadáveres asegurando su reproducción, alimentándose del tejido en descomposición con C. botulinum y sus toxinas.

Ciclo «carcass-maggot«. Fuente: Gutiérrez-Arnal y Marín (2024).

Se trata de una relación mutualista donde las larvas acumulan las neurotoxinas en un bucle letal para las aves. Ahora que estamos en pleno Mundial de Fútbol, os comentaré un caso curioso. Al sur de Brasil, sobre el césped de un terreno de juego, murieron 130 aves (avefría tero: Vanellus chilensis) afectadas por parálisis flácida (síntoma característico de botulismo).

En un principio se pensó en una intoxicación criminal. Pero los análisis demostraron que habían fallecido por botulismo al alimentarse de larvas contaminadas en la «cama de pollo» (abono orgánico) que se había arrojado al césped.

Avefría tero (Vanellus chilensis). Fuente: Wikipedia.

Este año no han llegado apenas patos a la laguna (que yo sepa). En junio avisté dos individuos vivos en medio de ella. Su sola visión me invadió de tristeza por el destino que les espera. Supongo que cuando un ecosistema sobrepasa líneas rojas la naturaleza emprende la retirada.

En cuanto a la contaminación, no se detectaron contaminantes orgánicos persistentes en una amplia batería de compuestos analizados por el grupo CONTAM del IEO de Vigo. Quedaba la incógnita de si la eutrofización podía estar causada por filtraciones de aguas residuales, algo que podemos averiguar con análisis microbiológicos (Escherichia coli y coliformes).

No se incluyeron en el artículo, fueron una sugerencia del moderador de una charla sobre este tema en la Reunión Ibérica REDIBAL (Faro, Portugal, mayo 2026). Así que en junio recogí una muestra y la llevé a un laboratorio privado en Vigo, mostrando niveles bajos de E. coli (14 UFC/100 ml) y de coliformes (<80 UFC/100 ml) compatibles con la presencia de fauna y materia orgánica en descomposición. Una buena noticia entre tanto desastre: si hubiese vertidos fecales los valores serían otros. 

¿Cuál es la solución para recuperar la laguna y proteger su ecosistema? Poner los medios para contrarrestar su deterioro y cumplir con la Directiva Europea Marco del Agua (WFD 2000/60/EC) y la de Tratamiento de Aguas Residuales Urbanas (EU/2024/3019).

No parece fácil pero bastaría que los propietarios de los terrenos (ABANCA) y entidades públicas iniciasen conversaciones para un proyecto de recuperación medioambiental. ¡Y ya existe uno! el que presentó una estudiante de Cangas, Nazareth Santos Tenreiro, como trabajo de Fin de Grado en el Ciclo Superior de Gestión Forestal y Medio Natural en 2024.

Mi deseo es que no sufran más animales la degradación de la laguna,

evitar cualquier tipo de riesgo sanitario para las personas,

y que la sociedad pueda disfrutar de Punta Balea y el encanto de la villa de Cangas.

 

Agradecimientos: a todas las personas e instituciones implicadas en el trabajo, empezando por la Xunta de Galicia (Rede de Observación Ambiental de Galicia-Laboratorio de Medio Ambiente de Galicia (Mercedes Barriada Pereira, ROAGA-LMAG), Laboratorio de Saúde Pública de Galicia (Nieves Infanzón Álvarez, LSPG), Servizo de Patrimonio Natural de Pontevedra y Centro de Recuperación de Fauna de Carballedo, y Maryló Doval (INTECMAR)), Antonio Barrientos Soriano (LABOKLIN), Rubén Villalba Martínez (Laboratorio Central de Veterinaria (Algete, Madrid)), Carmen González Castro (IIM-CSIC) y Antonio Fernández (Anduriña).

Referencias:

  • dos Santos, I.R., Raiter, J., Brunner, C.B. et al. An outbreak of type C botulism in free-ranging Southern lapwing (Vanellus chilensis). Vet Res Commun 48:1239–1243 (2024).
  • Gutiérrez-Arnal, J. y Marín, C. The Latent Threat in Wild Birds: Clostridium botulinum. Vet Sci 11:36 (2024).
  • Rodríguez, F. y col. The perfect storm in a coastal pond: duckweed, botulism, bird mortalities, and recurrent blooms of Euglena sanguinea. Environ Sci Pollut Res 33:7933–7953 (2026).
  • Santos Tenreiro, N. Proyecto de Restauración Laguna «A Congorza» (Cangas del Morrazo). Ciclo Superior Gestión Forestal y del Medio Natural. 31 pp. (curso 2023-24).
  • Fuentes web: https://fitopasion.com/2021/06/patos-y-lentejas-en-punta-balea.html

Las algas del proyecto Hail Mary

Imagen de portada: Project Hail Mary. Fuente: cinemascomics.com 

La metieron dentro de una nave

Para observar la reacción

Ella fue la primera astronauta

En el espacio exterior

Laika (Mecano, 1988)

 

En España la titularon «Proyecto Salvación». Si os gusta la ciencia-ficción seguramente conoceis esta película basada en un libro de Andy Weir. Una maravilla de la que apenas he leído críticas negativas (1) por su duración y (2) por el humor que le resta la solemnidad de otras odiseas espaciales como «Interestellar».

Tras leer el libro diré que podría haber sido más larga y que el humor ya estaba en el original. La adaptación al cine me parece genial, va al corazón de la historia sin adentrarse en profundidades científicas. Esto provoca que no entiendas bien el comportamiento de sus microscópicos protagonistas, pero si tanto te inquietan tienes el libro. Y eso me pasó.

Aviso que vienen spoilers (mínimos) sin entrar al meollo del argumento. Al protagonista, Ryland Grace (doctor y maestro de ciencias en un instituto), lo mete la NASA en un laboratorio de seguridad biológica para estudiar unas partículas microscópicas. Estas viven en el Sol y pululan por el espacio atraídas por el CO2 y su señal infrarroja. Miden 10 micras de diámetro y son completamente opacas.

El maestro descubre, tras exponerlas a toda clase de perrerías, que están vivas y las bautiza con el apropiado nombre de astrófagos. Emiten luz infrarroja al desplazarse y lo hacen a velocidades descomunales. Después de estos hallazgos, Ryland dice lo siguiente en el libro: «Esto es…como un alga espacial

En la película nunca hablan de algas pero es imposible no pensar en ellas. Yo al menos me pasé toda la cinta a tope con los astrófagos, dándole vueltas a las cosas que hacen y pensando en cuál sería la inspiración de Andy Weir.

En primer lugar, algunas algas sobreviven en el espacio. Hoy en día se siguen investigando sus aplicaciones en futuras misiones espaciales y la (soñada) colonización de Marte. Sin ir más lejos, ESA ha financiado un proyecto reciente (TREBOUXMARS) a un grupo de la Universidad de Valencia. En él estudiaron algas verdes que forman parte de líquenes, de la familia Trebouxiaceae, por sus características prometedoras para prosperar en condiciones como las de Marte.

En nuestro planeta dichas algas colonizan superficies inertes pero también invertebrados (p.ej. mejillones y almejas) o simbiontes en árboles como Ginkgo biloba.

Liquen y su alga, Trebouxia maresiae. Fuente: uv.es

Además, en 2017 ya se demostró la supervivencia de varias especies de cianobacterias desecadas durante 16 meses en el exterior de la Estación Espacial Internacional (ISS) en un proyecto del Fraunhofer (Alemania) con cepas extremófilas de su colección CCCryo.

Más recientemente, la misión ARTEMIS I de la NASA en 2022 (previa a la tripulada de este año) incluyó ensayos con Chlamydomonas reinhardtii a las que se les insertó un gen de tardígrados para comprobar si mejoraban su resistencia.

La primera microalga que viajó al espacio fue Chlorella pyrenoidosa en 1960 (3 años después de la perrita Laika). Orbitó durante 1 día en el Sputnik-5 y al regreso, a pesar de los daños, superó la experiencia. En aquella misión también viajaron 2 perritas, Belka y Strelka, que regresaron sanas y salvas por primera vez del espacio.

Las perritas Belka y Strelka, astronautas de ROSCOSMOS. Fuente: drewexmachina.com

Chlorella era muy útil en aquellos experimentos ya que puede cultivarse en medio sólido (agar) y modo heterótrofo. Luego, en 1970, una nueva misión rusa demostró la supervivencia de Chlorella fotosintéticamente activa en otro viaje espacial. Y tras ella, una cianobacteria: Scenedesmus obliquus.

Desde entonces algas y cianobacterias no han dejado de volar al espacio a bordo de misiones rusas, norteamericanas, chinas o de la ISS. Los resultados son diversos; sufren transformaciones metabólicas y en sus orgánulos celulares para adaptarse al estrés. Si no ocurren accidentes técnicos (filtraciones o subidas de temperatura) sobreviven e incluso crecen, se reproducen y realizan la fotosíntesis durante 1 año mientras orbitan nuestro planeta.

El único grupo, aparte de cianobacterias y algas verdes (sobre todo Chlorella y Chlamydomonas) que han sido «astronautas» hasta la fecha fueron las euglenofíceas (Euglena gracilis) de la misión china Shenzou-8, en 2011. Y no volaron solas: lo hicieron en compañía de caracoles que sobrevivieron gracias a la producción de oxígeno y la absorción de CO2 de las euglenas.

Euglena gracilis. Fuente: sciencephoto.fr

Andy Weir lleva esto a niveles inimaginables en su novela. Si bien existen extremófilos con capacidades increíbles en la superficie terrestre, medio acuático o en el subsuelo, los astrófagos desafían las leyes de la física y la biología. Sin embargo, su atracción por la radiación infrarroja y el CO2 tienen equivalentes en el mundo real.

Ciertos microorganismos (p.ej. cianobacterias como Acaryochloris o Halomicronema) utilizan luz cercana al infrarrojo para la fotosíntesis gracias a clorofilas específicas (d y f) y bacterioclorofilas. Además, por supuesto, las microalgas detectan señales químicas y se desplazan según ellas (quimiotaxis) en busca de nutrientes como el CO2 y bicarbonato disuelto en agua.

Nadie se ha atrevido a llevar dinoflagelados al espacio. Quizás encontrarían la forma de buscarse la vida con sus quistes de resistencia ¡aunque nunca tan bien como los astrófagos! 

Referencias:

  • Choi HI y col. Quantitative analysis of the chemotaxis of a green alga, Chlamydomonas reinhardtii, to bicarbonate using diffusion-based microfluidic device. Biomicrofluidics 10(1):014121 (2016).
  • Niederwieser y col. A review of algal research in space. Acta Astronautica 146:359-367 (2018).
  • Weir A. Proyecto Hail Mary. 544 pp. (2021).
  • https://fitopasion.com/2011/10/sobre-mejillones-ginkgos-y-un-jardin-en.html
  • https://fitopasion.com/2012/05/cuando-un-hongo-encontro-su-alga.html
  • https://fitopasion.com/2014/08/que-hacen-un-ruso-y-un-americano-en-la.html
  • https://fitopasion.com/2015/06/ricitos-de-oro-y-las-enanas-rojas.html
  • https://fitopasion.com/2017/07/que-te-llevarias-a-un-planeta-desierto.html

Perlas microscópicas

Imagen de portada: Lago Alchichica (México). Fuente: yosoypuebla.com

Es una perla
Nadie se fía
Es una perla
Una de mucho cuida’o

(La perla. Rosalía, 2026)

Uno de los temas más fascinantes sobre las microalgas es cómo obtuvieron la fotosíntesis. Hace 1600-2000 millones de años una célula eucariota «raptó» cianobacterias que luego integró como un orgánulo: los cloroplastos. Pero ¿qué cianobacterias eran? a pesar del conocimiento actual todavía persisten muchas incógnitas.

El registro fósil de los microorganismos es limitado y el primer eucariota fotosintético (¡o al menos el exitoso!) dió lugar a los cloroplastos primarios (archaeplastida) de algas rojas, verdes, plantas terrestres y glaucofíceas (un grupo de algas de agua dulce). Luego, sucesivas endosimbiosis entre eucariotas dieron lugar a los plástidos secundarios, terciarios y seguramente otros en diversos grupos como criptofíceas, haptofíceas y las líneas evolutivas de Alveolados y Estramenópilos (que incluyen a diatomeas y dinoflagelados, entre otras microalgas).

 

Árbol evolutivo de los seres eucariotas, destacando a los grupos fotosintéticos. Fuente: McGrath (2020).

En cuanto a su origen, los cloroplastos proceden de una cianobacteria tipo β (predominantes en agua dulce y estuarina) según las pistas del ADN obtenidas en >4000 genomas plastidiales. La única excepción conocida es la ameba de agua dulce Paulinella cromatophora, que va por libre con su cloroplasto «tipo α».

Pues bien. Hasta mediados de la década pasada se creía que el ancestro de los cloroplastos estaba relacionado con cianobacterias filamentosas -fijadoras de nitrógeno- como Nostoc y Anabaena.

Pero hoy en día tenemos otra candidata…

En la región mexicana de Los Llanos de Puebla se encuentra el «Archipiélago de los Axalapazcos»: seis lagos entre los cuales destaca el de Alchichica. Se trata de un lago cráter, formado al ascender el magma de un volcán e impactar con el manto freático generando vapor. Este, al acumularse, provocó una explosión y generó un inmenso cráter que se rellenó de agua entre hace 13,300 y 6,300 años. El lago o laguna de Alchichica alcanza una profundidad máxima de 60 m. Su temperatura promedio es de 15,5 ºC, con una salinidad de 13 (un tercio de la marina).

A estas características se añade un hecho especial: Alchichica tiene arrecifes!! en concreto trombolitos, estructuras de carbonato cálcico formadas por la precipitación al contactar el agua subterránea (menos mineralizada y rica en calcio) con la superficial (alcalina y carbonatada). Sobre ellas crecen microorganismos, principalmente cianobacterias, que construyen biopelículas y precipitan a su vez capas de carbonato de calcio y magnesio moldeando los trombolitos.

Podéis verlos en este vídeo…

Los trombolitos son un tipo de microbialitos (=depósitos organo-sedimentarios) entre los que se encuentran también los estromatolitos -la evidencia más antigua de vida sobre nuestro planeta-, producidos ambos por cianobacterias. En este blog ya citamos ejemplos fósiles, como los trombolitos del Everest, o «vivos», como los estromatolitos de Shark Bay en Australia.

Pues bien. A un grupo investigador de Francia y EEUU se le ocurrió mantener microbialitos del lago Alchichica en acuarios para estudiar sus comunidades microbianas. Y resultó que algunas cianobacterias empezaron a crecer en las paredes de los acuarios. Dominaban células en forma de bastón con un sorprendente citoplasma granuloso (Couradeu y col. 2018).

La precipitación de carbonato cálcico en cianobacterias es extracelular, pero esos gránulos resultaron ser precipitados amorfos de carbonato (similares a la benstonita, un carbonato que posee Ba, Ca, Mg y Sr), distintos a los extracelulares que forman los trombolitos. El primer caso de cianobacterias formadoras de carbonatos en su interior. Sí, –¡perlas microscópicas!-.

Aquellos investigadores supusieron que las podrían usar como lastre para su modo de vida bentónico tras dispersarse en el agua.

Célula de Gloeomargarita lithophora fotografiada mediante microscopía electrónica, con las perlas (partículas de carbonato) que acumula en su interior. Fuente: Benzerara y col. (2014).

En 2017 las describieron con el nombre de Gloeomargarita lithophora (que quiere decir «pegajosa», «perla» y «la que carga con piedras»; Moreira y col. 2017).

Varios estudios genéticos concluyen además que G. lithophora es la cianobacteria más próxima al antepasado de los cloroplastos. Esto ha llevado a proponer que las primeras microalgas bien pudieron desarrollarse en ambientes de agua dulce terrestre y no océanicos (Ponce-Toledo y col. 2017).

Para terminar, una curiosidad. Las perlas de G. lithophora incluyen estroncio (Sr). Su forma química en el medio acuático (Sr2+) es similar al Ca2+ y esto provoca que muchos organismos lo absorban en pequeñas cantidades como si fuese calcio. Sin embargo, el Sr no tiene ninguna función fisiológica conocida (exceptuando los esqueletos de los acantáridos, un grupo de protistas).

Esta capacidad convierte a G. lithophora en un posible agente de biorremediación natural para limpiar agua contaminada con Sr90 procedente de plantas nucleares. De hecho son muy eficaces retirando ese isótopo emisor de partículas β al que incorporan en sus perlas, capturando la radiactividad sin sufrir daños a corto plazo.

Gráfico resumen del estudio sobre biorremediación de radiactividad con G. lithophora. Fuente: Pamart y col. (2025).

Dedico esta entrada a mi compañera Patri Loures, técnica de laboratorio en nuestro grupo del IEO de Vigo.

Referencias:

  • Couradeau E., y col. An early-branching microbialite cyanobacterium forms intracellular carbonates. Science 336, 459–462 (2012).
  • McGrath C. Highlight: The Colorful History of Plastids, Genome Biol Evol. 12(7):991–992 (2020).
  • Moreira D., y col. Description of Gloeomargarita lithophora gen. nov., sp. nov., a thylakoid-bearing, basal-branching cyanobacterium with intracellular carbonates, and proposal for gloeomargaritales ord. nov. Int J Syst Evol Microbiol 67:653–658 (2017).
  • Pamart E. y col. Exploring the potential of Gloeomargarita lithophora for radionuclides bioremediation. J Hazard Mat. 492:138155 (2025).
  • Ponce-Toledo R.I., y col. An early-branching freshwater cyanobacterium at the origin of plastids. Curr Biol. 27:386–391 (2017).
  • Sibbald SJ, Archibald JM. Genomic Insights into Plastid Evolution. Genome Biol Evol. 12(7):978-990 (2020).

El nombre de la diatomea

Stat Rosa pristina nomina, nómina nuda tenemus (de la rosa solo queda el nombre desnudo)

El nombre de la rosa (Umberto Eco, 1980)

Siempre me ha fascinado el significado del nombre de las especies. Cuando leo descripciones de microalgas lo primero que hago es ir al apartado de etimología para saber por qué las llamaron así. No es solo un capricho. A veces esconden historias interesantes: una localidad, algo característico de las células, homenajes a colegas de profesión, familiares o personajes que admiraban el autor o autores de la especie.

En el blog he escrito varias veces sobre ello y la entrada de hoy parte de mi curiosidad sobre una diatomea: Ditylum brightwellii. Una especie llamativa y común en las costas de todo el mundo excepto zonas polares.

Hace unos días, tras verla en muestras de la ría de Vigo, me hice de nuevo la pregunta: ¿por qué te llamas así?

Ditylum brightwellii (Ría de Vigo, 24 de marzo 2026). Autor: F. Rodríguez

El género es lo de menos: Ditylum proviene del griego (“di-” = “dos”; “-tylum” (tylos o tylon) = “protuberancia”, “nudo” o “saliente”). A mí lo que me interesaba de verdad era el epíteto brightwellii. Lo primero que me vino a la cabeza fue una traducción del inglés: «que brilla mucho». Pero era solo una suposición. ¿Qué créeis vosotros?

Aquí van 3 posibilidades, solo una de ellas es correcta:

  1. Una naturalista inglesa observó que sus células brillaban bajo el microscopio.
  2. Un naturalista inglés se la dedicó a un colega apellidado Brightwell.
  3. Un monje inglés observó que su aspecto recordaba al queso de Brightwell.

Escoged una de ellas y luego me contáis por qué la del queso.

Para conocer la respuesta no hay que cruzar mares y desiertos ni encontrar la biblioteca de los libros olvidados. Basta una simple búsqueda en internet, perdón, preguntarle a vuestra IA favorita. Pero esto le roba toda la emoción a la búsqueda. Además, yo tampoco escogí la vía fácil.

Lo primero fue buscar el nombre completo de la especie, que incluye a sus autores. Si escribes Ditylum brigthwellii en el buscador de Algaebase enseguida te contesta que se trata de Ditylum brightwellii (T. West) Grunow.

Ditylum brightwellii. Autor: Robin Raine. Fuente: Algaebase

El paréntesis indica que quien la describió originalmente fue T. West, aunque con otro nombre. Ese que todavía desconocemos es el «basónimo», la denominación original de la especie. La otra información útil es que su nombre actual se lo debemos a Grunow.

Lo genial de Algaebase es que incluye a menudo las descripciones originales de las especies, aunque en este caso solo está el trabajo de Grunow: una publicación de 1885 dentro de un tratado más amplio en francés, Synopsis des Diatomées de Belgique (Van Heurck, 1885). 

A partir de ahí tan fácil como descargar el pdf y buscar la descripción de Grunow. Ya me las prometía felices pero no encontré tan rápido la respuesta. Grunow no era de muchas palabras y escribió lo siguiente: D. Brightwellii (Triceratium Brightwellii…[varias citas y otros nombres]). Y a continuación una breve descripción de su forma y aspecto sin mencionar por qué demonios le llamaban «brightwellii«.

Había que seguir tirando del hilo. Remontarse varios años atrás. La respuesta estaba en el basónimo Triceratium brightwellii, el nombre original de la especie propuesto por T. West. El caso es que el soso de Grunow tampoco citaba el año de publicación, pero sí el resto de datos (revista, nº, etc.) para localizarlo.

En la Biodiversity Heritage Library es posible conseguir publicaciones antiguas y allá que fui. Tuffen West publicó en 1860 un estudio titulado «Remarks on some DIATOMACEAE, NEW or IMPERFECTLY DESCRIBED, and a NEW DESMID«. Con esas mayúsculas, tal cual. Y en él comienza explicando que trabajó con muchas preparaciones de diatomeas de un tal Mr. T. Brightwell, originario de Norwich, quien ya no podía continuar su análisis y que accedió a que él lo terminase y publicase los resultados. ¡¡Ajá!!…en su descripción dice lo siguiente [traducida para todas y todos ustedes]:

«Esta especie, caracterizada por la extraordinaria longitud de la espina central, que presenta un grosor uniforme en toda su extensión, y el notable borde que rodea los márgenes de la valva, no podría tener un nombre más apropiado que el de aquel a quien casi podría llamarse el autor del género.»

Así pues, aunque la diatomea brille y posea incluso forma de tubo fluorescente, su nombre fue un homenaje a quien aisló los individuos: T. Brightwell.

Solo quedaba por averiguar quién fue y por qué no describió aquellas diatomeas. La respuesta la encontré, cómo no, en un trabajo de John R. Dolan, investigador e incansable divulgador de historias científicas principalmente desde Journal of Plankton Research. Su especialidad son los ciliados tintínidos y Dolan escribió en 2021 sobre un tratado firmado e ilustrado por padre e hija, respectivamente: Thomas y Lucy Brightwell.

Thomas y Lucy Brightwell. Con la portada de su trabajo «Sketch of a Fauna Infusoria for East Norfolk». Fuente: Dolan (2021).

Aquí pude conocer algo más sobre Brigthwell, gracias a un obituario que publicó su hija en 1869. Thomas Brightwell (1787-1868) era un abogado y hombre muy religioso, erudito de textos en latín, alemán, griego y hebreo. Thomas fue alcalde de Norfolk en 1837 y como tal asistió a la ascensión al trono de la reina Victoria. También era un prestigioso naturalista que comenzó recolectando insectos de la campiña inglesa pero al igual que muchos naturalistas victorianos estudió una gran diversidad de organismos (hoy improbable para un mismo investigador): sanguijuelas, langostas, un delfín, dinoflagelados…

En sus últimos años Thomas se interesó especialmente por las diatomeas, describiendo varias especies. Por aquel entonces nadie cultivaba aquellas microalgas y era difícil conseguir muestras en buen estado. Él mismo explicó en uno de sus últimos trabajos que las diatomeas vivas abundan en el interior de tunicados (p.ej. salpas) e incluso en las Noctilucas, y que gracias a ese descubrimiento pudo estudiar varias de ellas.

Pero ya era anciano, sufría cataratas y este fue el motivo por el que abandonó su investigación y cedió sus preparaciones a Tuffen West, quien se lo agradeció dedicándole (en vida) una de aquellas especies que no llegó a describir: Triceratium brightwellii. La misma que hoy conocemos como Ditylum brightwellii.

Una bella diatomea recolectada en Gorleston-on-Sea (Gorlestone en el original), en el condado de Norfolk, donde vivían los Brightwell.

Referencias:

  • Brightwell T. Sketch of a Fauna Infusoria for East Norfolk. Josiah Fletcher, Upper Haymarket, 1-40, pl.1-19 (1848)
  • Brightwell, T. Further observations on the genera ‘Triceratium’ and ‘Chaetoceros’. Transactions of The Microscopical Society of London 6: 153–155 (1858)
  • Dolan, John. A Curious Little Book by an Interesting Father-Daughter Team. 11-16 (2021)
  • Van Heurck, H. Synopsis des Diatomées de Belgique. Texte. pp. 235. Anvers: Martin Brouwers & Co. (1885)
  • West, T. Remarks on some Diatomaceae new or imperfectly described and a new desmid. Transactions of the Royal Microscopical Society, series 28: 147-153 (1860)

Microalgas ACME

Imagen de Portada: Coyote y Correcaminos en el episodio «To Beep or not to Beep». Fuente: Wikipedia

«ACME Corporation» era el fabricante de los inventos que usaba Wile E. Coyote para intentar cazar al Correcaminos. Pero todos ellos fallaban en el peor momento: imanes gigantes, pelotas de tenis explosivas, kits para producir tornados y terremotos, rocas deshidratadas y un largo catálogo (en sentido literal porque el Coyote consultaba primero el catálogo ACME). Al final el Correcaminos siempre escapaba cantando «Beep, Beep«.

El Coyote y el Correcaminos (The Road Runner Show) de la franquicia Looney Tunes (Warner Bros.). Fuente: jamespreller.com

El acrónimo de la compañía era irónico porque ACME quiere decir también «el punto en el que algo alcanza su estado óptimo o más desarrollado». Esta palabra tiene sentido en biología y aparece en artículos científicos para referirse al momento de esplendor de un grupo de organismos. Os comentaré un ejemplo…

Los silicoflagelados son unas microalgas enigmáticas que fabrican esqueletos de sílice con aspecto de redes microscópicas. Se trata de organismos fotosintéticos y algunos recuerdan a copos de nieve. Hoy en día su diversidad es limitada aunque su presencia es común y llegan a ocasionar proliferaciones nocivas. No producen toxinas pero sus esqueletos provocan daños mecánicos (al igual que algunas diatomeas) y resultan ictiotóxicos.

Silicoflagelado (Octactis speculum). Fuente: algaebase. Autor: Wolfgang Bettighofer, www.protisten.de

Los silicoflagelados alcanzaron su ACME en el Eoceno (hace unos 50 m.a.) y el Mioceno (alrededor de 20 m.a.) donde su diversidad habría sobrepasado a las diatomeas, principales fabricantes de estructuras silíceas junto a los radiolarios. Hoy en día las diatomeas son las reinas de los mares pero los silicoflagelados compitieron con ellas durante los últimos 100 m.a.

Los silicoflagelados pertenecen al grupo de las crisofíceas y solo existen 4 géneros: Dictyocha, Octactis, Stephanocha y Vicicitus (este último no fabrica esqueletos de sílice). Según Algaebase conocemos en total 83 especies y casi todas (75) pertenecen a Dictyocha. El resto de especies, la mayoría, son fósiles.

La taxonomía de silicoflagelados tiene curiosidades. En 1880 se describió el género Distephanus a partir de fósiles del Mioceno en Sicilia (Italia) pero décadas antes precisamente un italiano (Cassini) describió un género de plantas terrestres con el mismo nombre. Esta coincidencia invalidaba al género de silicoflagelados y no fue hasta 2015 cuando Jordan & McCartney agarraron el problema por los cuernos (o más bien las espinas) creando Stephanocha para incluir unas pocas especies del antes llamado Distephanus.

En Galicia podemos encontrar a Octactis speculum (antes Dictyocha speculum, hasta su revisión por Chang y col. 2017). En octubre de 1996 se registró el primer bloom de dicha especie en la Ría de Muxía (Prego y col. 2023), provocando la muerte de casi 5000 salmones en jaulas por daños fatales en las branquias. En aquel bloom se alcanzaron abundancias de 40.000 células/litro pero mientras existió monitoreo de fitoplancton tóxico en Muxía (1992-1996) hubo proliferaciones de O. speculum de hasta 250.000 céls/litro.

Esas densidades son nocivas pero insuficientes para producir mareas rojas como las que ha ocasionado en localidades como Douarnenez (en Bretaña) superando 1 millón céls/litro.

Mapa de la Ría de Muxía con las 4 estaciones de muestreo en Merexo, donde se registró la muerte de salmones en 1996. Las jaulas de salmones estaban en la estación nº 2. Autor: Prego y col. 2023. Fuente: mdpi.com

Aquellas mortandades suponen el único registro en toda la Península Ibérica. Los salmones dejaron de cultivarse en Muxía en 1997 y este tipo de acuicultura en Galicia pasó de testimonial a desaparecer con el paso de los años. Revisando datos del monitoreo de fitoplancton tóxico del Intecmar, Prego y col. detectaron otros blooms similares de O. speculum en las Rías de Muros y en Ares-Betanzos. En mi caso, la única vez que he observado una proliferación de O. speculum fue en agosto de 2024 dentro del puerto de Fisterra, coincidiendo con el bloom verde de Lepidodinium. Aprovechando aquella muestra intenté cultivarlos en el IEO de Vigo. Spoiler: terminó igual de mal que si fuesen «microalgas ACME».

Como os decía, la mayoría de silicoflagelados descritos son fósiles. En el pasado coexistieron dos tipos de especies: con y sin espinas. Las que carecían de espinas eran más grandes pero a lo largo del tiempo empequeñecieron hasta extinguirse. Parte de la explicación pudo ser la creciente limitación por silicatos en el océano, contrarrestando las posibles ventajas de su mayor tamaño para defenderse de predadores. En esto no pueden competir con las diatomeas, más resistentes al estar recubiertas por frústulas en vez de los débiles esqueletos agujereados de los silicoflagelados.

Por su parte, las especies espinosas mantuvieron un tamaño constante e incluso aumentaron el número de espinas (se cree que como consecuencia de la «carrera armamentista evolutiva» contra la predación).

Silicoflagelados fósiles (con y sin espinas) de los géneros Corbisema (A-E) y Pseudonaviculopsis (F). Autor: McCartney y col. (2022). Fuente: sciencedirect.com

Los silicoflagelados fósiles forman parte de rocas silíceas sedimentarias tanto en el medio marino como terrestre. En algunos casos son tan abundantes que dichas rocas podrían llamarse «silicoflagelititas», igual que sucede con las diatomitas y radiolaritas (ya imaginareis qué fósiles dominan en ellas). Pues bien, en un estudio reciente sobre la miel de varios países africanos y europeos (Túnez, Marruecos, Grecia, Polonia y Rumanía) se han descubierto por primera vez esqueletos de silicoflagelados (Magyar y col. 2021).

En el caso de Túnez dichos fósiles parecen proceder del polvo atmosférico depositado desde una zona de Sicilia (la formación Trípoli, datada a finales del Mioceno: 6-7 m.a.). En Polonia provendrían de los Cárpatos Exteriores. Junto a los silicoflagelados encontraron también diatomeas y este descubrimiento indica que podrían servir como marcadores del origen geográfico de las mieles.

Los silicoflagelados habrían caído sobre las flores nectaríferas que visitan las abejas para fabricar la miel, actuando estas como recolectoras de fósiles ¡todo un ejército de paleontólogas aladas!

Resumen gráfico del estudio sobre los silicoflagelados en la miel. Autores: Magyar y col. (2021). Fuente: mdpi.com

 

Referencias:

-Jordan RW y McCartney K. Stephanocha nom. nov., a replacement name for the illegitimate silicoflagellate genus Distephanus (Dictyochophyceae). Phytotaxa 201(3): 177–187. (2015) http://dx.doi.org/10.11646/phytotaxa.201.3.1

-Magyar D y col. The occurrence of skeletons of silicoflagellata and other siliceous bioparticles in floral honeys. Foods 10(2):421 (2021) https://doi.org/10.3390/foods10020421

-McCartney K y col. Silicoflagellate evolution through the Cenozoic. Mar. Micropaleontol. 172: 102108 (2022) https://doi.org/10.1016/j.marmicro.2022.102108

-Prego R y col. Oceanographical context of the first bloom of the silicoflagellate Octactis speculum (Ehrenberg) recorded to cause salmon mortality in a Galician Ria: Was this Bloom a rare event in the Iberian coast? Toxins 15(7):435. (2023) https://doi.org/10.3390/toxins15070435

-van Tol HM y col. Macroevolutionary trends in silicoflagellate skeletal morphology: the costs and benefits of silicification. Paleobiol. 38:391–402. (2012)

 

 

 

Dos semanas en Rapa Nui

Imagen de portada: Anakena (Rapa Nui). Autor: F. Rodríguez

Al oeste de Santiago de Chile y 4 horas de vuelo después avisté Rapa Nui, ondulada y verde. Nada me llamó la atención pero las nubes y la perspectiva desdibujaban el paisaje.

Autor: Vicente Riquelme. Fuente: Pinterest

Al aterrizar revoloteaban unos insectos marrones sobre la pista. Parecían libélulas con patas colgando. Saliendo del aeropuerto nos recibió el calor, la humedad y la vegetación exuberante de Hanga Roa, único núcleo urbano con unos 8.000 habitantes.

Las construcciones poseen una o dos alturas: restaurantes acogedores y terrazas con vistas al mar, ultramarinos, artesanía y casas en cuyas fachadas abunda la madera. Sin franquicias ni cadenas hoteleras como las que invaden medio mundo. Para mí, lo único reconocible fue la sucursal del Banco Santander.

El barro rojizo teñía muchos coches (todoterrenos y pickups). Calles adoquinadas sin semáforos. Los baches y badenes en varios cruces desafían a riñones y amortiguadores por igual. Siempre hay perros rondando, adormilados o entre la gente, pero lo que más me sorprendió es el número de gallinas.

Paseando por Hanga Roa. Autor: F. Rodríguez

«La postal» del muelle de Hanga Roa incluye un puesto de helados, otro de perlas, un restaurante con nombre francés, varios clubes de buceo y lanchas de pesca motorizadas. Un grupo de jóvenes bañándose y tres tortugas asomando a lo lejos.

No hay un puerto habilitado para grandes cruceros, ni siquiera la barcaza que aprovisiona la isla. Solo puedes llegar a ella con pequeñas embarcaciones o en 2 vuelos diarios desde el continente.

La tranquilidad reina en la calle y todo transmite «buena onda» como dicen en Chile. Déjate de prisas, lo mejor es olvidar el coche y conocer Hanga Roa a pie, recorrer sus cuestas y mezclarse entre turistas y residentes.

Cuando bajas a la costa descubres los primeros moáis y te planteas por qué los esculpieron, qué significaban y qué pasó con aquella cultura. No te impacientes. Se sabe mucho más de lo que imaginas y durante tu estancia aprenderás todo lo que desees sobre ellos y quienes los crearon. Además hay una librería magnífica donde profundizar en la historia de esta isla subtropical del hemisferio sur.

Su latitud es similar a las Islas Canarias del Atlántico norte. «Aquí siempre llueve» -me dijeron-, pero el tiempo cambia rápidamente. Tras una lluvia intensa y fugaz regresa el sol con toda la fuerza. La temperatura varía día y noche entre 20-30ºC.

Os contaré por qué estuve allí.

Mi visita en diciembre de 2025 fue gracias a la generosa invitación de Gonzalo Álvarez Vergara (Universidad Católica del Norte, Coquimbo) para colaborar en su proyecto iniciado en 2024 titulado «Benthic dinoflagellates and marine toxins: a new threat for human health and socioeconomic activities in Rapa Nui» (FONDECYT; ANID, Chile).

Gonzalo también forma parte del equipo del ESMOI (Centro de Ecología y Manejo Sustentable de Islas Oceánicas) que merecería una entrada aparte. Aquí os dejo su web para no desviarme del tema de hoy.

La motivación del proyecto de Gonzalo parte de que Rapa Nui está en el extremo sureste de Micronesia y las islas del Pacífico (incluyendo también a Melanesia y Polinesia) son regiones afectadas por la ciguatera, una intoxicación alimentaria por consumo de peces e invertebrados que acumulan toxinas de dinoflagelados bentónicos (principalmente Gambierdiscus).

El intermareal en la playa de Anakena. Sobre estas algas y otros sustratos duros viven epifitas diatomeas y dinoflagelados bentónicos. Autor: F. Rodríguez

Sin embargo, no encontraréis a Rapa Nui en los estudios sobre este asunto porque no hay datos recogidos de forma sistemática. Tampoco se han identificado casos de ciguatera lo cual transmite tranquilidad sobre el consumo de pescado local. Pero la falta de trabajos y su situación geográfica justifican una investigación de campo para estudiar los organismos implicados (dinoflagelados, peces…) y recabar antecedentes históricos de intoxicaciones. Todo ello con el visto bueno previo y en colaboración con instituciones locales a las que se informa de los avances y resultados periodicamente.

El objetivo último es conocer las similitudes y diferencias de Rapa Nui frente a otras islas del Pacífico y hasta aquí puedo contar ya que se trata de un proyecto en curso.

En relación a la ciguatera os comentaré lo siguiente.

El libro ilustrado de peces Ika Rapa Nui del Dr. Alfredo Cea Egaña (creador del Centro de Investigaciones Submarinas de la Universidad Católica del Norte, hoy Campus Guayacán donde se encuentra la Facultad de Ciencias del Mar donde trabaja Gonzalo) comienza destacando el trabajo pionero de John Randall y Louis Di Salvo sobre el estudio de peces y ecosistemas costeros de la isla.

Y precisamente John Randall fue quien propuso en 1958 la hipótesis de la cadena trófica, que consiste en la bioacumulación de toxinas responsables de la ciguatera, producidas por un organismo bentónico (seguramente una microalga), de la que se alimentarían peces herbívoros y detritívoros, presas a su vez de otros carnívoros que concentrarían dichas toxinas.

La hipótesis de Randall es aceptada hoy en día y 20 años después se identificó al dinoflagelado responsable, del género Gambierdiscus (Yasumoto y col. 1977; Adachi & Fukuyo 1979).

Gambierdiscus (400 aumentos) en una muestra de las Islas Canarias. Autor: F. Rodríguez

Volviendo a Ika Rapa Nui, su autor cita ejemplos de síntomas de intoxicación y malestar por el consumo de algunas especies. También recuerda Alfredo Cea que Fernando de Buen (hijo de Odón de Buen, fundador del IEO) publicó en 1958 un catálogo descriptivo e ilustrado (Los peces de Isla de Pascua) editado por la Universidad de Concepción durante su exilio en Chile.

Esta isla no es un parque temático. Los carteles que reivindican la autodeterminación y otras cuestiones políticas recuerdan que los rapanui son ciudadanas y ciudadanos del siglo XXI, en una comunidad que reivindica sus derechos y necesidades como cualquier otra.

Durante mi estancia me permitieron asistir (junto al equipo del proyecto de Gonzalo) a encuentros con diferentes autoridades locales y conocer de primera mano sus opiniones e intereses. Para mí fue una experiencia fascinante.

No es sencillo en su caso. Lejana y aislada en el Pacífico, Rapa Nui («isla de Pascua»), alberga un Parque Nacional patrimonio mundial UNESCO desde 1995. En él se encuentra el legado de la cultura rapanui y solo es posible visitarlo pagando un ticket de acceso acompañados de un guía local.

Compaginar esto con preservar sus espacios naturales y el patrimonio cultural no ha debido ser fácil. Pero en cuanto sales de Hanga Roa la naturaleza te rodea y la impresión que deja la isla al visitante es que su conservación es un éxito a pesar de la presión por el turismo, el motor económico de la isla.

Esa misma fascinación la llevó al Museo Británico de Londres, donde se encuentra el moái que arrancaron en el siglo XIX de lo alto del cráter del Rano Kao, un expolio más de visitantes de tierras lejanas.

Cráter del Rano Kao. Uno de los 3 volcanes que dieron lugar a la actual isla. Autor: F. Rodríguez

Y no solo del patrimonio cultural. Si hablamos de ciencia pronto surge en la conversación la rapamicina, un antibiótico obtenido de una bacteria del suelo (Streptomyces higroscopicus) en Rapa Nui durante una expedición científica canadiense en la década de los 60.

La rapamicina se emplea como inmunosupresora (trasplantes de órganos), para tratar varios tipos de cáncer y enfermedades raras, y en estudios relacionados con el retraso del envejecimiento celular. Ha generado miles de millones de dólares a la industria farmacéutica, pero sin beneficio económico para el pueblo rapanui, en lo que muchos consideran un caso de colonialismo científico.

Si echais un vistazo a la web de Sigma-Aldrich encontrareis el coste de formatos como este…

El acercamiento a la historia de Rapa Nui ayuda a comprender la identidad política y socioeconómica de la isla. En pocos lugares he sentido una relación tan estrecha -y de orgullo- entre la herencia del pasado y la población actual.

La tradición oral mantuvo viva la historia y la cultura rapanui hasta nuestros días. Su sistema de escritura basado en símbolos es indescifrable. Resulta abrumador descubrir que apenas un centenar de personas en el siglo XIX fueron depositarias de toda una cultura y su lenguaje.

Esa tradición oral la percibes cuando los guías locales relatan leyendas con protagonistas de nombres impronunciables que poco a poco esbozan una isla diferente. Todo cambia cuando aprendes que los moáis tenían nombre y que esa palabra quiere decir «para…» ya que representaban ancestros ilustres.

Moáis en Anakena. Autor: F. Rodríguez

Cuando los contemplas de cerca entiendes por qué nos despiertan tanta admiración esas figuras volcánicas, hermosas y (desconcertantemente) enormes.

De todos los paisajes de Rapa Nui me quedo con una imagen para terminar: la cantera donde los trabajaban y de la que parecen descender su ladera para darte la bienvenida…

En la cantera de los moáis. Autor: F. Rodríguez

Referencias:

  • Adachi R. & Fukuyo Y. The thecal structure of a marine toxic dinoflagellate Gambierdiscus toxicus gen. et spec. nov. collected in a ciguatera-endemic area. Bulletin of the Japanese Society of Scientific Fisheries 45(1): 67-71. (1979)
  • Cea Egaña, A. Ika Rapa Nui. Editorial Rapa Nui Press. 252 pp. (2020). Disponible en buscalibre.es
  • Orliac C. & Orliac M. Isla de Pascua: historia del pueblo rapanui. Moai Editions. 57 pp. (2024).
  • Yasumoto T. y col. Finding of a dinoflagellate as a likely culprit of ciguatera. In: Nippon Suisan Gakkaishi, 43, pp. 1021–1026. (1977)