No es Noctiluca todo lo que reluce

Imagen de portada: mar de ardora en la ría de Vigo. Autor: Buceo Islas Cíes.

En la última semana se han publicado muchísimas imágenes de mareas rojas en las Rías Baixas, sobre todo en las de Vigo y Pontevedra, asociadas con bioluminiscencia («mar de ardora» le decimos por aquí). El aspecto de las manchas es el típico de Noctiluca. Su tamaño (cerca de 1 milímetro) permite observarlas a simple vista y si llenas una botella verás miles de bolitas flotando en una capa anaranjada (parecen aceite).

De ellas he escrito numerosas veces en estos 11 años (ay josús…). Si escriben «Noctiluca» en el buscador del blog descubrirán entradas como esta o esta otra con más información sobre ellas. Hoy nos bastará con recordar que son dinoflagelados heterótrofos (no realizan fotosíntesis), que zampan gran variedad de plancton.

Dejemos las Rías Baixas y el «Vigocentrismo». En meses anteriores, durante julio y agosto, se publicaron numerosas noticias en prensa, televisión y RRSS sobre mares de ardora en A Costa da Morte («Un baño no mar de ardora coa Vía Láctea de compañeira en Corme«; GCIENCIA, 8-VII-2021; «¿Cuándo y por qué arde el mar de la Costa da Morte?»; La Voz de Galicia, 13-VII-2021).

En cuanto a los vídeos destacaría este enlace de @drewkorme entre el 15-16 de agosto en Ermida (Corme). En su cuenta de instagram descubrirán imágenes preciosas. Pero como no puedo enlazar su vídeo desde facebook aquí va otro de una playa cercana (Niñóns, Ponteceso), de Oscar Blanco.

Las Rías Altas de Galicia poseen un encanto natural único. Y zonas como Carnota y la Ría de Corme e Laxe parecen idóneas para disfrutar de la ardora durante el verano. Es sólo una impresión subjetiva porque no hay registros sistemáticos ni seguridad al 100% de que la vayas a ver. Sobre esto hablaremos al final…

Basta leer noticias como «Cinco playas gallegas para disfrutar del Mar de Ardora» (La Voz de Galicia, 1-IX-2021) para darse cuenta de que A Costa da Morte es un destino interesante para disfrutar de la ardora.

Además, alejada de grandes ciudades, dicha región posee mucha menos contaminación lumínica que las Rías Baixas o el área de influencia de A Coruña donde si no ponemos farolas cada 50 metros alumbrando al mar no nos quedamos tranquilos (no vaya a ser que salga un Kraken y no lo veamos).

Animado por estas noticias (y antes de que las Noctilucas invadiesen el sur de Galicia), nos fuimos a la Ría de Corme e Laxe (mi chica y yo) el 29 de agosto con el objetivo de ver la ardora. Y por supuesto también para recoger muestras y examinarlas en el IEO de Vigo.

Aquel mismo día de mañana observamos una marea roja en la playa de Laxe. O eso parecía…porque al acercarnos resultó ser una acumulación de macroalgas de aspecto plumoso, muy finas. Teñían la orilla de color vino tinto pero no había ninguna proliferación de fitoplancton…

Una de las playas que citaron en prensa para ver ardora era la de Rebordelo (Cabana de Bergantiños), a 5 minutos en coche de Laxe. Durante la tarde escuchamos conversaciones en terrazas y restaurantes donde hablaban también sobre ella. Así que fuimos a Rebordelo la noche del 29 al 30 de agosto.

Rebordelo. Fuente: ACostaDaMorte.info

A la playa se llega por una carretera estrecha y muy empinada. Mientras discutíamos si habría suerte nos sacó de dudas un fulgor azul a lo lejos. A las 22:30 llegamos andando al arenal y para entonces el acceso ya estaba atascado de coches haciendo cola para aparcar.

La orilla de la playa estaba llena de gente con móviles y cámaras registrando el espectáculo de las olas iluminadas por la ardora.

Pasamos allí casi dos horas. Me bañé con precaución: el mar estaba en calma y el agua fresca pero soportable. El más mínimo movimiento hacía que la ardora iluminase el mar mientras rompían olas azules en la ensenada y en la orilla.

No conseguí grabarla pero dada la cantidad de imágenes y vídeos que se publican lo importante es disfrutar del espéctaculo ¡¡y apagad los flashes por favor!! ¡¡y las linternas hacia el suelo por favor!!.

El desfile de coches iluminaba la playa ocultando la bioluminiscencia y hasta que no paró un poco el tráfico no se pudo apreciar la ardora en todo esplendor.

Cuando regresamos a Laxe revisé las muestras de Rebordelo y a simple vista no veía nada en el agua. No tenían color y tampoco bolitas de Noctilucas. Mantuve las muestras en un lugar fresco y al día siguiente las observé al microscopio en el IEO de Vigo.

Confirmé que no había ni una Noctiluca pero bullían multitud de dinoflagelados, principalmente del género Alexandrium. A bote pronto había dos tipos de células según su tamaño: A. minutum (pequeñito y escaso) y un Alexandrium gordito y redondo que llenaba la muestra y danzaba sin parar.

También había Lingulodinium polyedra de mayor tamaño todavía, poco abundante pero fácil de distinguir por su aspecto acorazado y poliédrico. Muchas especies de Alexandrium (excepto A. minutum) producen bioluminiscencia ¡y Lingulodinium también! Así que todo encajaba.

Faltaba confirmar qué especie de Alexandrium dominaba la muestra. La principal sospechosa era A. tamarense aunque en vivo no hay forma de distinguirla (al menos yo) de otra muy similar: A. ostenfeldii.

Tiñendo sus placas de celulosa pueden discriminarse mediante epifluorescencia gracias a un poro situado entre dos de sus placas. Si dicho poro es diminuto (o no lo puedes ver) se trata de A. tamarense. Y así fue: las células que conseguí observar en la posición adecuada cumplían esa condición.

Células de A. tamarense aisladas de la ardora de Rebordelo. La flecha blanca indica el poro del que les hablé (Vp; no visible en la imagen de la izquierda). Imagen de epifluorescencia obtenida en el IEO de Vigo. Autor: F. Rodríguez

Días después las secuencias genéticas (LSU y ITS rADN) de dos células confirmaron que se trataba de Alexandrium tamarense. Así que dicha especie es seguramente la que produce la ardora en Rebordelo y otras playas cercanas…y me atrevo a decir que en Carnota también.

En la Ría de Corme e Laxe no hay bateas de mejillón. El Instituto Tecnológico para el Control del Medio Marino de Galicia (INTECMAR) posee allí una estación de muestreo (C5) de condiciones ambientales y fitoplancton. Está localizada en Ponteceso, en la desembocadura del río Anllóns en el interior de la Ría. Y a posteriori, en los recuentos de fitoplancton de la semana siguiente destacaba Alexandrium spp. con más de 85.000 células/litro.

Alexandrium tamarense no es tóxico. Aunque si hacen una búsqueda en internet descubrirán que se cita como especie tóxica. La confusión tiene que ver con el hecho de que se denominaron como A. tamarense lo que en realidad eran varias especies de Alexandrium.

A menos que seas un experto en morfología resulta francamente difícil diferenciar sin atisbo de dudas unas cuantas especies de este género. Dado el esfuerzo (y tiempo) que supone identificarlas suelen agruparse bajo la etiqueta de Alexandrium spp., y durante décadas se habló del «complejo de especies A. tamarense» para englobarlas.

En 2014 John y col. publicaron un estudio en el que por fin asignaban nombres válidos a lo que hasta entonces eran Alexandrium tamarense de los grupos I a V. Si quieren ampliar detalles ya conté esta historia en La importancia de llamarse Alexandrium.

Marie Victoire Lebour (1876-1971). Fuente: mujeresconciencia.com

¿Cuál es el verdadero Alexandrium tamarense? pues el antiguo grupo III, que corresponde con organismos aislados de la localidad tipo (donde se describió) y que también es el de Galicia.

Esta especie no es tóxica, a diferencia de otras del antiguo «complejo tamarense» (citados como A. tamarense tóxicos en estudios anteriores a 2014).

Marie V. Lebour describió A. tamarense en 1925. Y lo hizo con estas palabras…

(Goniaulax tamarensis) This little species was found up the river Tamar in estuarine water. Cell roundish, rather longer than broad. No apical horn […] Found only in the river Tamar estuary, near Plymouth.

The dinoflagellates of Northern Seas (Lebour, 1925)

Lebour mercería por sí sola una entrada aparte. Fue una ilustre bióloga que estudió diferentes organismos planctónicos, no solo microalgas sino también copépodos y fases larvarias de peces, moluscos y crustáceos.

Comenzó estudiando el microplancton en el Plymouth Marine Laboratory cuando ya tenía 39 años y allí fue donde desarrolló toda su carrera.

Sus libros sobre dinoflagelados y diatomeas fueron los primeros en lengua inglesa. En concreto «The Dinoflagellates of the Northern Seas«, que incluía entre otras la descripción de A. tamarense e ilustraciones propias (no se había descubierto el método de tinción de placas que les mencionaba antes, así que tiene un mérito impresionante con los medios de la época).

Desembocadura del río Anllóns en la Ría de Corme e Laxe. Autor: D. Lema. Fuente: minube

Alexandrium tamarense es una especie estuarina así que encontrarla en la playa de Rebordelo –y con total seguridad en las demás playas de la Ría de Corme e Laxe donde hay ardora– no es ninguna sorpresa.

La combinación del aumento de temperatura en verano y los aportes de agua dulce (menos densa) favorecen la estratificación de la capa superficial con abundantes nutrientes y luz, impulsando el crecimiento de las poblaciones de A. tamarense.

El río Anllóns desemboca en una amplia zona de marisma y en la imagen de satélite que verán a continuación se observan señales intensas de clorofila, a las que deben contribuir las poblaciones de A. tamarense.

Si fuesen Noctilucas no veríamos esa señal porque son heterótrofas (no contienen clorofila propia, aparte de la de sus presas a medio digerir).

Imagen de la desembocadura del río Anllóns, en la Ría de Corme e Laxe (Sentinel 2, tratada con un índice normalizado de clorofila). Autor: Jorge Hernández.

La Ría de Corme e Laxe es casi «de bolsillo» si la comparamos con otras muchas rías gallegas.

Desde el puerto de Laxe la podemos contemplar en buena parte…

Puerto y playa de Laxe. Autor: F. Rodríguez

No es de extrañar que la influencia del Anllóns favorezca el crecimiento de especies estuarinas como A. tamarense en varias zonas de dicha ría, manteniendo poblaciones locales y estimulando su proliferación estival año tras año.

A ello seguramente contribuye también la formación de quistes por esta especie y su permanencia en los sedimentos para «despertar» cuando las condiciones son idóneas.

La ardora en la playa de Carnota también es común durante el verano tal como asegura mi compañera Pilar Rial, asidua del lugar. Y adivinen…a la zona norte de esta inmensa playa llegan aportes de agua dulce que desembocan en la playa «Boca do Río». De hecho, en la colección de cultivos CCVIEO tenemos un A. tamarense aislado de Carnota de una muestra estival recogida por Pilar.

Carnota es la playa más grande de Galicia. Fuente: El Español

El interés que despierta la bioluminiscencia desde el punto de vista turístico ha crecido muchísimo a raíz de las imágenes y vídeos en estos últimos años. Incluso nos llegan consultas al IEO, directamente o a través de la Xunta de Galicia, de personas que quieren visitar Galicia y saber dónde ver la ardora.

No se puede saber con total certeza dónde y cuándo va a haber un mar de ardora espectacular.

Pero sí es posible tener más probabilidades de verlo con información actualizada. Ahora mismo sólo funciona el boca/oreja, las noticias de prensa y los avisos en redes sociales…

Pero veo posible (e interesante por varios motivos) desarrollar una aplicación móvil basada en «ciencia ciudadana» que registre avistamientos de ardora geolocalizados por particulares. Esta aplicación tendría además interés científico: si los datos se recogen de forma continuada a lo largo del tiempo podríamos estudiar tendencias espacio-temporales y relacionarlas con los organismos responsables. Y también obtener datos muy valiosos de cara a desarrollar herramientas predictivas.

Por último y no menos importante: todo esto debería ir acompañado de información adecuada y respeto por los valores medioambientales del entorno.

Volviendo al principio, las manchas anaranjadas de Noctiluca son fáciles de reconocer y dan pistas para buscar playas y zonas de costa con ardora en la/s noche/s siguiente/s. Pero aunque las veas de día, las corrientes puede que las desplacen y te lleves un chasco de noche. Lo mejor es tener paciencia y visitar varios lugares en los alrededores…

En el caso de A Costa da Morte y A. tamarense no tengo noticias de que se vean mareas rojas durante el verano. ¡Ni siquiera yo mismo lo comprobé en esta ocasión! Pero si alguien de ustedes tiene información les agradecería que dejen aquí sus comentarios ¡muchas gracias!

Rebordelo (26-VIII-2021, 4 días antes de la ardora de esta entrada). Autor: Antonio Fuentes Lema

NOTA: ¡Pues sí que había marea roja en Rebordelo! el 8 de septiembre de 2021, Antonio Fuentes Lema (@Tonhox4), publicó en twitter varias imágenes de la playa, tomadas el 26 de agosto, con el agua teñida de color marrón.

Este color es idéntico al de la marea roja de Alexandrium minutum que observamos en Vigo (junio-julio 2018).

Los dinoflagelados fotosintéticos con peridinina tiñen el mar de color marrón-rojizo, muy diferente al naranja de las Noctilucas que proliferan en nuestras costas.

Agradecimientos: a todos los que compartisteis imágenes conmigo para elaborar esta entrada, en especial a Jorge por la imagen de Sentinel 2 y a Antonio por confirmar la marea roja en Rebordelo.

Y gracias también a Basti (CACTI, UdV) que siempre hace lo posible por analizar y enviar las secuencias lo antes posible.

Referencias:

  • Dolan JR. Pioneers of plankton research: Marie Lebour (1876–1971) J. Plankton Res. 1–4. (2021).
  • John U. y col. Formal revision of the Alexandrium tamarense species complex (Dinophyceae) taxonomy: the introduction of five species with emphasis on molecular-based (rDNA) classification. Protist 165(6):779-804. (2014).
  • Lebour MV. The Dinoflagellates of the Northern Seas. Plymouth (UK), Marine Biological Association of the United Kingdom, 250pp. (1925).

Tiwanaku

Imagen de portada: ciudad de Tiwanaku (o Tiahuanaco). Fuente: lapaz.bo

El Titicaca es el lago navegable más elevado del mundo, un gigantesco oasis de origen glaciar a 3800 metros de altitud. El principal destino turístico de Bolivia, en la meseta del altiplano de los Andes, compartido con Perú.

Su presencia suaviza el clima de la región, aumentando la humedad y la productividad de la tierra. Una tierra ocupada y trabajada por diversas civilizaciones y culturas desde hace más de 4000 años.

(Isla flotante en el Titicaca. Fuente: El Confidencial)

La cultura precolombina que mejor lo simboliza fue la de Tiahuanaco (o Tiwanaku, en el valle del mismo nombre al sureste del Titicaca).

Tiwanaku floreció entre los siglos VI-XI y fue una de las civilizaciones más longevas e importantes de Sudamérica. Su dominio no era militar sino que ejerció su influencia gracias al comercio, la agricultura y su prestigio religioso.

Explotaban una agricultura intensiva sobre campos de cultivo en márgenes inundables y planicies (pampas) del lago. En concreto, expandieron dichos cultivos en la cuenca sureste del Titicaca: el lago menor, Wiñaymarka (o Huiñamarca), comunicado mediante un estrecho de <1km.

Mapa de la región del Titicaca. Fuente: Geocaching

Dicha agricultura, combinada con la producción de maíz en otras regiones y el pastoreo de camélidos (llamas y alpacas; domesticadas a partir de guanacos y vicuñas), permitieron un comercio a larga distancia durante 600 años.

Esta unidad política y religiosa se deshizo alrededor del 1100 y sobre las razones del declive de Tiwanaku sobrevuelan varias hipótesis, como un periodo de sequía prolongado en la región.

Después de Tiwanaku, la ocupación del lago continuó en manos de poblaciones autónomas que explotaron las zonas cultivables hasta la llegada del imperio Inca allá por 1450.

¿El final de Tiwanaku se debió al clima?

Los cambios climáticos siempre se incluyen entre las causas del auge y caída de civilizaciones antiguas, por su dependencia de la agricultura estable (el maíz en las culturas precolombinas) y el suministro de agua (por la necesidad de periodos húmedos y secos a lo largo del año).

Para estudiar las variaciones del clima tenemos el registro arqueológico, que nos ofrece datos de distintos tipos y que a su vez podemos enfrentar a los cambios socioculturales…en este caso en la región del Titicaca.

¿Y cómo estudiar oscilaciones climáticas en una zona con un lago inmenso? Pues podemos usar los fósiles del plancton, en concreto los que dejan las diatomeas y sus cubiertas de sílice durante miles de años en los sedimentos.

Las diatomeas son un componente abundante del fitoplancton con estilos de vida diversos y multitud de especies. Y sabiendo esto dos estudios recientes (Weide y col. 2017; Bruno y col. 2021) las emplearon para estimar variaciones de profundidad y salinidad en el Wiñaymarka.

Salar de Uyuni, la mayor reserva de litio del mundo. Fuente: LonelyPlanet

El Titicaca posee una superficie de 8562 km2 (medio lago Ontario, un poco menos…), de los cuales el Wiñaymarka ocupa 1470 km2.

Este último es el que más nos interesa por su relación con el valle de Tiwanaku.

Además, su menor tamaño -y estrecha conexión con el lago mayor- hacen que su nivel sea más sensible a las fluctuaciones del clima. Y sus diatomeas reflejarán mejor esos cambios…

Durante los períodos secos, en los últimos miles de años, la comunicación entre el lago mayor y el Wiñaymarka se ha visto limitada o incluso interrumpida.

Ello provoca que la evaporación baje el nivel de su cuenca y aumente la salinidad.

Llevado al extremo el lago podría evaporarse y dejar en su lugar un salar inmenso. Tal cosa no sucedió en el Titicaca pero si en un inmenso lago que existió también en el altiplano de Bolivia: el actual salar de Uyuni. Perfectamente visible en el siguiente mapa como una extensión blanca al sur del Titicaca.

Las variaciones climáticas y sus efectos sobre el nivel del Titicaca son un poderoso motor evolutivo para las diatomeas.

Como ejemplo se han relacionado distintos periodos climáticos -a lo largo de los últimos 400.000 años- con los cambios de tamaño en una especie endémica y dominante en la actualidad: Cyclostephanos andinus (Imagen: geog.ucl.ac.uk).

Para reconstruir los períodos climáticos (4.000 años) en el Wiñaymarka se obtuvieron muestras de sedimentos (hasta unos 40 m de profundidad) y se dividieron los fósiles de diatomeas en 5 grupos ecológicos:

1>planctónicas de agua dulce: viven en la columna de agua a salinidades bajas (Cyclostephanos andinus, Discostella stelligera y Fragilaria crotonensis).

2>planctónicas halotolerantes: pueden vivir en agua dulce o moderadamente salina (Cyclotella meneghiniana)

3>bentónicas: habitan en sustratos iluminados en aguas someras (p.ej. Nitzschia denticulata y Epithemia spp.)

4>epífitas: crecen adheridas sobre plantas (Cocconeis spp.)

5>salinas: necesitan salinidades superiores a 2g L-1 para sobrevivir (Chaetoceros sp., Fragilaria zelleri).

Todo esto que les acabo de contar es un ejemplo de como la (mal) llamada «ciencia básica» (en este caso taxonomía y ecología de diatomeas), puede contribuir a otro tipo de estudios, en este caso antropológicos.

Evolución de los 5 grupos principales de diatomeas a lo largo de los últimos 4000 años en el Lago Wyñaymarka. Autor: Bruno y col. (2021), modificado de Weide y col. (2017). Fuente: Researchgate

La aproximación es cualitativa pero permite recrear los cambios de nivel que sufrió el lago y relacionarlos con otros indicadores arqueológicos (plantas, animales y registro geológico).

En los periodos secos el Wiñaymarka tenía menos profundidad y dominaban diatomeas epífitas y bentónicas. Cuando se reducía y aislaba su cuenca de la principal, la salinidad aumentaba favoreciendo a las diatomeas salinas.

Al recuperarse el nivel del agua y aumentar la profundidad las especies halotolerantes ocupaban ese nicho de salinidades intermedias y aguas más profundas, desplazando el dominio de diatomeas bentónicas y epífitas.

Finalmente, si el nivel sube a valores como los actuales lo que predominan son especies de agua dulce.

Los resultados fueron muy reveladores y señalaron esos cambios. El Wiñaymarka osciló entre niveles bajos y salinidades moderadas desde el inicio de la serie histórica (4000 A.C.) hasta el año 700. Durante dichos siglos el clima no era estático, pero las diatomeas de agua dulce siempre eran minoritarias.

A partir de entonces aumentaron su presencia y esto sólo sucede si el Wiñaymarka crece al máximo y desborda por la única salida del Titicaca: el río Desaguadero.

Este primer aumento pareció frenarse alrededor del año 1120, justo al final de la civilización de Tiwanaku. Y dió paso a un nuevo incremento -150 años después- que lo dejó en niveles como los actuales.

Así pues, el Wiñaymarka alcanzó por vez primera dimensiones comparables a las presentes a mediados del período de Tiwanaku. Y en siglos anteriores siempre estuvo en niveles inferiores.

Las diatomeas nos dicen que la influencia de Tiwanaku se extendió a lo largo de climas secos (con sequías moderadas), y húmedos parecidos al actual. Y que su desaparición no coincidió con ninguna sequía catastrófica.

Esto apoyaría la hipótesis de cuestiones políticas y sociales (no tanto climáticas), como motivo principal de la desaparición de Tiwanaku.

Pero la sequía prolongada sí existió. Tanto diatomeas como marcadores geológicos sí coinciden en señalar una gran sequía después de Tiwanaku (alrededor del año 1200).

Pastora y rebaño de ovejas y llamas en el Titicaca. Fuente: alamy

La conclusión es que no se pudo establecer una relación directa entre las oscilaciones del lago y los cambios socioculturales de sus pobladores en el pasado.

La región ha sufrido variaciones climáticas contínuas y cada período arqueológico ha incluido condiciones secas y húmedas.

Pero lejos de expulsar a la población, las distintas culturas en el Titicaca se adaptaron a dichas variaciones manteniendo una ocupación y uso constante de su zona de influencia durante miles de años.

Las poblaciones indígenas actuales aplican su sabiduría de los ciclos de lluvia y el nivel del lago para gestionar los recursos naturales.

De este modo combinan y planean actividades ganaderas, pesqueras y agrícolas a lo largo del año (incluyendo la quinoa real, originaria del altiplano). Aplican un conocimiento milenario heredado de los antiguos pobladores de estas tierras…

Referencias:

  • Bruno M.C. y col. The Rise and Fall of Wiñaymarka: Rethinking Cultural and Environmental Interactions in the Southern Basin of Lake Titicaca. Human Ecol. 49(2): 131-145 (2021).
  • Spanbaeur T.L. y col. Punctuated changes in the morphology of an endemic diatom from Lake Titicaca. Paleobiol. 44(1):88-100. (2018).
  • TRÓPICO. Libro de Viaje – Lago Titicaca (entre cultura y naturaleza). TRÓPICO – Red Lagos Vivos de América Latina y el Caribe. Banco Interamericano de Desarrollo?. 207 pp. (2011).
  • Weide D.M. y col. A ~6000 yr diatom record of mid-to late Holocene fluctuations in the level of Lago Wiñaymarca, Lake Titicaca (Peru/Bolivia). Quat. Res. 88(2):179-192 (2017).

Una cena alucinante

Imagen de portada: araña saltarina. Autor: A. Navarro. Fuente: RTVE

I’ve seen things, you people wouldn’t believe…

(Blade Runner, 1982)

¿Su edad, nombre y apellidos por favor?

-40 años. Mi nombre es M*** T***.

Bien, gracias. ¿Podría explicar qué le ha sucedido, por qué está aquí?

-Hmm,…disculpe, aún sigo algo confuso.

No hay prisa, tranquilo. Veamos ¿cuándo comenzó a encontrarse mal?

-Ayer por la noche, un par de horas después de cenar. Pedí pescado en un local de Cannes y me sentó fatal: náuseas, vómitos, vaya nochecita. Por la mañana estaba mejor del estómago, pero estaba muy débil. Pensé «al diablo las vacaciones», cojo el coche y me vuelvo a casa. Preparé la maleta como pude y salí de Cannes. No llevaba conduciendo ni media hora cuando comenzó todo.

¿Todo, qué es todo?

-Pues…primero no veía bien, el paisaje se hizo borroso. Frené para evitar un accidente y descansar un poco, eso pensaba. Entonces estallaron unos chillidos salvajes, como si estuviese en medio de la jungla. Imagínese. Miré a un lado y a otro sin atreverme a salir. Busqué mi móvil pero noté que una sombra tapaba el coche. Miré hacia arriba y allí estaba: el vientre de una especie de escarabajo, con las patas colgando ¡como caído del cielo!. Apenas unos segundos y se esfumó.

Mi corazón a mil. Y entonces arañas ¡muchas arañas! casi tan altas como el coche. Bien juntas, una detrás de otra, corrían, saltaban ¡como si nada! ¡Dios! no sabía dónde meterme. Pero tenía el móvil. Atiné a marcar el número de emergencias para pedir auxilio…y aquí estoy.

Lo que acaban de leer se basa en un caso real sucedido en la riviera francesa en abril de 1994, publicado por de Haro y Pommier (2006), del Hospital Salvator en Marsella.

(Panorámica de Cannes. Fuente: Sofitel)

El diálogo es imaginario pero las circunstancias son verídicas. Varón, 40 años, ejecutivo. Tuvo que echarse a un lado de la carretera porque veía artrópodos gigantes. Ingresó en el hospital con taquicardia sinusal por el susto, ningún otro síntoma. 36 horas después no recordaba nada de «aquello». Cenó salema (Sarpa salpa).

El ictiosarcotoxismo es una intoxicación por la ingestión de carne de peces venenosos que se caracteriza por diversos trastornos digestivos y neurológicos.

(Gambierdiscus. Autor: F. Rodríguez)

Una de las formas más conocidas es la ciguatera, que hemos tratado aquí numerosas veces (p.ej. El beso de la ciguatera). La ciguatera es una intoxicación alimentaria que afecta al sistema nervioso periférico asociada a ciguatoxinas producidas por dinoflagelados (Gambierdiscus).

Pero existe otra forma de ictiosarcotoxismo más inusual –ictioalieinotoxismo– que afecta al sistema nervioso central y cuyos síntomas son alucinaciones.

Estas desaparecen en pocas horas y ello supone una diferencia importante con la ciguatera cuyos síntomas pueden prolongarse durante meses (las recaídas son incluso peores) y ocasionar la muerte en casos severos.

de Haro y Pommier incluyen 16 especies de peces relacionadas con alucinaciones. Todos los episodios de alucinaciones (insisto, TODOS), se han registrado en aguas cálidas del Índico, Pacífico y Mediterráneo (Hawaii, Túnez, Mauricio, Isla Reunión, etc.). Y entre dichos peces citan meros (Epinephelus corallicola), mugílidos (p.ej. Mugil cephalus), peces cirujano (Acanthurus), conejo (Siganus), etc. Los modos de alimentación de este menú alucinógeno incluyen de todo: herbívoros, carnívoros y omnívoros.

Salema (Sarpa salpa). Fuente: viajemarino

Algunos de esos peces tienen motes populares asociados a sus efectos. Así, a las salemas (Sarpa salpa, como la que cenó el ejecutivo cuarentón en Cannes) las conocen en árabe como «el pez que produce sueños«.

Y en varias islas de Hawaii a Mulloidichthys samoensis (una especie de pez cabra) le llaman «el jefe de los fantasmas«…

La confusión entre ciguatera e ictioalieinotoxismo surge de que –en algunos casos– las intoxicaciones por ciguatera (especialmente en el Índico) suman a los síntomas habituales otros como depresión, pesadillas y alucinaciones (p.ej. 16% de 477 pacientes entre 1986-1994 en Isla Reunión).

No hay evidencias sobre las sustancias que provocan las alucinaciones. Varios estudios las relacionan con algas y fitoplancton ingeridos por los peces a través de la dieta: macroalgas de la familia Caulerpaceae (en concreto por el alcaloide caulerpina), y/o microalgas tóxicas (dinoflagelados como Gambierdiscus, etc.).

Las publicaciones sobre este asunto sugieren que la probabilidad de que los peces te hagan pasar un mal rato varía según la época, región y modo de preparación. Para profundizar en ello lo primero es analizar los peces ¿no?

Pues con esa intención Bellasoued y col. (2012) estudiaron el contenido estomacal de 228 salemas recogidas a lo largo del año en el sureste de Túnez. Las salemas son un pescado barato de consumo habitual en la región, pero entre verano y otoño se desaconseja comerlas porque es más probable que sean alucinógenas.

En este trabajo descubrieron que las salemas pasaban mucho de Caulerpa y se alimentaban principalmente de hojas de Posidonia oceanica (con las que ingieren de paso los epífitos que habitan sobre ellas). Así que de Caulerpa y caulerpina, nada de nada…

Confirmaron que la presencia de dinoflagelados, incluyendo especies potencialmente tóxicas, aumentó mucho en las salemas a finales de primavera y en el verano. Pero en ningún caso descubrieron Gambierdiscus sino diversas especies de Prorocentrum, Ostreopsis, Coolia y Amphidinium, comunes en comunidades bentónicas de aguas cálidas.

A ello se suma que no se han confirmado (que yo sepa), brotes locales de ciguatera en el Mediterráneo. La presencia de Gambierdiscus en el Mediterráneo es minoritaria y no desarrolla proliferaciones como sí ocurre en otros dinoflagelados como Ostreopsis o Coolia. El único ejemplo que conozco sucedió en Israel donde se intoxicó una familia tras cenar pez conejo (Siganus). Y aunque se publicó como un caso «inusual» de ciguatera lo cierto es que sólo duró 12-30 horas y produjo alucinaciones…saquen ustedes sus propias conclusiones.

En el trabajo de Bellasoued y col. (2012) no analizaron toxinas en peces, pero sí un indicador de su posible presencia: actividades de enzimas antioxidantes en hígado, cerebro y carne. Y sus conclusiones fueron que los aumentos estacionales de dinoflagelados tóxicos se correlacionaban con la actividad antioxidante: primero empezando por el hígado y luego extendiéndose al cerebro y a la carne.

Esa actividad antioxidante no la encontraron en otra especie de pez «control» (Diplodus annularis) que habita en la misma zona pero que no ingiere dinoflagelados tóxicos en su dieta.

En otro estudio los mismos autores encontraron actividad citotóxica (en células humanas de hígado) de extractos tanto de epífitos de Posidonia como de hígado de salemas, pero no en los de su carne o cerebro. Así que recomendaron no comer hígados de salema (¡si es que alguien lo hacía!).

La historia de hoy surge de un tuit de @QueirugaRogelio que mencionaba los efectos alucinógenos de las salemas del Mediterráneo y la respuesta de @diversimar, que citaban a Bellasoued y col. (2012) preguntando si podría ocurrir en otros lugares. Pues ya ven: sólo en aguas cálidas.

En el caso concreto de Galicia, las comunidades bentónicas incluyen a géneros de dinoflagelados como Coolia, Prorocentrum, Amphidinium, algunos de ellos con especies potencialmente productores de toxinas. Pero no producen proliferaciones.

Además, la presencia de dinoflagelados tóxicos como Ostreopsis y Gambierdiscus no se ha documentado hasta la fecha en Galicia, donde el afloramiento estacional supone una barrera natural para el asentamiento de poblaciones estables adaptadas a temperaturas más cálidas.

Como saben los asiduos al blog los únicos brotes locales de ciguatera en España se han registrado en Canarias (p.ej. De repente la ciguatera).

Con la cantidad de proteína de pescado que se consume en Galicia si tuviésemos especies alucinógenas ya las conoceríamos ¡y seguro que también tendrían motes populares!

Referencias:

  • Bellasoued K. y col. Antioxidant response of a common herbivorous fish species (Sarpa salpa): Seasonal variation. Ciencias Marinas 38:57-71 (2012).
  • Bellasoued K. y col. Evaluation of cytotoxic compounds in different organs of the sea bream Sarpa salpa as related to phytoplankton consumption: an in vitro study in human liver cell lines HepG2 and WRL68. In Vitro Cell.Dev.Biol.—Animal 48:528-534 (2012).
  • de Haro L. & Pommier P. Hallucinatory Fish Poisoning (Ichthyoallyeinotoxism): Two Case Reports From the Western Mediterranean and Literature Review. Clin. Toxicol. 44:185-188 (2006).
  • Karalis T. Three clusters of ciguatera poisoning: Clinical manifestations and public health implications. Med. J. Aust. 172:160–162 (2000).
  • Quod J.P. & Turquet J. Ciguatera in Reunion Island (SW Indian Ocean): Epidemiology and clinical patterns. Toxicon 34:779-785 (1996).
  • Raikhlin-Eisenkraft B & Bentur Y. Rabbitfish («Aras»): An Unusual Source of Ciguatera Poisoning. Isr. Med. Assoc. J. 4:28-30 (2002).
  • Vilariño N. y col. Human Poisoning from Marine Toxins: Unknowns for Optimal Consumer Protection. Toxins 10:324 (2018).

El incidente Caruaru

Imagen de portada: bloom de Microcystis aeruginosa (playa de São Lourenço do Sul). Fuente: Lemes y col. (2015)

El agua es parte esencial del cuerpo humano

Para ser exactos entre el 50-60% de nuestro peso. De ella y de las sustancias que contiene depende nuestra supervivencia. Como el plasma, parte líquida de la sangre que además de sales, nutrientes, etc., transporta desechos que debemos eliminar.

Y aquí es donde llegamos a los riñones, los órganos vitales que limpian la sangre filtrando unos 180 litros al día.

Su importancia la resume el dicho popular de que algo muy caro (o que necesita mucho esfuerzo) «cuesta un riñón«. La tarea básica de los riñones es la eliminación y regulación de líquidos. Nos libran de compuestos perjudiciales devolviendo a la sangre sustancias vitales (agua, glucosa, sal, etc.) para mantener en equilibrio a nuestro organismo.

En caso de insuficiencia renal (<10% de función renal) no queda más remedio que abordar terapias como diálisis o transplantes. Existen dos tipos de diálisis: hemodiálisis y diálisis peritoneal.

En la hemodiálisis un riñón artificial (dializador) cumple la función de depurar la sangre. Contiene un filtro con dos partes, una para la propia sangre y otra para un líquido de baño o lavado: el dializado.

La sangre y el dializado entran en contacto separados por una membrana. Al inicio del tratamiento se practica una cirugía menor al paciente como vía de acceso para el dializador.

La sangre circula en dirección contraria al dializado, que la limpia por difusión. Normalmente se hacen 3 sesiones de 4 horas de duración por semana.

Los elementos más importantes y de mayor tamaño de la sangre (células sanguíneas, proteínas, etc.) permanecen en la sangre que llega al dializador.

A través de la membrana se difunden productos de desecho como urea, creatinina (e iones como Na y K), que pasan al dializado y se eliminan. El líquido de lavado se puede modificar según las necesidades de cada paciente.

El incidente Caruaru

Caruaru es una ciudad minera en el estado de Pernambuco, en Brasil.

A comienzos de 1996, tras una larga sequía, la ciudad sufrió cortes en el suministro de agua corriente. Esto puso en dificultades a las dos clínicas de diálisis de Caruaru (privadas pero con subvención parcial del gobierno).

Embalse de Tabocas. Fuente: wikimedia commons.

El agua empleada en la diálisis procedía de la red de abastecimiento municipal, tomada del embalse de Tabocas a unos 40 km de distancia.

Tras su depuración previa para el suministro público, las clínicas de diálisis realizaban una purificación adicional pasándola a través de columnas de arena, carbón y resinas de intercambio iónico, antes de atravesar un filtro de microporos. Las columnas se regeneraban cada 3 días.

Pero algo cambió durante la sequía.

Al fallar el suministro público, entre el 13 y 17 de febrero, una de las clínicas recibió el agua desde Tabocas mediante camiones cisterna. El único tratamiento previo fue añadir altas concentraciones de cloro y luego la clínica elaboró el dializado usando el procedimiento habitual.

Esa clínica era el Instituto de Doenças Renais (IDR) y tenía 126 pacientes en su programa de hemodiálisis. En cuanto les practicaron la diálisis con aquella agua desarrollaron síntomas neurológicos (alteración visual, náuseas, vómitos, etc.), evidenciando daños hepáticos en el 89% de los pacientes.

La primera muerte se produjo el 20 de febrero. El 6 de marzo había 10 víctimas y clausuraron la unidad de diálisis trasladando a los pacientes a Recife. Pero el daño ya estaba hecho. El 4 de agosto habían fallecido 55 personas, con un recuento final de 60 víctimas.

Las muertes se produjeron por daños hepáticos o indirectamente por complicaciones como sepsis, sangrado gastrointestinal y problemas cardiovasculares.

¿Cuál fue el motivo? ¿qué tenía aquella agua?

Estructura de las microcistinas. Las abreviaturas indican los aminoácidos que incluyen. A, alanina; L, leucina; R, arginina; Y, triptófano. Fuente: Pérez-Morales y col. (2016).

Los análisis iniciales de suero sanguíneo buscaban contaminantes como metales pesados, pesticidas, cloraminas…y no detectaron nada anormal.

Pero cuando se planteó que pudiesen ser toxinas de cianobacterias, los resultados demostraron la presencia de microcistinas (-YR, -LR y -AR). La microcistina-LR es la más tóxica.

Las microcistinas son heptapéptidos cíclicos. Se conocen más de 200 variantes en la actualidad.

Provocan potentes efectos hepatotóxicos e inhiben proteínas fosfatasas en mamíferos con graves consecuencias (p.ej. daños al ADN y necrosis celular).

También son promotoras de tumores de hígado en animales de laboratorio. Un desastre total, vamos.

Los estudios patológicos en muestras de hígado de los pacientes afectados mostraron alteraciones idénticas a las observadas en animales domésticos y salvajes intoxicados con microcistinas (i.e., ruptura de placas celulares hepáticas y otras deformidades).

Las cianobacterias dominantes en el embalse de Tabocas son tropicales. El examen de las comunidades de fitoplancton en años anteriores demostró que las cianobacterias (Microcystis, Anabaena y Cylindrospermopsis) eran el componente dominante desde 1990. Su proliferación en cuerpos de agua como los embalses se debe a condiciones ambientales favorables (confinamiento, elevadas temperaturas) y un mayor aporte de nutrientes a menudo de origen antropogénico.

Cianobacterias en el embalse de Salto Grande (Brasil). A) Microcystis sp., B,M) Cyanobium sp., C) Calothrix sp., D) Chroococcidiopsis sp., E) Romeria victoriae, F) Microcystis panniformis, G) Synechococcus nidulans, H) S. elongatus, I) Microcystis sp., J) Lyngbya sp., K,L) Leptolyngbya sp. Fuente: Genuário y col. (2016).

En el periodo previo y durante las intoxicaciones en febrero de 1996 no se recogieron muestras. Pero un primer estudio tras la intoxicación mostró poblaciones diversas entre marzo-mayo de 1996 incluyendo Aphanothece, Aphanizomenon, Chroococcidiopsis y Microcystis, entre otros géneros.

Años después se analizaron muestras recogidas a finales de marzo de 1996, demostrando que las cianobacterias representaban el 99% de la comunidad de fitoplancton, con más de 20 millones de células/litro (principalmente Aphanizomenon manguinii y dos especies de Oscillatoria).

Las principales productoras de microcistinas incluyen por supuesto a Microcystis, pero también Planktothrix, Oscillatoria, Anabaena y Aphanizomenon.

Las microcistinas son las únicas cianotoxinas para las que la OMS ha dictado pautas sanitarias, con límites de seguridad establecidos en agua potable de 1 μg/L/día de microcistina-LR (y un nivel medio de alerta de 20 μg/L).

Pues bien. En el suero de los pacientes intoxicados se detectaron hasta 10 μg/L de microcistinas y se estima que el agua en origen contenía hasta 19,5 μg/L.

En el material de las columnas de filtración de agua de la clínica IDR se descubrieron restos intactos y fragmentos de microalgas y cianobacterias, además de otras cianotoxinas (cilindrospermopsinas).

Los tratamientos de hemodiálisis empleaban unos 120 litros de agua por persona, así que ya se imaginarán que la concentración de cianobacterias y cianotoxinas en Tabocas fueron más que suficientes para causar intoxicaciones agudas en los infortunados pacientes del IDR.

El incidente de Caruaru planteó la necesidad de incluir a las cianotoxinas en el control del agua y mejorar las técnicas de tratamiento previas a la diálisis. A raíz de aquel suceso Brasil introdujo -en el año 2000- cambios legislativos incluyendo a cianobacterias y cianotoxinas en el control de calidad del agua para el consumo humano.

Agradecimientos: la historia de hoy surgió de una cita de Luiz Mafra durante su presentación «O que há de novo no outro lado do Atlântico? Estudos recentes sobre Microalgas Nocivas e Toxinas no litoral brasileiro» durante las sesiones online de la XIV Reunión Ibérica de Biotoxinas Marinas y Fitoplancton Nocivo, REDIBAL (29 y 30 de junio 2021).

Referencias:

  • Azevedo SM y col. Human intoxication by microcystins during renal dialysis treatment in Caruaru-Brazil. Toxicology 181-182:441-446 (2002).
  • Drobac D. y col. Effects of cyanotoxins in humans. Arh Hig Rada Toksikol 64:305-316 (2013).
  • Genuário DB y col. Cyanobacterial community and microcystin production in a recreational reservoir with constant Microcystis blooms. Hydrobiologia 779:105–125 (2016).
  • Jochimsen EM y col. Liver failure and death after exposure to microcystins at a hemodialysis center in Brazil. N Engl J Med 338:873-878 (1998).
  • Komárek J. Background of the Caruaru tragedy; a case taxonomic study of toxic cyanobacteria. Alg Studies 103:9-29 (2001).
  • Pérez-Morales A. y col. Estado actual del estudio de cianobacterias dulceacuícolas formadoras de florecimientos en el centro de México. p. 408-421. En: García-Mendoza E. y col. (eds.). Florecimientos Algales Nocivos en México. Ensenada, México. CICESE. 438 pp. (2016).
  • Pouria S. Fatal microcystin intoxication in haemodialysis unit in Caruaru, Brazil. Lancet 352:21–26 (1998).
  • Turner AD y col. Analysis of Microcystins in Cyanobacterial Blooms from Freshwater Bodies in England. Toxins 10:39 (2018).
  • Fuentes Web: National Kidney Foundation. Hemodiálisis, lo que necesita saber (2006).

La burbuja de cristal

Imagen de portada: Randy. Fuente: Mer&Ocean

En un lugar llamado Lorbé existe una calle dedicada a un delfín: a rúa do golfiño. Conozco muy bien el sitio, mi mujer es de allí, pero no tenía los detalles de la historia. Sólo que años atrás había aparecido un delfín en el puerto de Lorbé (Oleiros, provincia de A Coruña).

Puerto de Lorbé (Oleiros, A Coruña). Fuente: Turismo de Galicia

Desde el último verano y en las últimas semanas se multiplicaron en prensa las noticias de un delfín solitario en la ría de Muros-Noia. Una cosa llevó a la otra y

…aunque en Lorbé hay proliferaciones nocivas de fitoplancton y una producción de mejillones en batea famosos por su tamaño y calidad…

…con permiso de las microalgas (y el marisco) los protagonistas de hoy serán cetáceos. No soy experto en el tema ni nada que se aproxime, así que me encantaría leer comentarios de los que sí saben y quieran aportar algo a la entrada de hoy.

A los animales les atribuimos emociones casi humanas. Intentamos entenderlos y empatizar con ellos. Pero nadie puede imaginar qué se le pasa por la cabeza a un perro o a un gato, y mucho menos a un animal salvaje por muy simpático que sea.

Los animales salvajes no nos necesitan. Bastante tienen con sobrevivir, reproducirse y transmitir sus genes a la siguiente generación. El contacto con personas es algo que puede resultar peligroso para ellos y para nosotros.

Todo depende del animal (y de tener un poco de sentido común). Por ejemplo, ¿cuáles son los límites que debemos mantener con un oso grizzly? ¿a alguien le interesa conocerlos? pues sí, le interesaban a Timothy Treadwell. En uno de los documentales que haya visto que más me han impactado, «Grizzly man» (2005), Werner Herzog repasó la historia de este hombre y su fascinación por unas criaturas cuyo nombre científico es Ursus arctos horribilis (oso gris, subespecie del oso pardo).

Fotograma de Grizzly Man (2005). Fuente: MUBI

Treadwell convivió durante un tiempo en Alaska con los grizzlies. De ahí las imágenes preciosas de esta película y su desenlace aterrador (que el director trató con mucha delicadeza).

Aquel hombre amaba a los osos, sin duda. Pero como resulta obvio, ellos a él no. Simplemente toleraban su presencia. Hasta aquí fácil.

¿Pero qué pasa con un simpático delfín, cuáles son esos límites?

A los delfines mulares (Tursiops truncatus) les conocen en Galicia como arroaz. Sin duda lo más opuesto que podamos imaginar a un oso grizzlie. Pero el mensaje común es que ambos son animales salvajes y no mascotas.

Ninguno de ellos ha sido domesticado durante miles de años por el hombre, ni hemos seleccionado caracteres que nos permitan convivir con ellos. Les adiestramos para hacer piruetas en parques acuáticos o para otros fines (p.ej. militares), pero su mundo no es el nuestro por mucho que nos busquen y sean simpáticos.

Y es que los delfines no sólo se acostumbran a nosotros sino que pueden buscar el contacto con las personas. Pero no por ello dejan de tener una fuerza y envergadura muy superior a nosotros. Frente a ellos en el medio marino somos torpes y vulnerables…

Estos días se publicaron varias noticias en medios de comunicación sobre un arroaz solitario en la Ría de Muros. Para CEMMA (Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos MAriños) su nombre es Confi, y parece que le bautizaron así por aparecer durante el confinamiento (NIUS, 1-VI-2021), aunque luego se popularizó lo de llamarle Manoliño. Copio aquí el comunicado de CEMMA en redes sociales el pasado 2 de junio (traducido del gallego):

Aquí tienen a Confi. Imagen cedida por los mariscadores. Fuente: NIUS.

¿Quién es Confi? Confi es un arroaz solitario que vive en la ría de Muros-Noia desde diciembre de 2019 que dada su situación de soledad busca interacciones con humanos. 

¿Si los arroaces son animales sociales, por qué Confi vive aislado? Cuando un arroaz tiene tres años su madre lo deja para comenzar un nuevo ciclo reproductivo. En ese momento marcha o se junta con otros de su edad, el problema es si no acepta esa nueva situación, entonces no quiere irse, siendo expulsado violentamente de la manada, y si no encuentra a sus iguales pasa ser solitario. 

¿Qué pasó durante el encuentro entre un «navalleiro» y Confi? Dadas las repetidas interacciones con él en el pasado, su búsqueda de compañía es cada vez más frecuente, lo que provoca que busque y presione a nadadores, kayakistas, buceadores y «navalleiros» para jugar cuando están trabajando o realizando otras actividades. Puede suceder que se sienta rechazado y que reaccione mal, o incluso que identifique una situación de riesgo y pretenda ayudar al buceador. El problema es que interactuar con un animal de 300 kg, aunque no sea su intención, puede ocasionar lesiones. 

¿Cómo hemos llegado a este punto? Cuando apareció los expertos de CEMMA aconsejaron no interaccionar con el animal porque podía ser un riesgo para todos: evitar tocarlo, ignorarlo… No se hizo caso de las recomendaciones porque era muy simpático. Los «navalleiros» actualmente cambian su localización cuando pueden para evitarlo, pero a veces es imposible. 

¿Qué hay que hacer si estamos en el agua y Confi, u otro arroaz, se nos acerca? Principalmente ignorarlo y salir del agua lo antes posible. Nunca hay que intentar acercarse a él ni con nuestras manos para tocarlo. Mostrar una actitud de indiferencia y salir del agua. Observarlo siempre desde la distancia. […] Hai que tener en cuenta que es de obligado cumplimiento el REAL DECRETO 1727/2007, de 21 de diciembre, que establece medidas de protección de cetáceos, limitaciones y distancias de acercamiento, etc. 

CEMMA, 2 de junio 2021.

(NOTA: «navalleiros» es como se denomina en Galicia a los recolectores de navajas (Ensis arcuatus), moluscos bivalvos muy apreciados que viven a poca profundidad en la arena y se capturan a mano de forma tradicional).

Como la propia CEMMA indica, en la interacción entre seres humanos y un arroaz, quien siempre sale perdiendo es el arroaz. Porque lo ideal es que el animal consiga regresar con sus semejantes y retomar su vida en libertad, no reforzar su interacción con las personas. La vida real no es un parque acuático aunque alguno de estos delfines solitarios haya terminado finalmente en uno de ellos.

Lo que empieza como juegos «cariñosos» termina reforzando cada vez más el interés de un ser que pesa 300-400 kg, cuyas acciones no podemos controlar. Hace unos días hablé con Alfredo López (CEMMA) y utilizó el término «romper la burbuja de cristal» para referirse a ese límite que se ha cruzado con Confi desoyendo a CEMMA. Desde el inicio avisaron que «Confi será lo que queramos que sea». Pero las cosas no se han hecho bien y se han repetido los errores del pasado.

Gaspar/Jean Floc’h, en Galicia. Autor: Xesús Bua. Fuente: La Voz de Galicia.

Porque antes de Confi hubo más arroaces solitarios en Galicia como «Gaspar» y «Nina».

Gaspar apareció en diciembre de 2007 en Cangas, y luego en la víspera de Reyes de 2008 en Ribeira (de ahí su nombre). Venía de la Bretaña francesa donde le conocían desde 2003 como Jean Floc’h.

Allí era un habitual de puertos bretones como Brest, Camaret o Douarnenez. Entrañable los primeros años, sí, pero luego empezó a interesarse demasiado por objetos marítimos como remos, hélices y redes. Y así fue como pescadores aficionados le amenazaron de muerte en 2007.

Poco después dejó Bretaña por Galicia, Asturias y Portugal…

En la descripción de Jean Floc’h elaborada por la asociación francesa Réseau Cétacés, dicen que era muy enérgico, no muy dado al contacto físico, pero sí a todo lo que implicase material marítimo por lo que insistían en que se le ignorase para que perdiese interés por las embarcaciones. En Vigo, Gaspar se convirtió en una celebrity y llegó a aparecer en un cartel del carnaval de la ciudad.

Pero se repitió la misma historia que en Bretaña: primero juegos con bañistas y navegantes, luego incidentes en varios puertos como Cangas y Vigo, lesiones, sustos y desperfectos en aparejos y embarcaciones…

A mediados de 2010 Gaspar/Jean Floc’h se esfumó para siempre. Años después el diario bretón Le Télégramme (24-VIII-2018) le recordó y relacionó su desaparición con una explosión submarina en un puerto gallego (sin especificar cuál). En la prensa gallega no encontré ninguna información, sólo citaron que Gaspar desapareció, sin más…

Félix Rodríguez de la Fuente (1928-1980). Fuente: Los lobos de los siete picos.

En 1971 apareció un delfín en el puerto de Lorbé y la noticia tuvo gran repercusión a nivel nacional e internacional. Le llamaron «Nino».

Hoy en día los delfines solitarios continúan siendo noticia, así que imagínense 50 años atrás cuando apenas debía conocerse ningún caso a nivel popular…

El divulgador de naturaleza más importante de España, Félix Rodríguez de la Fuente, tenía por aquel entonces un programa en blanco y negro titulado «El Planeta Azul«. Y Félix se acercó con su equipo en pleno verano hasta Lorbé.

Lo primero que confirmaron fue que se trataba de una hembra y que en vez de «Nino» tenían que llamarla «Nina«. De hecho el capítulo (34’38»; disponible en RTVE) se tituló «Nina, el delfín». En concreto «una señorita delfina» como dijo el propio Félix.

El lenguaje de la época era muy distinto al actual y hoy en día suena algo inocente y reiterativo, pero Félix era Félix y es imposible dejar de verlo hasta el final.

En un momento dado se pregunta ¿y si un buen día le pasa algo a este delfín? e insiste en si se habrán tomado todas las medidas de seguridad hasta que Nina decida marcharse de Lorbé…

Así que además de bucear y juguetear con ella también entrevista al gobernador civil y a un comandante de marina, que explican esas medidas que han adoptado para protegerla.

¡Incluso salen los nietos del dictador bañándose con Nina! la familia Franco veraneaba todos los años en el cercano pazo de Meirás…

Pero esta historia tuvo un triste final.

En diciembre de 1971 Félix emitió un segundo capítulo del Planeta Azul dedicado a Nina.

En él mencionaba que en los últimos meses el equipo de Jacques Cousteau se había desplazado a Lorbé para grabar imágenes que luego se habían difundido a nivel internacional.

Pero también explica que Nina acababa de desaparecer y que las gentes del lugar estaban tristes. Lo último que se supo de ella fue por un pescador que la vió recostada en una batea, la tocó y se movió lentamente hacia el interior de la ría. Félix dice no querer saber qué le pasó.

Poco después apareció su cadáver en la playa de San Pedro, muy cerca de Lorbé. Y allí mismo la enterraron. En la noticia del Ideal Gallego (04-I-1972; fuente: montedasmoas) citan que el cuerpo estaba descompuesto y que no había expertos para determinar las causas de su muerte.

Pero en algunas webs que he consultado sobre este tema sugieren abiertamente que la mataron.

El caso de Nina fue muy especial, hoy «a rúa do golfiño» conserva su recuerdo, aunque como han visto debería ser «a rúa da golfiña».

En Lorbé. Autor: Toni Pazos.

¿Y a qué venía todo esto? pues ya se lo imaginarán, a que siento que algo deberíamos aprender a lo largo de los años para que los delfines solitarios sean eso, solitarios, para que regresen a su vida salvaje en cuanto recuperen fuerzas y confianza, en total libertad.

Agradecimientos: al concello de Oleiros que a través de su alcalde Ángel García Seoane me confirmó que «a rúa do golfiño» debe su nombre a Nina.

Referencias:

Patos y lentejas en Punta Balea

Playa «do medio» (Punta Balea, Cangas). Autor: F. Rodríguez

Cada verano miles de vigueses, cual estampida de ñus del Serengeti, escapamos hacia el margen norte de la Ría de Vigo buscando entornos naturales menos masificados.

Uno de ellos es Punta Balea, en Cangas, una zona pequeña pero con una belleza muy especial. Sobre su historia y naturaleza trataré en la entrada de hoy.

La historia de Punta Balea está ligada a una empresa emblemática de Galicia: Massó, antigua fábrica de conservas y factoría ballenera, símbolo del vínculo del mar con las gentes de esta tierra.

Todo comenzó en 1816 cuando Salvador Massó Palau (de origen catalán), se instaló en Bueu fundando una compañía de salazón para distribuir sardina en la costa mediterránea española. A la fábrica de Bueu se sumaría en 1941 la de Cangas, que llegó a emplear a 2.000 trabajadores (principalmente mujeres).

Junto a este complejo se edificó en los años 50′ la factoría ballenera de Punta Balea que procesó ballenas y cachalotes hasta 1985. Ya les conté en alguna ocasión que las mareas rojas de Mesodinium se tomaban a veces por manchas de sangre de las ballenas en los alrededores de Massó (esto me lo relató Santi Fraga en el IEO de Vigo).

Massó echó el cierre en 1993.

Hoy en día la antigua fábrica de Bueu alberga el Museo Massó mientras que la gigantesca factoría de Cangas y construcciones aledañas están abandonadas y ruinosas.

La factoría de Massó está al sur del puerto de Cangas. Y desde allí comienza un precioso sendero que recorre la costa hasta su extremo oeste (Cabo Home y costa de la Vela).

Al inicio del camino se encuentra el espacio natural de Punta Balea. Yo mismo merodeo a menudo durante el verano para pasear o disfrutar de sus playas, en especial la de la Congorza.

Esta playita tiene un pequeño rompeolas, un chiringo, y una edificación de planta baja (antiguo matadero, hoy abandonado). La depuradora de Cangas está muy cerca, apenas disimulada, pero aún así el lugar mantiene su atractivo.

Pues verán. Hace un par de semanas paseando por Punta Balea hacia la playa de Areamilla, nos fijamos en un sendero que terminaba en una laguna verde.

No recordaba haberla visto antes (y si la ví no le presté mucha atención). Su nombre es Lagoa da Congorza.

Lagoa da Congorza. Autor: F. Rodríguez

Su ecosistema (vegetación circundante y lámina de agua) tiene una superficie respetable (2,6 hectáreas) con unos 2 metros de profundidad máxima. Catalogada en el inventario de zonas húmedas de Galicia, es una de las pocas zonas húmedas de agua dulce permanentes en la provincia de Pontevedra. A pesar de esto nada la identifica y a lo largo de Punta Balea tampoco verán información sobre la zona ni sus valores naturales.

Desde lejos pensé que había un bloom de cianobacterias. Pero al acercarme descubrí sorprendido que eran plantitas flotantes. Y con Google Lens confirmé que se trataba de «lentejas de agua«; plantas acuáticas del género Lemna con una diminuta hoja y una raíz que cuelga en el agua.

Esto no iba a quedar así, ya se imaginarán…

A los pocos días volví para coger una muestra de la laguna y observarla al microscopio. En cuanto a la especie de Lemna hallé dos posibilidades: Lemna minuta y L. minor. El tamaño de ambas es similar y se diferencian por tener 1 o 3 nervaduras centrales, respectivamente. Luego las veremos al microscopio.

Las lentejas de agua tienen un nombre muy apropiado en inglés: duckweed.

Y es que en la Congorza los primeros que te reciben son patos: ánade real o azulón (Anas platyrhynchos). En ciertas épocas hay más de 50. Y allí pasan las horas, navegando la laguna y despejando las lentejas…dejando tras de sí un surco de agua que no tarda en llenarse de verde.

No son tímidos. Se acercan porque están acostumbrados a que les echen de comer ¡ERROR! Repriman sus instintos cuidadores y déjenlos en paz. ¡No son mascotas que dependan de usted para sobrevivir!

De hecho los restos de comida y los excrementos de tanto pato cebado aumentan los nutrientes en las aguas estancadas de la Congorza, favoreciendo el crecimiento descontrolado de las lentejas de agua.

Para que se hagan una idea de cuántas hay. Recogí Lemna en un cuadrado de 15×15 cm (dejaban algunos huecos entre ellas) y las pesé tras escurrirlas con un papel: 25 gramos.

Extrapolando ese dato a la superficie aproximada de la laguna (5300 m2) me salen unas 6 toneladas. Ya son lentejas ¿eh? y creo que es un cálculo a la baja viendo su cobertura actual...

Una semana después regresé a Punta Balea.

Había encontrado referencias sobre el lugar en internet y recogí otras muestras para grabar imágenes y vídeos del plancton. Ya me iba pero mira tú por donde encontré varios hombres apuntando con teleobjetivos y prismáticos a la laguna. Y así fue como conocí a Antonio, Carlos y Alberto, del grupo de anelamento Anduriña dedicado al estudio científico de aves silvestres de Galicia.

Me explicaron encantados la historia de la laguna y de los terrenos de Punta Balea. Al día siguiente nos citamos allí otra vez y Antonio me regaló «O Espazo Natural de Punta Balea«, un libro editado por Anduriña en 2006, con subvención de la Xunta de Galicia.

En él se detalla la diversidad biológica de Punta Balea: el medio marino, dunar, etc. y la propia Lagoa da Congorza. También del bosque que la rodea, disminuido tras la construcción de la susodicha depuradora de aguas. Sí, en un espacio natural, no debía de haber un sitio mejor...

Pasen y vean una pequeña muestra de aves en la Lagoa da Congorza. Todas las imágenes han sido cedidas y pertenecen a Antonio Fernández Cordeiro (Grupo de anelamento Anduriña). Y las leyendas también son suyas.

El libro de Anduriña sobre Punta Balea cita que las lentejas de agua son Lemna minor. También me confirmaron que la laguna se encuentra todo el año cubierta por ellas y que no se trata de un fenómeno estacional. Este manto verde bloquea la luz en gran medida. Así que poco fitoplancton y producción primaria puede haber para alimentar al ecosistema acuático (como comprobé luego al microscopio).

Desagüe de la laguna en la playa de La Congorza. Autor: F. Rodríguez

El deterioro del medio lagunar continuará si nadie le pone remedio.

La laguna tiene un desagüe en la playa de La Congorza y las algas verdes que proliferan a su salida son otra prueba visual de la eutrofización galopante en la laguna. Además, la posición baja del desagüe impide que la laguna alcance suficiente nivel entre otoño y primavera.

Así, las riberas que antes quedaban inundadas y albergaban espadañas (Typha latifolia) permanecen ahora secas todo el año perjudicando a aquellas aves que la emplean como refugio para criar.

En los últimos años la iniciativa ciudadana para proteger el ecosistema natural de Punta Balea frenó primero el proyecto de construcción de un puerto deportivo y edificios asociados, y luego impulsó una propuesta para declarar Punta Balea como ENIL (Espacio Natural de Interés Local). Con éxito en lo primero y fracaso (de momento) en lo segundo.

Sin esta figura de protección el destino que corra el espacio natural de Punta Balea dependerá del próximo Plan General de Ordenamiento Municipal de Cangas. Y buena parte de los terrenos, aquellos que pertenecieron a Massó, son propiedad de ABANCA.

A pesar de su deterioro y de las ruinas de Massó, Punta Balea es un espacio natural fascinante. Pero en serio riesgo. Sobre él planean intereses económicos ya que ocupa terrenos muy golosos a un paso de Cangas y en primera línea de costa.

Creo que políticos, sociedad y propietarios de los terrenos deberíamos anteponer el bien común que supone esta joya natural promoviendo usos compatibles con el patrimonio histórico y medioambiental de Punta Balea. Y recuperar el equilibrio de sus ecosistemas. Por todo ello resulta imprescindible su declaración como ENIL.

Y ahora sí, voy a mostrarles el mundo microscópico de la Congorza.

Ya vieron las lentejas de agua pero aquí tienen un vídeo. Los «gusanitos» que nadan entre ellas a toda velocidad son Spirostomum: ciliados comunes en aguas pobres en oxígeno y ricas en materia orgánica. Y en el minuto 1 también aparece un paramecio (todas las imágenes han sido grabadas en el IEO de Vigo).

Zeiss Axiovert (IEO Vigo). Autor: F. Rodríguez

Aquí tienen el aspecto de la raíz de las lentejas de agua, vista a 400 aumentos…

Autor: F. Rodríguez

Ahora vamos con la vida microscópica. Primero el ciliado Spirostomum (a 400 aumentos y bastante inmóvil porque si no resulta difícil seguirle a la carrera).

Autor: F. Rodríguez

Aquí pueden verlo en acción, esta vez a 100 aumentos. Los filamentos verdes al comienzo y al final del vídeo son cianobacterias (Oscillatoria). A lo largo de la grabación se cruzan otros ciliados (Paramecium y Euplotes). La sombra negra es una lenteja de agua…

Autor: F. Rodríguez

En el siguiente vídeo tenemos organismos de menor tamaño, a 400 aumentos. El ciliado Coleps y la cianobacteria Oscillatoria, que como su nombre indica se mueve oscilando a un lado y a otro según la luz.

También verán flagelados verdes (euglenofíceas) y varias diatomeas. Fíjense bien en un detalle: en el interior de Coleps hay una diatomea pequeña que acaba de zamparse (idéntica a la que observamos en la derecha del vídeo, posiblemente Achantidinium).

Autor: F. Rodríguez

Y para terminar les dejo un collage con algunos de los protagonistas (aprox. a 400 aumentos).

1: Coleps (ciliado). 2: diatomeas (posiblemente Achnantidinium, aunque podrían ser Lemnicola (viven epífitas sobre Lemna), Gogorevia o Achnantes. 3: Phacus (euglenofícea). 4: Pandorina (clorofícea). 5: Navicula (diatomea). 6: Bacterias; hay muchísimos grumos como estos en todas las muestras que recogí. 7: Cadena pequeñita de Oscilatoria (cianobacteria).

Referencias:

  • O espazo natural de Punta Balea. Grupo de anelamento Anduriña. 76 pp. (2006).
  • Fuentes web: salvemosmonteferro

Después de la guerra

Mercado de Navidad en «La Place de la Liberté» (Brest). Fuente: Office de tourisme Brest métropole

Rappelle-toi Barbara

Il pleuvait sans cesse sur Brest ce jour-là

Et tu marchais souriante

Barbara (Jacques Prévert, 1946)

Conocí Brest durante un congreso en el 2000 y la ciudad me dejó una impresión algo extraña, como si estuviese en una maqueta a tamaño real. Todo muy ordenado y en su sitio.

Pronto supe que Brest había sido arrasada (literalmente) durante los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial. Así que aquella sensación que desprendían sus calles emanaba de algo muy real.

Con los años descubrí que Bretaña es una región llena de poblaciones con encanto: casas, castillos y edificios singulares que te transportan siglos atrás en el tiempo.

Rennes, Saint Malo y Lorient son ejemplos de otras localidades bretonas destruidas durante la contienda. Pero el caso de Brest fue especial: se trataba de un importante puerto militar ocupado por los nazis en 1940 y donde construyeron incluso una base de submarinos. Allí se hicieron fuertes durante 4 años y no lo dejaron por iniciativa propia…

Brest sufrió bombardeos continuos (¡más de 300!) por parte de los aliados hasta su liberación en 1944. El asedio fue devastador y cuando las tropas estadounidenses alzaron su bandera lo hicieron entre ruinas, en un paisaje postapocalíptico. Solo resistieron buena parte del castillo medieval y el Museo de la Marina en su interior.

Neutralización de una mina alemana en la bahía de Brest (15 septiembre 2020). Autor: Marina Nacional. Fuente: Le Télégramme

La reconstrucción no fue nada fácil.

Hoy en día Brest es una ciudad de aspecto moderno sin casco histórico en la que siguen apareciendo obuses, minas y bombas de aviación (tanto en el subsuelo como en su bahía).

En ella viven unas 140.000 personas y (por si les interesa) está hermanada con A Coruña.

Desde finales del s.XX en la bahía de Brest se ha observado un aumento gradual del dinoflagelado Alexandrium minutum, productor como ustedes saben de toxinas paralizantes (saxitoxinas). Su primer bloom en Bretaña se detectó en 1987, aunque más al sur, en la bahía de Vilaine…

En la bahía de Brest su presencia fue residual hasta 2008. Pero en 2009 explotó un bloom y en 2012 provocó las primeras prohibiciones en la comercialización de marisco (superando 10 veces los niveles permitidos de saxitoxinas). Para entonces sus proliferaciones ya se habían extendido a otros estuarios de la costa atlántica francesa, donde sigue ocasionando cierres frecuentes en el sector acuícola.

Ante una situación así cabe preguntarse si A. minutum es la excepción dentro de un ecosistema estable o si su dominio reciente refleja cambios generales en las comunidades.

Marea roja de Alexandrium minutum en el estuario del Penzé (Bretaña). Fuente: Ifremer.

Entonces…¿ha cambiado el fitoplancton de la bahía de Brest? Pues la respuesta es .

Ahora vamos con el cuándo, cómo y por qué…

Las series históricas de fitoplancton apenas tienen algunas décadas y no ofrecen amplias perspectivas (excepto p.ej. el CPR survey del Reino Unido, iniciado en 1931).

Pero existen alternativas. La detección de formas de resistencia (quistes) en el fondo marino y los análisis de ADN ambiental permiten averiguar si un dinoflagelado tóxico como A. minutum es nuevo en el barrio o un componente habitual del plancton.

Pues bien. Un primer estudio en 1993 (Erard-Le Denn y col.) no detectó quistes de A. minutum en sedimentos de la bahía de Brest anteriores a 1990. Pero Siano y col. (2021) han dado un paso más allá, muestreando 3 zonas en dicha bahía. Y lo que han hecho es analizar el ADN ambiental en secciones del lecho marino (desde la superficie hasta un máximo de 12 m de profundidad) para reconstruir las paleocomunidades de protistas (eucariotas unicelulares antiguos).

Con esto han conseguido recrear su composición, microalgas incluidas, desde el presente hasta la Edad Media (1121±149). Sólo así es posible conocer el punto de partida en épocas preindustriales y abordar cuestiones tan interesantes como las que verán a continuación…

Durante los siglos que vieron los reinados de Francisco I (1515-1547), el Rey Sol, Luis XIV (1643-1715) o el último Bonaparte (Napoleón III, 1852-1870), el fitoplancton en Brest permaneció impasible tanto al devenir de Francia como al de la humanidad en general.

Biecheleria tirezensis. Fuente: Raho y col. (2018)

Por aquel entonces, en la bahía de Brest dominaban dinoflagelados del orden Suessiales (Pelagodinium y Biecheleria/Protodinium). Los Suessiales no producen toxinas y se caracterizan por poseer muchas placas celulares en relación a los demás dinoflagelados. ¿Para qué? Pues vaya usted a saber…

Luego, entre los estramenópilos que incluyen protistas heterótrofos y diatomeas-, reinaban los primeros.

Los cambios en el fitoplancton de la bahía de Brest llegaron a mediados del s.XX.

Las comunidades de dinoflagelados cambiaron drásticamente durante la década de 1940. Los «históricos» Suessiales fueron sustituidos por un nuevo orden, Gonyaulacales, primero por el género Gonyaulax y a partir de los 80′ Alexandrium y Heterocapsa (orden Peridiniales).

En cuanto a los estramenópilos, el reinado de los organismos heterótrofos dio paso en los 1940’s y 1950’s a las diatomeas entre las cuales destacaba Chaetoceros hasta los 1980’s. Luego, desde los 1990’s, le destronó el género Thalassiosira entre otros.

¿Qué sucedió en esos periodos del s.XX (1940’s y 1980’s) para que el fitoplancton sufriese cambios irreversibles?

Pues una frenética actividad industrial ligada a la ocupación nazi entre 1940-44 y la caída de ¡30.000 toneladas de bombas! sobre la ciudad que seguramente contaminaron la bahía (directamente y a través de aguas continentales).

Así describió aquel infierno el poema «Barbara»: «Sous cette pluie de fer / De feu d’acier de sang» (bajo esta lluvia de hierro / acero fuego de sangre) (J. Prévert).

Resumen gráfico de los resultados de paleocomunidades en Brest. Autor: Siano y col. (2021). Fuente: x-mol.com

Siano y col. confiesan la dificultad de conocer con precisión la composición metálica de los proyectiles pero las anomalías de plomo y cromo en los sedimentos de Brest coinciden con las de Pearl Harbor (EEUU) tras el violento bombardeo de la aviación japonesa.

¿Y los cambios en los 1980’s y 1990’s? En este caso estarían relacionados con el desequilibrio de la proporción nitrógeno/fósforo (N/P) en la bahía de Brest.

El motivo son los nitratos procedentes de fertilizantes y la renovada actividad agrícola a partir de 1950-60’s. Su contínuo desarrollo en la segunda mitad del s.XX llevó a doblar sus niveles en los ríos Aulne y Elorn desde los 70’s a los 90’s.

Las alteraciones antropogénicas disminuyen también la proporción de silicatos (Si) frente a N y P, con otras consecuencias para la composición del fitoplancton: la productividad de diatomeas puede perder peso frente a otros grupos, incluyendo dinoflagelados tóxicos.

A pesar de todo, la bahía de Brest resistió bien a los blooms de dinoflagelados tóxicos hasta la última década. Y para explicarlo existe una hipótesis curiosa: una bomba biológica de silicato relacionada con un organismo invasor.

Verán. Tras la 2ª Guerra Mundial se introdujo el cultivo de ostras del Pacífico (Crassostrea gigas) y con ellas llegó otra especie invasora sin valor económico: el gasterópodo Crepidula fornicata.

Las poblaciones de Crepidula llegaron a ocupar amplias zonas en el fondo de la bahía de Brest…

Comunidades de Crepidula fornicata y vieiras en la bahía de Brest. Fuente: Stiger-Pouvreau & Thouzeau (2015).

Hubo planes para erradicarlas y hace 10 años (cuando empezaron a retroceder, no se sabe por qué) eran una grave amenaza para la acuicultura al competir con bivalvos de interés comercial como las vieiras (Pecten maximus).

Pero Crepidula también hace otra cosa. Filtran agua como si no hubiese un mañana y producen biodepósitos enriquecidos en silicatos que sedimentan en la bahía un elemento fundamental para las diatomeas.

Así, después del bloom de diatomeas en primavera, los biodepósitos de Crepidula retendrían silicatos que se disolverían luego en el agua, facilitando el crecimiento de diatomeas durante el verano.

A comienzos del s.XXI, resultados experimentales y de modelos apoyaron esta hipótesis «Si/Crepidula», indicando que su erradicación aumentaría la probabilidad de proliferaciones de dinoflagelados tóxicos por limitación de silicatos durante el verano.

En la última década Crepidula ha retrocedido mientras que blooms tóxicos como los de A. minutum se han hecho recurrentes, así que es buen momento para reevaluar dicha hipótesis con las comunidades y balances biogeoquímicos actuales.

El estudio de paleocomunidades en la bahía de Brest (Siano y col.) demuestra que la influencia humana en la bahía de Brest transformó las condiciones ambientales preindustriales alterando el fitoplancton. Y que dichas condiciones también cambian si introducimos «ingenieros del ecosistema» como Crepidula u otras especies invasoras.

Así pues, nada volvió a ser igual después de la guerra. Tanto para las personas como para el fitoplancton…

En 1962 se publicó el álbum «Ives Montand chante Jacques Prévert» que incluía un emocionante poema, «Barbara«, escrito por Prévert en 1946.

Con él comienza y termina esta entrada, para que no olvidemos que la guerra es una idiotez que lo arrebata todo menos el dolor y los recuerdos de quienes sobrevivieron a ella…

Agradecimientos: a Marc Long por enviarme el artículo de Raffaele Siano y col.

Referencias:

  • Chapelle A. y col. The bay of Brest (France), a new risky site for toxic Alexandrium minutum blooms and PSP shellfish contamination. Harmful algae news 51:4-5 (2015).
  • Erard-Le Denn E. y col. In: Smayda T.J. & Shimizu Y. (Eds.). Toxic Phytoplankton in the Sea. Elsevier Science Publisher, pp. 109-114 (1993).
  • Raho N. y col. Biecheleria tirezensis sp. nov. (Dinophyceae, Suessiales), a new halotolerant dinoflagellate species isolated from the athalassohaline Tirez natural pond in Spain. Eur. J. Phycol. 53:99-113 (2018).
  • Ragueneau O. y col. The Impossible Sustainability of the Bay of Brest? Fifty Years of Ecosystem Changes, Interdisciplinary Knowledge Construction and Key Questions at the Science-Policy-Community Interface. Front. Mar. Sci. 5:124 (2018).
  • Siano R. y col. Sediment archives reveal irreversible shifts in plankton communities after World War II and agricultural pollution. Curr. Biol. 31:1–8 (2021).
  • Stiger-Pouvreau, P. & Thouzeau, G. Marine Species Introduced on the French Channel-Atlantic Coasts: A Review of Main Biological Invasions and Impacts. Open Journal of Ecology 5:227-257 (2015).

República Tortuga

Imagen de portada: escudo de armas del Territorio Británico del Océano Índico. Autor: Demidow. Fuente: Wikipedia

Toda superficie en contacto con el mar puede ser colonizada. Cuando es inerte se trata de incrustaciones («fouling» en inglés), pero si el sustrato es un ser vivo hablamos de epibiosis. Y de esto las tortugas saben mucho porque no sólo llevan su casa a cuestas sino todo un ecosistema…

El caparazón y piel de las tortugas son perfectos para el desarrollo de distintos epibiontes, tanto sésiles (quieto ahí!), como sedentarios (un pasito paquí, otro pallá), o móviles. ¿Y cuántos puede haber? pues fíjense que sólo en las tortugas bobas (Caretta caretta) se han encontrado más de 200 especies de epibiontes.

República Tortuga. Entre sus ciudadanos quietos destacan los cirrípedos (o percebes), considerados pioneros ya que facilitan la llegada de otros pobladores. Se adhieren tanto al caparazón como a los tejidos blandos y pueden formar colonias enormes sobre algunos ejemplares.

Junto a los percebes encontramos toda clase de crustáceos, moluscos, cnidarios, equinodermos, macroalgas (verdes, pardas, rojas), esponjas e incluso peces que aprovechan la República Tortuga para vivir de manera mutualista, comensalista o -más raramente- parásita.

Un ejemplo clásico son los cangrejos del género Planes que suelen vivir en parejas y escondidos en la zona de la cola (sí, refugiados en el culo de las tortugas), de donde salen para alimentarse de otros epibiontes. Las tortugas facilitan protección a sus colonizadores y reducen la competencia con otras especies. Y para ellas los epibiontes pueden ser una carga incómoda pero también les ofrecen camuflaje (visual, químico y eléctrico) y defensa frente a sus predadores.

Pero ya saben –y si no se lo recuerdo– que aquí solemos hablar del fitoplancton…

Las fases iniciales de colonización (previas a la llegada de macroorganismos) suelen incluir la absorción de macromoléculas sobre la superficie, colonización bacteriana y luego eucariotas unicelulares (protozoos, hongos y diatomeas).

Chelonicola costaricensis. Fuente: Majewska y col. (2015)

En ballenas y delfines se conoce desde hace tiempo la existencia de microalgas epibiontes y comunidades específicas. De ello hablamos «En la piel de las ballenas«.

Pero en lo que respecta a las tortugas marinas no se publicaron estudios detallados hasta ¡2015! Alucinante ¿verdad? Bueno, quizás no tanto, pero a mí no deja de sorprenderme…

Los estudios que revisé describen diatomeas epizoicas que cubren toda la superficie disponible del quelonio con densidades medias de 17000 células/mm2. Su diversidad suele ser baja y forman parte de un biofilm con materia orgánica de origen bacteriano -y de las propias diatomeas- que contribuye a la estabilidad física y supervivencia de las comunidades microbianas.

No debe ser fácil vivir sobre una tortuga. Las condiciones inestables y el reto adaptativo que suponen podrían explicar la baja diversidad de especies en los trabajos realizados hasta la fecha.

Desde 2015 se han descrito diatomeas de nuevos géneros y especies con nombres tan curiosos como Chelonicola costaricensis (Chelonicola porque «vive sobre tortugas», y costaricensis porque la aislaron de caparazones de tortugas oliváceas (Lepidochelys olivacea) durante su arribada para desovar en la playa del Ostional, en Costa Rica).

También se han identificado nuevos géneros como Poulinea y Medlinella, o nuevas especies de otros conocidos como Tursiocola (T. denysii, T. guyanensis y T. ying-yangii) o Tripterion (T. societatis), típicos de cetáceos (diatomeas «cetícolas»)…

…y otras como Achnantes, Nitzschia y Proschkinia (P. sulcata, P. lacrimula, etc.), común en biofilms marinos. También Labellicula (L. lecohuiana) cuya única especie conocida (L. subantarctica) se había encontrado sobre un acantilado.

De todas estas especies atrajo mi atención Tursiocola ying-yangii, llamada así porque la forma de sus areolas (agujeritos en la cubierta de sílice) recuerdan al símbolo del ying-yang.

Apenas se conoce el grado de especificidad y distribución biogeográfica de estas diatomeas por la reciente atención y escasos estudios acerca de ellas.

La Tortuga Roja (M. Dudok de Wit, 2016). Una historia muda e inolvidable. Fuente: cinemascomics

Su modo de vida epizoico podría ser obligado en algunos casos ya que su presencia en otras superficies parece accidental o relacionada con la actividad de sus huéspedes.

Sin embargo, hacen falta más estudios para conocer su grado de asociación: algunas parecen estar bien adaptadas y ser pioneras, mientras que otras diatomeas podrían adherirse después reflejando el hábitat donde se alimentan o reproducen las tortugas.

Todo esto de estudiar especies y comunidades de diatomeas epizoicas tiene un gran interés ecológico. No se trata sólo de elaborar listados taxonómicos y descubrir nuevas especies.

Las tortugas juveniles suelen vivir en zonas pelágicas (cerca de la superficie) y oceánicas; luego acostumbran escoger ambientes costeros y bentónicos. Así que según la edad, zona geográfica y el hábitat sus epibiontes evolucionarán de forma natural reflejando esos cambios vitales.

Por ello los estudios sobre fauna acompañante y epibiosis en tortugas pueden contribuir al conocimiento sobre su distribución geográfica, hábitat y migraciones, aportando datos complementarios a los marcajes, telemetría por satélite, análisis de isótopos, genética de poblaciones…

Eso sí. La sucesión natural de epibiontes puede también romperse cuando las tortugas se acicalan el caparazón ¡frotándose contra superficies sumergidas!

Referencias:

  • Báez J.C. y col. Preliminary check-list of the epizoic macroalgae growing on loggerhead turtles in the Western Mediterranean Sea. Marine Turtle Newsletter 98:1-6. (2002).
  • Frankovich T.A. y col. Tursiocola denysii sp. nov. (Bacillariophyta) from the neck skin of Loggerhead sea turtles (Caretta caretta). Phytotaxa 234:227–236 (2015).
  • Frick M.G y Pfaller J.B. Sea Turtle Epibiosis. The Biology of Sea Turtles Volume III. Chapter: 15. CRC Press Editors: J. Wyneken, K.J. Lohmann, J.A. Musick. pp. 399-426 (2013).
  • Majewska R. y col. Diatoms and Other Epibionts Associated with Olive Ridley (Lepidochelys olivacea) Sea Turtles from the Pacific Coast of Costa Rica. PLoS ONE 10(6):e0130351 (2015).
  • Majewska R. y col. Labellicula lecohuiana, a new epizoic diatom species living on green turtles in Costa Rica. Nova Hedwigia, Beiheft 146:23–31 (2017).
  • Majewska R. y col. Six new epibiotic Proschkinia (Bacillariophyta) species and new insights into the genus phylogeny. Eur. J. Phycol. 54:609–631 (2019).
  • Riaux-Gobin C. y col. New epizoic diatom (Bacillariophyta) species from sea turtles in the Eastern Caribbean and South Pacific. Diatom Res. 32:109-125 (2017).
  • Riaux-Gobin C. y col. Two new Tursiocola species (Bacillariophyta) epizoic on green turtles (Chelonia mydas) in French Guiana and Eastern Caribbean. Fottea, Olomouc 17:150–163 (2017).

La dieta Mickey Mouse

Imagen de portada: Picocystis salinarum. Autor: D. Patterson. Fuente: Microbial Life

Las galletas son objetos que nos divierte moldear con toda clase de formas: que si el muñeco de jengibre, corazones, navideñas, etc. Incluso galletas de Mickey Mouse que vienen muy al caso de la siguiente historia…

Nuestra protagonista de hoy es una microalga de apenas 2-3 micras que forma parte del picoplancton (al microscopio por debajo de 100.000 aumentos no verás más que puntos). La aislaron en 1991 de salineras en San Francisco, California (85‰ de salinidad, casi el triple que el mar) y la bautizaron como Picocystis salinarum (Lewin y col. 2000).

Picocystis salinarum. A) célula esférica, B) forma trilobulada. Fuente: Lewin y col. (2001). Las abreviaturas corresponden al núcleo (n), cloroplasto (c), mitocondria (m), pared celular (cw), gránulo de almidón (s) y dictiosoma (aparato de Golgi; d).

En fase de crecimiento activo son bolitas, pero con limitación de nutrientes adquieren forma trilobulada.

Poco después se publicó el hallazgo de un organismo similar en el lago Mono (California). Le llamaron Picocystis sp. porque a sus descubridores no les pareció del todo igual. Y además añadieron un poco de humor:

El lago Mono. Fuente: Artigoo.

«A chloroplast was located in each of the two smaller lobes and the nucleus in the larger third lobe, reminiscent of Mickey Mouse

Roesler y col. (2002)

El lago Mono es un lugar asombroso.

Parece sacado de una obra de Dalí y sus condiciones ambientales no son menos sorprendentes…

Cuando leí sobre él recordé al mar Salton del cual tratamos en Un futuro para Salton Sea.

La diferencia es que Salton surgió por accidente y agoniza sin remedio mientras que el lago Mono es natural y unos estudiantes evitaron su desaparición cuando su destino parecía inevitable.

Esto es lo que sucedió. El lago Mono en California era un cuerpo de agua alcalino y salino (ligeramente superior a la del océano: 40‰), con una antigüedad >50.000 años y situado en las montañas de Sierra Nevada (casi a 2.000 metros de altitud).

Artemia monica. Autor: djpmapleferryman. Fuente: Wikipedia

En 1941 desviaron los afluentes que lo alimentaban para abastecer la creciente demanda de Los Ángeles. Y ya se imaginarán lo que sucedió…

En los siguientes 40 años perdió la mitad de su volumen resaltando las torres de tufa (calcáreas) en su lecho. La salinidad se multiplicó por 2, el pH se disparó a 9,8 y no quedó ni un pez vivo u otros vertebrados…

Frente a aquellos cambios sólo prosperaron moscas alcalinas (Ephydra hians), una especie de crustáceo única en el mundo (Artemia monica) y la microalga que forma su dieta principal: Picocystis.

Ella solita llega a suponer el 50% de la producción primaria del lago. Y en invierno no suele bajar del 25%…

También hay diatomeas (Nitzschia) y cianobacterias, pero la reina indiscutible es Picocystis. ¡Y a las Artemias les encantan! en el laboratorio se ha comprobado que cada una se zampa de promedio ¡500.000 Picocystis por hora!

A su vez la propia Artemia es un recurso fundamental para las aves en la ruta migratoria del Pacífico de Norteamérica que abarca desde Alaska hasta la Patagonia. Todo un ejemplo de interrelación entre ecosistemas y seres vivos.

Aves limícolas (falaropos de Wilson y picofino) en el lago Mono. Fuente: monolake.org

El lago Mono era monomíctico antes de los 80′. Es decir, la estratificación de la capa superior formada en la época de calor se rompía al final del año, mezclando y oxigenando sus aguas. Pero en 1982 el deterioro ambiental y un intenso evento de «El Niño» iniciaron una fase meromíctica: estratificación superficial contínua durante 5 años.

Y cuando se restableció la mezcla de aguas profundas y superficiales aconteció otro desastre: el amonio, metano y sulfuro acumulados en el fondo produjeron la anoxia temporal del lago.

Pues bien. En 1984, durante aquella estratificación pertinaz se desarrolló un máximo de clorofila subsuperficial. Y en condiciones donde cabría esperar bacterias fotosintéticas anoxigénicas se observó que la responsable de aquel máximo era una microalga eucariota. ¡Acertaron! la futura Picocystis sp.

En la colección CCVIEO (IEO Vigo) tenemos una cepa de Mickey Mouse, perdón, de Picocystis salinarum (RCC3402). Autor: F. Rodríguez.

La Picocystis del lago Mono puede crecer en penumbra (<0.1% de la luz disponible en superficie en verano), proliferando así a profundidades de hasta 20 metros.

Soporta un rango BRUTAL de salinidades (0-260‰), con el pH tampoco se queda atrás (4-12) y tolera bien niveles bajos de oxígeno.

Esta flexibilidad fisiológica le permite establecer poblaciones permanentes en el lago, manteniendo así la producción primaria, el ecosistema y los seres vivos que dependen de él: Artemias y aves.

A mayores, Picocystis posee otra propiedad sorprendente: una quimera de pigmentos. Clorofilas y carotenoides de algas verdes (clorofila b, violaxantina, etc) junto a otros de la línea evolutiva roja (diatoxantina, aloxantina y monadoxantina, los dos últimos típicos de criptofíceas).

Años después, colegas de la Station Biologique de Roscoff nos invitaron a José Luis Garrido (IIM-CSIC) y a mí a participar en un trabajo (dos Santos y col. 2017) que estableció la posición taxonómica de Picocystis salinarum. Nuestra aportación fueron justamente los análisis de pigmentos que coincidieron con los de Picocystis sp. del lago Mono.

Y combinando genética + morfología y pigmentos P. salinarum quedó incluida en una nueva clase de algas verdes: Picocystophyceae (o picocistofíceas. Recuerden: fitoplancton con forma de Mickey Mouse, las «galletitas» que se zampan las Artemias del lago Mono).

En azul oscuro el contorno mínimo que alcanzó el lago Mono. En azul claro el nivel que tenía antes de 1941 y el trazo intermedio es el objetivo establecido por el Estado de California en 1994. Fuente: monolake

Muy bonito todo pero alguien se preguntará ¿y el lago Mono? ¿no decías que iba a desaparecer?

Pues sí...

Pero en 1976 un joven profesor de la Universidad de Stanford (David Gaines) realizó un estudio ecológico con un grupo de estudiantes denunciando el deterioro y la amenaza de colapso del ecosistema.

Y en 1978 crearon el Mono Lake Committee que sigue en activo con 16.000 socios.

Armados de ciencia (y conciencia medioambiental) se lanzaron a la lucha por la protección del lago y en 1994 consiguieron la aprobación de la State Water Board Decision 1631 (apoyada en un informe de impacto ambiental ¡¡ de 1700 páginas !!).

Miembros del Mono Lake Committee durante la «Rehydration Ceremony» (1982). Autor: S. Johnson. Fuente: longlivemonolake

Dicha norma estatal frenó su disminución estableciendo un nivel mínimo para sus aguas, un caudal permanente para los arroyos que lo alimentan y la restauración del hábitat de aves acuáticas.

Calculaban alcanzar dicho nivel mínimo en 20 años…pero no parece fácil.

En abril de 2021 sigue por debajo del nivel decretado en 1994. Su volumen oscila cada año debido a las condiciones climáticas, sequías y un aporte variable de aguas de deshielo en Sierra Nevada.

Eso sí: la tendencia global es ascendente y el futuro del lago parece asegurado gracias a la mecha que prendió el compromiso medioambiental de aquel profesor y sus estudiantes.

Referencias:

  • dos Santos, A.L. y col. Chloropicophyceae, a new class of picophytoplanktonic prasinophytes. Sci. Rep. 7:14019. (2017).
  • Lewin, R.A. y col. Picocystis salinarum gen. et sp. nov. (Chlorophyta)—a new picoplanktonic green alga. Phycologia 39:560–565. (2000).
  • Roesler, C.S. y col. Distribution, production, and ecophysiology of Picocystis strain ML in Mono Lake, California. Limnol. Oceanogr. 47: 440–452. (2002).
  • Stamps, B.W. y col. Metabolic Capability and Phylogenetic Diversity of Mono Lake during a Bloom of the Eukaryotic Phototroph Picocystis sp. Strain ML. Appl. Environ. Microbiol. 84:e01171-18. (2018).
  • Fuentes web: monolake.org

Un velero llamado Velella

Imagen de portada: Unconventional Mermaid: Portuguese Man o’ War. Autora: MayContainBirdseed. Fuente: Deviantart.

A principios de invierno llegó a la prensa y redes sociales la noticia de miles de «medusas» varadas en playas gallegas, sobre todo Velella velella pero también Physalia physalis. Sin embargo, a pesar de su aspecto medusoide, se trata en realidad de organismos coloniales y no de medusas individuales.

Velella y Physalia son cnidarios de la clase de los hidrozoos.

A Velella velella, habitual en estas costas, se la conoce popularmente como veleiriños o «medusa velero». En Europa sus registros son más abundantes en el Mediterráneo, oeste de la península ibérica, Francia («vélelle») y Reino Unido («by-the-wind sailor»).

Sus invasiones playeras, arrastradas por el viento y las corrientes pueden formar imágenes espectaculares con millones de individuos a lo largo de la costa oeste de Norteamérica, Italia o incluso en Nueva Zelanda. En playas de Liguria (Italia) se han llegado a contabilizar ¡ entre 20.000-120.000 colonias/m2 !

A la segunda invasora, Physalia physalis (no tan común por aquí), la precede su fama y apodo: carabela portuguesa (en inglés: Portuguese Man o’War). Tanto Velella como Physalia son azuladas gracias a carotenoides (astaxantina) obtenidos de sus presas. Les sirven para protegerse de la radiación UV y camuflarse de los depredadores como aves, tortugas y peces. Pero ambos organismos presentan diferencias importantes como veremos…

Los veleiriños no son peligrosos para ti (ni para tu perrito despistado por la playa), pero poseen células urticantes y no hay por qué probar su efecto. Son más pequeños que Physalia y se diferencian de ellas por la vela en su parte aérea (frente al flotador/globito de las carabelas portuguesas).

No conviene tocar a ninguna de ambas pero si ven el flotador de Physalia ni-se-les-ocurra. Su picadura puede ser grave en algunos casos. Llegan a ocasionar laceraciones en la piel y como mínimo te dejarán un molesto y prolongado dolor.

Por suerte la varada de estos hidrozoos sucede fuera de la época estival y el riesgo de un mal encuentro es pequeño. Pero seamos prudentes si las descubrimos en la playa. Su color azul debería darnos que pensar. Así que…¡¡no toques!! ¡¡¿por qué tocas?!!

En el nuevo proyecto de ciencia colaborativa DIVERSIMAR (IEO) comentaron su llegada en enero, incluyendo una descripción completa de Physalia.

Un pescador y divulgador ejemplar que les recomiendo seguir en twitter, Rogelio Santos Queiruga (@QueirugaRogelio), publicó un vídeo comentando que era la primera vez que la veía. Y 4 horas después de tocarla aún sentía su picadura en los dedos. La curiosidad nos puede a menudo pero en este caso ¡¡no toques!!

Además de su aspecto y veneno hay algo más que distingue a los veleiriños de las carabelas. Un detalle inapreciable a simple vista pero que nos interesa mucho en este blog. Velella posee dinoflagelados simbiontes mientras que Physalia aparentemente no.

La información sobre la posición ecológica de Velella es limitada, pero en su alimentación parecen jugar un papel esencial tanto el zooplancton (huevos de peces, copépodos, cladóceros, larvas de invertebrados, etc.), como los propios dinoflagelados simbiontes.

La relación entre Velella y sus simbiontes recuerda a las que poseen otros cnidarios como los antozoos, incluyendo anémonas y pólipos formadores de arrecifes (asociados p.ej. con dinoflagelados del género Symbiodinium). Con Velella viajan y conocen mundo…

¿Dónde están y quiénes son los dinoflagelados de Velella?

Sobre «dónde están» les contestaré que en el tejido endodérmico de los gonóforos (individuos medusoides que habitan en la colonia formando racimos sobre las ramas genitales o gonozoides). Dentro del huésped los simbiontes tienen forma cocoide, son bolitas doradas y de ahí su nombre coloquial: zooxantelas.

Y para contestarles «quiénes son» tendré que contarles una historia que se remonta cien años atrás…

A los simbiontes de Velella velella aisladas en el Mediterráneo les llamaron Endodinium chattonii en 1922, y luego les fueron cambiando de género. En 1924 a Zooxanthella, en 1971 a Amphidinium y por fin en 1993, Scrippsiella chattonii.

En ese último trabajo (Banaszak y col. 1993) aislaron y cultivaron por primera vez los simbiontes fuera del huésped, en forma libre. Y observaron que en cultivo alternaban formas cocoides con células móviles cubiertas por placas de celulosa que identificaron como Scrippsiella velellae.

Scrippsiella velellae. Fuente: Banaszak y col. (1993).

Dicha descripción pertenecía a simbiontes de Velella velella del Pacífico y no coincidían exactamente con los descritos en las Velella del Mediterráneo. Así que a estos simbiontes les asignaron el nombre citado de Scrippsiella chattonii. Ninguna de ambas descripciones incluía datos genéticos...

…y el único trabajo con secuencias genéticas no incluye morfología. Se hizo sobre simbiontes de Velella en el mar de los Sargazos (Gast & Caron 1996) y sus resultados se discutieron años después concluyendo que la secuencia de 18S rADN coincidía con otras de un nuevo género simbionte en radiolarios: Brandtodinium (Probert y col. 2014).

Ahora sí, a ver si desenredamos la madeja…

Según esto, Velella velella tendría la capacidad de asociarse con Brandtodinium y Scrippsiella para establecer una relación simbionte. Y Brandtodinium sería también el dinoflagelado simbionte en radiolarios de varios órdenes taxonómicos (Collodaria, Nassellaria y Spumellaria) según Probert y col.

Las ilustraciones de radiolarios de Ernst Haeckel (1862) incluían a dichos órdenes y en sus representaciones incluyó a las zooxantelas.

La costumbre de llamar zooxantelas a cualquier simbionte doradito en organismos marinos (dinoflagelados o no) llevó por dos veces a proponer la anulación del género Zooxanthella, justificando la creación de Brandtodinium.

Sin embargo, el éxito coloquial y la imprecisión del término zooxantela no era razón suficiente para invalidar Zooxanthella (descrito por Karl Brandt en 1882). Así pues, la creación de Brandtodinium no era aceptable y los endosimbiontes de Velella velella siguen perteneciendo a Scrippsiella velellae y S. chattonii (Guiry & Andersen 2018).

La descripción de S. chattonii era también incorrecta, aunque sólo por cuestiones técnicas resueltas en 2018. Sus autores obviaron la página del basónimo (nombre científico bajo el cual fue originalmente nombrada: Endodinium chattonii), necesaria para la trazabilidad según el art. 41.5 del Código Internacional de Nomenclatura Botánica.

Espero no haberles mareado con tanto giro de guión.

Para serles claro: los debates sobre nombres científicos apasionan a los taxónomos y yo diría que este aún no ha terminado del todo. Así que si alguien les pregunta por los simbiontes de Velella velella contesten que son dinoflagelados o zooxantelas y no se equivocarán nunca.

Porque tanto Scrippsiella velellae como otras especies de Zooxanthella, Symbiodinium y nuevos géneros de dinoflagelados simbiontes como Breviolum, Effrenium, Fugacium, etc., son y serán siempre ¡zooxantelas!. Y ahora sí. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado

Referencias:

  • Banaszak A.T. y col. Scrippsiella velellae sp. nov. (Peridiniales) and Gloeodinium viscum sp. nov (Phytodiniales), dinoflagellate symbionts of hydrozoans (Cnidaria). J. Phycol. 29:517-28. (1993).
  • Betti F.B. y col. Massive strandings of Velella velella (Hydrozoa: Anthoathecata: Porpitidae) in the Ligurian Sea (North-western Mediterranean Sea). Eur. Zool. J. 86: 343-353. (2019).
  • Guiry M.D. & Andersen R.A. Validation of the generic name Symbiodinium (Dinophyceae, Suessiaceae) revisited and the reinstatement of Zooxanthella K.Brandt. Notulae Algarum 58:1-5. (2018).
  • Lopes A.R. y col. “Gone with the wind”: Fatty acid biomarkers and chemotaxonomy of stranded pleustonic hydrozoans (Velella velella and Physalia physalis). Biochem. Sist. Ecol. 66:297-306 (2016).
  • Probert I. y col. (2014). Brandtodinium gen. nov. and B. nutricula comb. nov. (Dinophyceae), a dinoflagellate commonly found in symbiosis with polycystine radiolarians. Journal of Phycology 50(2): 388-399. (2014).
  • Zagalsky P.F. y Herring P.J. Studies of the blue astaxanthin-proteins of Velella velella (coelenterata: chondrophora). Phil. Trans. R. Soc. B 279:289-326 (1977).
  • Zeman S.M. y col. Trophic ecology of the neustonic cnidarian Velella velella in the northern California Current during an extensive bloom year: insights from gut contents and stable isotope analysis. Mar Biol. 165:150. (2018).