Una cena alucinante

Imagen de portada: araña saltarina. Autor: A. Navarro. Fuente: RTVE

I’ve seen things, you people wouldn’t believe…

(Blade Runner, 1982)

¿Su edad, nombre y apellidos por favor?

-40 años. Mi nombre es M*** T***.

Bien, gracias. ¿Podría explicar qué le ha sucedido, por qué está aquí?

-Hmm,…disculpe, aún sigo algo confuso.

No hay prisa, tranquilo. Veamos ¿cuándo comenzó a encontrarse mal?

-Ayer por la noche, un par de horas después de cenar. Pedí pescado en un local de Cannes y me sentó fatal: náuseas, vómitos, vaya nochecita. Por la mañana estaba mejor del estómago, pero estaba muy débil. Pensé «al diablo las vacaciones», cojo el coche y me vuelvo a casa. Preparé la maleta como pude y salí de Cannes. No llevaba conduciendo ni media hora cuando comenzó todo.

¿Todo, qué es todo?

-Pues…primero no veía bien, el paisaje se hizo borroso. Frené para evitar un accidente y descansar un poco, eso pensaba. Entonces estallaron unos chillidos salvajes, como si estuviese en medio de la jungla. Imagínese. Miré a un lado y a otro sin atreverme a salir. Busqué mi móvil pero noté que una sombra tapaba el coche. Miré hacia arriba y allí estaba: el vientre de una especie de escarabajo, con las patas colgando ¡como caído del cielo!. Apenas unos segundos y se esfumó.

Mi corazón a mil. Y entonces arañas ¡muchas arañas! casi tan altas como el coche. Bien juntas, una detrás de otra, corrían, saltaban ¡como si nada! ¡Dios! no sabía dónde meterme. Pero tenía el móvil. Atiné a marcar el número de emergencias para pedir auxilio…y aquí estoy.

Lo que acaban de leer se basa en un caso real sucedido en la riviera francesa en abril de 1994, publicado por de Haro y Pommier (2006), del Hospital Salvator en Marsella.

(Panorámica de Cannes. Fuente: Sofitel)

El diálogo es imaginario pero las circunstancias son verídicas. Varón, 40 años, ejecutivo. Tuvo que echarse a un lado de la carretera porque veía artrópodos gigantes. Ingresó en el hospital con taquicardia sinusal por el susto, ningún otro síntoma. 36 horas después no recordaba nada de «aquello». Cenó salema (Sarpa salpa).

El ictiosarcotoxismo es una intoxicación por la ingestión de carne de peces venenosos que se caracteriza por diversos trastornos digestivos y neurológicos.

(Gambierdiscus. Autor: F. Rodríguez)

Una de las formas más conocidas es la ciguatera, que hemos tratado aquí numerosas veces (p.ej. El beso de la ciguatera). La ciguatera es una intoxicación alimentaria que afecta al sistema nervioso periférico asociada a ciguatoxinas producidas por dinoflagelados (Gambierdiscus).

Pero existe otra forma de ictiosarcotoxismo más inusual –ictioalieinotoxismo– que afecta al sistema nervioso central y cuyos síntomas son alucinaciones.

Estas desaparecen en pocas horas y ello supone una diferencia importante con la ciguatera cuyos síntomas pueden prolongarse durante meses (las recaídas son incluso peores) y ocasionar la muerte en casos severos.

de Haro y Pommier incluyen 16 especies de peces relacionadas con alucinaciones. Todos los episodios de alucinaciones (insisto, TODOS), se han registrado en aguas cálidas del Índico, Pacífico y Mediterráneo (Hawaii, Túnez, Mauricio, Isla Reunión, etc.). Y entre dichos peces citan meros (Epinephelus corallicola), mugílidos (p.ej. Mugil cephalus), peces cirujano (Acanthurus), conejo (Siganus), etc. Los modos de alimentación de este menú alucinógeno incluyen de todo: herbívoros, carnívoros y omnívoros.

Salema (Sarpa salpa). Fuente: viajemarino

Algunos de esos peces tienen motes populares asociados a sus efectos. Así, a las salemas (Sarpa salpa, como la que cenó el ejecutivo cuarentón en Cannes) las conocen en árabe como «el pez que produce sueños«.

Y en varias islas de Hawaii a Mulloidichthys samoensis (una especie de pez cabra) le llaman «el jefe de los fantasmas«…

La confusión entre ciguatera e ictioalieinotoxismo surge de que –en algunos casos– las intoxicaciones por ciguatera (especialmente en el Índico) suman a los síntomas habituales otros como depresión, pesadillas y alucinaciones (p.ej. 16% de 477 pacientes entre 1986-1994 en Isla Reunión).

No hay evidencias sobre las sustancias que provocan las alucinaciones. Varios estudios las relacionan con algas y fitoplancton ingeridos por los peces a través de la dieta: macroalgas de la familia Caulerpaceae (en concreto por el alcaloide caulerpina), y/o microalgas tóxicas (dinoflagelados como Gambierdiscus, etc.).

Las publicaciones sobre este asunto sugieren que la probabilidad de que los peces te hagan pasar un mal rato varía según la época, región y modo de preparación. Para profundizar en ello lo primero es analizar los peces ¿no?

Pues con esa intención Bellasoued y col. (2012) estudiaron el contenido estomacal de 228 salemas recogidas a lo largo del año en el sureste de Túnez. Las salemas son un pescado barato de consumo habitual en la región, pero entre verano y otoño se desaconseja comerlas porque es más probable que sean alucinógenas.

En este trabajo descubrieron que las salemas pasaban mucho de Caulerpa y se alimentaban principalmente de hojas de Posidonia oceanica (con las que ingieren de paso los epífitos que habitan sobre ellas). Así que de Caulerpa y caulerpina, nada de nada…

Confirmaron que la presencia de dinoflagelados, incluyendo especies potencialmente tóxicas, aumentó mucho en las salemas a finales de primavera y en el verano. Pero en ningún caso descubrieron Gambierdiscus sino diversas especies de Prorocentrum, Ostreopsis, Coolia y Amphidinium, comunes en comunidades bentónicas de aguas cálidas.

A ello se suma que no se han confirmado (que yo sepa), brotes locales de ciguatera en el Mediterráneo. La presencia de Gambierdiscus en el Mediterráneo es minoritaria y no desarrolla proliferaciones como sí ocurre en otros dinoflagelados como Ostreopsis o Coolia. El único ejemplo que conozco sucedió en Israel donde se intoxicó una familia tras cenar pez conejo (Siganus). Y aunque se publicó como un caso «inusual» de ciguatera lo cierto es que sólo duró 12-30 horas y produjo alucinaciones…saquen ustedes sus propias conclusiones.

En el trabajo de Bellasoued y col. (2012) no analizaron toxinas en peces, pero sí un indicador de su posible presencia: actividades de enzimas antioxidantes en hígado, cerebro y carne. Y sus conclusiones fueron que los aumentos estacionales de dinoflagelados tóxicos se correlacionaban con la actividad antioxidante: primero empezando por el hígado y luego extendiéndose al cerebro y a la carne.

Esa actividad antioxidante no la encontraron en otra especie de pez «control» (Diplodus annularis) que habita en la misma zona pero que no ingiere dinoflagelados tóxicos en su dieta.

En otro estudio los mismos autores encontraron actividad citotóxica (en células humanas de hígado) de extractos tanto de epífitos de Posidonia como de hígado de salemas, pero no en los de su carne o cerebro. Así que recomendaron no comer hígados de salema (¡si es que alguien lo hacía!).

La historia de hoy surge de un tuit de @QueirugaRogelio que mencionaba los efectos alucinógenos de las salemas del Mediterráneo y la respuesta de @diversimar, que citaban a Bellasoued y col. (2012) preguntando si podría ocurrir en otros lugares. Pues ya ven: sólo en aguas cálidas.

En el caso concreto de Galicia, las comunidades bentónicas incluyen a géneros de dinoflagelados como Coolia, Prorocentrum, Amphidinium, algunos de ellos con especies potencialmente productores de toxinas. Pero no producen proliferaciones.

Además, la presencia de dinoflagelados tóxicos como Ostreopsis y Gambierdiscus no se ha documentado hasta la fecha en Galicia, donde el afloramiento estacional supone una barrera natural para el asentamiento de poblaciones estables adaptadas a temperaturas más cálidas.

Como saben los asiduos al blog los únicos brotes locales de ciguatera en España se han registrado en Canarias (p.ej. De repente la ciguatera).

Con la cantidad de proteína de pescado que se consume en Galicia si tuviésemos especies alucinógenas ya las conoceríamos ¡y seguro que también tendrían motes populares!

Referencias:

  • Bellasoued K. y col. Antioxidant response of a common herbivorous fish species (Sarpa salpa): Seasonal variation. Ciencias Marinas 38:57-71 (2012).
  • Bellasoued K. y col. Evaluation of cytotoxic compounds in different organs of the sea bream Sarpa salpa as related to phytoplankton consumption: an in vitro study in human liver cell lines HepG2 and WRL68. In Vitro Cell.Dev.Biol.—Animal 48:528-534 (2012).
  • de Haro L. & Pommier P. Hallucinatory Fish Poisoning (Ichthyoallyeinotoxism): Two Case Reports From the Western Mediterranean and Literature Review. Clin. Toxicol. 44:185-188 (2006).
  • Karalis T. Three clusters of ciguatera poisoning: Clinical manifestations and public health implications. Med. J. Aust. 172:160–162 (2000).
  • Quod J.P. & Turquet J. Ciguatera in Reunion Island (SW Indian Ocean): Epidemiology and clinical patterns. Toxicon 34:779-785 (1996).
  • Raikhlin-Eisenkraft B & Bentur Y. Rabbitfish («Aras»): An Unusual Source of Ciguatera Poisoning. Isr. Med. Assoc. J. 4:28-30 (2002).
  • Vilariño N. y col. Human Poisoning from Marine Toxins: Unknowns for Optimal Consumer Protection. Toxins 10:324 (2018).

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