El extraño caso del Profesor Carazzi

Las ostras verdes francesas son las más famosas, pero no las únicas: también existen en Canadá, EEUU, Dinamarca, Australia, etc. Normal, porque la diatomea culpable de su color (Haslea ostrearia) se ha encontrado en muchos sitios, aunque es probable que sean varias especies. De hecho, en 2012 se descubrió la segunda diatomea azul, Haslea karadagensis, en el mar Negro (Gastineau y col 2012).
Esta especie tiene un pigmento diferente a la marenina que tiñe a las ostras de color gris-azulado.

La reserva natural de Karadag (Crimea) donde se aisló
la diatomea Haslea karadagensis (Gastineau y col. 2012).
Fuente: discover Ukraine

…Y ya sabemos de la existencia de 2 especies más de diatomeas azules: Haslea provincialis y H. silbo. La primera se encontró en el Mediterráneo francés, pero ¿y la otra? ¿adivinan su origen?

Haslea silbo sp. inedit, 
(aún no está publicada)
Fuente: Gastineau (2011).

Pues sí, la isla canaria de La Gomera. La nombraron H. silbo por el silbo gomero, un lenguaje silbado creado por los aborígenes de la isla y usado por los pastores para comunicarse entre los barrancos.
¿Será que silbaron de emoción al descubrir la diatomea…?
El pigmento azul en las células de Haslea silbo es muy parecido a la marenina, pero tiene propiedades distintas en forma extracelular.

Nadie duda hoy de la relación entre ostras verdes y diatomeas azules pero a finales del s.XIX el zoólogo italiano Davide Carazzi lanzó una hipótesis alternativa y mantuvo una estéril disputa que llegó a lo personal con el ficólogo francés Camille Sauvageau.

Carazzi era «de naturaleza difícil, combativo y demasiado impaciente para ser capaz de defender con eficacia e implementar activamente sus ideas».  Así lo describen en el «Dizionario Bibliografico degli Italiani», aunque también dicen de él que su rechazo a la histología clásica provocó ideas innovadoras en varios laboratorios.

D. Carazzi fue profesor de la Universidad de Padua entre 1907-1918.
Fuente: http://emac2013.geoscienze.unipd.it/

Lo cierto es que Carazzi se enfrentó a los autores que demostraban que el color de las ostras se debía a la marenina de Navicula (=Haslea ostrearia). Para él se trataba de un fenómeno químico ligado al tipo de suelo.

Y lo justificó basándose en dos observaciones, la de un químico (Ad. Chatin) que no había examinado las ostras hasta los 80 años, y la de un naturalista que sobre 1870 lanzó esa misma suposición. Ninguno de ellos había visto diatomeas azules y Carazzi trabajó con ostras francesas pero no intentó cultivarlas con Haslea ostrearia.

En 1895 un perplejo E.R. Lankester (el que nombró «marenina» al pigmento de H. ostrearia), escribió en Nature a propósito de Carazzi: «Esperamos que exhiba en detalle cuáles son los errores de mis publicaciones sobre las ostras verdes de Marennes». Y en «Oysters and disease», publicado en 1898, tiran la toalla con Carazzi: «dado que Carazzi contradice prácticamente todo lo demostrado por otros autores sobre morfología y fisiología en ostras […] es difícil tomarle en serio y encontrar paciencia para entrar al detalle de todas sus afirmaciones.»

Camille Sauvageau
Fuente: culturagalega.org

La cosa quedó ahí hasta que una década después Camille Sauvageau revisó el asunto…y descubrió a Carazzi (Inciso: Sauvageau fue un reconocido botánico y ficólogo francés. Estudió la distribución y especies de algas en Galicia y el norte de la península ibérica a fines del s.XIX cuando apenas existían trabajos sobre ellas).
De Carazzi le indignó su falta de rigor pero sobre todo sus juicios sobre la honradez de investigadores franceses que conocía muy bien: «¿no se habrá inventado el Sr. Puységur la historieta de la Navicula para despistar a quien pretenda competir con la industria de las orillas del Seudre?».

Así que Sauvageau se atusó los bigotes, cargó el tintero y publicó en 1907 una memoria de 128 páginas sobre las ostras verdes. En aquel trabajo dejó recaditos como: «Carazzi muestra una falta de conocimientos generales…si Carazzi hubiera estudiado este asunto antes de tratarlo…las afirmaciones erróneas e insinuaciones malintencionadas de Carazzi…».
Él mismo confesó que guardó sus maneras y lenguaje habituales en el cajón…

 Enseguida le llegó una carta de Carazzi pidiéndole un ejemplar y asegurándole que si demostraba sus errores lo reconocería públicamente. En su lugar, Sauvageau recibió meses después un escrito de Carazzi titulado «Un caballero botánico (C. Sauvageau)». En él le reprochaba no haberle enviado su memoria («Todo apunta a que el honorable caballero se dijo: ése Carazzi ya debe estar muerto y enterrado […] así que le puedo insultar sin problemas»).
También de apropiarse del trabajo de otros para redactar tantas páginas, así como duras alusiones personales de Sauvageau, perlas como: «peca a la vez de de presunción e ignorancia…reemplaza la crítica por la difamación…cree que el verdeo de las ostras es una propiedad exclusiva del barrio de Marennes».

Tras el primer asalto Sauvageau saltó al «ring» otra vez en 1908 con «El profesor Davide Carazzi de la Universidad de Padua, las ostras de Marennes y la diatomea azul». El trabajo es divertido por el cabreo y humor ácido con que desmonta las explicaciones de Carazzi. Desbordado, se inventa el adjetivo «carazziano» para resumir la situación y termina con esta frase: «el Sr. D. Carazzi, profesor de zoología y anatomía comparada en la Universidad de Padua maneja la mentira y las calumnias con la misma soltura en 1908 que en 1896, y para que nadie lo ignore lanzo una tirada de 2000 ejemplares de este trabajo».

Fuente: All posters

Carazzi era zoólogo y las diatomeas no eran su fuerte. Aún así fue de Don Quijote y en vez de comprobar si los gigantes eran molinos no dudó en estamparse contra ellos.

Aún más: desconfiaba abiertamente del trabajo de sus colegas y no le convenció un experimento de Sauvageau en el que las ostras se volvían verdes tras cultivarlas 27 horas con Haslea ostrearia. El francés se limitó a repetir experiencias anteriores, pero Carazzi no quiso darle una oportunidad ni a las diatomeas ni a los autores que disentían de sus ideas, que eran esencialmente todos los demás…!!

Incluso el veterano químico de 80 años se pasó al lado oscuro cuando Bornet (maestro de Sauvageau) le invitó a comprobar el efecto de las diatomeas azules en los parques de ostras de La Tremblade. Seguro que Sauvageau no invitó a Carazzi…No terminó aquí la cosa: Carazzi respondió en 1909 con un trabajo titulado «Il caso Sauvageau» en el que debió llamar de todo menos guapo a su colega francés. No pude resistirme y encargué un ejemplar en Amazon a la librería Piani (Bologna), pero lleva un mes en el «limbo«. Cuando lo consiga prometo completar esta entrada con unas líneas sobre él !!


Adenda: casi un mes después de escribir esta entrada llegó por fin «Il caso Sauvageau» a mi buzón. Se trata de una réplica en italiano en la que Carazzi vuelve a incluir su artículo «Un caballero botánico» para aquellos universitarios italianos que no hubieran conocido la polémica desde el principio. La réplica de Sauvageau, tenía 2000 copias por tan sólo 200 del de Carazzi. Él mismo comenta «No escondo que el resultado más cierto de esta polémica, no iniciada por mí y que no tiene nada de científico, será el de divertir al público a nuestras espaldas, cada vez que el lector reconozca cómo nos hemos tirado de los pelos». Por último Carazzi declara que, en lo que a él respecta, la polémica está cerrada…y luego se defiende de varias alusiones de Sauvageau, a quien acusa de «odiosa diffamazione».

La verdad, ambos perdieron totalmente las maneras, aparte de que las razones científicas estaban del lado de Sauvageau. Y estoy de acuerdo con Carazzi en que ambos protagonizaron una divertida discusión. Me quedo con una frase de cada uno. Sauvageau dixit: «En todos los países hay incapaces, Francia perdió a Bouchon-Brandély pero en Italia continúa Davide Carazzi». Y Carazzi escribió:«Sería bueno prevenirle, en el caso de que quisiera publicar en Italia esas expresiones corteses y científicas, de que en dicho país el código penal condena las difamaciones con varios meses de cárcel y una fuerte multa».


Referencias:

-Carazzi D. Il caso Sauvageau. Padova, 24 pp. (1909).
-Gastineau R. y col. Haslea karadagensis (Bacillariophyta): a second blue diatom, recorded from the Black Sea and producing a novel blue pigment. Eur. J. Phycol. 47:469-474 (2012).
-Gastineau R. y col. Haslea ostrearia-like diatoms: biodiversity out of the blue. Ad. Bot. Res. 71:441-446 (2014).
-Herdman WA, Boyce R. Oysters and disease, 61 pp. (1898).
-Lankester ER. Green oysters. Nature 52:28-29 (1895).
-L’enciclopedia italiana (Treccani.it)
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