Sobre la cultura científica
Hay cosas que no las valoras hasta que las pierdes. Esta frase podría aplicarse a muchos temas pero aquí solo hablo de cultura científica.
¿Y qué es la cultura científica? Pues «el conjunto de conocimientos no especializados de diversas ramas de la ciencia que permiten desarrollar un juicio crítico sobre ellas y que idealmente poseería cualquier persona educada» (J.A. López, SEBBM). Es decir, dentro de la cultura general de cada uno…¿qué sabes de ciencia?. Cosas tan básicas como que la Tierra gira alrededor del Sol, la teoría de la evolución, las vacunas como protección frente a enfermedades, o que el tiempo y el clima son asuntos diferentes…todo eso es cultura científica. Y es útil. Sirve para mucho más que para acertar preguntas en un concurso de televisión. Por eso lo estudiamos desde el colegio.
Hoy en día, por el modo en el que nos informamos o por cuestiones políticas el gris ya no se lleva: todo es blanco o negro. Y la ciencia también ha caído en esas trincheras porque su apoyo o desprecio forma parte del marco ideológico de políticas opuestas. Divide y vencerás. También con la ciencia.
En general, los zascas que reciben la ciencia y los científicos llegan por la interpretación que hacen terceros de sus resultados y usos, ya sea desde los representantes públicos o comunicadores de medios tradicionales y digitales. La ciencia no es ajena a esas batallas ideológicas: sufre las consecuencias de una mayor o menor inversión pública que impulsará su desarrollo, lo ralentizará o provocará escenarios peores. Como la planta del amor, si no la riegas constantemente se marchita!

Manifestación convocada por «La marea roja por la ciencia» (Madrid, 27 septiembre 2016). Autor: Marcos del Mazo. Fuente: Ciencia con Futuro.
La ciencia es una actividad humana y como tal también se equivoca pero posee mecanismos de corrección de errores a distintos niveles. Para empezar los artículos científicos se revisan por otros colegas antes de su publicación. Y la comunidad científica examina con lupa los resultados del laboratorio X, que son luego comprobados o utilizados por otros laboratorios…si la cosa no funciona es que hay gato encerrado. Un error involuntario o a lo peor un resultado trucado tardan poco en salir a la luz. Antes se pilla a un científico tramposo que a uno cojo.
Comprender esto es importante porque nos permite ser críticos también con ella, revisar nuestras propias creencias y formarnos una opinión acerca de, por ejemplo, el cambio climático, el riesgo de sufrir enfermedades si no nos vacunamos (ya véis que tengo fijación con esto), el agotamiento de los mares, etc. En resumen, adquirir una cultura científica que nos será útil y beneficiosa en el día a día para nosotros y nuestra comunidad. En función de ello votaremos a unos políticos sobre otros y formaremos parte de ciertos colectivos en la sociedad. Aquellos acorde a nuestra visión sobre estos temas.
Es una catástrofe escuchar que en 2025 hay gente que todavía piensa (o eso dice) que la Tierra es plana porque «la ven plana». O que la DANA de Valencia la produjeron los «chemtrails». Contra ese tipo de mensajes lo único que podemos hacer es sembrar de contenidos rigurosos las fuentes de información y apoyar políticas (o influir en ellas) para que tengan en cuenta la necesidad de invertir más en educación e investigación en beneficio de la sociedad. La Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco es ejemplo de iniciativas en este sentido para promover el conocimiento científico desde una institución pública.
Todos hemos creído en cosas como ovnis y fantasmas ¿verdad? el problema es que no te replantees nunca si eso tiene sentido o existe alguna evidencia detrás. Con ello va cayendo el decorado de fantasía y surge otro más bello y fascinante pero que requiere esfuerzo por nuestra parte: descubrir la realidad y la naturaleza del mundo que nos rodea.
Quiero pensar que a pesar de todo vamos a mejor. En España aún resuena aquella frase de 2007 en la que el presidente Mariano Rajoy dijo, citando a su primo catedrático de Física en la Universidad de Sevilla, que si no era posible predecir el tiempo mañana en Sevilla quien puede suponer lo que pasará dentro de 300 años…y que por ello el cambio climático no se podía convertir en el gran problema mundial.
Ocho años después, en la cumbre COP21 de París, el mismo Rajoy aseguró que el cambio climático era «el mayor reto medioambiental al que nos enfrentamos«. Sobre su famosa frase dijo «cuando uno se equivoca lo mejor es rectificar y yo he rectificado muchas veces porque me equivoco a menudo» (El Mundo, 30-XI-2015). Anunció incluso una Ley de Cambio Climático para su próxima legislatura, en caso de ser reelegido. Y así fue (reelegido por el PP) pero tras la moción de censura y el relevo en la presidencia por Pedro Sánchez dicha ley se aprobó en 2021 por un Gobierno de signo opuesto con el apoyo de todos los grupos excepto Vox (que votó en contra), y PP y Más País-Verdes Equo, que se abstuvieron.
Cito aquella frase porque es evidente que Rajoy mejoró su cultura científica (se informaría y asesoraría a raíz del cachondeo mediático). Tomó conciencia de un asunto que hasta 2007 ignoraba en lo más básico: distinguir el tiempo del clima. Ojo ¡lo ignoraban él y su primo catedrático!. Esta es otra constante de nuestros tiempos: una vez que metes la pata la rectificación ya no cuenta. Todos nos equivocamos y si quien rectifica para bien es además presidente del país nos beneficiamos todos.
Las creencias son irracionales. Si alguien ve la tierra plana desde su casa y por ello cree vivir en una alfombra voladora no le convencerás de lo contrario hasta que le metas en un cohete y vea «la canica azul» desde el espacio. Y aún así se inventarían algo, estoy seguro. Lo que sí podemos conseguir es que aumente la cultura científica en nuestra sociedad y que ese tipo de discursos no calen y apenas muevan al estupor y las risas.

Fuente: Amazon
La ciencia la hace el personal investigador, así que la divulgación que podamos realizar por nuestra parte (en colaboración con medios de comunicación y/o desde instituciones científicas), es fundamental para transmitir descubrimientos a la sociedad, sus posibles beneficios y limitaciones, refrendar lo que ya sabemos desde la Antigüedad (o varios siglos atrás), y contribuir a mejorar la cultura científica de la ciudadanía, incluidos los representantes que nos gobiernan en ayuntamientos, comunidades autónomas y a nivel de las instituciones del Estado en general.
Lo que sucede en estos momentos en EEUU con un ataque frontal a la ciencia desde su propio gobierno, en manos de representantes sin cultura científica (o con ella pero que intentan engañar a la sociedad con bulos para perseguir objetivos políticos y económicos particulares) es un ejemplo perfecto de lo que ya vivimos a menor escala en Europa con grupos de ultraderecha como VOX en España. Sin embargo, qué queréis qué os diga, la UE con sus virtudes y defectos creo que ha conseguido (por fin) generar una identidad y valores europeos garantes de que ciertos desmanes nunca prosperarán entre sus fronteras. Espero no equivocarme.
A menudo me pregunto ¿por qué no ha habido programas de divulgación científica en televisión más allá de los medios públicos? yo al menos no los recuerdo. RTVE apuesta de manera constante con múltiples formatos como «El cazador de cerebros» y «Órbita Laika», entre otros muchos disponibles en el portal digital «Ciencia y Futuro».
En prensa escrita y radio la situación es diferente. Sobre esta última, RNE destaca con diversas emisiones como «A hombros de gigantes», «Sapiens», o «Entre probetas», reunidas en una colección de «Podcasts de divulgación». En el caso particular de Galicia tenemos «Efervesciencia» en la pública autonómica (RG). A nivel nacional, las principales emisoras privadas, todas sin excepción, incluyen contenidos de divulgación donde dan voz a las y los científicos de manera habitual. El resto de divulgación se hace desde plataformas digitales, redes sociales (incluyo aquí a los blogs) y podcasts diversos que sobre todo desde la pandemia han multiplicado la oferta de contenidos.
Cada quien puede escoger sus opciones preferidas en un amplio abanico. Pero eso sí, medios o divulgadores que tengan una base mínima científica para sustentar lo que digan.
Aún así, a partir de fuentes fiables (un artículo científico en una revista seria), puede también salir un batiburrillo.
Por ejemplo, en el digital 20 minutos acaban de publicar esta noticia: «Las misteriosas ‘mareas rojas’ que llegan a las costas de Florida y su explicación, según la ciencia«. El texto describe «mareas rojas destructivas para el medio ambiente» de las cuales «la causa exacta ha desconcertado a los investigadores, hasta ahora«. Y añade luego que «por primera vez, los científicos han identificado casi una docena de virus asociados con los eventos de marea roja, y han descubierto que son provocados por un crecimiento masivo de algas«.
Cualquiera que lea este artículo de divulgación pensará que hay un fenómeno misterioso y aterrador recién descubierto: microalgas tóxicas y virus que proliferan juntos en la costa de Florida. Vaya cóctel. La noticia añade «El estudio identificó al organismo responsable de las mareas rojas como Karenia brevis, que fue recolectada durante eventos de mareas rojas anteriores.»
Estas mareas rojas en Florida y el Golfo de México (sí, el de México!!!) son bien conocidas desde antiguo. Es un tema de investigación muy interesante por sus consecuencias sobre la fauna marina y la salud humana. Si tenéis curiosidad podéis revisar entradas en el blog como «El agua amarga de Karenia« y «The Florida Red Tide». Por tanto, el dinoflagelado tóxico Karenia brevis es un viejo conocido y objeto de estudio desde hace décadas en la zona…

Karenia brevis: imagen al microscopio electrónico (Fuente: myfwc) y óptico (Autor: F. Rodríguez)
Los virus forman parte del ecosistema marino («El mar es una sopa de virus»), donde infectan a sus respectivos huéspedes y su presencia en los blooms de fitoplancton no es sorpresa para nadie. Lo inaudito sería que no estuviesen. Lo novedoso es averiguar qué virus se asocian con estas mareas rojas, la evolución de sus poblaciones, caracterizarlos con herramientas genéticas y en base a ello proponer incluso que esa información sirva para predecir blooms de K. brevis.
El estudio al que se refiere la noticia, Lim y col. (2025), no va más allá de esto ¡¡que ya es mucho sin tener que inventarse nada!! Si no supiera nada del tema y leyese el 20 minutos creo que entendería algo totalmente distinto. Contrastar varias fuentes de información siempre es buena idea y la divulgación científica no es una excepción…
Agradecimientos: a Julio Valeiras y José Luis Garrido por enviarme el artículo de 20 minutos.
Referencias:
- Lim S.J. y col. Diverse ssRNA viruses associated with Karenia brevis harmful algal blooms in southwest Florida. mSphere 0:e01090-24. (2025)



