Un mar de Verne #2: Segunda Patria

Imagen de portada [GK Hart/Vikki Hart/Getty Images]

Jules Verne publicó “Segunda Patria” (1900) como continuación de “El Robinson Suizo” (Johann D. Wyss, 1812).

Ilustración de George Roux (Colección Hetzel) para Segunda Patria. Fuente: http://jv.gilead.org.il

En el prefacio confiesa que novelas como esa y “Robinson Crusoe” (Daniel DeFoe, 1719) le marcaron el gusto por el género de aventuras y tuvieron parte de culpa en su dedicación como escritor a la saga de Los Viajes Extraordinarios (“Segunda Patria” hace el nº47 de la serie).

Verne comienza la narración cuando la familia Zermatt lleva 12 años en una isla perdida en el Índico a la que llaman “Nueva Suiza”.

Es una isla muy loca!! con una biodiversidad que ya quisieran muchos zoológicos: antílopes, tigres, hipopótamos, chimpancés, avestruces, etc…y en sus aguas también hay de todo, desde lobos marinos hasta Nautilus!

Los Zermatt son un matrimonio suizo con cuatro hijos varones. Estos Robinsones transforman la isla en un paraíso, con tierras cultivadas, granjas y varias residencias entre las que se reparten durante el año. Luego se une a ellos una joven inglesa que vivía en un islote (“La Roca Humeante”), a la que rescata uno de los hijos tras descubrir su mensaje de socorro en la pata de un albatros.

Finalmente se suma otra familia, los Wolston (con dos hijas), que viajaban en un barco desde Australia atraído hacia la isla por los cañonazos que lanzaban los Zermatt desde el islote del Tiburón.

Bueno, vamos a las algas. El primer asunto tiene que ver con este simpático roedor…

Fuente: rabbits.life

En el islote de la Ballena pululan cientos de conejos y los Zermatt descubren que comen tanto plantas terrestres como algas -entre otras, Fucus saccharinus (=Saccharina latissima)-

¿Esto es posible, los conejos comen algas? Para interesados en el “mundo conejil” existen webs como Online rabbit care. Y en ella se preguntan lo mismo: Can Rabbits Eat Seaweed?

Aquí tienen su respuesta: “En absoluto, desafortunadamente no pueden. Las algas tienen mucho sodio y los conejos no pueden ingerirlo en gran cantidad. Podrían mordisquearlas pero comerlas dañaría sus riñones.” [trad.]

Sin embargo, quise profundizar en este asunto. Mi olfato científico me decía que los conejos podían estar ocultando algo más. Y en Youtube les pillé con las patas en las algas…

Sobre una playa en las Islas Shetland (Mar del Norte) este conejito se pone hasta las orejas de algas pardas (Fucus secos?). Así que la escena que describe Verne podría ser real: quizás él mismo la vio o se la comentaron. El hecho es que los conejos no parecen hacerle ascos a las algas [NOTA: entre el público que asistió a la charla el 9 de mayo alguien comentó haber visto vacas comiendo algas en una playa de Andalucía…sorpresas te da la vida.]

El segundo asunto comienza con un grupo de náufragos que llega a la isla. Uno de los personajes, un capitán irlandés, camina por la playa y descubre laminarias y fucos filiformes con racimos que reventaban al ser pisados. Y comenta a sus compañeros:

“Cuando no hay otra cosa, esto se come. En mi país, en los puertos de Irlanda, se hace compota con ellos.”

The Medical and Physical Journal (vol XX, 1808). Fuente: Google Books.

Y dice bien. Encontré una publicación de medicina (impresa en 1808 en Londres), “The Medical and Physical Journal”, en la que se habla de los usos culinarios y medicinales de las algas.

Entre otras cita Fucus palmata (hoy Palmaria palmata), por la que se deleitan en Escocia e Irlanda, donde la comen seca o hervida. Y precisamente seca es como la vendían en las calles de ciudades costeras irlandesas como Dublín y Cork. Además, añade que en Irlanda del Norte los pobres la consumían hervida.

También menciona otra especie, Fucus esculentus (=Alaria esculenta), que comían en Irlanda del Norte aunque también se la daban al ganado.

Así pues, Verne reflejaba simplemente la costumbre de comer algas en Irlanda y que llega hasta hoy, con cultivos marinos y empresas como Irish Seaweeds que comercializa cápsulas de KELP (Laminaria y Fucus vesiculosus) como complemento nutricional por su alto contenido en yodo.

El tercer y último asunto son las velas con algas:

Quedaba la cuestión de alumbrar el interior de la gruta cuando el tiempo impidiera trabajar fuera. […] se ocuparon en fabricar gran número de gruesas velas con la grasa de los lobos de mar que frecuentaban la ensenada, y la captura de los cuales no ofrecía dificultad […] fundiendo dicha grasa, obtuvo una especie de aceite, que, al enfriarse, se congelaba, y por no disponer del algodón que monsieur Zermatt recolectaba, se contentó con la fibra de las laminarias marinas, disponiéndolas a manera de mechas.

Laminaria ochroleuca y yo en la playa de Laxe (A Coruña, abril 2018). Autor: F. Rodríguez.

Toma castaña! después de leer este párrafo olvidé para siempre a los conejos. Ahora tenía que fabricar velas como en la novela para comprobar si era verdad o fantasía que pudieran usarse laminarias.

Así que durante varios fines de semana a comienzos de primavera me dediqué a recoger laminarias en la playa. El estipe de especies como Laminaria ochroleuca parece ya de por sí una mecha, aunque obviamente está húmedo y hay que secarlo bien.

Pero las algas secas son quebradizas y antes de nada hay que cortarlas en láminas finas y entrelazarlas (sujetas con un hilo por ejemplo) como las fibras de una mecha normal. Así dispuestas las coloqué en una estufa a 40ºC durante 24 horas. Bien, ya tenía las mechas de laminaria, ahora me quedaba la grasa.

Así es la manteca de cerdo (“pingo”) que usé para fabricar las velas. Autor: F. Rodríguez

En Galicia, a falta de lobos marinos (que tampoco es plan) lo más parecido y fácil de conseguir es grasa de cerdo. En concreto manteca (“pingo” en gallego). Con ella conseguí el combustible de la vela.

Sólo me quedaba fabricar la vela fundiendo el “pingo” al baño maría, y luego introduje una mecha de algodón y otra a base de laminarias.

Les diré que la vela de algodón prendió una llama sostenida (eso sí, con un ligero tufillo!), pero por más que lo intenté no conseguí hacer lo mismo con la mecha de laminarias.

Observé que las laminarias se queman muy pronto y se calcinan sin dar tiempo a que una débil llama inicial se mantenga. Por mucho que empapes la mecha en manteca la composición química de las fibras terrestres y marinas no tiene nada que ver.

Así que no pude replicar lo que describe Verne. Es más! creo que es imposible hacer velas con laminarias. Pero existe otra posibilidad: que sea un torpe en comparación a Monsieur Zermatt, así que si alguno de ustedes consigue fabricarlas no duden en avisarme!

Referencias:

-The Medical and Physical Journal. Bradley T. & Adams J. Vol XX, nº 113. 570 pp. (1808).
-Verne J. Segunda Patria, 302 pp. (1900). Lectulandia.

 

 

 

 

 

 

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4 comentarios
  1. Maria Sainza
    Maria Sainza Dice:

    Otra estupenda entrada, gracias a tu interpretación del mundo de Verne estoy aprendiendo mucho de las algas y sus usos pasados y futuros….aunque ya me queda claro que como mecha para las velas no!

    Responder
  2. Conchita Curto Pèrez
    Conchita Curto Pèrez Dice:

    Felicidades! Me gusta mucho còmo nos cuentas nuestra relaciòn con el mundo de las algas, sobre todo a los no iniciados en la materia.
    Què pena me da no haberte escuchado en ” La pecera”.
    Continua con tanta Fitopasiòn!!!!

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    • Francisco Rodriguez
      Francisco Rodriguez Dice:

      Muchas gracias Conchita! seguiré sacando tiempo para buscar historias y escribirlas aquí…la próxima charla la anunciaré más, mejor pasarse de pesado a veces si sirve para que se entere más gente que pueda estar interesada y le coincida bien el día y el lugar!

      Responder

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