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Cinco canciones de IZAL

Imagen de portada: IZAL (fuente: El Correo)

En verano proliferan microalgas y festivales de música. Así que la entrada de hoy mezcla ambos asuntos en homenaje a un grupo que ya no encontraremos en ningún cartel: IZAL.

La banda liderada por Mikel Izal fue uno de los referentes del pop nacional de la última década. Llamadle pop o indie, lo cierto es que surfearon la ola levantada por grupos como Vetusta Morla o Love of Lesbian, construyendo su propio sonido y una carrera de éxito que interrumpieron en lo más alto.

Si queréis repasar su biografía musical os recomiendo este documental sonoro de Radio 3: «Izal: historia de una gran revolución».

IZAL publicó 5 álbumes de estudio entre 2012 y 2022. Los recorreré en orden cronológico, escogiendo una de mis canciones favoritas en cada uno de ellos, para contaros 5 historias.

En la portada de su primer álbum aparecía el mar recortado como dos rostros a punto de besarse…

  1. QUÉ BIEN («Magia y efectos especiales», 2012)

Qué bien que en mis pupilas siga entrando luz del sol…

Esto de las pupilas lo podrían decir algunas microalgas, en concreto dinoflagelados warnówidos que poseen un «oceloide» con estructuras análogas a una córnea, cristalino, iris y retina. Este fitoplancton tan raruno (de los géneros Erythropsidinium,Warnowia y Nematodinium), no se ha conseguido cultivar en el laboratorio.

Recientemente se ha descubierto que sus oceloides evolucionaron a partir de orgánulos preexistentes.

Así, la córnea consiste en una capa hecha de mitocondrias, la lente son vesículas apiladas y el cuerpo retiniano consta de plástidos interconectados. Dicho cuerpo es el núcleo central de una red de plástidos (como los que contienen peridinina), adquiridos mediante endosimbiosis con un alga roja.

Por tanto, estos dinoflagelados han modificado orgánulos como mitocondrias y plástidos con funciones metábolicas «clásicas» para construir un nuevo orgánulo más complejo. ¿Su función? los warnówidos son heterótrofos y se sospecha que los oceloides podrían facilitar la detección de presas, como otros dinoflagelados…

Precisamente nuestra colega del IEO de Vigo, María García Portela, trabajó con uno de estos dinoflagelados con oceloides, renombrándolo como Nematodinium parvum (García-Portela y col. 2023).

 

2. ASUNTOS DELICADOS («Agujeros de gusano», 2013)

Arrímate (arrímate)

Arrímate (arrímate)

La reproducción sexual de las microalgas es un asunto fascinante y aquí resumiré un estudio reciente sobre una especie planctónica que conocéis por sus mareas rojas y bioluminiscencia: Noctiluca scintillans.

Primero hay que recordar que las Noctilucas no son microalgas. Son heterótrofas, se alimentan de diversas presas del plancton y en su ciclo de vida alternan reproducción asexual (por fisión celular) y sexual («células madre» o gametocitos).

Lo que no se conocía eran los factores que llevan a las Noctilucas a «escoger» el sexo en lugar de dividirse sin más…

En otros dinoflagelados suelen ser cambios ambientales como la limitación por nutrientes, luz o temperatura. En Noctiluca, debido a la dificultad de mantener cultivos sanos en el laboratorio, no podíamos responder a esa cuestión.

Pues bien. Unos investigadores taiwaneses (Lee y col. 2021) tuvieron éxito cultivándolas y determinaron cuándo se transforman en gametocitos las células vegetativas de N. scintillans («trofontes», las responsables de las mareas rojas que tanto aparecen en este blog).

Sus conclusiones tienen lógica. Los «nutrientes» de Noctiluca son sus presas y han descubierto que cuando estas escasean, después de la proliferación masiva de trofontes, se desencadena la transformación en células sexuales capaces de liberar hasta 1024 gametos en apenas 20 horas.

Los gametocitos no flotan y a diferencia de los trofontes se hunden. Así que el final de los blooms de Noctiluca podría deberse entre otros factores (como la predación y dispersión por las corrientes) a que ellas mismas desaparecen al no encontrar presas suficientes y pasar al «modo sexual».

 

3. PEQUEÑA GRAN REVOLUCIÓN («Copacabana», 2015)

Bienvenida a casa
Pequeña gran revolución
Que con tus pasos marcas
Un nuevo rumbo en dirección…

Mi canción favorita de IZAL la asocio a un hecho crucial en la historia de la vida: «la gran oxidación». Hace 2.400 millones de años (m.a.) los niveles de oxígeno en la atmósfera aumentaron de forma brusca terminando con el efecto invernadero que provocaba la acumulación de metano.

La culpa la tuvo un invento de las cianobacterias: el fotosistema II, capaz de absorber la energía del sol oxidando el agua y liberando oxígeno como producto residual. Fue tan útil que lo copiarían las actuales microalgas y vegetales terrestres gracias a la endosimbiosis de sus ancestros con otras cianobacterias.

La gran oxidación supuso un enfriamiento del planeta y envenenó a las formas de vida que no podían tolerar esa subida de oxígeno que ocurrió en varias etapas. Tras un ascenso brusco («la gran oxidación») se produjo una estabilización del oxígeno hace 1.800 m.a., pero los océanos profundos continuaron anóxicos.

Fue hace 600-800 m.a. cuando volvió a aumentar llegando a los niveles actuales y oxigenando los océanos por completo. Los fotosistemas de las cianobacterias evolucionaron a partir de microorganismos fotosintéticos anaerobios pero la fotosíntesis y la respiración aerobias fueron una gran revolución y el primer paso hacia las formas de vida complejas.

No quedan burbujas de aire atrapadas de aquella época así que esto lo sabemos mediante restos geológicos y biológicos. Entre estos últimos se encuentran los estromatolitos (estructuras sedimentarias producidas por microorganismos como las cianobacterias) y biomarcadores que demuestran la existencia de oxígeno.

Las cianobacterias ya prosperaban antes de la gran oxidación y se han encontrado pruebas de incrementos previos puntuales (¡pequeños oasis!) de oxígeno. Pero se cree que fueron una serie de cambios ambientales y evolutivos (las formas multicelulares) los que desequilibraron la balanza a su favor, extendiendo su dominio y transformando para siempre nuestro planeta.

 

4. EL POZO («Autoterapia», 2018)

Y ahí afuera buscaremos al malo
Y los buenos nos tendrán que creer

Los mares son un pozo de dióxido de carbono y calor: absorben el 30% de las emisiones de CO2 y retienen el 90% del calor que estas generan. A la captura de ese CO2 contribuyen las praderas submarinas, manglares, arrecifes y microalgas.

La absorción del exceso de CO2 antropogénico tiene un coste en forma de acidificación de los océanos que puede afectar a la viabilidad de aquellas formas de vida que usan conchas y esqueletos de carbonato cálcico, como los invertebrados marinos.

Sin embargo, el potencial de los océanos para retener CO2 se podría aprovechar en nuestro favor para inyectar de forma intencionada este gas en las capas profundas. Allí podría permanecer retenido durante siglos contribuyendo a la reducción de este gas y sus efectos sobre el calentamiento global.

El propio IPCC publicó un informe acerca de esta estrategia en 2018. Pero el coste económico y sus consecuencias sobre las comunidades profundas, entre otros aspectos como las leyes y desarrollo de las tecnologías necesarias, plantean serios obstáculos a su puesta en marcha a gran escala.

Parece más razonable buscar otras vías, como la captura biológica de CO2 mediante p. ej. las microalgas, uno de los métodos más efectivos para este objetivo: fijan entre 10-50 veces más CO2 que las plantas terrestres y sus tasas de crecimiento son mucho más elevadas. Además, la biomasa que producen luego puede aprovecharse en aplicaciones alimentarias, cosméticas, farmacéuticas, biocombustibles, etc.

El obstáculo en este caso es cómo mantener cultivos masivos y rentables a escala industrial para que las microalgas lleguen a jugar un papel importante en las próximas décadas en la captura biológica de CO2.

 

5. FOTOGRAFIAS («Hogar», 2022)

Mientras dure todo esto, solo quiero ser sincero y no guardarme nada

Como seres visuales que somos, las imágenes son lo primero que suelen captar nuestra atención. En el caso de las microalgas, la belleza y diversidad de sus formas creo que atraen, por experiencia, al público general sin necesidad de otra información, más allá de la ciencia…

No podemos empatizar con el fitoplancton pero sí apreciar y reconocer el papel fundamental que cumple en los ciclos naturales y la vida del planeta.

Es fácil concienciar sobre la importancia de conservar y proteger ecosistemas terrestres y acuáticos con fotografías de animales en peligro de extinción como linces, ballenas u osos polares. En el caso del fitoplancton, aunque las especies también evolucionen y se extingan, nadie se va a creer que haga falta proteger a las diatomeas (por citar un grupo icónico por su importancia ecológica). Save the diatoms!!

En cambio, las alteraciones que sufre el plancton cuando se modifican las condiciones ambientales, debido al calentamiento global o vertidos de origen humano en zonas costeras, afectan realmente a la fauna y a los recursos marinos, con serias consecuencias sociales y económicas.

Para darnos cuenta del impacto de las microalgas sobre el planeta, las mejores imágenes no son las conseguidas con microscopios sino las que ilustran desde el espacio la inmensidad de sus proliferaciones, a lo largo y ancho del océano.

Bloom de fitoplancton (posiblemente cocolitofóridos) en el mar de Barents, 6 de julio 2016. Fuente: NASA Earth Observatory.

Referencias:

  • García-Portela M. y col. Studies on the complex Warnowiaceae (Dinophyceae) I. Lohmann’s Pouchetia parva refound and renamed Nematodinium parvum comb. nov. (=Warnowia parva). Phycologia 62(5): 421-435 (2023).
  • IPCC Special Report on Carbon dioxide Capture and Storage. Chapter 6: Ocean storage. 42 pp. (2018). Disponible en https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2018/03/srccs_chapter6-1.pdf
  • Lee J.L.-N. y col. Sexual reproduction in dinoflagellates—the case of Noctiluca scintillans and its ecological implications. Front. Mar. Sci. 8:7043 (2021).
  • Olejarz J. y col. The Great Oxygenation Event as a consequence of ecological dynamics modulated by planetary change. Nat. Commun. 12:3985 (2021).
  • Onyeaka H. y col. Minimizing carbon footprint via microalgae as a biological capture. CCST 1:100007 (2021).
  • Sessions A.L. y col. The continuing puzzle of the great oxidation event. Curr Biol. 19:R567-74 (2009).
  • Schirrmeister B.E. y col. Cyanobacteria and the Great Oxidation Event: evidence from genes and fossils. Paleontology 58:769-785 (2015).

Sobre el mar de ardora en Galicia

El mar de ardora en las playas de Galicia lo producen especies bioluminiscentes de dinoflagelados.

Es cierto que muchos seres marinos, desde simples bacterias hasta medusas, cefalópodos y peces pueden ser bioluminiscentes. Se trata de un fenómeno mucho más extendido en el mar que en el medio terrestre. Pero el mar de ardora que vemos en superficie cerca de la costa y en las playas se debe al plancton microscópico. En concreto dinoflagelados.

Los dinoflagelados incluyen un número parecido de especies fotosintéticas (estas pertenecen al fitoplancton) y heterótrofas (zooplancton). Ambas pueden producir bioluminiscencia y la luz que emiten es siempre la misma (azul-verdosa con un máximo en el azul). Solo varían la intensidad por célula y el tipo de flash que emite cada especie. La hipótesis más aceptada es que cumple una función defensiva frente a predadores.

Nuestra capacidad visual nocturna hace que la percibamos de forma distinta -desde el plateado al azul o azul-verdoso- dado que a más intensidad mejor capacidad tenemos para distinguir su color. Cuando es muy tenue apreciamos una bruma plateada o gris, mientras que un equipo fotográfico siempre registra un azul eléctrico.

Agosto de 2020. Mar de ardora en la playa de Carnota. Autora: Ana García. Fuente: La Voz de Galicia (13-VII-2021).

Hace cientos de millones de años que los dinoflagelados bañan las costas de todo el planeta y producen mares de ardora. Lo sabemos porque podemos datar la antigüedad de las especies a partir del registro fósil o mediante relojes moleculares basados en secuencias de ADN.

Si ciertas especies son bioluminiscentes es razonable pensar que bien lo eran cuando surgieron o adquirieron después esa capacidad a lo largo de la evolución (coloquialmente: «un porrón» de millones de años). Los relojes moleculares sugieren p.ej. que un grupo de especies del género Alexandrium (a las que pertenece la bioluminiscente A. tamarense entre otras) divergieron de sus antecesoras hace 23-45 millones de años.

En cuanto a la extravagante Noctiluca scintillans su relación con el resto de dinoflagelados es controvertida. Empleando marcadores moleculares varios trabajos sugieren una posición primitiva en el árbol evolutivo. Sin embargo, un estudio filogenómico usando 205 genes relaciona a Noctiluca (y otras Noctilucales) con el género Amphidinium. Lejos de esa posición ancestral que sugerían filogenias más sencillas.

Marea roja de Noctiluca, septiembre 2021 (playa de Areamilla, ría de Vigo). Autor: F. Rodríguez

En el caso de Noctiluca, además de su variedad verde (con endosimbiontes fotosintéticos; solo en Asia) y roja (heterótrofas, como las del oceáno Atlántico), se da otro hecho curioso relacionado con el mar de ardora. Las Noctilucas de la costa oeste de Norteamérica (rojas allí también) no son bioluminiscentes porque los genes responsables están silenciados. ¿Qué explicación puede tener esto? se aceptan hipótesis evolutivas y ecológicas…

Volviendo a Galicia, no tengo pruebas ni tampoco dudas de que nuestros antepasados celtas (que tanto gustaban del marisco) observaron mares de ardora.

Cada año se publican nuevas noticias, más imágenes y vídeos de la bioluminiscencia en Galicia, tanto en las Rías Altas como en las Baixas. A Costa da Morte en la provincia de A Coruña suele ser protagonista de los avistamientos. Y la playa de Carnota un destino recurrente en los últimos años para observar el mar de ardora.

Pero muchas otras playas en dicha región y otras zonas de Galicia ofrecen también la posibilidad de disfrutar de este fenómeno en los meses de verano, típicamente entre junio y septiembre. Aquí dejo algunos ejemplos de este mismo año.

Marea roja en Sada (9 de junio 2024). Autor: F. Rodríguez.

Las primeras imágenes de ardora se publicaron a inicios de junio en Sada, en la ría de Ares (A Coruña), con este titular de La Voz de Galicia: «Las playas de Sada tienen un nuevo reclamo con el Mar de Ardora» (7-VI-2024).

Las muestras que recogimos en el puerto de Sada, coincidiendo con la ardora y la marea roja que acabais de ver, demostraron que el responsable de ambos fenómenos era el dinoflagelado Lingulodinium polyedra: fotosintético, potencialmente tóxico y brillante como un faro submarino. ¡Si hasta tiene forma de farolillo y todo!

Aquí lo tenéis. El vídeo pertenece a una muestra nocturna recogida durante la ardora en el puerto de Sada.

La costa de Galicia es muy variada, tenemos rías como la de Ares, pequeña y con mayor influencia de agua dulce, o playas abiertas como Carnota y Estorde, fuera de las rías pero con aportes fluviales cercanos. En julio y agosto se ha observado mar de ardora en esas playas, algunas noches muy intenso y extendiéndose incluso a lo largo de toda la playa de Carnota (y mira que es larga, la mayor de Galicia con 7 kilómetros).

En este caso, a partir de muestras recogidas la madrugada del 9 de agosto en Carnota ¡en medio de la ardora! confirmamos que la bioluminiscencia se debía en este caso a una proliferación de Alexandrium tamarense. Ni una sola Noctiluca a la vista. Se trata de la misma especie que en septiembre de 2021 encontramos en la playa de Rebordelo (Cabana de Bergantiños) en la ardora más brutal que yo haya visto nunca y que documenté en esta entrada anterior.

Aquí tenéis dos vídeos de las muestras de ardora en Carnota. En el primero aparece la especie bioluminiscente: Alexandrium tamarense.

Y en el segundo un ciliado (Favella) atiborrado de Alexandrium en su interior. Se estaba dando un auténtico festín ya que en la muestra llegué a contar 466.000 células por litro de Alexandrium.

La madrugada del 30 de julio me embarqué en Fisterra a bordo del Fish-Terra para muestrear y disfrutar también del mar de ardora, pero esta vez más alejado de la costa. En este caso, documentado por La Voz de Galicia (11-VIII-2024), la única especie bioluminiscente que identifiqué en aquellas muestras fue el dinoflagelado heterótrofo Protoperidinium diabolus, con hasta 16.000 células por litro.

Es decir, en este caso no se trataba de fitoplancton sino de zooplancton: la misma categoría a la que pertenece Noctiluca, aunque P. diabolus posee un tamaño mucho menor (60-100 micras, diez veces menos que las Noctilucas).

Protoperidinium diabolus se alimenta de otras microalgas y no posee cloroplastos para realizar fotosíntesis. Ni falta que le hacen a este cazador microscópico. Su género contiene el mayor número de especies bioluminiscentes documentadas hasta la fecha entre los dinoflagelados, incluyendo a P. diabolus.

Estos 3 casos prácticos y documentados son un ejemplo de la diversidad de especies bioluminiscentes en las costas de Galicia, en función de las condiciones oceanográficas, la época y la sucesión del plancton en las rías, playas o aguas costeras abiertas. Seguramente registraremos varias especies más como responsables de la ardora en Galicia a medida que consigamos nuevas muestras.

La clave es que no podemos generalizar sobre los organismos responsables –más allá de que son dinoflagelados– sin conseguir muestras que nos permitan confirmar qué especie/s contribuyen a esa bioluminiscencia. No es necesario que exista una marea roja sino que las especies bioluminiscentes alcancen una densidad suficiente. Y está visto que 16.000 células por litro de P. diabolus bastan y sobran. En cambio, para que una marea roja sea visible se necesitan al menos 1 millón de células por litro (excepto Noctiluca, gracias a su tamaño tan grande).

No hay posibilidad de predecir dónde, cuándo y cuánto se va a ver el mar de ardora, al menos a día de hoy. Acumular datos con fechas y localizaciones es el paso necesario para relacionar la bioluminiscencia con las condiciones oceanográficas y otras variables que permitan elaborar modelos predictivos.

Cuando se repite su observación en el tiempo (durante días o semanas) las posibilidades de contemplar la ardora aumentan. Solo hace falta paciencia y disfrutar del momento. No esperemos fuegos artificiales, las imágenes y vídeos que se comparten son siempre los más espectaculares. Pero no es la norma cuando nos acercamos una noche de verano a la playa.

Mar de ardora en la playa de San Pedro (Sada). Autora: Ana García. Fuente: La Voz de Galicia (8-VI-2024)

Cuando comprendemos lo que estamos viendo la experiencia es más profunda aunque sean chispazos de luz en el mar y en la arena. Si encima las olas brillan intensamente y te bañas entre ellas será inolvidable. Pero nadie puede asegurarlo porque las poblaciones del plancton son como las nubes del cielo (parafraseando a Margalef) que se mueven con las corrientes, agregándose y dispersándose a lo largo de la costa.

Para las gentes del mar la ardora es algo habitual y de toda la vida. Se usa desde antiguo para localizar bancos de peces, siendo las sardinas la especie más icónica. Aunque como bien me contaba el patrón del Fish-Terra, cuando hay mucha ardora es «un fastidio» porque los anzuelos y redes se iluminan bajo el mar dejando los aparejos a la vista de sus potenciales capturas.

En resumen, el efecto llamada existe y es inevitable que cuánto más se informe sobre el mar de ardora más gente quiera disfrutarlo en directo. Eso en sí no es malo, yo también me desplazo para verla cuando puedo. En Galicia hablamos con orgullo de su naturaleza y esto es un atractivo más. Aunque la ardora se observa durante un periodo breve de tiempo, su intensidad es variable, su localización impredecible y el interés que genera elevado pero efímero, apenas días o semanas en el mejor de los casos.

La información sobre el mar de ardora y el entorno natural debe estar dirigida y ser comprensible para todos los públicos. De ello depende que su gestión sea sostenible. La costa ya está expuesta a suficiente presión urbanística, masificación e intereses económicos sin intervención del mar de ardora.

Playa de Carnota. Fuente: Turismo de Galicia

Cuando falta dicha información es cuando suceden iniciativas como «Un famoso «tiktoker» convoca una macroquedada en la playa de Carnota y hace saltar las alarmas» (La Voz de Galicia, 16-V-2024), o preguntas como «¿a qué hora encienden las luces?» (La Voz de Galicia, 25-VIII-2023).

Debemos acercarnos con respeto al entorno natural. Porque si bien la ardora es visible en playas y muelles atestados de actividad, dotados con accesos y servicios, también sucede en parajes protegidos como la playa de Carnota que ni están preparados ni pueden soportar la avalancha del turismo de masas.

Esta preocupación se refleja en los medios de comunicación con titulares como «La playa de Carnota o el castro de Baroña, espacios sensibles al desgaste por la masificación turística» (La Voz de Galicia, 10-VIII-2024) o «Carnota non quere ser Sanxenxo, queremos ter un turismo sostible» (El Correo Gallego, 4-VIII-2024).

Tenemos la oportunidad de gestionarlo desde el principio para que sea una actividad compatible con el patrimonio natural y cultural, complementaria a otras actividades de ecoturismo en Galicia que tanto atraen a residentes como a visitantes.

Agradecimientos: a Ana Escalera por recoger las muestras en Carnota durante el mar de ardora y a Ana García por avisarme para salir en el Fish-Terra y conocer por primera vez el mar de ardora en Fisterra.

Referencias:

  • Cooney E.C. y col. Phylogenomics shows unique traits in Noctilucales are derived rather than ancestral. PNAS Nexus 1:1-11 (2022).
  • John U. y col. The Application of a Molecular Clock Based on Molecular Sequences and the Fossil Record to Explain Biogeographic Distributions Within the Alexandrium tamarense “Species Complex” (Dinophyceae). Mol. Biol. Evol. 20(7):1015–1027 (2003).
  • Valiadi M., Iglesias-Rodríguez M. Understanding bioluminescence in dinoflagellates – How far have we come? Microorganisms 1: 3–25 (2013).
  • Valiadi M. y col. Molecular and biochemical basis for the loss of bioluminescence in the dinoflagellate Noctiluca scintillans along the west coast of the USA. Limnol Oceanogr. 64(6):2709-2724 (2019).