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Historias de detectives

Tu natural afición a estar donde nadie te llama es lo que me tiene a mí muy consumido -dijo el comisario mirándome con ojos no tanto iracundos como extraviados- Ahora mismo te llevo al manicomio y te aseguro…y te aseguro…y te aseguro… […]
-¿Qué le ha dado?-le pregunté.
-Un par de somníferos-dijo el chino-.
[«El laberinto de las aceitunas». Eduardo Mendoza, 1982]

En las historias de intriga encontramos a detectives, espías y toda clase de personajes que no encajan en los cánones de buenos y malos, pero de los que nos encariñamos y cuesta despedirse al cerrar el libro o terminar la película.

En mi caso, de novelas recientes me quedo con el simpático mendigo y luego librero, Fermín Romero de Torres, de «La sombra del viento» (C.R. Zafón). Y del cine con el inolvidable personaje de Pablo Sandoval (Guillermo Francella), el ayudante alcohólico de Ricardo Darín en «El secreto de sus ojos«.

Aunque no lo parezca el tema de hoy tiene estrecha relación con las algas. No hablaremos de libros sino de dos series de televisión y de un caso real. Vamos primero con las series.

-CASTLE-

Richard Castle es un escritor de novelas de misterio que termina por trabajar con la detective Kate Beckett resolviendo entuertos diversos.

Beckett (Stana Katic) y Castle (Nathan Fillion), protagonistas de Castle (ABC Studios). Fuente: DNA India.

Entre ellos surge una historia de amor a lo largo de las 8 temporadas (2009-2016) que duró la serie.

Pues bien, el episodio 5×22 («El pichón y la codorniz«) comienza en un lujoso restaurante donde cenan unos empresarios. Antes de servirles la comanda se desliza una mano anónima en la cocina pulverizando un spray sobre uno de los platos.

Luego, uno de los comensales prueba el pichón, se marea y cae muerto babeando sobre la mesa.

El examen del cadáver no muestra señales de alergia alimentaria, pero tiene las pupilas dilatadas y exceso de saliva. Así que sospechan de una sustancia externa, es decir: de un veneno.

La víctima era un tiburón de los negocios que se forraba a base de liquidar empresas. En el análisis forense les cuesta descubrir el veneno porque no aparece en la lista estándar que manejan. Pero saben que se trata de un compuesto con efectos paralizantes y que actuó con una velocidad increíble.

Algunos de ustedes ya sospechan de qué veneno se trata, que les veo levantar el dedo!!

Finalmente lo identifican como un compuesto químico similar a la saxitoxina.

Alexandrium catenella es un dinoflagelado productor de neurotoxinas como la saxitoxina que citan en Castle. Autor: Pablo Salgado.

La forense explica que suele darse en los mariscos, pero no dice nada de las microalgas que la producen. Y luego añade que se trata de «una versión superpotente» distinta a la que ocurre en la naturaleza, que necesita de un laboratorio sofisticado para su síntesis.

Es un capítulo divertido porque Beckett se ve obligada a proteger las 24 horas a uno de los empresarios que estaba en la cena, Mr. Vaughn: millonario, filántropo, listo y guapo para desesperación de Castle.

Terminan por interrogar a una doctora en química por el M.I.T., jefa de investigación en un laboratorio universitario al que financiaba Vaughn para que desarrollen un antídoto contra la saxitoxina.

Y al final todo se descubre: el ideólogo del crimen era el propio abogado de Vaughn, que hacía inversiones ocultas con dinero de sus empresas y las estaba arruinando. La saxitoxina «superpotente» había salido del laboratorio de la doctora del M.I.T., que necesitaba saldar deudas familiares y había vendido la neurotoxina a un laboratorio rival, o eso le habían hecho creer…!!

-NCIS-

Esta serie de éxito de la CBS, todavía en antena, tiene un reparto mucho más coral. Nunca la he seguido demasiado, pero una tarde me pilló delante de la tele y atrajo totalmente mi atención. Era el capítulo 4×23 («El caballo de Troya») y comenzaba también con una muerte inesperada.

El segundo por la izquierda es Ducky, a su derecha Abby, y en el centro Gibbs (Mark Harmon). Fuente: Lightbox.

Un visitante llega en taxi al puesto de control del NCIS (el Servicio de Investigación Criminal de la Marina) pero no llega a identificarse ante la guardia en la entrada. Permanece inmóvil, fulminado en el asiento trasero del coche. Se trata de un ciudadano yemení.

El jefe de medicina forense, Ducky (David McCallum), dictamina que murió muy rápido con el coche en marcha y sin que el taxista parlanchín se enterase siquiera. Las causas de la muerte no son evidentes a partir de la autopsia: no hay signos de violencia o enfermedad, ni tampoco falleció por un infarto. El director en funciones (Gibbs (Mark Harmon)), comenta que podría tratarse de un envenenamiento.

Para confirmarlo, Abby (Pauley Perrete), se encarga de los análisis de sustancias tóxicas y utiliza la espectrometría de masas para identificar el posible veneno.

Finalmente el espectrómetro comienza a pitar como si fuese una tetera y en la pantalla vemos el resultado de los análisis: coincidencia de 100% con…SAXITOXINA !!.

Fotograma donde se muestran los resultados de la espectrometría de masas. Fuente: NCIS (4×23).

Incluso vemos fugazmente la fórmula molecular (C10H17N7O4), aunque el pico de masas del espectro es de 272 unidades y eso no encaja exactamente con la saxitoxina.

El peso molecular de la saxitoxina es 299 y su fragmentación en espectrometría de masas no produce ningún pico con ese valor, que yo sepa.

Ese pico de 272 corresponde con la dcNEO (decarbamoilneosaxitoxina) cuya fórmula molecular es distinta a la que observamos en la imagen. Pero bueno, no está del todo mal porque la dcNEO es un análogo de la saxitoxina.

Abby menciona que se trata de una neurotoxina que se encuentra en casos de envenenamiento paralizante por marisco. Luego se reúne con Gibbs y Ducky, quien suelta un discurso de lo más divulgativo e interesante:

La saxitoxina es producida por un organismo unicelular que prolifera en los meses cálidos. Lo comen ostras, almejas, mejillones y es el responsable de un fenómeno mortal conocido como marea roja. El veneno interrumpe los impulsos eléctricos que van al cerebro y el cuerpo básicamente se olvida de respirar, de vivir. Y es prácticamente indetectable […] seis décimas de un miligramo pueden matar a un adulto, ese nivel se corresponde pues, por ejemplo, con un fugu mal preparado.

Pez globo (fugu). Fuente: animalgourmet.com

Ducky está en lo correcto porque la dosis letal media (LD50) de la saxitoxina y la tetrodotoxina (el veneno que contiene el pez globo llamado fugu), son idénticas. Y efectivamente, la ingesta de 0.6 mg de saxitoxina es letal en humanos.

Pero el estómago de la víctima estaba vacío y Abby recuerda que los niveles de toxinas eran 100 veces superiores a los que podría tener tras una intoxicación por marisco: «no hay nada en la naturaleza con una concentración tan alta«.

Y ahora es cuando casi me caigo del sofá porque Ducky añade «en los años 50 sintetizaron una píldora suicida usando almejas gigantes contaminadas«. Gibbs pregunta ¿quién?, y Ducky responde «nuestros amigos de la CIA«.

En efecto, la conversación está basada en hechos reales. Las referencias a la CIA y el uso de la saxitoxina con fines militares son ciertas y las podemos encontrar en diversas fuentes. Esta es la historia resumida:

A mediados del s.XX la CIA se dedicó a aislar saxitoxinas de Saxidomus gigantea, almejas de gran tamaño conocidas como «butter clams«. Su interés era, entre otros, fabricar «píldoras suicidas» para sustituir a las de cianuro que se administraban a militares en la Segunda Guerra Mundial. Si te capturaban y la cosa pintaba mal ahí la tenías, por si acaso.

Saxidomus gigantea. Autor: D. Cowles. Fuente: inverts.wallawalla.edu

Las píldoras de saxitoxina (designada como arma química TZ) actuarían tan rápido que no habría tiempo de salvar a quien las tomase.

Pero además de pastillas también pretendían desarrollar armas, como una pistola de aire comprimido que disparaba dardos metálicos envenenados con el diámetro de un pelo.

Otra variante eran los dardos manuales para incapacitar terroristas y perros guardianes en embajadas extranjeras. Pero no hay ninguna prueba de que las saxitoxinas fuesen utilizadas en operaciones militares de los EEUU.

En 1969 el presidente Nixon prohibió el desarrollo y empleo de armas biológicas y la CIA destruyó sus arsenales de saxitoxina en 1970. O al menos eso dijo, porque en 1975 en una comparecencia en el Senado la CIA reveló que había conservado parte de las reservas en sus laboratorios, unos 11 gramos en botellas etiquetadas como «shellfish toxin». Su aislamiento había sido muy costoso y alguien pensó que era un crimen destruirla.

De hecho, un farmacólogo de la Universidad de Yale (Murdoch Ritchie) pidió en 1975 que no se destruyesen las reservas de saxitoxina porque el fin de los usos militares había impedido acceder a estándares de alta pureza para investigaciones de medicina sobre enfermedades del sistema nervioso.

No he conseguido averiguar qué pasó, únicamente que las reservas se destruyeron o se repartieron con fines de investigación. Todavía no disponemos de un antídoto contra las saxitoxinas, pero dichos compuestos siguen siendo de gran interés en campos de investigación como la farmacología y neurofisiología.

Y para terminar, un asunto real pero mucho más divertido: algas ayudando a capturar a un fugado de la policía.

El fugado rescatado. Fuente: The Washington Post (5-IX-2018).

La noticia parece broma pero la publicó «The Washington Post» el 5 de septiembre y me la envió mi colega Esther Garcés. El título lo dice todo: «Suspect flees from police into toxic Florida algae — then desperately pleads for their help«.

Un joven de 22 años, Abraham Duarte, fue detenido en su coche por exceso de velocidad, y tuvo la brillante idea de salir corriendo para luego tirarse a un canal y huir nadando hacia la otra orilla. Pero no lo consiguió.

El canal estaba invadido por la proliferación de cianobacterias pestilentes procedentes del lago Okeechobee (Cianobacterias en la Costa del Tesoro).

Abraham había oído hablar de ellas, pero no imaginaba lo desagradable que es nadar y tragar agua de una pasta verde de Microcystis que se te mete por todos los orificios corporales. Inmediatamente dio la vuelta nadando hacia los agentes gritando que se moría! Y ahí terminó su escapada.

La proliferación de Microcystis. En el enlace pueden ver un vídeo con un testigo partiéndose de risa al recordarlo. Fuente: BBC News.

Lo sacaron del canal y una vez esposado le dieron un buen manguerazo. Fue ingresado en un hospital del que salió pronto, aunque con molestias respiratorias y digestivas.

Porque el pestazo debe ser fenomenal (olían como heces! confesó nuestro amigo), pero además se trata de cianobacterias tóxicas. Conviene protegerse con máscaras respiratorias si estás expuesto continuamente al aerosol que emana de ellas, no solo por el olor sino por tu propia salud.

Una lección que nunca olvidará: mejor entregarse a la policía que enfrentarse con Microcystis !!

Referencias:

-Cleanup of chemical and explosive munitions: location, identification and environmental remediation. Albright RD. Elsevier, 328 pp (2011).
-Salome P y col. Identification and separation of saxitoxins using hydrophilic interaction liquid chromatography coupled to traveling wave ion mobility-mass spectrometry. Journal of Mass Spectrometry 50:175-181 (2015).
Páginas web:
https://www.clearsynth.com
http://www.aarclibrary.org

 

Cianobacterias en la Costa del Tesoro

La proliferación de Trichodesmium en Canarias me ha recordado otro incidente de enorme impacto mediático, social y político. Sucedió a mediados de 2016 al otro lado del Atlántico, en Florida (EEUU). En este caso fueron cianobacterias de agua dulce las que llegaron al mar. Ahora verán cómo, pero ya les adelanto que eran tóxicas y que se montó un buen lío !!

El lago Okeechobee es el mayor de Florida con 1890 km2 y su nombre significa «agua grande» en la lengua de la tribu hitchiti (gracias Wikipedia). Pronunciado en gallego (de la tribu gallega de Galicia) significa «Oh, quee lluevee«, muy apropiado como veremos.

Esquema de la entrada y salida del agua en el lago Okeechobee. Autor: Riley D. Champine, NG Staff. Fuente: USGS, USDA, NASA, U.S. Army Corps of Engineers, South Florida Water Management District

A pesar de su extensión la profundidad media del lago es de 2.7 metros. El Okeechobee está clasificado como cuerpo de agua potable de clase I. Sus afluentes son principalmente el río Kissimmee desde el norte y su desagüe natural era la región de los Everglades, hacia el sur.

Y digo era porque el lago posee un sistema de diques que lo circundan casi por completo para regular el nivel del agua, bloqueando su comunicación natural con los Everglades.

El sistema actual de diques (Herbert Hoover) se construyó reforzando otros anteriores para evitar catástrofes por lluvias e inundaciones a causa de tormentas y huracanes. No en vano uno de ellos costó en 1928 la vida de al menos 2500 habitantes en la región.

Durante la época de lluvias el nivel del lago puede subir peligrosamente y la única forma de regular su volumen es descargando millones de litros hacia las costas este y oeste, a través de canales a los ríos Caloosahatchee y St. Lucie. Si pinchan en la imagen verán a qué me refiero.

El Okeechobee está sometido a una gran presión antropogénica y eutrofización por vertidos de origen urbano y ganadero al norte, y agrícolas al sur (caña de azúcar). Si a esto le añadimos el estancamiento del agua y condiciones ambientales propicias a mediados de año (altas temperaturas + luz en un lago extenso y somero) tenemos la receta perfecta para la proliferación de cianobacterias.

Entre noviembre 2015 – mayo 2016 se registró una cantidad excepcional de lluvia, con el invierno más húmedo en las series históricas de muchas ciudades del sur de Florida. Esto hizo que el Cuerpo de Ingenieros de la Armada de EEUU se viera obligado a rebajar el nivel del lago desde finales de enero (varios meses antes de lo habitual) para salvaguardar los diques que protegen los terrenos vecinos del Okeechobee. Además, debido a la antigüedad de los diques, mantienen el nivel del agua por debajo de lo normal por precaución.

Microcystis aeruginosa. La barra indica 20 micras. Fuente: Rosen y col. (2017)

El 13 de mayo los ingenieros comunicaron la presencia de un bloom de «microalgas» que cubría 85 km2 en el Okeechobee. En junio, con el bloom «viento en popa a toda vela«, las operaciones de regulación del agua provocaron la descarga de aguas verdosas (color guacamole) cargadas de cianobacterias en los estuarios y costas de Florida.

El 1 de julio se comenzó a reducir la descarga del lago pero para entonces el mal ya estaba hecho. En el lago, a finales de julio el bloom llegó a cubrir 1/3 de la superficie total (619 km2).

La proliferación estuvo dominada por Microcystis aeruginosa. Su presencia ya estaba documentada en el lago desde comienzos de los 80′ y suele ser habitual en los blooms de cianobacterias del Okeechobee.

Aspecto del bloom en el estuario del St. Lucie (Stuart, 11 julio). Autor: Joe Raedle (GETTY). Fuente: National Geographic

Junto a ella aparecían otras cianobacterias en menor proporción (hasta 26 especies) según un informe de Rosen y col. (2017) incluyendo a los géneros Dolichospermum, Nostoc y Pseudanabaena. Tanto Microcystis como los demás géneros son productores potenciales de diversas toxinas como las microcistinas, saxitoxinas, anatoxinas, etc.

Estas y otras cianotoxinas impiden los usos agrícolas y potables del agua en las reservas continentales donde proliferan, ya que pueden representar un serio peligro para la salud. Otro ejemplo de esto son los blooms de Microcystis en la región de Los Grandes Lagos.

Los vientos predominantes arrastraron las cianobacterias hacia el canal del este, transportándolas sobre todo al río St. Lucie y de ahí a la costa atlántica, conocida como Treasure Coast. La enorme masa de cianobacterias vertida al mar extendió el bloom varios kilómetros hacia el océano abierto.

Vistas del canal y estuario de St. Lucie afectados por el bloom de cianobacterias (24 junio). Autor: Eric Hasert (Treasure Coast Newspapers). Fuente: State of Florida Response to 2016 South Florida Algal Bloom.

En la costa el impacto socioeconómico fue enorme debido a las pérdidas del sector turístico por el aspecto y el olor del agua, así como la alarma sobre la salud de las personas y los ecosistemas marinos.

Pero no crean que era la primera vez: ya van 8 desde 2004, aunque la de 2016 ha sido la peor.

La coordinación y comunicación de la situación no funcionó como en ocasiones anteriores, desbordadas las autoridades por las dimensiones del problema.

Florida declaró el estado de emergencia en 4 condados registrando muertes de peces, marisco, de al menos un manatí y molestias en personas. Y en años anteriores también se observaron daños en la flora y fauna de los estuarios asociados a estas descargas de cianobacterias.

Central Marine (Stuart). Autor: Greg Lovett (The Palm Beach Post, 29 junio). Fuente: State of Florida Response to 2016 South Florida Algal Bloom.

Eso sí, el Departamento de Protección Medioambiental de Florida creó una página web para hacer pública la información en tiempo real sobre la evolución e impacto del bloom.

La web incluía datos de análisis bisemanales de las condiciones del agua, estado de las playas, análisis de toxinas (microcistinas, cilindrospermopsinas y anatoxina-a).

En este vídeo la CBS resumía el panorama, con imágenes impactantes incluyendo a un manatí, y la visión de la costra formada por las cianobacterias de agua dulce, putrefactas tras morir en el mar.

Pruebas para eliminar el bloom de cianobacterias en una «marina» del río St. Lucie (11 julio). Joe Raedle (GETTY). Fuente: National Geographic

Ante la gravedad de la situación se llevaron a cabo iniciativas no permitidas para mitigar el bloom. Desconozco cuáles en concreto, aunque en la web podemos encontrar imágenes como esta.

El riesgo de métodos tan «expeditivos» radica en el posible aerosol que puede provocar con el consiguiente riesgo sanitario para las personas. Antes de intentar nada es importante realizar pruebas a pequeña escala para evitar que el remedio sea peor que la enfermedad.

Para regular este tipo de iniciativas y estudiar las mejores opciones se creó un comité oficial que recibiría y estudiaría propuestas para mitigar el bloom.

Y así fue: recibieron 52 proyectos incluyendo métodos mecánicos (bombas de succión, skimmers, barreras flotantes…), biológicos (biopolímeros, fertilizantes para promover crecimiento microbiano…), químicos (agentes floculantes, bactericidas…) o combinaciones de varios de ellos.

Los miembros del comité oficial se decantaron por métodos mecánicos, pero el bloom se dispersó antes de que pudiesen poner en marcha iniciativas piloto. No obstante, la idoneidad de dichos métodos sigue en estudio.

Los humedales de los Everglades son la salida natural del Okeechobee. También han sufrido una progresiva destrucción e impacto ambiental por la influencia de las actividades humanas. Fuente: FloridaEverglades

El problema es que no hay experiencia suficiente en el caso de una proliferación costera con estas dimensiones. Muchos de ellos están pensados para mitigar los efectos sobre volúmenes más pequeños en aguas continentales (estanques, lagos), o en el oceáno abierto donde los efectos directos sobre las poblaciones no suponen un quebradero de cabeza.

¿Cuál es la solución a todo este despropósito medioambiental?

Por un lado está claro que la solución fundamental reside en mejorar la calidad de las aguas del Okeechobee. Pero además no hay otra forma de regular el agua que no sea vertiéndola al mar. Aunque existen alternativas.

En 2014, después de una situación similar en el verano anterior, los votantes de Florida decidieron aprobar por un 75% una enmienda a la constitución del estado para dedicar 1/3 de los ingresos por transacciones inmobiliarias para comprar y recuperar tierras al sur del lago.

Protestas el 2 de julio de 2016 solicitando la compra de tierras para solucionar el problema del Okeechobee. La imagen la twiteó el propio Sheriff del Condado de Martin. Fuente: Twitter @MartinFLSheriff

El objetivo: construir en ellas un depósito de almacenamiento y filtrado de agua que podría ser vertida a los Everglades, recuperando en parte el curso natural del agua a través del continente.

Las quejas por parte de la sociedad vienen de que a pesar de la decisión popular no se han ejecutado dichos planes, y así lo dejaron patente en esta imagen 3500 personas cerca de Stuart, pidiendo que se compren las tierras de una vez.

No existe un único culpable de esta situación y a pesar del clamor popular parece casi imposible llegar a un acuerdo a corto plazo entre los sectores económicos implicados.

Como conclusión me quedo con una frase de Larry Brand, biólogo marino de la Universidad de Miami, en un artículo de National Geographic (26-VII-2016): No matter which way that water goes, it creates problems. It is a case of who screams the loudest.

Referencias:

-Rosen B.H. y col. Cyanobacteria of the 2016 Lake Okeechobee and Okeechobee Waterway Harmful Algal Bloom. Disponible en USGS
-Slimy Green Beaches May Be Florida’s New Normal. Disponible en: National Geographic
-State of Florida Response to 2016 South Florida Algal Bloom. Disponible en epa.gov
-Why toxic algae blooms like Florida’s are so dangerous to people and wildlife. Disponible en: The Conversation