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Las señales de la naturaleza

Imagen de portada: marea roja en la Ría de Pontevedra. Autor: F. Rodríguez.

El pasado 24 de octubre me llegó esta notificación de whatsapp: «Bos días. Creo que che dará para moito«.

Era de mi compañera del IEO de Vigo, Uxía Tenreiro López, con un enlace del día anterior en «EL PAÍS». El titular decía «¿Se puede detectar la polución de las aguas atendiendo a las señales de peligro que emite la naturaleza?» y estaba ilustrado por la imagen de una marea roja en Turquía.

Este artículo de Montero González, en el periódico con mayor número de lectores en España es un ejemplo de lo importante que es insistir en la divulgación científica.

Al mismo tiempo, otra web (gizmodo.com) reprodujo un contenido similar citando como fuente a EL PAÍS lo cual me deja perplejo. El autor aquí es Lucas Handley y el título: «El mar avisa: las misteriosas señales que la naturaleza usa para advertirnos sobre la contaminación«.

Yo mismo pienso muchas veces si tiene sentido dedicarle esfuerzos según qué actividades: «siempre los mismos temas: las microalgas, las mareas rojas, las toxinas, el mar de ardora…». Y luego lees un texto como este que no atina en casi nada en la parte científica. Todo ello a pesar del acceso que disponemos a cualquier clase de información y con ayuda ahora de la IA.

Quizás ahí resida el problema: ¿qué información usamos? ¿es fiable? ¿cómo podemos averiguarlo?

Cuesta desmenuzar la avalancha de datos que nos caen encima porque no tenemos tiempo y queremos respuestas rápidas y sencillas. Esto en si ya es un obstáculo para el conocimiento. Los contenidos en internet crecen y evolucionan sin demasiado control. Profundizar en temas de ciencia no es fácil, pero acertar en lo básico es un mínimo al que debemos aspirar.

Iré al grano con el artículo en EL PAÍS. Punto por punto. Mi intención no es sacarle los colores al autor (juego de palabras obligado) sino comentar el texto y aclarar qué asuntos son ciertos y cuáles no para que si alguien (hola Chat GPT…) busca de nuevo explicaciones sobre las «señales de peligro de la naturaleza» y las mareas rojas encuentre también este contenido.

Después del titular venía un subtítulo:

Tenemos el caso de las mareas rojas; un fenómeno que se origina de manera natural y que produce un incremento de toxinas contaminantes para las aguas.

Nada que alegar a que las mareas rojas son un fenómeno natural en el mar. Pero su color es debido a los pigmentos que contienen las células y no a las toxinas. El hecho de que veamos color en el agua no indica que exista toxicidad. Ambos fenómenos pueden coincidir en el tiempo pero no tienen por qué compartir el mismo origen. El alga que da color y la tóxica pueden ser distintas.

Las toxinas no tienen color. Además, en el caso concreto de Galicia, con los datos que tenemos, la inmensa mayoría de mareas rojas no son tóxicas (Rodríguez y col. 2024). El propio artículo en EL PAIS incluye la imagen de una marea roja (naranja brillante) típica de Noctiluca scintillans (no tóxica).

Pero es lógico que el autor del artículo confunda mareas rojas con toxicidad porque la propia RAE define marea roja como:

f. Proliferación de ciertas algas marinas unicelulares productoras de toxinas, que al acumularse en el cuerpo de moluscos y crustáceos hacen peligroso su consumo.

A continuación, Montero González introduce su pieza de la mejor manera: un libro. «Como el mar» (Wilbur Smith, DUOMO) en el que cita el trabajo de una bióloga en un laboratorio costero. Ella emplea una almeja, Spisula solidissima, como indicadora de contaminación; una señal de la naturaleza que tanto científicos como la gente del mar conocen cómo se comporta y que sirve como detectora de que algo va mal. Esta historia da pie a enlazar el asunto de las mareas rojas:

La almeja Spisula solidissima. Fuente: earth.com

…llamadas así porque el mar se tiñe de este color, un fenómeno tóxico que se origina de manera natural y que produce un aumento de microalgas que liberan toxinas contaminantes, como sucedió en Vigo cuando, en octubre de 1976, se produjeron intoxicaciones por mejillón de batea. Aunque no hubo marea roja durante los días que precedieron a la intoxicación, sí que se pudo percibir -en algunas noches del mes de agosto- un fulgor verdoso a lo largo de la costa de la ría de Corcubión.

Pues bien. Además de volver a desmentir que las mareas rojas sean sinónimo de toxicidad (la norma en Galicia es justo la contraria), el artículo recuerda aquí el episodio tóxico de 1976. Entonces, sin sistema de control de toxinas en el marisco, una proliferación de dinoflagelados ocasionó intoxicaciones por síndrome paralizante en España y varios países europeos por consumo de mejillón de las Rías Baixas. Pero la alerta llegó del mejillón de Arousa y Muros, no de Vigo; y apenas hubo indicios de marea roja, pero en la Ría de Pontevedra.

El artículo niega siquiera que hubiese marea roja desmontando por si mismo el mantra de «mareas rojas y toxinas». Por último, menciona la bioluminiscencia en la lejana (desde Vigo) ría de Corcubión. De esto hablaré después…

En el siguiente párrafo describe al supuesto responsable:

Por lo visto el origen del envenenamiento fue un organismo unicelular denominado Gonyaulax tamarensis, un género de dinoflagelado tóxico que elabora una neurotoxina paralizante que penetra en los tejidos del mejillón […] mientras tenía lugar el fulgor verdoso, Wilbur Smith estaba en su residencia de Sudáfrica escribiendo la novela que hoy nos ocupa…

En realidad, el responsable de aquella intoxicación fue el dinoflagelado Gymnodinium catenatum, productor de toxinas paralizantes y no bioluminiscente. La intoxicación de 1976 sucedió en octubre. A finales del verano todavía abundan los dinoflagelados y en particular Noctiluca scintillans o Alexandrium tamarense pueden proliferar en dicha época, entre otras especies bioluminiscentes. Es decir, el «fulgor verdoso» que describe aquí la noticia era un fenómeno que sucedía al mismo tiempo, de manera natural, pero desligado de la toxicidad.

Gymnodinium catenatum. Autor: Santi Fraga.

Este artículo de 2025 repite el nombre de «Gonyaulax tamarensis» como la especie tóxica porque así lo publicó la prensa de la época mientras no se aclaró la fuente de las toxinas. El hecho de que la literatura científica sea la que mencionó luego al auténtico responsable explica (en parte) este error. Si hacéis vosotros mismos una búsqueda en Google encontraréis un poco de todo.

Yo mismo la planteé tecleando «Organismo responsable del episodio tóxico de 1976 en Galicia». Como respuesta (en la pestaña «Todo» y en «Vista creada con IA») obtuve el dato correcto: Gymnodinium catenatum. Pero repitiendo la misma búsqueda en «modo IA» llegué a una explicación más detallada y confusa que mezclaba a Protogonyaulax, Alexandrium y otras como «…Gonyaulax tamarensis o Gonyaulax catenella, pero estudios posteriores identificaron la especie como Gymnodinium catenatum u otras especies de Alexandrium

Las respuestas incluyen enlaces a este blog, pero dicha búsqueda superficial no aclara ninguno de los temas (mareas rojas, toxicidad, bioluminiscencia). Tampoco quien produjo las toxinas ni lo que sucedió en 1976. Se trata de asuntos complejos y no podemos fiarnos de conseguir información completa y certera a golpe de un «click» en el móvil o el ordenador. Lo que vale para este artículo en EL PAÍS vale para todo.

Hace que me plantee una vez más si el resto de informaciones que leemos en los medios no contienen ese mismo cóctel que nos tragamos sin más y a partir del cual se genera una opinión que nosotros mismos defendemos. Y la defenderemos porque la leímos en tal o cual fuente que juzgamos seria y alineada con nuestra forma de ver el mundo, ya sea prensa, creador/a de contenido o incluso una experta/o científico que consideremos fiable.

Los enlaces a entradas anteriores del blog donde explicaba el episodio del 76′ están en la lista final de referencias. Si tenéis más curiosidad y os preguntais – ¿por qué no hay un libro de divulgación sobre estos temas en Galicia? – os diré que yo también espero con ilusión ese libro coincidiendo con el 50 aniversario de aquel episodio tóxico.

Referencias:

  • Marea roja del 76
  • El alga tóxica del 76
  • Rodríguez F. y col. Red tides in the Galician rías: historical overview, ecological impact, and future monitoring strategies. Environ. Sci. Processes Impacts 26(1):16-34. (2024).