Kill Fish

Aquellos de ustedes lo suficientemente afortunados para tener aún sus vidas ¡Llévenlas consigo!

Kill Bill (2003)

La industria del salmón en Noruega es un exitazo global: el «Inditex» de la acuicultura, primer productor del mundo con exportaciones a más de 150 países. Uno de sus principales clientes es España, que importó en el primer trimestre de 2022 nada menos que 24.112 toneladas. Esas cifras convierten al salmón en el segundo pescado más consumido en nuestro país, después de «Doña Merluza» (Statista). A mí también me chifla pero (¡oh! deformación profesional) siempre me acuerdo de las microalgas que amenazan su supervivencia.

Así que voy a sacar número en la pescadería y mientras me llega el turno os contaré una historia. Empiezo por el final…

Jaulas de salmón en Velfjorden (Brønnøy, Noruega). Autor: Thomas Bjørkan. Fuente: Wikimedia commons

En 2019 ocurrió la proliferación más letal de fitoplancton registrada en Noruega (¡y norte de Europa en general!).

Más de 8 millones de salmones muertos entre mayo y junio (14.500 toneladas; 300 millones US$) en el área de Lofoten y al norte, cerca de Tromsø. No era la primera vez que un bloom azotaba a la salmonicultura pero sí la peor. La responsable fue Chrysochromulina leadbeateri, una minúscula microalga (3-8 micras) del grupo de las haptofitas. Su fama le precede y como si fuera Othar (el caballo de Atila), allí por donde pasa no queda un salmón vivo…

Estas proliferaciones ictiotóxicas son esporádicas e impredecibles. Su naturaleza es diferente a las de dinoflagelados y diatomeas que generalmente, en Europa, suelen contaminar al marisco sin daños a otros seres vivos. Pero en el caso de Norteuropa (por analogía con Norteamérica ¿no?) las haptofitas ictiotóxicas son el peligro nº1 para la piscicultura.

La serie de catastróficas desdichas comenzó en primavera de 1988 con un bloom de Prymnesium polylepis (por aquel entonces Chrysochromulina polylepis), que dañó a poblaciones salvajes de bacalao, salmón y la salmonicultura. Y no solo murieron peces sino todo bicho viviente hasta 20 metros de profundidad: moluscos, equinodermos, ascidias, cnidarios, esponjas, incluso algas rojas sufrieron sus consecuencias. Apenas se salvaron mejillones, balanos y algunos moluscos menos expuestos…

Portada de Newsweek (agosto 1988) con peces muertos durante el bloom de P. polylepis (Fuente: EBay).

En total P. polylepis «se cargó» a 900 toneladas de salmón entre Noruega y Suecia. El bloom registró abundancias brutales (50-100 millones de céls/L), pero curiosamente no coloreó el mar. La explicación a que no hubiese mareas rojas es sencilla: C. leadbeateri estaba bajo la superficie, concentrada a varios metros de profundidad en una capa fina cerca de la picnoclina. Los efectos de aquel bloom solo tuvieron una consecuencia buena: la puesta en marcha del sistema de monitoreo de microalgas en Noruega.

Las condiciones que permitieron la proliferación de 1988 fueron una situación de calma inhabitual en el régimen de vientos + una fuerte estratificación en la capa superficial (debida a una mayor temperatura y baja salinidad por fuertes descargas de aguas continentales) + nutrientes elevados + el aumento estacional de luz y pocos predadores en el plancton. En el año 2000, un trabajo de Gjøsæter y col. repasó los daños y secuelas de aquella proliferación preguntándose lo siguiente: «HAS ANYTHING LIKE THIS HAPPENED BEFORE and IS IT LIKELY TO HAPPEN AGAIN

Y su respuesta fue: «, PERO ERAN MENORES, SIN DAÑOS OBSERVABLES y EL MEDIO NATURAL POSIBLEMENTE FAVORECERÁ BLOOMS EN EL FUTURO».

La situación a finales del s.XX era preocupante. En la década de los 90′, haptofitas ictiotóxicas como Prymnesium parvum y Chrysochromulina leadbeateri ocasionaron nuevas pérdidas, obligando a trasladar jaulas a otras áreas (o incluso profundidades) para minimizar daños. Las perspectivas no eran halagüeñas pero la realidad fue otra: se calmó la bestia y en el siglo XXI apenas hubo proliferaciones, siempre modestas y sin consecuencias.

La de 2019 batió todos los récords. La hipótesis más probable apunta a que se produjeron múltiples proliferaciones de C. leadbeateri en diferentes fiordos.

Área afectada por los blooms de C. leadbeateri en 2019. Fuente: HAN.

Los daños fueron históricos como comenté antes. Pero el crecimiento de la salmonicultura en Noruega en las últimas décadas también ha sido enorme. De 170.000 toneladas de salmón en 1990 se ha pasado a casi 1,5 millones en 2021. Así que es probable que el mayor impacto del bloom en 2019 se deba sobre todo al aumento de granjas y no a una expansión geográfica real de C. leadbeateri. Además, a diferencia de 1988, en 2019 no se observaron muertes en poblaciones de peces salvajes. Estos tienen la ventaja de poder escapar de las toxinas nadando a mayor profundidad…no como sus pobres congéneres enjaulados.

Chrysochromulina leadbeateri: (A-B) microscopio óptico, (D) SEM y (C) TEM. (E-F) TEM de las escamas exteriores (20.000 aumentos). Fuente: John y col. (2022).

Las concentraciones máximas de C. leadbeateri fueron menores a las de P. polylepis en 1988 (20-30 millones de céls/L). Pero tanto da…apenas 1-2 millones de céls/L bastan para alterar el comportamiento de los peces. Y las concentraciones superiores a 2–3 millones de céls/L resultaron letales según observaciones en aquellos días. De hecho, en las granjas afectadas hubo un breve periodo de movimiento anómalo de los salmones seguido de una brusca mortalidad. Literalmente lo describieron como una «lluvia de peces muertos«.

Cajas con salmones muertos por el bloom de C. leadbeateri en 2019. Pertenecían a la empresa Northern Lights Salmon, en Sør-Troms. Autor: Northern Light Salmon. Fuente: HAN.

Existen muchas incógnitas sobre estas proliferaciones ictiotóxicas. Para empezar no hay una explicación sobre los mecanismos que provocan la mortalidad y la naturaleza de las ictiotoxinas de C. leadbeateri. En organismos similares como P. polylepis se ha demostrado que son inespecíficas y que además de dañar a peces e invertebrados también inhiben la actividad del plancton: desde bacterias hasta potenciales predadores (ciliados, copépodos) y microalgas.

Los efectos de dicha toxicidad confieren una ventaja competitiva que favorecería el desarrollo de blooms monoespecíficos. Del mismo modo, en el caso de P. polylepis, tampoco se conoce la estructura de sus toxinas (aunque se cree que son lípidos y/o ácidos grasos con actividad hemolítica).

¿Cuál será la evolución de estos blooms en el futuro? Pues pinta regular. Las tendencias climáticas en la región predicen aumento de lluvias y temperaturas en verano. Esto favorecería las condiciones de estratificación y nutrientes que han estimulado las proliferaciones de haptofitas ictiotóxicas en el pasado. Dichos organismos pueden desplazarse gracias a sus flagelos en una columna de agua estratificada, dominando así sobre otros componentes del plancton de mayor tamaño y escasa movilidad como las diatomeas. Así pues, este clima «más amable» aumentaría el riesgo de condiciones favorables para el desarrollo de estos blooms, y la posibilidad de que se extiendan a zonas subárticas y árticas en las próximas décadas.

Esta última frase enlaza con el tema de la próxima entrada, en la que…Por fin, ¡mi número! un par de lomos de salmón, bien coloraos si puede ser, por favor, jajaja

Referencias:

  • Gjøsæter J. y col. A long-term perspective on the Chrysochromulina bloom on the Norwegian Skagerrak coast 1988: a catastrophe or an innocent incident? Mar. Ecol. Prog. Ser. 207: 201–218 (2000).
  • John U. y col. A comparative approach to study inhibition of grazing and lipid composition of a toxic and non-toxic clone of Chrysochromulina polylepis (Prymnesiophyceae). Harmful Algae 1:45-57 (2002).
  • John U. y col. Spatial and biological oceanographic insights into the massive fish-killing bloom of the haptophyte Chrysochromulina leadbeateri in northern Norway. Harmful Algae 118:102287 (2022).
  • Samdal I.A. & Edvardsen B. Massive salmon mortalities during a Chrysochromulina leadbeateri bloom in Northern Norway. Harmful Algal News 64:4-5 (2020).
  • Fuentes web: The Health Situation in Norwegian Aquaculture 2019. Norwegian Veterinary Institute report series nr 5b/2020. Enlace: https://www.vetinst.no/

 

 

 

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