La burbuja de cristal
Imagen de portada: Randy. Fuente: Mer&Ocean
En un lugar llamado Lorbé existe una calle dedicada a un delfín: a rúa do golfiño. Conozco muy bien el sitio, mi mujer es de allí, pero no tenía los detalles de la historia. Sólo que años atrás había aparecido un delfín en el puerto de Lorbé (Oleiros, provincia de A Coruña).

Desde el último verano y en las últimas semanas se multiplicaron en prensa las noticias de un delfín solitario en la ría de Muros-Noia. Una cosa llevó a la otra y…
…aunque en Lorbé hay proliferaciones nocivas de fitoplancton y una producción de mejillones en batea famosos por su tamaño y calidad…
…con permiso de las microalgas (y el marisco) los protagonistas de hoy serán cetáceos. No soy experto en el tema ni nada que se aproxime, así que me encantaría leer comentarios de los que sí saben y quieran aportar algo a la entrada de hoy.
A los animales les atribuimos emociones casi humanas. Intentamos entenderlos y empatizar con ellos. Pero nadie puede imaginar qué se le pasa por la cabeza a un perro o a un gato, y mucho menos a un animal salvaje por muy simpático que sea.
Los animales salvajes no nos necesitan. Bastante tienen con sobrevivir, reproducirse y transmitir sus genes a la siguiente generación. El contacto con personas es algo que puede resultar peligroso para ellos y para nosotros.
Todo depende del animal (y de tener un poco de sentido común). Por ejemplo, ¿cuáles son los límites que debemos mantener con un oso grizzly? ¿a alguien le interesa conocerlos? pues sí, le interesaban a Timothy Treadwell. En uno de los documentales que haya visto que más me han impactado, «Grizzly man» (2005), Werner Herzog repasó la historia de este hombre y su fascinación por unas criaturas cuyo nombre científico es Ursus arctos horribilis (oso gris, subespecie del oso pardo).

Treadwell convivió durante un tiempo en Alaska con los grizzlies. De ahí las imágenes preciosas de esta película y su desenlace aterrador (que el director trató con mucha delicadeza).
Aquel hombre amaba a los osos, sin duda. Pero como resulta obvio, ellos a él no. Simplemente toleraban su presencia. Hasta aquí fácil.
¿Pero qué pasa con un simpático delfín, cuáles son esos límites?
A los delfines mulares (Tursiops truncatus) les conocen en Galicia como arroaz. Sin duda lo más opuesto que podamos imaginar a un oso grizzlie. Pero el mensaje común es que ambos son animales salvajes y no mascotas.
Ninguno de ellos ha sido domesticado durante miles de años por el hombre, ni hemos seleccionado caracteres que nos permitan convivir con ellos. Les adiestramos para hacer piruetas en parques acuáticos o para otros fines (p.ej. militares), pero su mundo no es el nuestro por mucho que nos busquen y sean simpáticos.
Y es que los delfines no sólo se acostumbran a nosotros sino que pueden buscar el contacto con las personas. Pero no por ello dejan de tener una fuerza y envergadura muy superior a nosotros. Frente a ellos en el medio marino somos torpes y vulnerables…
Estos días se publicaron varias noticias en medios de comunicación sobre un arroaz solitario en la Ría de Muros. Para CEMMA (Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos MAriños) su nombre es Confi, y parece que le bautizaron así por aparecer durante el confinamiento (NIUS, 1-VI-2021), aunque luego se popularizó lo de llamarle Manoliño. Copio aquí el comunicado de CEMMA en redes sociales el pasado 2 de junio (traducido del gallego):

¿Quién es Confi? Confi es un arroaz solitario que vive en la ría de Muros-Noia desde diciembre de 2019 que dada su situación de soledad busca interacciones con humanos.
¿Si los arroaces son animales sociales, por qué Confi vive aislado? Cuando un arroaz tiene tres años su madre lo deja para comenzar un nuevo ciclo reproductivo. En ese momento marcha o se junta con otros de su edad, el problema es si no acepta esa nueva situación, entonces no quiere irse, siendo expulsado violentamente de la manada, y si no encuentra a sus iguales pasa ser solitario.
¿Qué pasó durante el encuentro entre un «navalleiro» y Confi? Dadas las repetidas interacciones con él en el pasado, su búsqueda de compañía es cada vez más frecuente, lo que provoca que busque y presione a nadadores, kayakistas, buceadores y «navalleiros» para jugar cuando están trabajando o realizando otras actividades. Puede suceder que se sienta rechazado y que reaccione mal, o incluso que identifique una situación de riesgo y pretenda ayudar al buceador. El problema es que interactuar con un animal de 300 kg, aunque no sea su intención, puede ocasionar lesiones.
¿Cómo hemos llegado a este punto? Cuando apareció los expertos de CEMMA aconsejaron no interaccionar con el animal porque podía ser un riesgo para todos: evitar tocarlo, ignorarlo… No se hizo caso de las recomendaciones porque era muy simpático. Los «navalleiros» actualmente cambian su localización cuando pueden para evitarlo, pero a veces es imposible.
¿Qué hay que hacer si estamos en el agua y Confi, u otro arroaz, se nos acerca? Principalmente ignorarlo y salir del agua lo antes posible. Nunca hay que intentar acercarse a él ni con nuestras manos para tocarlo. Mostrar una actitud de indiferencia y salir del agua. Observarlo siempre desde la distancia. […] Hai que tener en cuenta que es de obligado cumplimiento el REAL DECRETO 1727/2007, de 21 de diciembre, que establece medidas de protección de cetáceos, limitaciones y distancias de acercamiento, etc.
CEMMA, 2 de junio 2021.
(NOTA: «navalleiros» es como se denomina en Galicia a los recolectores de navajas (Ensis arcuatus), moluscos bivalvos muy apreciados que viven a poca profundidad en la arena y se capturan a mano de forma tradicional).

Como la propia CEMMA indica, en la interacción entre seres humanos y un arroaz, quien siempre sale perdiendo es el arroaz. Porque lo ideal es que el animal consiga regresar con sus semejantes y retomar su vida en libertad, no reforzar su interacción con las personas. La vida real no es un parque acuático aunque alguno de estos delfines solitarios haya terminado finalmente en uno de ellos.
Lo que empieza como juegos «cariñosos» termina reforzando cada vez más el interés de un ser que pesa 300-400 kg, cuyas acciones no podemos controlar. Hace unos días hablé con Alfredo López (CEMMA) y utilizó el término «romper la burbuja de cristal» para referirse a ese límite que se ha cruzado con Confi desoyendo a CEMMA. Desde el inicio avisaron que «Confi será lo que queramos que sea». Pero las cosas no se han hecho bien y se han repetido los errores del pasado.

Porque antes de Confi hubo más arroaces solitarios en Galicia como «Gaspar» y «Nina».
Gaspar apareció en diciembre de 2007 en Cangas, y luego en la víspera de Reyes de 2008 en Ribeira (de ahí su nombre). Venía de la Bretaña francesa donde le conocían desde 2003 como Jean Floc’h.
Allí era un habitual de puertos bretones como Brest, Camaret o Douarnenez. Entrañable los primeros años, sí, pero luego empezó a interesarse demasiado por objetos marítimos como remos, hélices y redes. Y así fue como pescadores aficionados le amenazaron de muerte en 2007.
Poco después dejó Bretaña por Galicia, Asturias y Portugal…
En la descripción de Jean Floc’h elaborada por la asociación francesa Réseau Cétacés, dicen que era muy enérgico, no muy dado al contacto físico, pero sí a todo lo que implicase material marítimo por lo que insistían en que se le ignorase para que perdiese interés por las embarcaciones. En Vigo, Gaspar se convirtió en una celebrity y llegó a aparecer en un cartel del carnaval de la ciudad.
Pero se repitió la misma historia que en Bretaña: primero juegos con bañistas y navegantes, luego incidentes en varios puertos como Cangas y Vigo, lesiones, sustos y desperfectos en aparejos y embarcaciones…
A mediados de 2010 Gaspar/Jean Floc’h se esfumó para siempre. Años después el diario bretón Le Télégramme (24-VIII-2018) le recordó y relacionó su desaparición con una explosión submarina en un puerto gallego (sin especificar cuál). En la prensa gallega no encontré ninguna información, sólo citaron que Gaspar desapareció, sin más…

En 1971 apareció un delfín en el puerto de Lorbé y la noticia tuvo gran repercusión a nivel nacional e internacional. Le llamaron «Nino».
Hoy en día los delfines solitarios continúan siendo noticia, así que imagínense 50 años atrás cuando apenas debía conocerse ningún caso a nivel popular…
El divulgador de naturaleza más importante de España, Félix Rodríguez de la Fuente, tenía por aquel entonces un programa en blanco y negro titulado «El Planeta Azul«. Y Félix se acercó con su equipo en pleno verano hasta Lorbé.
Lo primero que confirmaron fue que se trataba de una hembra y que en vez de «Nino» tenían que llamarla «Nina«. De hecho el capítulo (34’38»; disponible en RTVE) se tituló «Nina, el delfín». En concreto «una señorita delfina» como dijo el propio Félix.
El lenguaje de la época era muy distinto al actual y hoy en día suena algo inocente y reiterativo, pero Félix era Félix y es imposible dejar de verlo hasta el final.
En un momento dado se pregunta ¿y si un buen día le pasa algo a este delfín? e insiste en si se habrán tomado todas las medidas de seguridad hasta que Nina decida marcharse de Lorbé…

Así que además de bucear y juguetear con ella también entrevista al gobernador civil y a un comandante de marina, que explican esas medidas que han adoptado para protegerla.
¡Incluso salen los nietos del dictador bañándose con Nina! la familia Franco veraneaba todos los años en el cercano pazo de Meirás…
Pero esta historia tuvo un triste final.
En diciembre de 1971 Félix emitió un segundo capítulo del Planeta Azul dedicado a Nina.
En él mencionaba que en los últimos meses el equipo de Jacques Cousteau se había desplazado a Lorbé para grabar imágenes que luego se habían difundido a nivel internacional.
Pero también explica que Nina acababa de desaparecer y que las gentes del lugar estaban tristes. Lo último que se supo de ella fue por un pescador que la vió recostada en una batea, la tocó y se movió lentamente hacia el interior de la ría. Félix dice no querer saber qué le pasó.
Poco después apareció su cadáver en la playa de San Pedro, muy cerca de Lorbé. Y allí mismo la enterraron. En la noticia del Ideal Gallego (04-I-1972; fuente: montedasmoas) citan que el cuerpo estaba descompuesto y que no había expertos para determinar las causas de su muerte.
Pero en algunas webs que he consultado sobre este tema sugieren abiertamente que la mataron.
El caso de Nina fue muy especial, hoy «a rúa do golfiño» conserva su recuerdo, aunque como han visto debería ser «a rúa da golfiña».
¿Y a qué venía todo esto? pues ya se lo imaginarán, a que siento que algo deberíamos aprender a lo largo de los años para que los delfines solitarios sean eso, solitarios, para que regresen a su vida salvaje en cuanto recuperen fuerzas y confianza, en total libertad.
Agradecimientos: al concello de Oleiros que a través de su alcalde Ángel García Seoane me confirmó que «a rúa do golfiño» debe su nombre a Nina.
Referencias:
- «Delfines en la Ría: Nina y Flipper». Web: Monte das Moas – Generación del 64.
- Jean Floc’h, dauphin voyageur!. Réséau Cetacés, 2008.
- RTVE a la carta: «Nina, el delfín». El planeta azul, 1971.
- RTVE a la carta: «Otra vez con Nina». El planeta azul, 1972.





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