Cambio climático y fitoplancton: una mirada al pasado

Las plantas terrestres representan el 99% de la biomasa vegetal y el invisible fitoplancton suma apenas el 1% en un momento dado. Pero no se dejen engañar por este dato.

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Si no les convence Ricky Martin de la importancia del fitoplancton quién lo va a conseguir. Fuente: guioteca.com

Cuando paseamos por un bosque nadie nos tiene que convencer de la importancia de los árboles (que si el aire es fresco, que si da gusto respirar entre ellos…). Pero las microalgas no funcionan como los bosques. Ya lo dijo Ricky Martin: el fitoplancton «Vive la vida loca» y sus ciclos no tienen nada que ver con el perezoso ritmo de vida de un árbol.

La biomasa entera del fitoplancton se renueva en apenas una semana, y multiplicado por la superficie del océano hace posible que estos pequeños seres produzcan tanto ó más oxígeno que todos los bosques del planeta !!

Cuando vemos diatomeas como estas deberíamos agradecerles el oxígeno que nos regalan igual que si fueran árboles. Autor: F. Rodríguez

Y otro tanto podríamos decir de la importancia de las microalgas y los océanos a la hora de absorber dióxido de carbono. Por todo ello nos deben preocupar, y mucho, los efectos del cambio climático en sus poblaciones.

La emisión de gases invernadero comenzó con la revolución industrial y no ha cesado de aumentar a lo largo de los s.XX y XXI. Les gustaría saber sus efectos sobre el fitoplancton?

Pues acudamos a nuestros bisabuelos y tatarabuelos oceanógrafos que hicieron trabajos magníficos con instrumentos (a veces) simples.

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El vapor «National» a su salida de Kiel el 14 de julio de 1889. Autor: Richard Eschke. Fuente: Wikimedia commons

En 1889 partió de Kiel la «Plankton-Expedition», la 1ª expedicion oceanográfica centrada en el plancton organizada por la Fundación Alexander von Humboldt.

Fueron casi cuatro meses de navegación entre el océano Ártico y la isla de Ascensión en el Atlántico sur, a bordo del «National».

Sus resultados permitieron estimar la abundancia y composición del plancton en el Atlántico, con el inesperado descubrimiento de que las aguas del Ártico eran mucho más productivas que el océano tropical.

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Victor Hensen (1835-1924) dirigió la Plankton Expedition. Biólogo marino, introdujo por primera vez el término «plancton«. Fuente: Wikipedia

Victor Hensen y sus colegas estimaron la productividad con la escala Forel-Ule (FU). Se trata de un método colorimétrico que asigna un valor al color del mar (entre 1 y 21), en función de su parecido con soluciones químicas que varían desde el azul claro al castaño-amarillento.

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La escala Forel-Ule (FU). Fuente: Teacher at Sea

El azul corresponde a regiones poco productivas y a medida que subimos en la escala FU, la cantidad de clorofila y la abundancia de fitoplancton es mayor.

 

Con esta técnica levantaron un bello mapa de color del Atlántico, revelando el mar oligotrófico de los Sargazos, el afloramiento norafricano y la señal del río Congo.

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Mapa de color del Atlántico basado en la escala FU, en el que aparece también el trayecto seguido por el National (1889). Fuente: Fig. 1 Wernand y col (2013).

La escala FU siguió utilizándose durante el siglo XX en numerosas expediciones oceanográficas, acumulando una ingente cantidad de datos antes de la llegada de los satélites y sus estimaciones de clorofila. Ése es su gran valor, una serie temporal de más de un siglo, justo al inicio de la revolución industrial.

La escala FU no es ningún juego de niños. Es posible usar sus valores para estimar concentraciones de clorofilas tal y como demostraron Wernand y col. (2013), «traduciendo» a clorofila más de 200.000 observaciones de FU desde la Plankton Expedition hasta el año 2000.

Su conclusión fue que a nivel global no existe una tendencia en la clorofila entre 1889 y 2000 aunque a escala regional detectaron, p.ej., descensos en el Índico y aumentos en el Mediterráneo.

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Lo inventó Angelo Secchi en 1865. Fuente: BBC.com

Pero no cantemos victoria que ahora viene el disco de Secchi, uno de los instrumentos más antiguos y simples en oceanografía.

Se trata de un disco blanco de 30 cm de diámetro que se sumerge hasta donde alcanza la vista para estimar la transparencia del agua. Pues bien, existen medidas con disco de Secchi desde 1899 y también sirven para estimar los valores de clorofila.

Fueron Boyce y col (2010) quienes publicaron en Nature las conclusiones de esta serie temporal a nivel global desde 1899 a 2008, en la que incluyeron además medidas in situ de clorofila (espectrofotometría y fluorescencia).

Qué concluyeron esta vez? un descenso global del fitoplancton en 8 de las 10 regiones oceánicas en las que dividieron sus cálculos. Estimaron que la biomasa media desciende ∼1% por año (40% en promedio desde los años 50′) y que todo apunta a que existe una relación inversa con el aumento de la temperatura media de los océanos. El descenso del fitoplancton es más pronunciado en latitudes bajas respecto a las zonas polares y el Índico es la única región donde observaron tendencias positivas generales.

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Proliferación de fitoplancton en el mar de Bering. Imagen de color natural obtenida el 4-IX-2014 mediante el sensor MODIS. Fuente: NASA

Y qué nos dicen los satélites? Las mediciones de clorofila disponibles desde 1979 arrojan una gran variabilidad interanual y decadal que no permite extraer tendencias claras a largo plazo. Desde hace años los satélites permiten estudiar, grosso modo, la composición del fitoplancton aprovechando las distintas longitudes de onda que absorben y reflejan los pigmentos de grupos como las diatomeas, cianobacterias, cocolitofóridos y algas verdes. En realidad estos grupos «ópticos» incluyen a muchos otros pero con sus limitaciones y errores se trata de una aproximación útil.

Rousseaux y col (2015) analizaron una serie temporal (1998-2012) obtenida con sensores SeaWiFS y MODIS, procesada mediante un modelo matemático en 3D del océano (NASA Ocean Biogeochemical Model (NOBM)). Y observaron que en el hemisferio norte existen descensos en todos los grupos de fitoplancton en algunas de las regiones estudiadas, pero el único que mostró un descenso global fueron las diatomeas, especialmente en el Pacífico. Por el contrario, en el hemisferio sur no encontraron descensos significativos.

Los autores del trabajo relacionan sus resultados con un descenso en la profundidad de la capa de mezcla superficial y la consiguiente reducción de nutrientes. La diferencia entre el hemisferio norte y sur la achacan al mayor calentamiento relativo del primero.

A día de hoy me atrevo a decir que los efectos del cambio climático sobre el fitoplancton son impredecibles. Los factores que controlan el crecimiento y acumulación de sus poblaciones son un puzzle con millones de piezas del que apenas tenemos unos miles. Teorías muchas, pero más de un siglo de oceanografía y aún no entendemos del todo cómo se forman y mantienen sus proliferaciones. Hablaremos de ello en la próxima entrada…

Referencias:

-Boyce DG y col. Global phytoplankton decline over the past century. Nature 466 (29 July 2010). doi:10.1038/nature09268.
-Rousseaux CS & Gregg WW. Recent decadal trends in global phytoplankton composition. Global Biogeochem. Cycles Global Biogeochem. Cycles, 29, doi:10.1002/2015GB005139 (2015).
-Wernand MR y col. Trends in Ocean Colour and Chlorophyll Concentration from 1889 to 2000, Worldwide. Plos ONE 8(6): e63766. doi:10.1371/journal.pone.0063766 (2013).

Músicas del mar

La imagen que abre la entrada de hoy pertenece al Argonne National Laboratory (EEUU).

Peter Larsen, biólogo del Argonne, estaba abrumado por la cantidad de datos en una serie temporal de oceanografía y microorganismos en la estación L4 (Canal de La Mancha). Bien lo sé porque en el año 2000 publiqué un trabajo con datos similares de esa misma estación, pero no tuve la imaginación de Peter. Tantas vueltas le dio a la manera de visualizar sus datos y extraer un patrón de ellos que se planteó cómo sonaría una melodía basada en la abundancia de grupos microbianos !!

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Pelagibacter ubique, una de las Rickettsiales más abundantes en la estación L4. Fuente: Scientific American

Larsen juntó los datos de bacterias, fitoplancton y otros microorganismos y surgió la «música».

Far and Wide es una melodía basada en la abundancia de bacterias del orden Ricketssiales.

La primera nota depende de la abundancia relativa en cada muestreo y las cinco siguientes indican la tendencia de los datos (suben, bajan, se mantienen…). En los muestreos donde las Rickettsiales eran el grupo más abundante suenan unos platillos !!

Les dejo con el exitazo que bailan las bacterias en las discotecas submarinas…

Ahora otro ejemplo de por qué los científicos tenemos fama de raritos.

Se trata del villancico «Jingle Bells» pasado por el filtro de la fotosíntesis. Es algo que cantaría el mismísimo Sheldon Cooper si fuera biólogo. Para que resulte divertido hay que estar familiarizado con el funcionamiento de la fotosíntesis: la cadena de transporte electrónico, los fotosistemas, etc. Es lo último con lo que yo imaginaba que se podría hacer una canción pero todo es posible para su autor: Elliott Kimmel.

Red and blue, red and blue, wavelengths are the best…genial !! Jingle Bells Photosynthesis

Vamos con los profesionales.

Jorge Drexler. Sí, el compositor uruguayo que no pudo cantar «Al otro lado del río«, la canción con la que ganó el Oscar en 2004. Tuvo que salir en su lugar Mr. Antonio Banderas para darle el toque de glamour a la gala, tan imprescindible como superficial e injusto (el acto en sí, no el bueno de Antonio). Pues Drexler tiene una canción maravillosa titulada Noctiluca. Él mismo nos habla de las Noctilucas y conduce la canción acompañado de su hijo que toca un «microscópico» limonaire. Para no perdérselo.

And last but not least: Manta Ray.

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Antony Hegarty (2009). Fuente: Losanjealous

Tal es el título de la canción compuesta por J. Ralph y Antony Hegarty (el cantante de Antony & The Johnsons). El piano y la voz de Antony resaltan la magia de unas imágenes preciosas del plancton marino, incluyendo microalgas (salen unas diatomeas y dinoflagelados con una apariencia tridimensional que me dejó boquiabierto). Las imágenes pertenecen a Crónicas del Plancton (CNRS), y la canción forma parte de la BSO de «Racing Extinction» (2015), un documental que intenta concienciar sobre el desastre que supone la extinción de especies.

Miles de ellas han sobrevivido millones de años  y miles de ellas se irán por nuestra culpa sin que las veamos nunca, ni en un vídeo como éste. Para que no olvidemos la belleza de todos los seres vivos que nos rodean, una magnífica razón para agitar nuestra conciencia sobre el mundo…

Son las algas el biocombustible del futuro?

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Bill Gates. Fuente: Forbes.

Durante la Conferencia Internacional sobre el Cambio Climático en París (2015), Bill Gates anunció la creación de una coalición de inversores para impulsar nuevas tecnologías que nos lleven a un futuro (casi) sin emisiones de gases «invernadero».

La lista de fundadores aparece en la web Breakthrough Energy Coallition, con Richard Branson (Virgin), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Facebook) y Meg Whitman (Hewlett-Packard) entre otros mecenas (George Soros o el príncipe saudí Alwaleed bin Talal).

Mr. Gates y sus colegas filántropos quieren financiar ideas nuevas y arriesgadas, pero ojo!, apoyadas por iniciativas públicas de ciencia. Tanto es así que sus inversiones irán a gobiernos «visionarios» comprometidos a incrementar su investigación dentro del consorcio Mission Innovation creado también en París. Son 20 países; busquen el suyo en la gráfica y enhorabuena si lo encuentran (el mío no está).

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En azul (y a la izquierda con nombre y banderita) están los países participantes en Mission Innovation, incluyendo a Suecia, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y EEUU.

Breakthrough Energy Coallition invertirá en sectores como la generación de electricidad, transporte, industria, agricultura y eficiencia de los sistemas de energía. Entre las tecnologías que más les interesan está la fotosíntesis artificial para obtener hidrógeno a partir del agua. También financiarán el desarrollo de sistemas de almacenamiento y transmisión de la energía.

Pero un artículo reciente de Biofuels Digest (30-XII-2015) se lamenta de que no les interesen los biocombustibles. Las biorrefinerías no gozan de entusiasmo por parte de las petroleras y apenas hay incentivos para proyectos a escala comercial.

En los últimos años ha cobrado mayor interés la investigación sobre biocombustibles a partir de algas, pero ¿es rentable a nivel comercial? ¿pueden servir para combatir el cambio climático? la respuesta es no y su posible impacto en el futuro será limitado. Para ilustrar el problema les propongo esta imagen.

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Bateas en la ría de Pontevedra. Autor: el mismo del blog.

Cultivar mejillón sale a cuenta. Engordan en el medio natural con alimento gratuito y abundante. No necesitan procesado, sólo una estancia en la depuradora, y las instalaciones ya ven como son. Bajo el agua puede haber unas 500 cuerdas y 10.000 mejillones en cada una. La parte negativa son las biotoxinas, pero a pesar de las pérdidas (a veces cuantiosas) y costes de explotación, el sector genera beneficios y puestos de trabajo importantes para la región en la que vivo.

Cultivar microalgas para biocombustibles es justo lo contrario. Costes elevados por culpa de instalaciones complejas para mantener en tierra lo que vive en el mar o en agua dulce. Las algas deben ser procesadas para extraer los compuestos de interés. El mercado no entiende de energías limpias sólo de rentabilidad y hoy por hoy los biocombustibles de algas no lo son. Por ello muchas empresas han mudado su interés a la nutracéutica («nutrición» + «farmacéutico») buscando una salida más rentable.

Aún así, el interés en obtener biocombustibles a partir de las algas sigue ahí…

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Realizado por estudiantes del Smithtown HS East (St. James, NY, EEUU). Fuente: Energy.gov

Las microalgas poseen altas tasas de crecimiento y convierten energía solar en energía química con una eficiencia 10-50 veces mayor que las plantas terrestres.

Acumulan grandes cantidades de lípidos y azúcares que pueden servir para la producción de biodiésel y bioetanol. Evitan el dilema de «comida o combustible» que plantean los cultivos terrestres (maíz, trigo, cebada, etc), además de ocupar menor superficie que éstos. Entre las especies más prometedoras destacan Botryococcus braunii, Chlorella protothecoides y Chlorella vulgaris.

Luego están los beneficios ambientales: bio-mitigación del CO2, por ejemplo. Podríamos cultivarlas con aguas residuales y aire contaminado rico en CO2 de actividades industriales.

El biodiésel es biodegradable y produce también menores emisiones de gases invernadero que los combustibles de origen fósil. Todo sea dicho de paso, el petróleo y el gas natural proceden en su mayoría del plancton (vegetal y animal).

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Botryococcus brauni. Fuente: http://protist.i.hosei.ac.jp/

La demanda energética mundial es enorme y los biocombustibles de algas tendrían un impacto ambiental positivo pero muy limitado.

La AIE (Agencia Internacional de la Energía) estima que el 1.3% de la energía consumida en el mundo procede de biocombustibles como el etanol, metanol y biodiésel. Para satisfacer el 1.5% de la demanda mundial tendríamos que producir 34.000 millones de litros !!! y conseguir la biomasa de algas necesaria consumiría ∼5 millones de toneladas de fosfatos y otras tantas de amonio. Una barbaridad.

Para que se hagan una idea: la producción mundial de fosfatos es de 60 millones de toneladas y 180 la de amonio. La industria química productora de fertilizantes consume grandes cantidades de energía y en EEUU la mayor fuente de emisiones de CO2 industrial procede de la producción de amonio. Así que desnudamos a un santo para vestir a otro…

Hay que desarrollar métodos sostenibles a largo plazo para la producción masiva de algas. Las aguas residuales son uno de ellos: no sirven para los cultivos terrestres ya que filtran al suelo provocando contaminación y eutrofización por su alta concentración de nutrientes. El problema es que son una fuente de bacterias y virus y no podemos controlar los nutrientes. El reciclado de nutrientes es imprescindible para reducir costos y aumentar la eficiencia en el cultivo intensivo de microalgas.

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Sistema abierto tipo «Raceway» (Chennai, India). Fuente: Aban

El tipo de instalaciones para cultivarlas es importante: ¿sistemas abiertos ó cerrados? los abiertos son los más utilizados. Consumen menos energía pero sufren mayor contaminación tanto biológica como por deposición de partículas que pueden reducir la producción, por no hablar del problema de la evaporación.

Los sistemas cerrados, tubos verticales con aireación, controlan mejor el crecimiento de los cultivos y la producción de biomasa pero pueden consumir hasta un 350% más de energía que los sistemas abiertos. Por eso se trabaja en nuevos diseños que rebajen esos costes. Aún así, la energía que consume la instalación procede de combustibles fósiles a no ser que la acoplemos a industrias cercanas para aprovechar las emisiones de gases, paneles solares, energía eólica ó biomasa terrestre…

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La mayor biorrefinería de Europa está en Porto Santo (Madeira, Portugal). La explotan una empresa española, Buggypower, en colaboración con Electricidade da Madeira. Fuente: Buggypower

Se vende la idea de que el cultivo de microalgas puede ser neutral en términos de carbono dado que su cultivo consume CO2. Los géneros Chlorella, Scenedesmus y Botryococcus braunii están entre los más prometedores para la bio-mitigación de emisiones de CO2.

Sin embargo, la baja concentración de este gas en el aire y su pobre transferencia en agua hacen necesario bombear aire para que llegue a las algas. Esto aumenta costos, el gasto de energía y la emisión de CO2. El uso de gases industriales es una opción, ya que pueden contener 400 veces más CO2 y serviría para purificar el aire a la vez que producimos biocombustible. However, la presencia de ácidos y la temperatura de dichos gases son un problema para las algas…

Pongamos que todo va bien y crecen como locas. Cuando alcanzan la fase estacionaria de crecimiento hay que separarlas del agua y recuperar la biomasa para continuar el proceso. El cosechado es costoso y todo un reto debido a su pequeño tamaño. La electro-coagulación (aplicar cargas eléctricas para agregar y sedimentar las partículas; se usa en tratamiento de aguas residuales) es uno de los más prometedores según el NAABB (National Alliance for Advanced Biofuels and Bioproducts, EEUU).

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Comparación de la superficie necesaria para cultivos terrestres y microalgas. Fuente: Energy.gov

A diferencia de las plantas terrestres, las algas hay que secarlas porque la presencia de agua inhibe varios procesos necesarios para la extracción de lípidos de los que obtenemos el biodiésel. Secarlas al sol es lo más sencillo pero no siempre es posible y otros métodos tienen el problema (otra vez) del consumo de energía. Eso sí, existen alternativas que permiten procesar las algas sin secarlas, con nombres tan extraños como la licuefacción hidrotermal.

Vale, ya tenemos el biodiésel. Aunque para mejorar la rentabilidad es necesario conseguir otros compuestos con valor añadido, como el bioetanol, a partir de la biomasa restante tras extraer los lípidos. Las microalgas ofrecen una ventaja frente a las plantas terrestres: al no poseer lignina ni hemicelulosa para soporte de sus estructuras se evitan procesados químicos y enzimáticos que simplifican la producción de bioetanol.

En realidad, muchas empresas han mudado sus intereses de los biocombustibles a la nutracéutica (o una combinación de ambos) bucando mayor rentabilidad. Las algas poseen compuestos con interés nutricional y farmacéutico como ácidos grasos poliinsaturados (EPA, PUFA, DHA), vitaminas, aminoácidos esenciales, minerales, pigmentos (ficobilinas, carotenoides, etc). Son los famosos alimentos funcionales, un negocio presente y futuro…

En resumen: la producción de biocombustibles de algas por sí sola no es viable a escala comercial debido a los costes energéticos en comparación a los cultivos terrestres.

Aparte de los avances tecnológicos, el desarrollo de algas modificadas genéticamente para crecer en presencia de contaminantes (tanto en el agua como en el aire) y con un mayor rendimiento de lípidos, es una de las claves para que la producción de biocombustibles sea rentable en el futuro y un beneficio tanto para el medioambiente como las personas.

Volviendo al principio, citando a Bill Gates y sus amigos de Breakthrough Energy Coallition: «Technology will help solve our energy issues».

Referencias:

-Biofuels Digest: Why Advanced Renewable Fuels Will Not Play A Significant Role In Meeting Climate Change Goals por Tim Sklar (30-XII-2015), Algae fuels, the Earth Room Problem, and Osmotic Shock Around the Clock por Jim Lane (26-VIII-2015), Where are we with algae biofuels? Parte I y II por Jim Lane (13 y 14-X-2014).
-Lam MK & Lee KT. Microalgae biofuels: A critical review of issues, problems and the way forward. Biotechnol. Adv. 30:673-690 (2012).

Un punto azul pálido

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Director: D. Guggenheim (2006).

En estas navidades más templadas en Vigo de lo habitual (Galifornia dicen en vez de Galicia), qué mejor que volver a ver «Una verdad incómoda«, casi una década después de su estreno.

Pónganle los peros que quieran al personaje, lo cierto es que Al Gore comunicó de modo fascinante y agitó conciencias en todo el mundo para luchar contra el cambio climático. El contexto era ideal: un año después del desastre del Katrina y sin la crisis económica acaparando la actualidad. Pese al cuento de la rana que no salta del bote si calentamos el agua poco a poco (no parece real aunque sí útil para llegar al espectador), su mensaje final era esperanzador.

«Una verdad incómoda» ganó 2 Oscar en 2007. Ése mismo año Al Gore y el IPCC (órgano internacional encargado de evaluar los conocimientos científicos relativos al cambio climático), recibieron el Nobel de la Paz. Mientras, el futuro presidente español Mariano Rajoy desdeñaba el cambio climático citando a su primo meteorólogo (ABC:22-X-2007).

Gore mostraba gráficos de concentración de CO2 atmosférico que terminaban en 2005 en el umbral de 380 ppm y para representar el eje vertical ponía el máximo en 400 ppm. Hoy tendría que cambiar el eje; hemos superado ese valor (401,85 ppm; diciembre 2015) y la tasa de incremento se ha doblado en 40 años: entre 1965-1974 los niveles de CO2 aumentaron 10,56 ppm y en 2005-2014 han subido 21,06 ppm.

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Fotograma de «Una verdad incómoda» con Al Gore subido hasta los 600 ppm de CO2.

Gore montaba en un elevador para subir hasta el (posible) nivel del CO2 en 50 años: ∼600 ppm. Comprobé que escogió el peor de los casos, el de seguir emitiendo CO2 como si no hubiese un mañana. En dicho escenario (hoy llamado RCP8.5 (RCP es Representative Concentration Pathway, según el IPCC), es probable que a mediados de siglo el Polo Norte sea un océano libre de hielo en verano.

Desgraciadamente ése RCP8.5 se aproxima bastante a lo que podría suceder en las próximas décadas (si no lo remediamos). Verán…

El IPCC ha elaborado 4 escenarios de evolución del CO2 en el s.XXI, cuyos efectos en la temperatura del aire y el nivel del mar les mostraré durante esta entrada.

The Island President

Nasheed está hoy en día encarcelado en su país y no pudo acudir a la Cumbre del Clima en París.

Resulta lamentable que la mayoría de políticos no dediquen tiempo, siquiera en sus discursos, a la importancia de proteger el medio ambiente.

Corrijo, lo hacen si tienen el agua al cuello como Mohamed Nasheed en la Cumbre del Clima de Copenhage (2009), cuando era presidente del archipiélago de Maldivas (un país con 1,5 m de altitud media en riesgo de desaparecer por el aumento del nivel del mar). En el documental «The Island President» (2011) Nasheed sentencia: «If you allow a 2ºC rise in temperature you’re actually agreeing to kill us«. Ojo al dato: 2ºC de aumento…

Otro dato interesante. El océano acumula el 90% de la energía que estamos introduciendo en el sistema climático y sólo el 1% lo acumula la atmósfera. El calentamiento es mayor en la superficie del mar (aumento medio de 0,11ºC entre 0-75 metros, período 1971-2010), aunque la señal de dicho calentamiento se extiende hasta los 700 metros.

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Los 4 escenarios (RCP) de evolución del CO2 previstos por el IPCC. Fuente: Smithsonian.com

En Copenhage (2009), China y EEUU se unieron por primera vez al acuerdo político, sin compromisos vinculantes, para luchar contra el cambio climático. En la última Cumbre del Clima en París (diciembre 2015) se firmó un acuerdo para limitar el incremento de temperatura a 2ºC, e idealmente a 1,5ºC respecto a la época pre-industrial. Esa evolución del CO2 corresponde al mejor de los escenarios, RCP 2.6 (trazo verde en la gráfica siguiente).

Es un acuerdo «esperanzador» pero insuficiente. Depende de la voluntad política y de la movilización de recursos económicos (100.000 millones de dólares hasta 2020 para empezar) a países menos desarrollados.

Para cumplirlo hay otra condición: cambios drásticos inmediatos. Verán.

Sinceramente, se me cae un poco el optimismo al ver la siguiente gráfica del IPCC sobre la relación entre CO2 e incremento de temperatura para el año 2100. Fíjense que los 2ºC se alcanzan con valores de 480-530 ppm y al paso que vamos llegaremos ahí no en el 2100 sino a mitad de siglo !! Ojalá que no.

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Fuente: Climate Change 2014. Synthesis Report for Policymakers. IPCC.

Gore decía que estamos ante una cuestión moral y que la voluntad política es un recurso renovable.

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Estimación de aumento del nivel del mar según los 4 RCPs del IPCC. El nº21 indica los modelos usados para obtener la previsión final. Fuente: Climate Change 2014. Synthesis Report for Policymakers. IPCC.

Cada vez resulta más obvio que la civilización basada en el petróleo tiene fecha de caducidad. No se pueden seguir quemando combustibles fósiles a este ritmo sin alterar de forma grave el clima y el funcionamiento de la biosfera. Necesitamos energías limpias.

Y no lo digo yo, lo dice el grupo de expertos del IPCC en su 5º informe de 2014 con frases lapidarias sobre fondo rojo (qué más le pueden poner ya?) como las siguientes:

«La emisión continuada de gases de efecto invernadero producirá un mayor calentamiento y cambios duraderos en todos los componentes del sistema climático, aumentando la posibilidad de impactos severos, globales e irreversibles para las personas y los ecosistemas […] La influencia humana en el clima es clara y las emisiones antropogénicas recientes de gases invernadero son las mayores de la historia.»

«El calentamiento climático es inequívoco y muchos de los cambios observados desde los años 50′ no tienen precedente en décadas y milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, la cobertura de nieve y hielo ha disminuido y el nivel del mar ha subido […] Sus efectos [de los gases invernadero] junto a otros factores humanos, han sido detectados a lo largo del sistema climático y son muy probablemente la principal causa del calentamiento observado desde mediados del s.XX.» 

«Todos los escenarios [RCPs] contemplan un aumento de temperatura superficial durante el s.XXI […] El océano seguirá calentándose y acidificándose y subirá el nivel medio del mar». (Trad. del original).

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La Tierra es el punto azul pálido a mitad del haz de la derecha. Fuente: NASA.

Si esto no hace reaccionar a nadie, qué o quién lo va a conseguir? La segunda parte de «Una verdad incómoda«? Bienvenida sea.

Les decía que su mensaje final era esperanzador.

Gore recordaba la imagen de La Tierra que tomó en 1990 la sonda espacial Voyager 1 al girar su cámara más allá de Plutón a petición de Carl Sagan.

«A Pale Blue Dot» es una imagen cautivadora y la reflexión de Sagan sobre ella terminaba así: «To me, it underscores our responsibility to deal more kindly with one another and to preserve and cherish the pale blue dot, the only home we’ve ever known».

Todo esto me da pie a la próxima entrada: las microalgas como fuente de energía.

Referencias:

-Climate Change 2014: Synthesis Report. Summary for Policymakers. 32 pp. Disponible en la Web del IPCC.
-Convención Marco sobre el Cambio Climático: Aprobación del Acuerdo de París. Naciones Unidas. Disponible en la Web de la ONU.