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Stranded things 2

Hoy hablaremos del peor caso de mortalidad de ballenas en la historia reciente. Ocurrió en la costa austral de Chile en marzo de 2015, detallado por un magnífico estudio de Häusserman y col. (2017) y un artículo de divulgación en la web Hakai Magazine: Death by Killer Algae. Se trata de un artículo fenomenal, también en formato audio, con imágenes de drones. Aquí relataré los hechos de forma más resumida, sin drones.

Cultivos de salmón en el fiordo de Aysén, al suroeste del Golfo de Penas. Fuente: Patagon Journal.

La Patagonia chilena cubre un área extensa, de difícil acceso y poco poblada. Su línea de costa con 80.000 km debido a numerosos fiordos, islas y canales, equivale a 2 veces la circunferencia de la Tierra.

En este territorio, en concreto en el Golfo de Penas (región de Aysén, entre 46º30’S y 48ºS de latitud), un muestreo de buceo de invertebrados dirigido por la Dra. Vreni Häusserman, descubrió en abril los primeros restos de ballenas Sei: alrededor de 30 en dos zonas del golfo de Penas separadas por 200 km.

Cadáveres de ballenas Sei documentados por medios aéreos en Seno Escondido (golfo de Penas). Autora: V. Häusserman, Fuente: Fig. 4 (Häusserman y col. 2017).

El hecho de que aparezcan ballenas muertas en la región es habitual, pero no en esa cantidad y en un período tan corto de tiempo.

El hecho de que estuviesen de lado o hacia arriba, con el vientre hinchado, indicaba que habían muerto en aguas cercanas, siendo luego arrastradas hacia la costa.

¿Qué pudo haberlas matado?

Häusserman y su grupo son expertos en invertebrados, no en fitoplancton, así que al principio no pensaron en las biotoxinas.

Sin embargo, la costa austral de Chile se ve afectada todos los años por proliferaciones tóxicas -con el consiguiente riesgo para la salud pública, economía local y fauna marina-, motivo por el cual las autoridades chilenas mantienen programas de monitoreo de “Mareas Rojas”, mediante organismos como el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) y el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA).

Para descubrir al asesino había que acumular todas las pruebas en el escenario del crimen. Semanas después, en el mes de mayo, una expedición conjunta de SERNAPESCA, Armada de Chile y PDI, tomó muestras de fitoplancton y de mitílidos en la costa, así como muestras de las ballenas para estudios genéticos, de huesos del oído y contenidos estomacales para la determinación de biotoxinas. En este vídeo pueden ver imágenes del muestreo. El olor debió ser importante.

En junio, Vreni Häusserman junto su colega Carolina Gutstein (experta en tafonomía para indagar, entre otros asuntos, en las causas de las muertes) y un estudiante, realizaron vuelos en avioneta para contabilizar el número de cadáveres varados en el Golfo de Penas. Llevaban contabilizados 70 ejemplares cuando en medio del silencio alguien exclamó: “Oh, mierda, esto es una pesadilla“.

Documentaron 343 cadáveres de ballenas Sei (Balaenoptera borealis), junto a otras 17 de distintas especies. La tabla que recoge esta información en Häusserman y col (2017) es la más triste que he visto nunca en un artículo científico y ocupa 14 páginas !!

¿Qué fue lo que descubrieron en las muestras de 2015?

Ninguno de los cadáveres estudiados en mayo de 2015 mostró signos externos de enfermedad, daños físicos (ataques de predadores como las orcas), o en los huesos del oído (por culpa de explosiones). Tampoco murieron de hambre ya que poseían suficiente grasa y sus estómagos estaban repletos.

Alexandrium catenella (imagen de epifluorescencia, teñido con calcoflúor). Autor: Pablo Salgado.

La hipótesis de una enfermedad vírica o bacteriana no se pudo excluir al 100% debido al grado de descomposición.

Otras causas como daños por explosiones submarinas se descartaron ante las pruebas circunstanciales.

Una mortandad masiva sincronizada (entre febrero y abril) a lo largo de una región tan extensa sólo podría tener una causa…

Los análisis de toxinas, tanto en mitílidos recogidos en la zona como en los contenidos estomacales de 2 ejemplares, arrojaron resultados positivos para PST y AST (Paralytic shellfish toxins & Amnesic shellfish toxins: toxinas paralizantes y amnésicas).

Los datos disponibles del monitoreo de toxinas en marzo de 2015, 120 km al norte del Golfo de Penas, demostraron niveles 10 veces superiores a los normales de toxinas paralizantes (saxitoxinas), y una presencia abundante del dinoflagelado Alexandrium catenella.

Dichos muestreos no detectaron toxinas amnésicas (ácido domoico).

Langostino de los canales (Munida gregaria). Fuente: Shallow Marine Surveys Group.

A la vista de todo ello Häusserman y col (2017) atribuyeron en su trabajo la muerte de las ballenas a las toxinas paralizantes.

El Golfo de Penas parece ser una zona de alimentación importante de ballenas Sei, sobre todo en aquellos años donde abunda una de sus presas principales, el langostino de los canales (Munida gregaria, conocido en inglés como lobster krill).

Dicho crustáceo forma enjambres en su fase pelágica, que pueden alimentarse de fitoplancton, incluidos dinoflagelados tóxicos como A. catenella, acumulando sus toxinas y actuando como vector hacia niveles tróficos superiores (McKenzie & Harwood, 2014).

Posible relación con “El Niño” y el calentamiento global

Meses antes de descubrir los varamientos, las condiciones climatológicas en la zona eran anómalas, coincidiendo con el desarrollo del mayor fenómeno de “El Niño” registrado hasta la fecha, en septiembre de 2014.

Osos comiéndose los restos de una ballena en la bahía Larson (Alaska). Fuente: NOAA.

El suceso de Chile coincidió con otro caso de mortandad de ballenas en Alaska (38 ejemplares, incluyendo ballenas jorobadas), a la vez de una proliferación masiva y prolongada de Pseudo-nitzschia (diatomeas productoras de ácido domoico) durante un calentamiento anormal del Pacífico por culpa de “El Niño”.

La conexión entre ambas mortalidades << a través de las alteraciones inducidas en el ecosistema marino por “El Niño” sobre las temperaturas, régimen de vientos y nutrientes en el Pacífico Este >> ha llevado a sugerir que los grandes mamíferos marinos ya son víctimas de los efectos del calentamiento global. Y esto es así porque se sospecha que el calentamiento global por causas antropogénicas podría ser uno de los responsables del aumento en la frecuencia e intensidad de “El Niño” en las últimas décadas.

El desarrollo de proliferaciones tóxicas puede pasarnos desapercibido si no disponemos de sistemas de vigilancia en el océano, pero los mamíferos marinos son muy sensibles a los cambios en dicho ecosistema. Por ello la bióloga marina Kathi Lefbvre (NOAA) los compara con el canario enjaulado en la mina en el artículo “Death by Killer Algae”.

Sin embargo, las mortalidades de mamíferos marinos por culpa de las biotoxinas no son nada nuevo. Hace millones de años ya sucedían proliferaciones de fitoplancton tóxico y el registro geológico guarda recuerdo de sus efectos sobre el ecosistema.

Fósiles de ballenas en Cerro Ballena (Atacama, Chile). Autor: Adam Metallo, Smithsonian Institution. Fuente: Hakai Magazine.

Buen ejemplo de esto son los restos fósiles de ballenas, focas y perezosos acuáticos descubiertos más al norte, en Cerro Ballena (región de Atacama) por Pyenson y col. (2014).

Lo que hoy es un desierto, hace 6-9 millones de años en el Mioceno era una llanura supramareal protegida por una barrera costera.

Y en ella se acumularon y preservaron dichos restos en cuatro estratos diferentes confirmando muertes simultáneas y varamientos en masa de mamíferos marinos y peces, en una área extensa y durante un período de 10.000 a 16.000 años.

Referencias:

-Hakai Magazine: “Death by Killer Algae”, por Claudia Geib.
-Häusserman V. y col. Largest baleen whale mass mortality during strong El Niño event is likely related to
harmful toxic algal bloom. PeerJ. DOI: 10.7717/peerj.3123 (2017).
-NOAA declares deaths of large whales in Gulf of Alaska an unusual mortality event. https://alaskafisheries.noaa.gov/node/30342
-Pyenson N.D. y col. Repeated mass strandings of Miocene marine mammals from Atacama Region of Chile point to sudden death at sea.Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences 281(1781):20133316 (2014).

 

 

 

 

 

 

 

Stranded things

Los varamientos de cetáceos son un fenómeno misterioso y estremecedor.

Basada en hechos reales. Ambientada en Península Valdés (Chubut, Argentina), narra la historia del guardafauna argentino Beto Bubas, las orcas salvajes y un niño autista. (Gerardo Olivares, 2016).

Misterioso porque no existe una única causa para explicarlos y estremecedor porque afecta a seres que infunden admiración y con los que empatizamos de manera muy especial.

La mayoría de varamientos afectan a odontocetos (cetáceos dentados), el suborden al que pertenecen los delfines, orcas, zifios y cachalotes. Mientras, los registros de varamientos en misticetos (ballenas barbadas) han sido escasos históricamente.

Esto se justifica por el comportamiento social de los odontocetos, que tienden a vivir en grandes manadas, mientras que los misticetos suelen ser solitarios o formar grupos limitados. Además, los misticetos no usan la ecolocalización para navegar, un factor que suele mencionarse también para explicar los varamientos.

Sin embargo, en la última década se han registrado numerosos varamientos y mortandades de misticetos como veremos en esta entrada.

Entre los motivos más comunes se incluye una lista diversa como debilidad por enfermedad o escasez de comida, desorientación y lesiones (tempestades, ruido en el mar), accidentes (colisiones con embarcaciones), y por último un factor que nos atañe especialmente en este blog: las biotoxinas del fitoplancton.

Ballena gris (Eschrichtius robustus) con su ballenato (El Vizcaíno, Baja California, Mexico). Autor: J.E. Gómez Rodríguez. Fuente: Wikimedia commons.

Los mayores varamientos de misticetos se han registrado en Norteamérica y Sudamérica.

Por ejemplo, en 1999 y 2001 se contabilizaron en la costa noreste del Pacífico 283 y 386 varamientos respectivamente, en su mayoría de ballenas grises adultas. Las sospechas recayeron en ambos casos en síntomas de malnutrición (Rowntree y col. 2013).

Y en cuanto a mortandades por culpa de biotoxinas, el único caso confirmado hasta hace poco ocurrió en 1987 en Cape Cod (EEUU), con la muerte de 14 ballenas jorobadas tras comer caballas (Scomber scombrus) contaminadas con saxitoxinas: neurotoxinas paralizantes producidas en la zona por dinoflagelados del género Alexandrium.

Para que los cadáveres de las ballenas lleguen a la costa deben haber muerto en áreas someras cercanas a tierra ya que en aguas profundas tienden a hundirse y no dejar rastro en superficie.

En los últimos años en las costas de Argentina y Chile han sucedido numerosos varamientos de ballenas. En ambas regiones son recurrentes las proliferaciones de fitoplancton tóxico. ¿Podemos culpar a las toxinas de las muertes de ballenas? no es fácil conseguir evidencias pero hay muchos indicios que llevan a sospechar de ellas.

Península Valdés (Argentina)

Observando ballenas francas australes en Península Valdés. Autor: M. Catanzariti. Fuente: Wikimedia commons.

Las costas de Península Valdés en la Patagonia norte argentina (42-43º de latitud sur), son zona de cría de ballenas francas australes.

Pues bien, entre los años 2005-2014 se ha registrado una mortalidad sin precedentes (en total 649 ejemplares), en su mayoría ballenatos menores de 3 meses.

Las muertes se extienden a lo largo de varios meses, y han llegado a máximos de 120 individuos en el año 2012. Las hembras de estas ballenas se reproducen cada 3 años.

Con esas tasas de natalidad ya se imaginarán el impacto de esta catástrofe, que puede afectar a la recuperación de una especie cuya caza redujo su población original a un pírrico 20%.

En una reunión en 2010 de expertos de la Comisión Ballenera Internacional (IWC) se identificaron tres principales hipótesis: poco alimento (krill antártico: Euphausia superba), enfermedades e intoxicación por biotoxinas.

A dichas hipótesis se sumó una cuarta en otra reunión de la IWC en 2014: el estrés ocasionado por el acoso de las gaviotas cocineras (Larus dominicanus), que atacan a las ballenas para devorar su piel y grasa provocándoles heridas abiertas.

Frústulas de Pseudo-nitzschia en heces de ballenas francas australes (Eubalaena australis) de Península Valdés. (A-B) P. pungens, (C) P. australis, (D) complejo P. pseudodelicatissima. Fuente: Fig. 2 D’Agostino y col. (2015).

De entre esas 4 hipótesis, la de las biotoxinas es la que cobra más fuerza a raíz de estudios recientes como “Potentially toxic Pseudo-nitzschia species in plankton and fecal samples of Eubalaena australis from Península Valdés calving ground, Argentina” (D’Agostino y col. 2015).

Estos investigadores descubrieron abundantes frústulas de diatomeas del género Pseudo-nitzschia en heces de ballenas vivas y cadáveres, así como en muestras de fitoplancton durante el período que las ballenas visitan Península Valdés.

Pseudo-nitzschia incluye numerosas especies productoras de ácido domoico, una potente neurotoxina que las seguidoras y seguidores de este blog conocen muy bien, y que puede ocasionar graves perjuicios a la fauna marina.

D’Agostino y col. proponen que el zooplancton, alimento de las ballenas, actuaría como vector del domoico y para ello citan la detección de dicha toxina en muestras de zooplancton en la región por otros autores. Los ballenatos estarían expuestos de forma indirecta al domoico, a través de la leche materna y/o durante la gestación.

Además algunas ballenas, como las francas australes, practican un tipo de alimentación llamada “skim feeding” en la que barren la superficie (como un colador quitando la nata de la leche). Las cadenas de Pseudo-nitzschia pueden superar fácilmente las 300 micras de longitud y podrían ser filtradas directamente por las ballenas durante estos episodios. Aquí tienen a una ballena franca austral practicando “skim feeding“.

Ballena franca austral (Eubalaena australis) con una cría, cerca de la costa de Península Valdés, en medio de un bloom del dinoflagelado Lepidodinium chlorophorum. Autor: M. Sironi (Premio Hilda Canter-Lund 2009). Fuente: British Phycological Society.

Las ballenas francas australes también están presentes durante episodios de PSP (Alexandrium catenella) asociados a prohibiciones en la explotación de marisco. En los tejidos de algunos ejemplares muertos se han detectado tanto saxitoxinas como ácido domoico, aunque en niveles bajos.

En octubre de 2010 murieron 15 ballenas de todas las clases de edad (6 ballenatos, 7 juveniles y 2 adultos), un hecho típicamente asociado a proliferaciones tóxicas e inusual en Península Valdés.

Las concentraciones de Pseudo-nitzschia y A. catenella eran elevadas en aquel momento. Y en aquellas fechas se había observado “skim feeding” en los adultos.

Las imágenes de satélite (Wilson y col. 2015) confirman que los blooms de primavera de fitoplancton se han hecho más intensos en la región especialmente desde 2004, coincidiendo con la mayoría de las muertes:

<<649 ballenas muertas entre 2005-2014>> por 194 en los 30 años anteriores.

Durante uno de dichos blooms el investigador argentino Mario Sironi documentó la imagen de una marea verde de Lepidodinium chlorophorum, una especie de dinoflagelado no tóxica.

No parece que Pseudo-nitzschia sea responsable de los blooms más intensos en primavera, pero su abundancia ha aumentado notablemente en la última década y existe una correlación positiva entre 1) registros mensuales de muertes y 2) abundancia de Pseudo-nitzschia. No existe tal relación con A. catenella.

En conclusión: hay evidencias sobre la exposición de las ballenas a las biotoxinas y son varias las pistas que apuntan hacia el ácido domoico.

Golfo de Penas (Chile)

Ballena sei en Caleta Buena (norte del Golfo de Penas), abril 2015. Autor: K.-L. Pashuk. Fuente: Fig. 3 (Häusserman y col. 2017).

Mediados de abril de 2015. Durante una expedición de buceo para estudiar fauna bentónica al norte del Golfo de Penas aparecen los primeros restos de ballenas y esqueletos.

La alarma ante este descubrimiento puso en marcha, pocas semanas después, una expedición conjunta de SERNAPESCA (SERvicio NAcional de PESCA y acuicultura), la Armada de Chile y la PDI (Policía De Investigaciones de Chile, Departamento de Investigación Criminal).

Lo que documentaron por tierra, mar y aire fue el peor caso de la historia: la muerte de 343 ballenas sei (Balaenoptera borealis).

Pero esta historia es larga y se la contaré en la segunda temporada de Stranded things.

Referencias

-D’Agostino V.C. y col. Potentially toxic Pseudo-nitzschia species in plankton and fecal samples of Eubalaena australis from Península Valdés calving ground, Argentina. J. Sea Res. 106:39–43 (2015).
-Häusserman V. y col. Largest baleen whale mass mortality during strong El Niño event is likely related to
harmful toxic algal bloom. PeerJ. DOI: 10.7717/peerj.3123 (2017).
-Rowntree V.J. y col. Unexplained recurring high mortality of southern right whale Eubalaena australis calves at Península Valdés, Argentina. Mar. Ecol. Prog. Ser. 493:275–289 (2013).
-Wilson C. y col. Southern right whale (Eubalaena australis) calf mortality at Península Valdés, Argentina: Are harmful algal blooms to blame? Mar. Mammal Sci. 32:423–451 (2015).

Prisioneros del hambre en el Estrecho de Magallanes

(Imagen de portada: grafiti en Puerto Natales, Chile)

Tomé Hernández continúa su declaración ante el Virrey del Perú.

Desembarcó junto a Cavendish y los suyos en Ciudad San Felipe (así la cita Tomé en 1620, aunque en todos los documentos y mapas posteriores su nombre es Ciudad Rey Don Felipe). Tres años después de su fundación seguía rodeada de una empalizada ahora inútil. Solo se escuchaban el rumor de las lengas agitadas por el viento y el crujir de la madera en las edificaciones que sirvieron de iglesia, monasterio franciscano, ayuntamiento, y en medio de la nada una horca balanceándose en el aire.

Bosque de Nothofagus cerca del lago Grey. Las lengas pertenecen a la especie N. pumilio. Los Nothofagus se encuentran en Australia, Nueva Zelanda, Chile, Argentina, Nueva Guinea, Nueva Caledonia y fósiles en la Antártida, prueba de la deriva de los continentes y de la conexión que un día existió entre esas tierras del hemisferio sur. Autor: F. Rodríguez

Se encaminaron a las viviendas. El hedor que llegaba del interior les anunció el macabro final de los últimos habitantes, tiesos y vestidos en sus casas, esperando un auxilio que no llegó.

Estuvieron allí cuatro días, abasteciéndose de agua y leña, deshaciendo las construcciones y recuperando piezas de artillería, 4 de bronce y 2 de hierro, procedentes de la Santa María de Castro, el navío de Sarmiento de Gamboa.

Luego emprendieron rumbo al oeste. Salieron del Estrecho de Magallanes y hacia el norte intentando arribar a Valparaíso dieron finalmente con otro puerto, el de Quintero. Allí Tomé Hernández salvó su pellejo en medio de una trifulca digna de película entre sus rescatadores y soldados españoles.

El episodio fue así: mientras se aprovisionaban de ganado y agua aparecieron tres españoles á caballo con sus lanzas y adargas armados. El bueno de Cavendish envió al listo de Tomé a hablar con ellos y cuando les explicó lo ocurrido se ofrecieron a entregarle lo que necesitasen. No les dijo que viajaba con ingleses, claro, pero ocultos entre las sombras un grupo de ellos se preparaba para lanzarse sobre los soldados. Tomé les vio a tiempo, ya les dije que debía ser listo.

Avisó disimuladamente a los españoles y estos huyeron de la encerrona. Al regresar le contó a Cavendish que todo very well y que antes de marcharse se habían ofrecido a traer provisiones. Cavendish le dejó hacer y Tomé escapó finalmente con los soldados mientras estos atacaban a los ingleses. Durante la lucha Cavendish y sus hombres se hicieron a la mar (me alegré cuando lo leí), aunque en tierra murieron 12 y otros 9 fueron hechos prisioneros (6 ejecutados con el sistema de moda: la horca). Tomé se fue a Santiago y de allí a Perú. Y así acabó aquel viaje al Estrecho.

Bueno, no del todo. Verán…

Tres años después, otro barco inglés, el Delight, cruzó Puerto del Hambre y descubrió a un hombre que se lió a tiros con ellos hasta que se acercaron lo suficiente. Luego entró en razón (o se le acabó la munición, quien sabe) y les relató que había sobrevivido en una casa que él mismo construyó. Aquel desconocido no tuvo la suerte de Tomé: llegando a Europa el Delight se hundió (cerca de Cherburgo) y no sobrevivió para contarnos su historia.

¿Por qué fracasó Sarmiento de Gamboa en poblar el estrecho?

Salvando las distancias, su desastre me recuerda un poco la expedición de Scott al Polo Sur, sólo que aquí perecieron casi 400 personas (hombres, mujeres y niños), sin medios para afrontar la vida en Magallanes. Sus ropas no servían para combatir el frío y las intensas nevadas. Las tierras que intentaron cultivar con trigo, cebada y habas no produjeron nada comestible, los animales que llevaron consigo, como cabras y perros, murieron o se los tuvieron que comer…homicidios, canibalismo, una pesadilla.

Jefe mulato con otros dos aónikenk, hacia 1910. Fuente: Biblioteca Nacional de Chile

En cambio, los indígenas que poblaban aquellas tierras desde hacía miles de años se las arreglaban muy bien en aquellas condiciones. Puerto del Hambre estaba en la frontera entre dos territorios indígenas. En la zona austral de Chile habitaron numerosos pueblos denominados genéricamente “tehuelches” o “patagones”, incluyendo etnias como los chonos, kawéskar, yámanas, selk’nam y aónikenk.

En su declaración, Tomé describe a los indígenas vestidos con pieles de animales, armados con flechas y arcos. Algunos eran blancos, otros morenos y no tenían barba. Se recogían el cabello en la cabeza y eran muy corpulentos. Siempre andaban a pie (el caballo aún no había llegado) y a la pregunta de qué comían respondió:

“…algunos Indios trahían pedazos de ballenas, y marisco de que comían, y que una Muger Española de las que truxo consigo Pedro Sarmiento vino á parar en poder de los Indios, de dos que cogieron caminando por tierra, y á lá otra la mataron, y que esta muger quedó viva entre ellos; la tuvieron tres meses, y al cabo de ellos la dieron libertad: y decían que no tenían Poblacion, y se sustentaban de unas raices y marisco, y lobos y ballenas, y que no tenian sembrados”. A la cuestión de qué marisco consumían, Tomé contestó: “Que había mexillones y lapas, y algunos erizos de la mar, con que se sustentaban”.

Es interesante comprobar que los colonos españoles también subsistían a base de marisco.

Cholgas (Aulacomya ater, Linneo 1758) recogidas en la zona norte de la región de Magallanes. Autor: Pablo Salgado.

Ellos les llamaban “mexillones” aunque probablemente se estaban alimentando sobre todo de cholgas (Aulacomya ater), de mayor tamaño que los mejillones europeos del género Mytilus, (como se puede ver claramente en la imagen de la derecha), abundantes en la región.

Los relatos de Sarmiento de Gamboa y del propio Tomé manifiestan que los mejillones les resultaban difíciles de comer porque a menudo contenían perlas y era como meterse guijarros en la boca. Al principio las apartaban e iban guardando pero cuando cundió el desánimo en Rey Don Felipe se desentendieron de ellas.

El pasado mes de octubre recorrí la carretera que bordea el Estrecho de Magallanes desde Punta Arenas hasta el Parque del Estrecho, inaugurado en 2015 en Punta Santa Ana. Dicho Parque es una visita obligatoria para conocer de primera mano la historia humana y natural del Estrecho de Magallanes. Allí se encuentran Bahía Mansa, Puerto del Hambre y Fuerte Bulnes, el asentamiento fundado en 1843 por los tripulantes chilotes de la goleta Ancud que tomaron posesión del Estrecho por parte de Chile.

Pues bien, a un lado de dicha carretera, muy cerca del Parque del Estrecho, se encuentra esta señal…

Autor: F. Rodríguez

En esta zona lleva años prohibida la explotación del marisco debido a las proliferaciones de Alexandrium catenella, productor de toxinas paralizantes (saxitoxinas). La primera cita de A. catenella en Chile data de 1972 y pertenece precisamente a la región de Magallanes: una proliferación en Bahía Bell con abundancias máximas de 600 céls/mL debido a la cual ocurrió esto:

El 22 de octubre de 1972, la Gobernación Marítima de Punta Arenas informó la muerte de tres pescadores mientras se dedicaban a la extracción de cholgas (Aulacomya ater) en Bahía Bell, Isla Clarence […]. El deceso se produjo en un lapso de 2 a 5 horas, después de haber ingerido cholgas frescas a bordo de la embarcación “Adrian” de propiedad de la empresa pesquera “Punta Arenas Ltda”.

Guzmán & Campodonico (1975)

El responsable de la intoxicación en 1972: Alexandrium catenella. Fuente: Guzmán & Campodonico (1978).

Los síntomas de intoxicación por saxitoxinas pueden durar varios días e incluyen debilidad muscular, entumecimiento, hormigueo, picazón, pérdida de sensibilidad táctil, ceguera temporal, sensación de liviandad (como si flotara uno en el aire). En casos extremos, tras 2-24 horas, la parálisis muscular se extiende y agrava provocando dificultades respiratorias severas y muerte.

Desde entonces y hasta el día de hoy las floraciones algales nocivas (FAN), principalmente A. catenella, han ido a más en la región de Magallanes, tanto en la frecuencia de sus episodios como en la extensión geográfica y duración de los mismos. Su análisis (Guzmán y col. 2002) indica que suelen coincidir con el término de un fenómeno de “La Niña” y el inicio de un “El Niño” intenso, en condiciones de calma, alta insolación y estabilidad en la columna de agua.

Y ahora se preguntarán ustedes…¿desde cuándo ocurren estas proliferaciones? ¿pudo el marisco intoxicar a los hombres de Sarmiento de Gamboa?

En un trabajo de 2002 de Guzmán y col. del IFOP (Instituto de Fomento Pesquero), titulado “Alexandrium catenella y veneno paralizante de los mariscos en Chile”, hay un párrafo sobre esto:

Monumento a Hernando de Magallanes, el descubridor del Estrecho, en la plaza de Punta Arenas. La estatua del indio patagón lleva asociada la tradición de besarle el pie (no vean cómo brilla!) para volver a Punta Arenas (dicho y hecho en mi caso!). Autor: F. Rodríguez

“Tras la fundación de Punta Arenas, a mediados del s.XIX, los antecedentes disponibles no muestran que Magallanes presentara la impronta reiterada de este tipo de fenómeno. Los grupos nativos canoeros que poblaron este territorio por un lapso de 6500 años y cuya dieta incluía en forma importante el consumo de mariscos, no han dejado evidencias del eventual impacto de floraciones nocivas asociadas al veneno paralizante.”

Antes, Guzmán y Campodonico (1978) mencionaban lo siguiente:

“las averiguaciones realizadas por los autores en ese entonces, basándose en los hechos históricos recopilados por el Instituto de la Patagonia, así como también en comunicaciones verbales de personas que han dedicado gran parte de su vida a las faenas de pesca u otras actividades en los canales patagónicos y fueguinos, no permitieron detectar indicios fehacientes de otras Mareas Rojas asociadas a VPM [Veneno Paralítico de los Mariscos] en esta región […] Por otra parte no existe ninguna tradición entre los contados sobrevivientes de indígenas canoeros que antaño poblaron la región, que permita sospechar de la existencia de estos fenómenos tóxicos en el pasado y que a su vez se habría traducido en una educación refleja frente a este tipo de problemas“.

Así pues, dichos autores consideran que no hay pruebas, más bien todo lo contrario, para sospechar que el consumo de marisco en Magallanes fuese considerado peligroso por los indígenas. Las proliferaciones tóxicas serían un fenómeno reciente y las evidencias más antiguas datan de finales del s.XIX: p.ej. en 1894 fallecieron 9 yámanas en isla Navarino (Tierra del Fuego) por consumo de bivalvos y en 1896 se intoxicaron también 4 yámanas en Ushuaia mostrando síntomas de intoxicación por veneno paralizante.

El Estrecho de Magallanes desde Fuerte Bulnes. Autor: Pablo Salgado.

Ahora bien, Espinoza & Espinoza publicaron en 2010 “La increíble empresa de Sarmiento de Gamboa y su triste fin: Posibles causas de la tragedia en el Estrecho de Magallanes en el siglo XVI“. En dicho artículo de la Revista Médica de Chile se enumeran las posibles causas de muerte de los colonos.

La desnutrición se considera como la más importante a partir de los documentos históricos y estudios de arqueólogos y biólogos argentinos sobre osamentas de adultos de Nombre de Jesús, que señalaron en todos los casos signos de osteopenia (indicadora de desnutrición).

Entre las demás causas citan muertes por ajusticiamientos, homicidios y otros hechos violentos, hipotermia y por último intoxicaciones alimentarias por ciertos frutos y quizás por el marisco. Lo razonan así:

“En Chile, el fenómeno de marea roja está ampliamente extendido y el primer registro de una FAN data de 1827; más, es perfectamente posible que en Magallanes hubiese estas floraciones en etapas previas, como la época del asentamiento de los colonos a los que nos hemos referido. Siendo fenómenos periódicos, es probable que los individuos originarios conociesen de su existencia y que, por tanto, afectara especialmente a los colonizadores. La teoría planteada puede explicar la muerte de tantos de ellos y el hallazgo de osamentas sin enterrar; los sobrevivientes pudieron intuir una suerte de intoxicación por la rápida aparición de síntomas como naúseas, mareos, dificultad para movilizarse, hablar y respirar, hasta llegar a la muerte.”

El buque oceanográfico “Sarmiento de Gamboa” (CSIC) tiene base en Vigo donde fue botado en 2006. Autora: Marta Umbert. Fuente: oce.icm.csic.es

La teoría de la intoxicación por veneno paralizante resulta tentadora y más repasando el relato de cómo descubrieron los cadáveres de los colonos y las repetidas veces que se menciona lo de comer marisco para subsistir. Pero es indemostrable, al menos por el momento.

Me quedo para terminar con esta frase en el prólogo del libro Cegoñas no fondo da ría: “La verdadera historia es la del siglo XIX. Todo lo anterior es ciencia ficción, y la del XX y XXI, periodismo (Luís Obelleiro)”. [Trad. del gallego]

Agradecimientos:

A Marcela Contreras por el artículo de Espinoza & Espinoza con el cual descubrí estos hechos históricos y por la revisión de esta entrada; a Pablo Salgado por la bibliografía, imágenes y también la revisión de la versión final; a Gemita Pizarro por invitarme al curso en el IFOP de Punta Arenas en octubre, gracias al cual pude visitar la región de Magallanes y aprender más de su historia. Dedico esta entrada a los participantes de dicho curso y en general a todo el personal del IFOP en Punta Arenas por su cálida acogida durante mi estancia.

Referencias:

-Espinoza JP & Espinoza R. La increíble empresa de Sarmiento de Gamboa y su triste fin: Posibles causas de la tragedia en el Estrecho de Magallanes en el siglo XVI. Revista Médica de Chile 138: 1456-1460 (2010).
-Guzmán L. & Campodonico I. Marea roja en la región de Magallanes. Publicaciones del Instituto de la Patagonia. Serie Monografías. Punta Arenas (Chile), nº9, 44 pp. (1975).
-Guzmán L. & Campodonico I. Mareas rojas en Chile. Interciencia 3:144-151 (1978).
-Guzmán L., Pacheco H., Pizarro G. & Alarcón C. Alexandrium catenella y veneno paralizante de los mariscos en Chile. En: Sar EA, ME Ferrario & B Reguera (eds). Floraciones algales nocivas en el cono sur americano. Instituto Español de Oceanografía. 235-255 pp. (2002).
-Spate O.H.K. The Spanish Lake. The Pacific since Magellan, vol.1.  Autralian National University Press, Canberra. 371 pp. (2004).

La importancia de llamarse Alexandrium

Este blog es monotemático: algas, algas y más algas!! Consciente de que el menú puede caerles pesado mezclo a menudo otros ingredientes (como el queso, el aceite de oliva y el pollo sobre una lechuga iceberg).

Odontella aurita. Autor: Pavel Skaloud. Fuente: botany.natur.cuni.cz

Hoy les serviré una “lechuga” enorme (la taxonomía de Alexandrium) con un “pollo” muy sabroso (un debate entre científicos).

Odontella aurita (Agardh, 1832) es una bella diatomea que ha cambiado de nombre sólo una vez desde su descripción original como Diatoma aurita (Lingbye, 1819)

Callithrix aurita. Autor: Sávio Bruno. Fuente: Arkive.org

Su nombre, aurita, quiere decir “orejas largas”. En la diatomea hay que echarle mucha imaginación, pero hay otras especies en las que el epíteto “aurita” resulta evidente y más que justificado. Como en el mono tití Callithrix aurita.

Las algas no tienen orejas pero sí otros atributos que inspiran muchas veces sus nombres.

Por ejemplo, Alexandrium catenella, descrita como una especie formadora de cadenas, protagonista de la entrada de hoy.

El género Alexandrium lo describió Youssef Halim (1960) después de una marea roja de Alexandrium minutum (la especie tipo, diminuta) en el puerto de Alejandría (Egipto, imagen de portada).

En Alexandrium se encuentran diversas especies productoras de toxinas paralizantes (saxitoxinas), responsables de algunas de las proliferaciones más dañinas del mundo, tanto para la fauna marina como para la salud pública.

Muchas especies del género Alexandrium se describieron a lo largo del s.XX originalmente como Gonyaulax o Protogonyaulax, en base a criterios morfológicos: la “fórmula” de sus placas (numeración y organización), dimensiones de las células, y otros caracteres como la capacidad de formar cadenas o la presencia de un porito en la zona ventral (en la primera placa apical, donde se insertan los flagelos de la célula).

Ilustraciones originales de Whedon & Kofoid (1936). Fuente: WORMS

Por ejemplo, en 1925, Marie V. Lebour describió un pequeño organismo, Goniaulax tamarensis, en el estuario del río Tamar cerca de Plymouth (Reino Unido). Dicha especie (=Alexandrium tamarense) sabemos hoy en día que no es tóxica.

En 1936, Whedon y Kofoid describieron con gran profusión de detalles dos organismos: Gonyaulax catenella y acatenella, responsables de intoxicaciones por consumo de moluscos bivalvos en la costa de California (EEUU).

G. catenella era “achatada” y formaba cadenas (4 o más células), mientras que G. acatenella constaba sólo de células individuales.

Lo que no sabían era que ninguna especie forma cadenas todo el tiempo y que dicha capacidad varía según el estado fisiológico y el ciclo de vida.

Evolución temporal de G. catenella (línea continua, logaritmo de céls/litro) y G. acatenella (discontinua). Fuente: Whedon & Kofoid (1936)

 

No se trataba de especies distintas sino del desarrollo y caída de una población (que forma cadenas en la fase activa de crecimiento y se disgregan en células individuales al final de la proliferación).

A lo largo del s.XX se describieron nuevas especies de Gonyaulax y Alexandrium hasta que en 1985 Enrique Balech transfirió muchas de las primeras al género Alexandrium, describiendo 7 nuevas especies, entre ellas Alexandrium fundyense.

Su descripción era sucinta, apenas un par de frases:”very close to A. excavatum but constantly lacking ventral pore. Perhaps a subspecies […]. Distribution in the Bay of Fundy”.

Bahía de Fundy. Fuente: www.ferries.ca

En la bahía de Fundy (Canadá) se había identificado también otra especie similar: el Alexandrium tamarense de Lebour, que sólo se diferenciaba en la presencia del susodicho “porito”. Pero este A. tamarense sí era tóxico, a diferencia del “original”. Vaya lío…

Con el tiempo resultó evidente que existían una variedad de formas intermedias entre A. tamarense/A. catenella/A. fundyense y que los criterios morfológicos que se habían establecido para diferenciarlas eran variables. Es decir, se trataba de especies crípticas difícilmente distinguibles bajo el microscopio.

Y llegó la genética para barajar otra vez las cartas...

En los 90′ la aplicación de técnicas moleculares revolucionó el panorama. Las secuencias genéticas de los cultivos de A. tamarense/A. fundyense/A. catenella formaban parte del “complejo de especies Alexandrium tamarense“, cinco grupos moleculares cercanos, aunque claramente diferenciados. Al principio se les designó por el origen geográfico pero luego se demostró que este criterio tampoco servía y se optó por lo fácil: emplear números del I al V.

IMPORTANTE: en Norteamérica y Suramérica sólo se ha detectado el Grupo I.

Distribución geográfica de grupos del complejo “A. tamarense“: I (círculos), II (cuadrados), III (triángulos), IV (diamantes), V (estrellas). En negro los grupos tóxicos. Fuente: Fig. 1, Lilly y col. (2007)

Los V grupos genéticos del complejo “A. tamarense” se añadieron a la denominación de especies tradicional y se usaron durante dos décadas para identificar con mayor precisión la naturaleza de los cultivos (solo eran tóxicos los grupos I y IV).

Estos grupos sugerían la existencia de distintas especies pero nadie atacó este asunto hasta 2014 cuando John y col. propusieron las siguientes equivalencias: A. fundyense (grupo I), A. mediterraneum (grupo II), A. tamarense (grupo III), A. pacificum (grupo IV) y A. australiense (grupo V).

Alexandrium catenella (islas Huichas, región de Aysén, Chile). Autor: Pablo Salgado

 

Los más atentos echaréis de menos una especie: A. catenella

John y col. optaron por A. fundyense para el Grupo I dado que todas las secuencias con ese nombre pertenecen a dicho grupo genético, desechando la denominación de A. catenella en base a razonamientos bastante discutibles.

La historia podía haber terminado ahí, pero ¿quién dijo miedo? John y col. se lo jugaron todo a doble o nada. Sometieron su decisión de borrar del mapa a Alexandrium catenella a las más altas instancias taxonómicas con una propuesta oficial (2302) a la revista Taxon.

Esta revista publica los informes del comité para la nomenclatura de las algas, (algo así como el “Tribunal Supremo Taxonómico”), que otorga validez a las especies siguiendo el “código de Melbourne” (ICN: código Internacional de nomenclatura para algas, hongos y plantas).

La propuesta 2302 cosechó también en Taxon la respuesta de otro grupo de investigadores, Fraga y col. (2015) quienes, como abogados defensores de A. catenella, publicaron una réplica rebatiendo 6 razonamientos de John y col. Entre ellos elegí el nº5:

Alexandrium catenella (epifluorescencia, teñido con calcoflúor). Autor: Pablo Salgado

John y col.:Alexandrium catenella podría en principio sustituir al nombre de A. fundyense y aplicarse a todos los cultivos del Grupo I porque su descripción original (Whedon & Kofoid, l.c.) es anterior a la de A. fundyense (Balech, l.c. 1985). Sin embargo muchos estudios sobre cultivos del Grupo I han utilizado el nombre de A. fundyense y el cambio de nomenclatura provocaría una considerable confusión a la comunidad científica”.

 

Fraga y col.: “De acuerdo con el Art. 51.1 del ICN “un nombre legítimo no debe ser rechazado meramente porque su epíteto es inapropiado o desagradable, o porque otro sea preferible o más conocido […] o porque ha perdido su significado original”.

 

Alexandrium catenella tenía prioridad según el ICN simplemente por antigüedad (1936 vs 1985). Por si fuera poco, su descripción original era mucho más completa que la de A. fundyense.

En la localidad original de A. catenella (región de S. Francisco, California) sólo se han descrito secuencias del Grupo I y tanto investigadores como personal involucrado en la vigilancia de las frecuentes proliferaciones tóxicas de Alexandrium en la costa oeste de Norteamérica, Chile, Argentina y el suroeste de África reconocen históricamente el término A. catenella. Mientras, A. fundyense se ha empleado principalmente en estudios locales de la costa este de Norteamérica, en la bahía de Fundy  y golfo de Maine. Pero en la justicia todo es posible y hasta que el juez dicta sentencia no hay nada escrito.

Y el “juez” se pronunció en febrero de 2017. El comité para la nomenclatura de las algas publicó en Taxon su informe nº15 en el cual (por 12 votos a favor y 1 en contra), rechazaba la propuesta 2302 convencida por los argumentos de Fraga y col., dando prioridad a la nomenclatura de A. catenella sobre A. fundyense (Fin)

Agradecimientos: a Santi Fraga por información empleada para elaborar esta entrada.

Referencias:

-Fraga S. y col. Arguments against the proposal 2302 by John & al. to reject the name Gonyaulax catenella (Alexandrium catenella). Taxon 64:634-635 (2015)
-John U. y col. Formal Revision of the Alexandrium tamarense Species Complex (Dinophyceae) Taxonomy: The Introduction of Five Species with Emphasis on Molecular-based (rDNA) Classification. Protist 165:779-804 (2014)
-John U. y col. (2302) Proposal to reject the name Gonyaulax catenella (Alexandrium catenella) (Dinophyceae). Taxon 63: 932-933 (2014)
-Lilly E.L. y col. Species boundaries and global biogeography of the Alexandrium tamarense complex (Dinophyceae). J. Phycol. 43:1329-1338 (2007)
-Prud’homme van Reine W.F. Report of the Nomenclature Committee for Algae: 15. Taxon 66:191-192 (2017)
-Whedon WF & Kofoid CA. Dinoflagellata of the San Francisco Region. I. on the skeletal morphology of two new species: Gonyaulax catenella and G. catenella. Univ. Calif. Publ. Zool. 41:25-34 (1936)